[*Otros}– Las Cruces de Mayo – Santa Cruz de La Palma / José Guillermo Rodríguez Escudero

El día tres de mayo, Santa Cruz de La Palma, ciudad capital de la isla de La Palma (Canarias), celebra la onomástica de la Santa Cruz, primer símbolo cristiano, desde que el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo lograra fundar la ciudad en esa misma fecha en el año 1493.

A partir de entonces, Santa Cruz de La Palma conmemora anualmente esta efeméride, engalanando profusamente todas las cruces que salpican todo su territorio y declarando ese día como festivo en la localidad. Este año de 2008 se festejará en ese día el 515° aniversario de la fundación de la Muy Noble y Leal Ciudad.

La Cofradía de la Vera Cruz, una de las más antiguas e importantes de la Isla, fundada en el Convento de San Francisco con Bula del Papa Paulo III en 1558, tenía entre sus cometidos la celebración de la fiesta de la “Invención de la Santa Cruz, misa cantada, de la Cruz, todos los viernes del año, y la Benedicta los viernes de cuaresma por la tarde”.

Esos días, la Comunidad religiosa de Padres Franciscanos salía en ‘Via Crucis’ hasta la ermita del Cristo de El Planto con “un numeroso acompañamiento del pueblo”. Aún existe un pequeño Calvario erigido a espaldas de la ermita en recuerdo del lugar donde el pueblo hacía penitencia. Era costumbre que a la procesión asistieran muchas “personas cargadas con algunas insignias de la pasión, y cubiertas con el morado saco de penitentes, cuyo disfraz encubrió más de un crimen”.

La trágica leyenda de “La Cruz de Los Pasitos”, precisamente, tuvo como protagonista a un enamorado celoso, disfrazado de penitente en esa procesión, que mató a su prometida hundiéndole un puñal “hasta el pomo, en el corazón”. En memoria de aquel trágico suceso, en el mismo sitio en que se perpetró el crimen colocaron al día siguiente una Cruz, “y todavía el caminante al pasar por aquel sitio murmura una oración”.

Aún se encuentra, también en Los Pasitos, una cruz con una lápida que dice: “Aquí murió alevosamente asesinado en la noche del 23 de septiembre de 1906 el ilustre abogado e hijo de esta ciudad, don Siro González de las Casas”. Otro asesinato en el mismo lugar por cuestión de celos, y nuevamente, otra Cruz como recuerdo de un sangriento suceso.

En el Diario de Avisos del 11 de abril de 1963, el canónigo don Luis Van de Walle y Carballo, confirmaba que, uno de los “Lignum Crucis” : “…se pone a la veneración y adoración de los fieles el Viernes Santo, y el tres de mayo en que se acostumbra hacer procesión con ella hasta la Cruz de la Pasión”.

En total la Isla posee tres reliquias verdaderas del Santo Madero: una en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, otra en la Capilla de la Venerable Orden Tercera (hoy Orden Terciaria Franciscana) —templos de la capital palmera— y la última en San Pedro, de Breña Alta.

Era frecuente que los caballeros fundasen capellanías en honor a la Santa Cruz, entre otras muchas advocaciones. Tal es el caso del Capitán don Felipe Poggio Monteverde, hermano del célebre don Juan Bautista (“afamado poeta y benemérito sacerdote”), en cuyo testamento agregó a la capellanía familiar “otras dos misas rezadas más al año, la una el día de la Santa Cruz y la otra el de San Pedro Apóstol”. El escribano público Andrés de Huerta “autorizó ambas fundaciones, en 25 de abril de 1723”.

Todos los años se celebra la “Exaltación a la Santa Cruz”, enramándose todas las que se distribuyen por la población, si bien su presencia se manifiesta por todos los puntos de nuestra Isla.

No sólo se adornan las que se encuentran apostadas en los exteriores, descansando sobre las paredes, en azoteas, en encrucijadas, rematando fachadas, balcones, recordando accidentados u obras finalizadas sin muertes, etc., sino también el los interiores de algunas casas.

A las exteriores, se les cambia el forro de tela que las cubría desde el año anterior y se sustituye por otro nuevo. Se entronizan en bellos altares efímeros cuajados de flores, plantas, banderas, etc. y que pujan con alzarse con algún premio o simplemente para la admiración de propios y ajenos, siguiendo con la tradición familiar o del barrio.

También, hace tiempo, en torno a las cruces, la fiesta se arropaba con loas (algunos las llamaban “las lobas”) y, mediante curiosos artilugios mecánicos, “aparecía” la cruz en el altar o en el escenario. Con alguna rara excepción, la “aparición” con tramoyas ya no se realiza, lamentablemente.

El etnógrafo Pérez Vidal, en un número especial de Diario de Avisos en 1945, con motivo de las Fiestas Lustrales, destacaba con énfasis: “si la cruz es con aparición, el gentío que se reúne y se apretuja a presenciarla es enorme. Las más sencillas transfiguraciones, cualquier simple cambio de apariencia, entusiasma al soñador pueblo isleño, amigo de fugarse de la realidad”.

Aunque hoy en día se guardan celosamente algunas de las letras de estas loas al Sagrado Madero, el número de la “aparición” se ha sustituido por lo que se ha llegado a denominar “cuadros plásticos”, esto es, estampas estáticas de personajes bíblicos o costumbristas en el que se suele leer algún texto alusivo.

Se cree que esta exquisita puesta en escena es una derivación de los fastuosos autos sacramentales barrocos que han perdurado a través de los tiempos y que se han transformado, adaptándose a las nuevas formas y pasando de los cultos e ilustrados autores de los impresionantes carros triunfales y loas que se representaban en la preciosa capital de La Palma, al pueblo llano quien lo ha interpretado de estas ingeniosas maneras.

Un ejemplo de cantar que se entonaba en la peregrinación a la cruz de turno es: “Pronto pastores / ramos de flores ,/ la Cruz de Mayo / nos llama ya / ¡Qué floridita, / qué enramadita, / qué hermosa estará!

Antiguamente se enramaban las cruces de las casas de las personas más adineradas y con un estatus social más alto. Ponían la cruz dentro de las viviendas, en un lugar privilegiado, y la adornaban con todas las joyas y prendas. Se reunían las familias por las noches e iban a visitar otras cruces. Éstas pujaban por ser las más originales y más bien decoradas y suntuosas. En los grandes salones se hacían bailes y fiestas muy animadas, con familiares, vecinos y amigos.

La belleza ornamental se consigue mediante combinaciones de vegetales, telas, alhajas y otros objetos de gran valor. Era frecuente la escenificación en algunas de las cruces parodiando temáticas de cualquier índole.

Se exponen unos muñecos grotescos de tamaño natural, denominados “mayos”, simpáticas figuras hechas de trapo que adornan la escena. Representan distintos temas y actitudes, colocadas en diferentes lugares, como formando pasillos hacia la cruz, o en varios rincones de sus alrededores, custodiándola, como en balcones, ventanas, muros, azoteas, bancos, tapias, etc.

Antiguamente era más común que los mayos fueran rellenos de paja o pinillo, pero con la evolución de los tiempos y de los materiales, esta tradición ha ido perdiéndose, rellenándose ahora con guatas, periódicos, trapos, muselina, papel, etc., calzándose con zapatos viejos… Antes, el pelo, hecho de soga, se lo teñían con cochinilla o con pastillas que venían para colorear la ropa, pero ahora el pelo se hace de hilo, etc.

Esta costumbre se pierde en el recuerdo, aunque es muy frecuente en lugares de la Península y Portugal la realización de muñecos. En La Palma también se halla algún ejemplo puntual y suelto en Las Breñas, Mazo y Tazacorte.

La periodista palmera doña María Victoria Hernández en su magnífico trabajo “La Palma. Las Fiestas y Tradiciones”, recoge la comparación que el prestigioso investigador Cirilo Velázquez hace de los mayos palmeros con “los homónimos de la isla de Terceira (Azores) y de Machico (Madeira)”. La confección y los temas elegidos son muy similares a los de La Palma, si bien los mayos, que en aquellas islas se colocan el uno de mayo (como aquí antes), no están relacionados “como los palmeros con la cruz”.

Dentro de la capital, ha perdurado en pagos como Velhoco, etc. gracias al esfuerzo de personas y asociaciones de vecinos. Un ejemplo de esta última fue “Zeloy” en la Barriada de Las Nieves que recuperó esta bella tradición entre 1982 y 1999, fechas en las que estuvo de Presidenta doña Marina Duque. Lamentablemente, aquí dejaron de hacerse los mayos.

Recordemos en las últimas ediciones la gran profusión de mayos y adornos a lo largo de la Calle del Tanque. Una magnífica decoración muy típica, muy nuestra, que ojalá se copiase en el resto de lugares de nuestra bellísima ciudad.

Este itinerario nos recuerda el ‘Via Crucis’ que hicieron los frailes franciscanos después de la conquista de La Palma, mediante la instalación de cruces en todo el recorrido en los alrededores del Real (ex) Convento de la Inmaculada Concepción, hoy templo de San Francisco de Asís.

Recordemos que el vía crucis es el “camino de la cruz”, un sendero señalado con diversas estaciones de cruces o altares, que se recorre rezando en cada una de ellas, en memoria de los pasos que dio Jesucristo en su camino hacia el Calvario.

Nos recuerda el querido don Antonio García —el encargado de enramar la cruz llamada “Columba”, por llamarse así una señora que estuvo con sus abuelos desde pequeña y que era quien se ocupaba de adornarla— que esta cruz tiene aún una de las maderas originales de aquel primitivo ‘via crucis’. Ha sido galardonada con el primer premio en la categoría tradicional que concede el Jurado que se desplaza por todos los rincones de la ciudad, visitando cada una de las cruces presentadas en cada edición.

(Cruz de La Columba).

La categoría tradicional ampara a las cruces que se enraman con motivos históricos y prendas. En el ámbito de la categoría libre se puede representar cualquier cosa, tomándose más en cuenta la imaginación, y siempre se confecciona con productos naturales. Así lo confirmaba doña Armenia Pérez Pérez, encargada de la Cruz de Mirca. Antiguamente ésta se encontraba en el fondo del barranco, pero cuando se creó la asociación de vecinos, se decidió que se pusiera en la carretera.

En el año 1999, en la mencionada asociación “Zeloy”, como nos recuerda la que fue su presidenta, doña Marina Duque, se hizo un homenaje a la Lucha Canaria con 180 mayos, con los que también se adornaron las calles y los balcones.

Originalmente, estos peleles se colocaban estratégicamente durante la madrugada del primero de mayo, “detrás de la puerta en forma conveniente para que al entrar en la casa el visitante cayese encima de éste”. Había un dicho antiguo que manifestaba: “quien no se levanta temprano, el primero de mayo, se le mete el mayo por el …(trasero)”. También se oía decir que “si no nos levantamos temprano, nos pasamos el mes de mayo, desmayados”.

Don José Pérez Vidal, erudito folclorista palmero decía: “En la tradición oral, han sobrevivido como recuerdos, posiblemente relacionados con las fiestas mayas en los pasados siglos, las prácticas de los peleles llamados mayos y la madrugada del primero de este mes, para que no se ‘meta mayo’ en el cuerpo”.

La periodista María Victoria, nos informaba en su completo estudio sobre las fiestas y tradiciones de La Palma, cómo “lo de madrugar se seguía con todo rigor y cuidado. El día de la víspera se acostaba a la hora de las gallinas para levantarse a medianoche. Si estaban dormidos al entrar el mes de mayo, éste se les metía en el cuerpo —se les “metía mayo”— y las consecuencias no podían ser más desagradables; todo el mes estaba el dormilón destemplado de la barriga”.

Se empezaban a reunir los trapos por el mes de abril, en zonas de la capital como Cajita Blanca, Timibúcar, Baltasar Martín, San Telmo,… y cada familia hacía un “mayo” al que caracterizaban de acuerdo a un gusto muy particular: se le daba la forma de un vecino simpático que tuviera alguna anécdota o fuera famoso por cualquier circunstancia,… y se colocaba el primero de mayo; no como ahora, que se ponen en la Víspera de la Cruz.

Así, un año se hizo en la Barriada del Pilar un mayo que imitaba al famoso Julián Gotera, con su transistor y su bata azul, que salía de una alcantarilla. Un simpático y querido personaje muy conocido por todos en esta capital.

En la zona norte de la capital, en el margen izquierdo del Barranco de Los Dolores (hoy Avenida del Puente), se asentaron en los alrededores del convento franciscano los gremios de artesanos, las clases más populares y menos favorecidas económicamente. Es precisamente en esta parte de Santa Cruz donde hay mayor concurrencia de “mayos”, justo en la zona de influencia seráfica, orden humilde y caritativa.

Justo al contrario ocurre al otro lado, al sur del barranco, donde se instalaron los dominicos, los regidores, la suntuosa “catedral” de la isla, el Cabildo, los nobles y las familias más poderosas y caballeros más adinerados. Es aquí donde surgió una decoración lujosa, de ricas telas, joyas impresionantes, bellas flores, etc.

También se adornaban con prendas “en el otro lado” aunque en este margen derecho no proliferaron los mayos.

Antiguamente se hacían las fiestas en honor a la Cruz Gloriosa con romerías típicas hacia la “Cruz del Tercero” en la Alameda (llamada así porque fue la que se colocó dando por finalizada la conquista de la ciudad y la Isla el tres de mayo).

Nos cuenta el alcalde constitucional don Juan Bautista Lorenzo Rodríguez que: “… el 9 de octubre de 1783, entre once y una del día, corrió el barranco de Santa Catalina con tanta abundancia de agua y tan fuertes estragos que serán memorables por muchos años. Se llevó 7 casas y arruinó otras muchas de las inmediaciones; llevose la Cruz del Tercero y la de las Damas con sus plazas respectivas; perecieron dos hombres y una niña, y muchos se libraron de milagro. Fue la causa haberse quemado los montes en julio por descuido de uno que llamaban el Gallo, natural de Las Nieves”.

(Cruz del Tercero).

En la base de piedra volcánica de la nueva cruz, emplazada en el mismo lugar que la original después de la catástrofe, se halla una lápida que reza: “3 de mayo de 1893. Primera Conmemoración y Cuarto centenario de la Conquista de la Isla de San Miguel de la Palma terminada el 3 de mayo de 1493. ¡Gloria a los Héroes Españoles y a los Héroes Guanches! Unos y otros derramaron su sangre por su Patria”.

En la mañana del día tres se celebra una Misa de Campaña junto a esta Cruz del Tercero, la cual se adorna magníficamente montándose a su alrededor un altar efímero cuajado de flores y banderas.

Estas fiestas también contaban con bailes folklóricos en el Circo de Marte y en la Plaza de Santo Domingo. Asimismo, a los niños se les estaba reservado en estos festejos diferentes juegos, como la carrera de sortijas, de sacos, etc.

Las fiestas de mayo se prolongan durante todo el mes, con un amplio programa de festejos (unos años mejores que otros) que abarcan, desde las concurridas verbenas en los barrios hasta las bellísimas exposiciones de plantas y flores en diferentes plazas de la ciudad, como la de España y de San Francisco. Desde obras de teatro, números de danza, conciertos y actuaciones musicales diversas, hasta festivales de cuentos, animaciones infantiles y cross popular. Desde encuentros folklóricos hasta dianas floreadas y pasacalles con los “Gigantes y Cabezudos”. Misas y procesiones, como la de la imagen de San José Obrero en Mirca, o la “Cruz del Fraile” en la Dehesa (una de las más antiguas y más galardonadas), la “Cruz Gloriosa” en la Parroquia Matriz de El Salvador y por último la Virgen “Morenita”.

La “Cruz del Fraile” de la Dehesa, ha venido reproduciendo en los últimos años edificios antiguos, casas solariegas, fachadas de templos palmeros. Es una de las más antiguas de la Isla, ya que es la más cercana al Santuario de Las Nieves, y es desde donde partían todos los caminos a todos los pueblos de La Palma. Así lo confirmaba don Juan Ramón, encargado de la Cruz y presidente de la asociación de vecinos de La Dehesa durante varios años. Una cruz cuyo altar efímero se confecciona con maderas pintadas a base de extractos de plantas de la tierra.

(Cruz de Las Nieves).

.El Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad publica una ruta de cruces de mayo para que cada uno pueda orientarse acerca de su ubicación y facilitar así el recorrido, tanto en el casco urbano como en los barrios. Por ejemplo, en la edición del año 2000 se habían inscrito un total de 21 cruces, desde la de la Plaza de la Virgen de la Luz hasta la de la Cruz del Barranco de Espino en Velhoco, pasando por la de la Encarnación, etc.

Como colofón especial a todas estas fiestas, se celebra en el Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves la llamada “Fiesta de Las Madres”, un emotivo homenaje a la Virgen y a todas las madres de la isla, tanto vivas como difuntas, y que en este año de 2008 cumple su trigésima octava edición.

Se incluye una Misa Solemne ante la Patrona, el Panegírico de las madres, la Procesión de la Venerada Imagen y las ofrendas floral, poética y folklórica, con diferentes poetas de la Isla, la banda municipal de música “San Miguel” y la de cornetas y tambores “Gayfa”, así como de grupos ataviados con la preciosa vestimenta típica. A la Virgen, y a todas las madres de la plaza, se les hace entrega de una flor natural.

En el preciso instante en que se coloca la rosa en las manos de la Virgen, hay un gran estruendo de voladores, repique de campanas y un fortísimo aplauso. Se canta el Himno a la Madre y se vierten muchas lágrimas de la gran emoción. Este año, como es año de elecciones, no se celebrará el último domingo de mayo, sino el día 6, coincidiendo con el Día de las Madres.

Volviendo al día de la Onomástica de la Santa Cruz, el tres de mayo, y después de la solemne función religiosa concelebrada —a la que acuden todas las autoridades civiles y militares, tanto locales, insulares como una amplia representación de las regionales y el Pendón de la Conquista, que previamente sale desde el Ayuntamiento y al que se tributan los honores reales— se inicia la procesión de la Santa Cruz, Patrona titular de la ciudad, escoltada por varias bandas de música tras la cual tiene lugar una gran exhibición pirotécnica y una verbena.

Lamentablemente, ya no acude el ejército, por lo que se ha prescindido así de uno de sus tradicionales elementos que aportaban más majestuosidad y empaque al evento. Esta privación ha suscitado grandes, lógicas y dolorosas polémicas.

No es extraño encontrar en las iglesias de todo el Archipiélago grandes cruces cubiertas de plata como una demostración de la extraordinaria devoción que alcanzó en nuestras islas este símbolo cristiano. Así lo indica también la presencia de numerosas capillas y calvarios por toda la geografía, y el lujo con que una sociedad enriquecida como la nuestra adornó sus representaciones. Una costumbre de cubrir con plata estas cruces de madera que se inició en el siglo XVII.

Estamos, por tanto, ante una fabulosa cruz de plata en su color sobre un alma de madera. Es la Patrona Titular de Santa Cruz de La Palma, junto a Santa Águeda. De medidas tiene 132 cms de altura y 93 cms de brazos; las perillas, de figura de piña rodeada de hojas muy carnosas que rematan los brazos tienen 14 cms.

Se halla entronizada en una peana, en forma de copa, de 54 x 40 cm en su parte más ancha y 45 cm de altura. Tiene una inscripción en su base que en la que se lee: “Dio esta Cruz a la Yglesia Parroquial de Ntro Sr. San Salvador, Don Simón Florencio Res. Montero Vble. Beneficiado y Rector de dicha Yglesia y Comss. Del Sto Oficio/ Año de 1726”.

La gran cruz, cuya presencia en el tesoro del suntuoso templo matriz se cita por primera vez en el Inventario de 1782 (“vna cruz grande con su peana para el día de la invención”), es de sección hexagonal y lleva una decoración relevada de carácter vegetal que recubre sus caras y un cordón de separación entre ellas.

Como documento curioso sobre una anécdota producida dentro de la Parroquia Matriz de El Salvador durante la celebración de la fiesta de la “Gloriosa Santa Cruz”, se guarda una carta dirigida al Venerable Beneficiado de la Parroquia de San Andrés (municipio norteño palmero), D. Francisco Ignacio Fierro, por el Obispo de la Diócesis Don Fray Valentín de Morán, de fecha 25 de mayo de 1755.

Se explica allí cómo “había intentado Don Pinto de Guisla asistir a la procesión de la Cruz con el sombrero puesto aun dentro de la iglesia”. La misiva obispal continúa “bien ha hecho V. md en hacerlo quitar, y lo mismo ejecutará siempre que se ofrezca pretender esa y otras extravagancias del mismo tenor, que quiere introducir como Caballero, portándose como si nunca hubiera habido en estas islas otro, sin considerar que los muchos que hoy hay, y en todos tiempos ha habido, no han inquietado con semejantes intentonas el sosiego público”.

Ésta fue una fiesta regulada por el antiguo Cabildo de la Isla. Así se desprende de las ordenanzas de 1611, donde se manda que “los Mayordomos de los oficios saquen los días de Corpus Christi y San Miguel y Santa Cruz de Mayo y en todos los demás días generales los Pendones para acompañar las procesiones, so pena de 20 días de Cárcel con más de 1.000 mrs aplicados por tercios, Juez, denunciador y Propios”. También se ordenaba la limpieza pública y el barrido de calles por las que pasaban las procesiones, entre ellas, la de la Cruz.

La referencia más antigua que se conoce de esta hermosa costumbre del enramado de las cruces la encontramos en la Subida de la Virgen de Las Nieves en 1765. Así, cuando la Patrona retornaba en procesión por las calles capitalinas hacia su Santuario, “estaba una cruz, que es la del noveno passo, con el major ornato y compostura de prendas, talcos y galones”.

También la comitiva se encontró nuevamente con “una cruz que es la del octavo passo, con la mejor belleza compuesta de joyas y otras prendas en gran número y muy hermosas escarchas”.

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BIBLIOGRAFÍA

• Martín González, Miguel Ángel, “La Historia de Santa Cruz de La Palma”, 1999.
• Lorenzo Rodríguez, Juan Bautista, “Noticias para la Historia de La Palma”. Tomo I- III, Santa Cruz de La Palma, La Laguna, 1975.
• González Palencia, Ángel. Mele, Eugenio. “La Maya: notas para su estudio en España”. Madrid, 1944.
• Hernández Pérez, María Victoria. “La Palma. Las Fiestas y Tradiciones”, La Laguna, 2001.
• Abdó Pérez, Antonio. Rey, Pilar. Pérez Morera, Jesús. “Descripción verdadera de los solemnes cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la ysla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de Las Nieves en su vaxada a dicha Ciudad en el quinquenio de este año de 1765”, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989.
• Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Vigésima Segunda Edición, 2001.
• “Apurón”. Número 2. Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Abril-Mayo 2000.
• Velázquez Ramos, Cirilo. “Lo sagrado y lo profano en las tradiciones festivas de Canarias. Los mayos de Santa Cruz de La Palma”, Funchal, 1993.
• Pérez Vidal, José “Representaciones religiosas en Canarias. Los autos del Corpus y el ‘Carro’ de la Bajada de la Virgen en La Palma”. Diario de Avisos, 1945

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Cortesía de su autor, José Guillermo Rodríguez Escudero

[*Otros}– Un gomero ilustre: Luis Fernández Pérez

“EL DÍA” (Canarias), 30 de agosto de 2007

En fecha de su muerte, el Cronista de la Isla de El Hierro, don Dacio Darias Padrón, escribía en un sentido artículo que gracias al trabajo de su entrañable amigo, Luis Fernández Pérez, exhumó glorias auténticas de aquella isla de sus amores y enseñanzas biográficas sobre sus hijos preclaros, harto olvidados o desconocidos, hasta entonces, por los hombres de su generación.

Es bien clara muestra su archivo de fondos gomeros, los que siempre tuvo generosamente abiertos para todo el mundo, y que aquel Cabildo, subrayando sus méritos personales, premió otorgándole el título de Cronista Oficial de aquella isla.

Fruto de su amor por La Gomera, supo sacar tiempo de sus deberes, como padre de familia numerosa y como maestro nacional, para promover la restauración de la antigua iglesia conventual dominica, hoy elevada a parroquia en su pueblo, Hermigua, así como que se diera el actual trazado a la actual carretera de la villa capital a su villa nativa.

Durante la dictadura de Primo de Rivera desempeñó con singular imparcialidad y austero comportamiento la alcaldía de San Sebastián de La Gomera, y también fue por algún tiempo activo y celoso consejero de aquel Cabildo.

Trasladado a Tenerife, además de continuar atendiendo sus deberes familiares y sus labores docentes e investigaciones personales, colaboró como agregado al Instituto de Estudios Canarios y como secretario general de la Económica de Tenerife.

Meditar sobre esta celebración me ha ayudado a descubrir la profunda y enriquecedora huella que mi querido padre dejó en mi vida y en la de mis hermanos, del que su amigo don Dacio Darias escribió “Buen y pacífico ciudadano, a la par que excelente amigo, buen compañero de los suyos, a todo el mundo trató con llaneza, cordialidad y afecto. Era popular en La Laguna, entre todas las clases sociales. Y muy querido y apreciado en su isla nativa, especialmente en Hermigua. Notable erudito en antigüedades gomeras y primer cronista oficial que ha tenido la isla, hace pocos años fallecido con gran sentimiento de los que en vida supimos apreciar su caballerosidad innata, su gran modestia y sus no menores virtudes públicas y privadas».

El Cabildo de La Gomera ha financiado el laborioso trabajo realizado por Gloria Díaz Padilla, recogido en dos tomos sobre la “Colección documental de la Gomera del fondo Luis Fernández (1536 – 1646)” así como su “Relación de palabras de la lengua indígena de La Gomera, trabajado también por Carmen Díaz, Francisco Javier Castillo y Gloria Díaz.

Numerosos gomeros emigrados a Cuba y Venezuela solicitaron a mi padre que les confeccionase su árbol genealógico, que gustosamente les remitía.

Pienso que hoy, en que tanto se habla de nacionalismos, este fondo y las obras arriba indicadas deben ser conocidas, en especial por cuantos tenemos raíces gomeras, pues al enriquecernos con un mejor conocimiento de la Isla, de su historia y sus costumbres, más la querremos.

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Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia

[*Otros}– Nuestra Señora de Montserrat, San Andrés y Sauces (La Palma)

José Guillermo Rodríguez Escudero

Una tabla flamenca de la “Virgen de La Montaña” en la Villa de San Andrés y Sauces, en La Palma

De entre el fabuloso legado flamenco llegado a La Palma durante el siglo XVI, podemos destacar una pintura de excepcional valor. Se trata de un enorme cuadro de altar que hasta finales del siglo XVII presidió el oratorio puesto bajo su advocación en el ingenio azucarero de Los Sauces.

Durante unos cien años, esta excepcional pintura estuvo colocada en el altar mayor de ese templo hasta que en 1686 fuera sustituida por un retablo de madera de tres nichos y sagrario procedente del desamortizado convento de Santa Clara de la capital palmera.

En esos instantes fue instalada en el altar de San Amaro hasta que posteriormente pasó al coro bajo de la antigua iglesia. En 1960 se demolió este templo y actualmente está emplazada en el baptisterio de la actual parroquia de Montserrat del término municipal norteño de San Andrés y Sauces.

El profesor palmero Pérez Morera, en su completo estudio sobre esta magnífica pieza informa de que fue “pintada en los Países Bajos en el último cuarto del siglo XVI” y que la obra ha sido “adscrita a la escuela de Brujas”.

Tanto por su iconografía como por su calidad, esta pintura es un importante ejemplo de cómo el tema de Montserrat, símbolo emblemático de la identidad cultural catalana, se halla vinculado a la expansión económica y comercial de ese pueblo desde la Edad Media.

La representación de la sagrada montaña catalana donde se ubica el monasterio benedictino de Montserrat ha sido expuesta en miles de estampas distribuidas desde el siglo XV entre la multitud de peregrinos, ansiosos por llevarse un recuerdo del cenobio. Así, esta iconografía mariana llegó hasta los confines de la Tierra. Se cree que la representación de ese monte procede de una estampa grabada en Roma en 1572 por Antonio Lafreri.

Díaz Padrón, conservador de pintura flamenca y holandesa del prestigioso Museo del Prado de Madrid, atribuye la autoría de la tabla al gran último epígono de esa escuela, Pierre Pourbus el Viejo (1523-1584), “aunque con las reservas de una sospecha verosímil”.

La bella pintura fue encargada a Flandes por los dueños de la denominada Hacienda de los Señores o Heredamiento de los Catalanes, a quienes correspondía el patronazgo de la iglesia de Montserrat. Ésta fue erigida en 1513 para atender las necesidades espirituales de los dueños y trabajadores del ingenio de azúcar, fundado por el catalán Marcos Roberto de Montserrat, de la importante dinastía de los Benavent. Por este motivo fue consagrado a la patrona del rico mercader. Un cuñado de éste, llamado Pedro de Benavent, había prestado enormes sumas de dinero para financiar la conquista de La Palma.

En premio a este gran servicio, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo entregó las tierras y aguas del río de Los Sauces para que allí construyera un ingenio azucarero. Su apoderado, el mercader catalán Gabriel de Socarrás, tomó posesión de esta data en 1502 y también obtuvo repartimiento de tierras en Los Sauces. Como testimonio de su fervor hacia la patrona catalana, edificó la capilla bajo esta advocación mariana en el convento franciscano de Santa Cruz de La Palma.

La efigie sevillana de la “Virgen de Montserrat” actualmente se encuentra en la capilla de “San Nicolás de Bari” del mismo templo, mientras que en la primitiva se encuentra entronizado el venerado “Señor de la Piedra Fría” en su retablo churrigueresco.

El profesor Pérez Morera sigue informando de que “suponemos que la tabla llegó de Flandes por mediación de Tomás Van de Walle de Cervellón, natural de Brujas y mayordomo de la iglesia de Montserrat desde 1590”. Este caballero había adquirido una de las dos grandes haciendas de cañaverales, el heredamiento de los catalanes, en 1588, junto con el patronazgo de la iglesia.

Ya en el primer inventario de este templo de 1616 se cita como “una ymagen de Nuestra Señora de Monserrate grande, pintada al olio, que coxe todo el altar; es quadro con su bastidor dorado”. El mismo investigador nos indica que este mismo marco es el que afortunadamente tiene el lienzo, “de excepcional valor estético y documental”.

También lo describe como un marco formado por dos molduras doradas que dejan entre sí un ancho espacio decorado con finas cintas entrelazadas, cartelas y espejos, en oro, rojo y verde, que se reparten sobre las superficies lisas y blancas de los fondos. También consta en el inventario de 1679. Allí figura como “vn retablo de pintura de Nuestra Señora de Montserrate con guarnición ancha de madera dorada”.

La flamante patrona de la localidad, la venerada imagen de bulto de la misma advocación, se hallaba colocada sobre el sagrario que se ubicaba delante del cuadro que nos ocupa. Es una bella escultura en madera policromada del siglo XVI y que actualmente preside el templo parroquial.

Pérez Morera nos informa de que los dos angelitos que poseía bajo sus pies aserrando una montaña —atributo iconográfico de la patrona catalana— lamentablemente ya no existen. Existe constancia documental ya desde 1676 en la visita que realizara el licenciado don Juan Pinto de Guisla a la iglesia saucera. La bella imagen sigue saliendo en procesión en su onomástica, el 27 de abril y en las fiestas patronales de septiembre. Sus preciosas andas de baldaquino son portadas a hombros en estas solemnidades, siendo acompañadas por numerosos fieles.

La pintura representa la santa montaña catalana tal y como aparecía en la estampa de Lafreri. La Virgen aparece con el Niño en brazos en el tercio superior del cuadro, envuelta en nubes y entronizada sobre la cúspide del monte. La rodean ángeles y dos de ellos mantienen una corona sobre su cabeza. Pérez Morera nos indica también que la escena superior, clásica y romanista, ha sido creada por un maestro, mientras que la pormenorizada descripción de la montaña debe ser obra de discípulos o aprendices. Nos la describe así: “Es una Madona de formas rotundas y elegantes, cuyo modelado acusa el clasicismo del renacimiento a la italiana. La nota de humanidad la imprime el Niño Jesús que tira de la toca blanca que cubre la cabeza de María, símbolo de la maternidad”

En el tercio inferior viene representada la villa prioral de Collbató, junto al río Llobregat, desde donde se inicia la cuesta ascendente y el camino en zigzag por donde los peregrinos accederán al monasterio. En el ascenso se observan los siete cruceros de piedra, que representan los mandados a hacer por Pedro III el Ceremonioso en el siglo XIV, donde se invitaba al romero a descansar en una breve meditación.

La iglesia está rodeada por las casas de los lugareños. Con detalle son narradas escenas de la vida cotidiana: un campesino con su mula, dos pastores cuidando ovejas… Pérez Morera nos sigue deleitando con la descripción: “la imaginación del pintor flamenco ha transformado al muchacho que en el grabado saca agua del pozo en una mujer, con toca blanca, que mira hacia el espectador; y al ocioso aldeano sentado junto al cobertizo en un joven meditabundo, que apoya la cabeza en una mano, remedando a la Melancolía Saturniana”. Es curioso cómo se asemeja éste al mencionado “Cristo de la Piedra Fría”.

Nuevamente aparece la Virgen sentada en un trono y rodeada de cuatro ángeles cuyas alas están extendidas mientras la coronan y dos pequeños querubines, en atrevidos escorzos, vuelven a cortar el peñasco bajo sus pies con una afilada sierra. Se repite la misma escena descrita anteriormente pero en formato diminuto. Esta gloriosa aparición es contemplada por los dos pastores mencionados. Según una tradición, unos pastorcillos del pueblo de Aulesa vieron un resplandor en una cueva donde se encontró la imagen de la Virgen. Se cuenta que allí fue escondida cuando los musulmanes asolaron Cataluña en el año 718.

En la mitad de la montaña de Montserrat o “Monte Serrado” aparece la abadía del mismo nombre y sobre ella aparecen dispersas numerosas ermitas así como anacoretas y ermitaños.

Fuente

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BIBLIOGRAFÍA.

• DÍAZ PADRÓN, Matías. «Pintura», Arte flamenco en La Palma, 1985

• PÉREZ MORERA, Jesús. «El grabado como fuente iconográfica: el tema de la Virgen de Montserrat en la pintura flamenca y peruana», Homenaje a Hernández Perera, Madrid, 1992

— ídem. «La Virgen de Montserrat», Cuadernos de Cultura, nº 2, Ilmo. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces, 1999.

— ídem. «El heredamiento de los catalanes», La cultura del azúcar. Los ingenios de Argual y Tazacorte, 1994.

[*Otros}– Influencia histórica de la emigración canaria en el desarrollo de Venezuela

(Artículo escrito con motivo del Primer Congreso Mundial de Emigración Canaria, que tuvo lugar en cuatro islas —La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote— desde e l3 al 10 de octubre del año de 1982).

Este congreso significa que los descendientes de los guanches han tomado conciencia a nivel internacional de su aporte, porque los canarios tuvieron que salir aventados de las islas en busca de un mejor destino, como también les ocurrió a los italianos a principios de siglo, que debieron marcharse por diferentes rumbos y hacer suya la inmensa geografía del mundo.

Esa diáspora canaria significó el que se llevase a distintas partes una semilla de buena raza, un ideal de trabajo, una fe en el destino del hombre y, sobre todo, la fuerza moral de quienes iban portando patria para multiplicar patrias a lo largo de generaciones.

Han sido hombres fuertes, sanos la mayoría, que han llevado a cabo, con la argamasa de distintos pueblos, una obra de arte, la de existencia en caleidoscopio. Por tal razón los canarios de Venezuela no podían quedarse atrás, en una posición rezagada, somera.

Así el editor Eulogio Gerardo Lorenzo Díaz, ha producido en muy poco tiempo, una obra que significa esfuerzo cristalizado en múltiples facetas, para que se vea, en forma objetiva, cuanto significa el quehacer canario en nuestro[Venezuela] país.

Por ello estamos seguros de que INFLUENCIA HISTÓRICA DE LA EMIGRACIÓN CANARIA EN EL DESARROLLO DE VENEZUELA, no va a resultar una simple ponencia, donde abundarán las mismas, sino será la realización de un libro, en forma de verdad tipográfica, para que pueda medirse, palparse, toda una trayectoria de hombres venidos de un pueblo cuya razón principal de ser ha resultado el trabajo, la colaboración, el sentido de la obra común, y dejado próspera semilla americana.

El mundo de los canarios de Venezuela es fructífero. Descendiente de canarios viene a ser el responsable del libro: Eulogio Gerardo Lorenzo Díaz.

Canarios eminentes, que tuvieron una significación destacada en el avatar del país, han sido:

• Juan López Agurto de la Mata (1572-16371, obispo, quien llevó a cabo nada menos que el traslado de la sede epis¬copal de Coro a Caracas.

• Juan Francisco de León (1692-1752), a quien le dedicó un valioso estudio biográfico David W. Fernández, en obra prologada por el Dr. Rafael Caldera (Instituto Venezolano de Cultura Canaria. Caracas, 1979). Significó el sacrificado adalid en contra de la Compañía Guipuzcoana, hasta ser considerado un pionero de los movimientos independentistas. Resultó una respuesta económica trascendida en hecho de armas, para que el quehacer político de la Colonia marchase de una mejor manera.

• Gaspar Pinto de Guisla, nacido en 1701, acaudilló también un movimiento contra La Guipuzcoana , con más fortuna que Juan Francisco de León, porque obtuvo la remoción de funcionarios de la odiada compañía, en quien el pueblo simbolizaba la explotación colonial por excelencia.

• Agustín Álvarez de Lugo, nacido en 1781, de quien surgió una descendencia procera e ilustre en lo político y cul¬tural, especialmente del Estado Yaracuy.

• Marcelo Gómez Carmona (1725-1791), fue un cirujano y escultor notable en su época.

• Juan Perdomo Bethencourt (1737-1800). Introdujo la “variolización», antes de que se hubiese aplicado entre noso¬tros la vacuna contra la viruela. Era un hombre inquieto en el ámbito del conocimiento, con muchas lecturas en ciencias y letras, hasta el punto de que el Conde de Segur, cuando se entrevistó con Miranda, le dijo al Precursor que había tenido el privilegio de conocer en América a una personalidad interesante: Juan Perdomo Bethencourt.

• José Luis Cabrera Charbonier (1767-1837), también médico, está entre los que firma el Acta de la Independencia. Fue quien inició, precisamente, el debate sobre tan delicada materia como la Independencia, en el Congreso del 5 de julio de 1811.

• Fernando Key Muñoz, nacido en 1768, resulta el primer Secretario de Hacienda de Venezuela, cuanto hoy equi¬valdría a Ministro.

• Blas Cárdena, nacido en 1792, fue prócer de la Independencia; acompañó al Libertador en campaña, y siempre se distinguió por su valor.

• Domingo Garbán (1845-1919), poeta distinguido.

• Manuel Martín Marrero (1857-1919) compositor musical e inspirado poeta.

• Agustín Millares Carlo (1893-1980) fue una personalidad de tal sabiduría en su tiempo que se le consideraba como una de las mayores autoridades mundiales en latín medieval y Paleografía.

• Antonio Torres, nacido en 1910, se volcó en obras pictóricas importantes.

• Antonio Otazo, nacido en 1929, también cultivó las bellas artes.

• Valerio Padrón ( 1929-1978 ) es otro artista que legó su mensaje creador al mundo americano.

• Iván Trujillo, nacido en 1931, ha desempeñado una delicada función en el IVIC. Sobresale como científico, y tiene trabajos sesudos en el campo de la fisicoquímica.

Conforme lo hablábamos con David W. Fernández, ese canario valioso que ha hecho una investigación interesante acerca de los poetas de Guarenas, y destacado la labor isleña en Venezuela merced a cuidadas investigaciones, resulta muy numerosa la lista de canarios ¡lustres.

Los descendientes de guanches son precisamente los pivotes de nuestro quehacer como nación. Empezando con Bolívar y siguiendo con Miranda, Sucre, Páez, Bello, Vargas, José Gregorio Hernández, Guzmán Blanco, Rómulo Betancourt, Edgar Sanabria, y Rafael Caldera. También descendieron de canarios los Monagas, Piar, el Mocho Hernández, y Carlos Soublette, entre otros muchos.

Aún cuando el Decreto de Guerra a Muerte incluía a españoles y canarios, ya a partir de 1831 el canario tiene una aceptación sui géneris, más arraigada incluso entre nosotros que el español. Por sus flexiones idiomáticas parece un hijo de América, hasta el punto de que muchas veces a venezolanos en Madrid se les ha confundido con habi¬tantes de las Islas.

Se adapta como el primero de los inmigrantes a la problemática del país nuevo, que hace suyo.

La obra, cuyo editor responsable es Eulogio Gerardo Lorenzo Díaz, trata no solamente el aspecto cultural sino el quehacer de patria del elemento canario en todas las manifestaciones de vida venezolana. Así encontramos que como poblador fundó San Antonio de Los Altos. La Iglesia Candelaria de Caracas, es obra canaria, de igual modo.

El Hogar Canario Venezolano, de Caracas, conjuntamente con las demás sociedades similares del Distrito Federal y del interior del país, forma parte de la Federación de Centros Españoles de Venezuela. Llevan a cabo aportes singulares con sus nueve rondallas. Cuando se haga un estudio a fondo del folklore nuestro, podrán encontrarse muchas derivaciones de lo típico venezolano entrañado con lo típico canario. En el deporte ha sobresalido de igual manera, especialmente en fútbol, natación, tenis y lucha canaria.

En el comercio, en la industria, en las máquinas, en los equipos de hierro, en las fundiciones, en la agricultura, en la cría de ganado, desde los primeros tiempos de la colonia, en materia avícola, en transportes, comunicaciones, estaciones de servicios, talleres, etc. la presencia canaria ha sido notable en Venezuela.

Por todos los caminos nacionales vemos al hijo de los guanches como un trabajador afanoso, constante, con el ideal de superación, que ha sabido meter su hombro desde los tiempos de la conquista hasta nuestros días para la edificación del país y contribuido a conformar la nación.

Me complazco en saludar como una realización positiva esta obra “Influencia Histórica de la Emigración Canaria en el Desarrollo de Venezuela”. Tengo la seguridad de que ella habrá de destacarse en el Primer Congreso Mundial de Emi¬gración Canaria, pues significa un estudio serio, documentado, interesante y, sobre todo, refleja el espíritu emprendedor, an¬gustiado en abrir caminos de una raza, de un pueblo que trae su concepción del mundo a la América, y también se llena de la concepción del mundo americano, pues el canario es de los inmigrantes más consustanciados con nuestra realidad y que hemos americanizado mejor.

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Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia

[*Otros}– Temas históricos de Canarias: Apellido Berriel

Los Berriel son naturales de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, archipiélago de Canarias, desde hace más de 500 años, al parecer desde la conquista de estas islas por los normandos de Jean de Béthencourt.

El día primero de mayo de 1402 Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle salieron de La Rochelle a conquistar las Canarias. Haciendo escalas en La Coruña y Cádiz, la expedición desembarcó en la isla de Lanzarote con veintitrés normandos y cuarenta andaluces el día 30 de junio de 1402.

Jean de Béthencourt

El cronista de la expedición de conquista era el clérigo o capellán Jean Le Verrier. Los manuscritos originales de sus crónicas fueron publicados en Le Canarien y describen con pormenores los aborígenes, sus costumbres y la naturaleza de las islas.

En los primeros años, Jean Le Verrier fue el Cura de la ermita de Santa María de Betancuria, la primera población de la isla de Fuerteventura, pasando en 1419 a administrador apostólico del Obispado de Rubicón en la isla de Lanzarote, y luego, en 1421, promovido a obispo. Fue co-gobernador de las Canarias en el período de gobierno de Maciot de Béthencourt. Consta que finalmente pasó a Portugal y allí murió asesinado.

Ilustración del manuscrito original de Le Canarien, con las armas de Béthencourt (león) y de La Salle (cruz)

En la segunda expedición de Jean de Béthencourt a Canarias, que salió de Honfleur el día 6 de mayo de 1405, le acompañaron 80 hombres de armas —de los cuales 23 trajeron a sus mujeres— entre los que venía Jean Le Verrier, procedente de Béthencourt (de donde seguramente era originario), y que podría ser algún pariente del clérigo de igual nombre y apellido llegado en la primera expedición. En Canarias se supone que los Le Verrier dejaron descendencia en las Islas con el apellido alterado en Berriel.

En el libro “Fuerteventura en la naturaleza y la historia de Canarias», a las páginas 644 y 677 hay los siguientes pasajes sobre la procedencia del apellido Berriel:

Página 644

Acompañaba al conquistador (Béthencourt) un clérigo llamado Jean Le Verrier, que probablemente se quedara en las Islas y que, a pesar de la regla eclesiástica de no casarse los sacerdotes, es tradición entre los genealogistas canarios – según dice Alejandro Cioranescu – que dejó descendencia en las Islas, con el apellido alterado en Berriel; pero es probable que se trate de alguna confusión con un deudo u homónimo, que desconocemos, y por otra parte, en la crónica se dice que volvió con Béthencourt a Normandia después de la conquista.

Página 677

El clérigo Le Verrier fue el cura del lugar desde entonces; y aunque se dice más adelante en la crónica que acompañó a Béthencourt a Normandia para no volver nunca más, esto es falso, pues se sabe por la documentación romana que el clérigo continuó en las Islas, donde fue administrador apostólico del Obispado de Rubicón en Lanzarote (1419) y luego, en 1421, fue promovido a obispo; y, en fin, como aclara Serra (Ràfols), la Información de Cabitos añade todavía que pasó a Portugal y allí murió asesinado. Como ya hemos dicho, parece que tuvo sus descendientes, lo cual hace suponer que no era muy dado a respetar el celibato eclesiástico, o que alguna majorera o lanzaroteña pudieron más que la prohibición, pues el apellido de Verriel o Berriel persistió en las islas “procedente de él o de parientes suyos», dice prudentemente Serra Ràfols.

Don Juan Montelongo gentilmente nos aporta más información sobre la presencia temprana del apellido Berriel en Lanzarote:

En el año 1509 Lucia Berriel que vivía en la isla de Tenerife otorga poder ante el escribano de La Laguna, Hernán Guerra para vender unas casas suyas sitas en Yaiza (Isla de Lanzarote), que le correspondieron por herencia de su padre Juan Berriel y de sus hermanos Marcos y Mateo Berriel, lo que hace presumir que se trata de una familia de origen remoto en la isla, ya que en el actual municipio de Yaiza, radicó la antigua ciudad del Rubicón fundada por Jean de Béthencourt. Las casas que en 1509 tenía la familia Berriel en Yaiza, cercanías del Rubicón lugar de asentamiento de los conquistadores franco-normandos, presupone que dicha familia estaba radicada en la zona desde años atrás. Esto no significa que los Berriel sean originarios de Lanzarote, ya que se carece de fuentes documentales para estudiarlo y hasta para afirmar que Berriel sea la castellanización de Le Verrier. Todo es hipotético.

Tras el ataque pirata de la armada turca a la isla de Lanzarote en 1618, cayó prisionera Catalina Berriel, hermana de Gonzalo Barreto (fallecida en Argel), así como dos personas llamadas N. de Berriel. En 1667 Luis Berriel fue rematador de la limpieza de la mareta Las Mares y en 1671, el capitán Juan Berriel asistió a la elección de Personero General del Cabildo de Lanzarote.

En Fuerteventura, el más antiguo registro del apellido Berriel existe en las “Actas del Cabildo de Fuerteventura», a mediados del siglo XVIII, es una autorización a Juan Berriel para que pudiese exportar cereales a Cuba. Hubo un Juan Berriel que nació en 1670, se casó con Catalina Valdivia, y murió en 1770.

Durante los siglos XVIII y XIX se conocen años de hambruna en Fuerteventura provocados por largos períodos de sequía, y en Lanzarote se han producido grandes erupciones volcánicas en 1730-1736 y 1824. Esto posiblemente forzó la emigración de unos pocos Berriel, primero hacia Gran Canaria y Tenerife, y posteriormente hacia el continente Americano: Uruguay, Argentina, México, Venezuela y Cuba.

En los Estados Unidos de América, antiguos documentos del Censo de ese país señalan la presencia de una Berriel viviendo en 1790 en el Estado de New Hampshire; su nombre era Hanna Berriel.

Extensivas búsquedas del apellido Berriel en la Internet, investigando bases de datos genealógicos y guías telefónicas online, revelan la presencia de Berriel en Canarias, Uruguay, México, Brasil, Cuba, Argentina y EUA. Esto corrobora la hipótesis de que el apellido Berriel surgió en Canarias y de allí pasó a las Américas. En toda la España continental hay solamente una docena de Berriel (en Madrid, Barcelona y Almería) mientras que en el archipiélago de Canarias se cuentan a las centenas. En Francia, Italia, Portugal y otros países de Europa no los hay (excepto en Alemania y Suecia donde hay unos raros emigrados de Uruguay).

Islas Canarias

En Canarias el apellido Berriel es mucho más frecuente, con relación a la población, en Lanzarote y en Fuerteventura (donde muchos descienden del Juan Berriel de 1670-1770). Hay varias familias Berriel en los centros urbanos de las islas de Tenerife y Gran Canaria, algunas al menos con origen reciente en Fuerteventura o Lanzarote, aunque ya se ve que Lucia Berriel, de Lanzarote, estaba en La Laguna, Tenerife, en el siglo 15 o 16.

Una revisión de guías de teléfono recientes arroja la siguiente estadística para Berriel como primer apellido: Lanzarote 17 (Haria 6, Arrecife 4, San Bartolomé 4, Teguise 2, Tías 1), Fuerteventura 13 (Puerto del Rosario 10, Antigua 2, Tuineje 1), Gran Canaria 16 (Las Palmas 15, Telde 1), Tenerife 11 (Santa Cruz / La Laguna 9, Los Realejos 1, El Rosario 1; y hay un “Berrier” en La Orotava).

No hay Berriel como primer apellido en las tres islas más occidentales de La Palma, La Gomera, y Hierro.

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Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia