[*Otros}– Los orígenes palmeros de la actriz de Hollywood María Montez

05-01-2010

Carlos M. Padrón

Antonio Martín Pérez, un primo hermano mío, hijo de mi tía Beneda y más conocido como Toto Castillo, era, además de temperamental, colérico y víctima de un carácter irascible, fanático del cine, del fútbol, del juego de cartas (sanga y envite) y del dominó.

Allá por el año 1952, o tal vez 1953, comenzó Toto a hablar de la muerte de una actriz de cine llamada Maria Montez, de quien no supe nada hasta ese momento. Pero a poco cayó en mis manos, en El Paso, un ejemplar de la revista Selecciones, creo que enviado desde Venezuela por mi hermano Raúl, que contenía un artículo titulado “La muerte de Maria Montez, ¿verdad que parece un suicidio?”.

Leí el tal artículo y lo comenté con mi primo, coetáneo y amigo desde la infancia, Javier Simón, pero como Toto lo leyó también comenzó a propalar la especie del suicidio de la Montez, y a Javier y a mí no se nos ocurrió mejor cosa que decirle a Toto, cada vez que lo veíamos: “La muerte de Maria Montez, ¿verdad que parece un suicidio?”.

Esto lo molestó y presentó ante mi padre una queja que me costó una buena reprimenda, y nunca más mencioné ante Toto a la tal Maria Montez, pero lo que acerca de ella había él comentado hizo que la gente del pueblo afirmara que, efectivamente, esa actriz era de Garafía, lo cual no creí.

Más de 50 años después, al leer lo que acerca de Maria Montez ha escrito doña María Victoria Hernández —y publicado en cinco entregas, fechadas entre 23/10 y 15/11/2009, en su blog La Tendedera— vengo a saber que si bien Maria Montez no había nacido en Garafía sí era hija de un garafiano.

Y al leer ahora el párrafo que con lujo de detalles describe cómo murió la actriz, se tiene la impresión de que el autor estuvo presente cuando tal muerte ocurrió. Pero como no fue así, extraña el hecho de que ella no notara que el agua estaba demasiado caliente, y que en ninguna parte de su biografía se mencione que tenía un padecimiento cardiaco. Todo esto es, cuando menos, sospechoso, y tal vez fue lo que dio lugar a la hipótesis del suicidio.

Gracias a doña María Victoria Hernández ahora tengo acerca de Maria Montez más información que su vinculación con Garafía, pues sé cuáles fueron las más famosas de las películas en que actuó (sigo sin haber visto ninguna de ellas), y lo suficiente de su comportamiento profesional y de su vida privada como para reforzar mi carencia de admiración por la farándula y su gente, pues nunca he creído que sean ejemplos a seguir.

Sigue un extracto que he hecho de las cinco (5) entregas arriba mencionadas.

Nota.- Aunque doña María Victoria ha escrito Maria Montez con acento en la ‘i’ de María, yo escribo ‘Maria’, sin acento, porque es así como aparecía en los carteles promocionales de sus películas, como lo escribían en los medios cinematográficos, y como aparece hoy en Internet. 

Me atrevo a asegurar que los angloparlantes pronunciaban una mezcla intermedia entre el ‘ía’ y el diptongo ‘ia’, tal y como pronuncian hoy el nombre de Mariah Carey, y que el ‘Montez’ lo pronunciaban con acento en la ‘e’, tal y como pronuncian el ‘Pérez’, al que cargan el acento en la segunda ‘e’ por más que se les diga que no, que debe cargarse en la primera.

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Los orígenes palmeros de la actriz María Montez

Octubre/noviembre 2009

María Victoria Hernández

La Reina del Tecnicolor

El 11 de septiembre de 1951 las campanas de la iglesia de Saint Pierre de Chaillot, en París, doblaban a muerte por la actriz de Hollywood María Montez.

En el cementerio de Montparnas­se reposa para siempre la belleza latina de la «reina del tecnico­lor». El periódico estadounidense The New York Times escribió entonces que había fallecido «esclava de su silueta» y, alguno de sus biógrafos, que «tras de ella dejaba millones de admiradores que nunca olvidarían sus exóticas y lujosas películas de tecnicolor que marcaron toda una época del cine y del propio siglo XX».

(La actriz María Montez. | Publicada por María Victoria Hernández).

La sangre turolense y canaria que corría por las venas de María Montez marcó un hito importante en el Hollywood de los años cuarenta. Pocos son aún los que conocen los antecedentes familiares de aquella niña nacida en Barahona (República Dominicana) el 6 de julio de 1912.

El padre de la actriz, Isidoro Gracia García, había visto la luz en la isla canaria de La Palma, en el municipio de Garafía, el 3 de abril de 1873. Era éste hijo de Joaquín Gracia Anadón, nacido el 23 de mayo de 1841 en el municipio de Estercuel (Teruel), y de María Antonia García Martín, nacida en Garafía el 28 de septiembre de 1842, matrimonio domiciliado en la lomada de Santo Domingo, lugar donde aún hoy se conserva la vivienda familiar.

El abuelo aragonés de la actriz y su descendencia

En la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, de Garafía, contraen matrimonio, el 17 de junio de 1872, el aragonés Joaquín Gracia Anadón y la palmera María Antonia García Martín. Gracia Anadón había nacido en Estercuel (Teruel) el 23 de mayo de 1841, hijo de Pablo Gracia González, de la misma naturaleza, y de Tomasa Anadón Andrés, nacida en La Mata de los Olmos (Teruel).

Joaquín Gracia Anadón murió en Garafía (La Palma, Canarias) el 28 de febrero de 1913, a los 72 años de edad, de hemorragia cerebral.

María Antonia García Martín, la esposa del aragonés Joaquín Gracia Anadón, nació en Garafía (La Palma) el 28 de septiembre de 1842. Era hija de Francisco Agustín García Medina y de María Antonia Martín Sánchez. Murió en Garafía el 21 de marzo de 1904, a los 61 años.

El matrimonio del aragonés y la canaria procreó seis hijos, a saber:

1. Isidoro, nacido el 3 de abril de 1873
2. Aquilino, nacido el 3 de enero de 1875
3. Tomasa, nacida el 31 de diciembre de 1876
4. Joaquín, nacido el 9 de mayo de 1878
5. Gaudencia, nacida el  12 de febrero de 1882
6. Agustín, que falleció menor

El padre y su hija

Isidoro Gracia García nace en Garafía el 3 de abril de 1873, hijo, como se ha dicho, de Joaquín Gracia Anadón, natural de Estercuel (Teruel), y de María Antonia García Martín, oriunda de Garafía, municipio norteño de la isla canaria de La Palma. Cuando contaba diez años de edad fue sometido a un interrogatorio judicial, hoy totalmente fuera de derecho, respecto del incendio de la Casa Consistorial de Garafía, cuyos cargos habían sido imputados a su padre. Se trata, lamentablemente, de la manifestación de un menor, sin garantías procesales, que fue recogido en la sentencia y que debió marcar de por vida a Isidoro Gracia García.

Desde La Palma, el padre de María Montez emigra a Cuba y más tarde a la Republica Dominicana, estableciéndose en Barahona como «comerciante de mucho crédito». Se dedicó a los prósperos negocios del textil y a la exportación de madera. En su definitiva residencia en la Republica Dominicana debió influir el consejo de su padre, quien, joven, había conocido de primera mano las posibilidades del país latinoamericano.

Su capacidad empresarial y sus facultades humanas le valieron el nombramiento por el entonces ministro de Estado (hoy, ministro de Asuntos Exteriores) como vicecónsul honorario, previa solicitud del Real Consulado de España en el país. «S. M. ha venido en elegirle y nombrarle para que sirva y ejerza este empleo», comunica Emilio de Palacios al cónsul en Santo Domingo el 21 de enero de 1921. Algún testimonio posterior asevera que «durante todo el tiempo que ha estado vacante el Viceconsulado, ha prestado muy buen servicio a este Consulado como delegado del mismo». Según la documentación consultada, por esos años, en Barahona había «un gran número de españoles y, aparte de esto, se está construyendo el ingenio más grande de las Antillas, de modo que el número de españoles comerciantes, colonos y operarios ha de crecer».

Isidoro Gracia se encontraba en la Republica Dominicana al menos desde 1904. Aquí contrae matrimonio, después de diecisiete años de relaciones, con María Teresa Vidal el 7 de enero de 1925. Para entonces ya habían nacido la mayoría de sus hijos. Los dos últimos vendrían después: Jaime, en agosto de 1925, y Teresa, en 1932. Isidoro Gracia García fallece en 1933.

María África Gracia Vidal, María Montez

A la orilla del mar Caribe, en Barahona (República Dominicana), nació, el 6 de junio de 1912, María África Gracia Vidal, hija del canario Isidoro Gracia García y de Teresa María Vidal, oriunda de Baní. Según sus biógrafos dominicanos, su nombre de pila fue deseo de su padre «en homenaje a su tierra natal, la Isla de la Palma (una de las Islas Canarias), que aunque pertenezca a España está localizada en el continente africano».

(La cuatro hermanas Gracia. | Publicada por María Victoria Hernández).

María fue la segunda de once hermanos: Isidoro, María África, Aquilino, Joaquín, David, Ada, Consuelo, Luz, Luis, Jaime y Teresita. Desde pequeña, la futura actriz mostró interés por el teatro y el cine. Llegó a escribir pequeñas obras dramáticas que representaba ante sus amigos y familia. Aprendió inglés sin profesor alguno, contando sólo con asiduas lecturas en revistas y periódicos. Aún con estudios básicos, se atrevió con la publicación de tres libros y varios poemas sueltos, que firmaba con su verdadero nombre, María África Gracia.

Su padre se dedicó fundamentalmente a la exportación de madera guayacán (Lignum vitae) para mantener a su numerosa prole, más otros dos hijos extramatrimoniales (Orbito y Gaudencio), a los que se sumaba además Antonio López (Toño), huérfano de un gran amigo. Se trataba, en definitiva, de una gran familia de la que María llegaría a confesar: «Con cinco hermanos y cuatro hermanas y un deseo loco de no pasar inadvertida, tuve que aprender a cuidarme y hacerme valer o perderme en la lucha. Tuve que aprender cómo solicitar atención y obtenerla. Así fue cómo me acostumbré desde chiquitita a parecer mandona… sin serlo».

En Barahona se recuerda que, cuando era una niña, en lugar de jugar a las casitas y a las muñecas formaba un escenario con una sábana blanca iluminada con una lámpara doméstica. En el colegio actuaba en papeles protagonistas, marcados con gestos en la cara y extremidades. La opinión de sus vecinos sentencia con rotundidad: «Ella nació con esa vocación».

Por dos veces contrajo matrimonio: el 28 de noviembre de 1932, con el banquero William McFeeters (la pareja duró unos siete años); en octubre de 1942 conoció al actor francés Jean Pierre Aumont (1911-2001), con el que se casa el 13 de julio de 1943 (se cuenta que ese día los recién casados se besaron 112 veces).

El matrimonio con McFeeters —según sus biógrafos— significaba la libertad ante la férrea disciplina de su padre y la prohibición de esta relación: el banquero contaba con 50 años de edad y María con 20. No obstante, la joven se casa y se traslada a vivir a Puerto Rico. El trabajo de su esposo le permitía disponer de tiempo suficiente para cultivar sus aficiones, asistir a la proyección de películas en inglés y perfeccionar el idioma.

Entre sus nuevas amistades surgió una invitación, que sería decisiva en su vida, para viajar a Nueva York. Allá fue María África Gracia sin la compañía de su marido. Encontró lo que inconscientemente buscó y soñó toda su vida; tenía entonces 29 años. McFeeters le reclamaba el retorno a Puerto Rico, pero sólo obtenía excusas y la callada por respuesta. Decide ir a Nueva York, y en la ciudad norteamericana ambos se dan cuenta de que la unión se había roto, y deciden divorciarse. Según Pérez Arnay, «María hablaría siempre cariñosamente de su primer marido y atribuiría el fracaso de su matrimonio a un error». Con su carácter especial y alegre «conquistó velozmente el sofisticado mundo de la alta sociedad neoyorquina. Su melena pelirroja, su atractiva y estilizada figura y su elegante vestuario, la convirtieron en uno de los personajes que con mayor regularidad aparecían reseñados en las columnas de sociedad de los periódicos más afamados de la ciudad».

El primero que vio y plasmó la belleza de María África Gracia fue el pintor estadounidense McClelland Barclay (1891-1943). Buscaba a una bella mujer cosmopolita y contrata a la joven como modelo. Su óleo habría de convertirse en uno de los más conocidos y atractivos del pintor. Con la exposición de este cuadro, a María comenzaron a lloverle ofertas de trabajo, pero ella aspiraba secretamente a la cumbre hollywoodense.

Su carácter abierto y desenfadado le brindó la oportunidad que buscaba. En 1940 se entera de que George J. Schaefer, presidente de los estudios Pictures, se encontraba en Nueva York, y de que iba a almorzar en el famoso Club 21. Con sus mejores galas se dirigió a una cita encontradiza. Un amigo le consiguió una mesa próxima a Schaefer y se produce el contacto.

El presidente de la toda poderosa Pictures le invita a tomar café y le propone unas pruebas cinematográficas. Los ensayos dan buenos resultados y los estudios le ofrecen 100 dólares semanales. Sin embargo, el voto de George J. Schaefer es superado por el de la productora Universal, que incluye 150 dólares de salario, el traslado a Hollywood y el rodaje de una película.

(Cartel de “Alí Babá y los 40 ladrones”. | Publicada por María Victoria Hernández).

A partir de aquí, María comienza su carrera fílmica con cintas tan famosas como,

  • “Las mil y una noches” (1942) en la que encarnaba a Scheherazade junto a los famosos actores Jon Hall y Sabu, bajo la dirección de John Rawlins
  • “La salvaje blanca” (1943), del realizador Arthur Lubin
  • “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, también del realizador Arthur Lubi
  • “La reina de Cobra” (1944), de Robert Siodmak
  • “Alma cíngara” (1944), de Roy William Nelly
  • “Sudán” (1945), de John Rawlins
  • “La Atlántida” (1948), de Gregg Tallas.

María Montez encontró a un público inmerso en el conflicto de la II Guerra Mundial y en una larga posguerra. Sus películas sirvieron de evasión ante tanto dolor y muerte. Su popularidad fue paulatinamente bajando. Se traslada entonces a Europa, donde interviene en la película de aventuras “La venganza del corsario” (1951) de Primo Zeglio. Entre 1941 y 1951 protagonizó un total de 26 películas.

(La Atlántida, publicidad del cine de Tazacorte. | Publicada por María Victoria Hernández).

Su repentina y trágica muerte privó a millones de admiradores de la actriz, que había merecido los calificativos de La Reina del Tecnicolor, Ciclón Caribeño, Dinamita Dominicana, La Sirena de Hollywood y La Tempestuosa Montez. Su nombre, así, ocupó una parte destacada del cine mundial de los años 40.

Las películas de María Montez ocuparon gran espacio en las pantallas de las salas de cine del mundo. Como curiosidad, digamos aquí que en 1945 el Cine Colón, de Las Palmas (Canarias), anunciaba para las sesiones de tarde y noche la emisión de “Las mil y una noches” calificándola como «No apta». Luego, en 1980, el mismo film pasaba a la programación de Televisión Española en Canarias visionándose para todos los públicos en Primera Sesión a las 14:50 horas.

La voz de la actriz

Pudiera parecer a priori que, por el exotismo de sus películas y el glamour de Hollywood, María África hubiese desarrollado un carácter despegado y distante respecto de los suyos y de sus orígenes. Nada más lejos de la realidad. Tras la pantalla existió una mujer sensible, curiosa y orgullosa de sus antepasados. Es cierto que mantuvo una juventud confusa que rozó el escándalo. También el mundo de la popularidad le exigía contar con una presencia casi permanente en los medios de comunicación, en algunos casos, incluso, con escandalosas declaraciones falsas y lejanas de la realidad. María tuvo dos personalidades: la mujer latina y cosmopolita de los años 40, y otra auténtica: la del ser cariñoso, generoso, afectuoso y preocupado por los suyos.

Según Armando Gracia Sanfiel (1913-1997) primo hermano de la actriz, a finales de los años 20, María Montez estuvo en la isla de La Palma en compañía de su padre. Recordaba que su tío era alegre, tocaba la guitarra y cantaba. Deben coincidir estas fechas con el ingreso de María en el colegio religioso de Santa Cruz de Tenerife. El testimonio de su primo coincide en fechas con lo que publicaba el periódico tinerfeño Aire Libre el 29 de noviembre de 1943. Eran los años de la artista de moda y ya la prensa canaria revindicaba sus orígenes con el titular «María Montez, la artista de moda, fue educada en Santa Cruz de Tenerife»; el artículo manifestaba:

«Al igual que todas las hijas de familias acomodadas, María ingresó en un Convento para ser educada. Con tal fin sus padres la enviaron a Santa Cruz de Tenerife.

Siendo todavía colegiala, le entró a María un ferviente anhelo de viajar, hasta tal punto que un día hizo su equipaje y se escapó del colegio. Pero, ya en el muelle de Santa Cruz, su intención de embarcar hacia puertos desconocidos la asustó; sin embargó tomó pasaje para Santo Domingo. Enterados sus padres, la esperaron a su llegada y, sin ninguna ceremonia, la reembarcaron en el mismo barco y la enviaron de nuevo al colegio».

Asimismo, esta noticia coincide con la información contenida en las monografías “María Montez, homenaje” y “María Montez: la reina del Tecnicolor”, ambas de Terenci Moix y Antonio Pérez Arnay.

Según la correspondencia familiar mantenida por Isidoro con su hermana Tomasa, las verdaderas razones del internamiento de María en el colegio de Santa Cruz de Tenerife fueron los amores no consentidos con un hombre de 50 años. En 1930, su padre le permite regresar a Barahona y reanudar su relación amorosa con el banquero irlandés William G. MacFeeters, con quien contrae matrimonio. Aunque respetaba y quería a su padre, la actriz llegaría a afirmar: «Si mi padre estuviese vivo, jamás hubiese podido yo realizar mi sueño de convertirme en actriz de cine, pues él no lo habría permitido. ¡Y yo jamás habría ido en contra de su voluntad!».

María Montez se sentía orgullosa de su sangre paterna. Cuando en 1949 le preguntaron, en el Festival de Cine de Venecia, su verdadera nacionalidad, respondió:

«Pero, hijo mío, ¿de dónde cree usted que soy? ¿Acaso turca? Mi padre, palmero, y mi madre, dominicana, y mi verdadero apellido, Gracia. Esto de “Montez” es el postizo para el cine y el teatro»

La rutina hollywoodiense —ya lo hemos apuntado— exigía estar continuamente a la sombra de los medios de comunicación, y de eso sabía mucho María. Ello explica que en público llegase a quemarse un sombrero o que afirmase que su abuelo Joaquín Gracia Anadón era un noble aragonés, conde de Gracia, pero según nos informaron desde el Ayuntamiento de Estercuel por carta de 23 de diciembre de 1993, en el Archivo Parroquial figura el bautizo de Joaquín Gracia Anadón el 23 de mayo de 1841 y «en dicho libro no consta que tuviera ningún título nobiliario.

En su programa de ensoñaciones de grandeza, sostuvo, por ejemplo, que poseía joyas pertenecientes a la reina Isabel la Católica u obras del pintor aragonés Francisco de Goya, extremos confirmados incluso por los titulares de prensa de aquellos años: «[La actriz] posee una colección de tapices de Goya, una joya que perteneció a la Reina Isabel y valiosos topacios».

Sus excéntricas actuaciones y manifestaciones le llevaron incluso a enfrentarse al código de censura de Hays (1941), afirmando públicamente que detestaba usar sostén, consiguiendo de ese modo la notoriedad que seguramente pretendía. El código Hays, redactado por el republicano Hill H. Hays, establecía en sus principios generales normas de censura para la filmación de películas comerciales en Estados Unidos, aunque en este caso salpicó la vida personal de la actriz.

El cariño por sus orígenes lo demuestra cuando, unos días antes de su muerte, el empresario español Cesáreo González le ofrece hacer la película “La maja de Goya”. María declara a la prensa que la filmaría con su auténtico apellido, Gracia, y responde a un periodista francés: «Me eduqué en Santa Cruz de Tenerife, y he tenido siempre para todo lo español verdadera admiración. […] estoy segura que allí todos verán muy bien que yo trabaje con mi verdadero nombre, pero a nadie le habrá de satisfacer tanto como a mí».

María Montez no sólo conocía su ascendencia canaria sino también la turolense. Ello se deduce de la entrevista aparecida en Aire Libre el 19 de septiembre de 1949 (aunque el periodista no debió entender correctamente a la actriz): «Mi padre de Teruel, y mi madre canaria, dice María Montez». En realidad, de Teruel era su abuelo, y su madre era dominicana.

Muerte de un mito de Hollywood

«María tenía planeado almorzar con sus hermanas Adita y Teresita. Como todavía era mediodía, María decidió tomar su acostumbrado baño caliente de sales, imprescindible para mantenerse en su peso medio de cincuenta y siete kilos, ya que por la tarde tenía que ir a París. Ateniéndose a su ritual diario, se introdujo en la bañera, cuya agua sólo estaba templada, abrió el grifo del agua caliente y, cómodamente instalada, dejó que ésta fuese llenando el baño. Pasaron varios minutos y la temperatura fue ascendiendo progresivamente hasta llegar a los fatídicos 45ºC sin que María advirtiera que el calor del agua comenzaba a ser sumamente peligroso. Medio adormecida, cerró el grifo y volvió a sumergirse en el agua. Un repentino fallo cardíaco convulsionó el cuerpo de María que, tras perder el conocimiento, empezó a deslizarse en el resbaladizo mármol de la bañera, sumergiéndose totalmente en el agua. Eran las 12:45 de la tarde».

A las 15:35 horas, después de desesperados intentos de reanimación, el doctor Dugonot certificaba la muerte de una mujer de 39 años de edad llamada María África Gracia, más conocida como María Montez. Era el viernes 7 de septiembre de 1951. El mismo día 7 la agencia Efe fechaba un teletipo de alcance que decía: «La actriz de «cine» María Montez ha sido encontrada muerta en el baño de su residencia. Hasta ahora se ignoran más detalles del suceso». También ese mismo día, la propia agencia noticias fechó en París, al menos, cuatro crónicas del hecho, que de seguro debieron ser recogidas por la prensa canaria y aragonesa. Otras de las crónicas aumentaba los datos de la primera:

«María Montez, la famosa artista de la pantalla, sufrió un ataque al corazón que le produjo la muerte mientras se bañaba en su domicilio de esta capital. El cadáver fue descubierto a la una y media de la tarde, de hoy (hora española). Un boletín facultativo publicado esta tarde da cuenta de que los médicos estuvieron durante más de dos horas intentando reanimar a la actriz. El informe señala que el agua del baño en que se introdujo María Montez estaba a una temperatura «terriblemente elevada».

María Montez estaba casada con el también actor Jean Pierre Aumont, una de las más destacadas figuras de la cinematografía francesa. El matrimonio tenía una hija y estaba calificado por la prensa del país como la familia de artistas de la pantalla más feliz de toda Europa. La pareja vivía por temporadas en los Estados Unidos y Francia».

En una tercera crónica, la misma agencia recogía más detalles personales de la actriz y daba referencias concretas sobre sus orígenes canario-aragoneses:

«María Montez se educó en el colegio del Sagrado Corazón de Santa Cruz de Tenerife. Terminados sus estudios regresó a Santo Domingo. Invitada por el productor de la «Universal», Joe Pasternan, María hizo unas pruebas ante las cámaras cinematográficas y poco más tarde obtuvo un notable éxito con la película «South of Tahiti».

María Montez tiene cinco hermanos y cuatro hermanas y su abuelo paterno era un noble aragonés, el conde de Gracia. María hablaba y escribía perfectamente el español, el francés, italiano e inglés. Poseía una valiosa colección de tapices de Goya, así como una estimable colección de topacios a los que era muy aficionada. Ha escrito y publicado varios poemas en español bajo su verdadero nombre María Gracia.

Era una pianista excelente y gran aficionada a la astrología. La película que la hizo más famosa fue «Las mil y una noches», en que interpretó el papel de Scheherazade».

Cartel de “Las mil y una noches”. María Victoria Hernández.

El americano The New York Times dijo que había fallecido «esclava de su silueta» y sus biógrafos que «tras de ella dejaba millones de admiradores que nunca olvidarían sus exóticas y lujosas películas de tecnicolor, que marcaron toda una época del cine y del propio siglo XX».

El 11 de septiembre de 1951 las campanas de la iglesia de Saint Pierre de Chaillot (París) doblaban a muerte. El cortejo fúnebre atravesó las rectas avenidas y calles parisienses, escoltado por una muchedumbre que daba la despedida a la mujer que llenó de fantasía, lujo exótico y glamour las pantallas del cine de la posguerra europea. En el cementerio de Montparnasse, en el blanco panteón familiar de su esposo Jean-Pierre Aumont, reposa, para siempre, la belleza latina de la reina del tecnicolor.

Ese mismo 11 de septiembre el ABC de Madrid, (p.3) publicaba el reportaje titulado Epistolario de María Montez del periodista canario Mariano Daranas. En el mismo se desarrolla espléndidamente parte de la correspondencia mantenida con su primo hermano Armando Gracia. Daranas recoge nuevos comentarios de la actriz a añadir en la correspondencia publicada en nuestro anterior capítulo, evidencia que apunta que debió existir mayor número de cartas entre los primos hermanos.

Durante muchísimos años, continuamente la prensa se refería con lamento a la «malograda actriz María Montez». También por la prensa conocemos su última voluntad: «En un garaje de Hollywood se ha encontrado el testamento de María Montez, la infortunada actriz que murió mientras se bañaba. Deja solamente 250 mil dólares, la mayor parte para su marido Jean Pierre Aumont y su hija María Cristina, de 5 años. Sus pieles y joyas serán divididas entre sus hermanas». Con noticias como ésta se perpetuaba el mito.

En el 50 aniversario de su muerte, dos coronas mortuorias, una de rosas rojas y otra de flores blancas, fueron depositadas sobre la tumba de la actriz. Habían sido remitidas por el Cabildo Insular de La Palma y el Ayuntamiento de Garafía, este último con la leyenda «La villa de Garafía te recuerda».

La prensa canaria recogió este gesto de las instituciones palmeras. La sangre canaria y aragonesa que corría por las venas de María Montez marcó un hito importante en el Hollywood de los años 40 del pasado siglo. Pocos son aún los que conocen los antecedentes familiares de aquella niña nacida en Barahona (República Dominicana) el 6 de julio de 1912, nieta de aragonés, hija de palmero-canario y de dominicana, a la que impusieron el nombre de María África.

Más imágenes de Los orígenes palmeros de la actriz María Montez

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FUENTES CONSULTADAS

Archivos

• Archivo Histórico Militar (Segovia)
• Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid)
• Archivo parroquial de Estercuel (Teruel)
• Archivo parroquial de Nuestra Señora de la Luz (Garafía)
• Archivo particular de Armando Gracia San Fiel (Madrid), hoy custodiado por su hijo Armando Gracia Santamaría
• Archivo particular Rafael Daranas Hernández (Santa Cruz de La Palma)
• Archivo particular de Leopoldo Castro (Garafía)
• Archivo particular de María Victoria Hernández Pérez (Los Llanos de Aridane)
• Archivo Hemeroteca ABC
• Archivo Hemeroteca Jable, Universidad de Las Palmas
• Filmoteca Canaria (Santa Cruz de Tenerife)
• Filmoteca Nacional (Madrid)
• Registro Civil de Estercuel
• Registro Civil de Garafía

Bibliografía

• [Alemán, Gilberto]. «La escuela de las niñas pobres». La Opinión de Tenerife (Santa Cruz de Tenerife, 27 de octubre de 2001), p. 3.
• Cabrera Pombrol, Pilar. Joaquín Gracia Anadón y el incendio de la Casa Consistorial de Garafía (Una condena sin pruebas). La Palma: Ediciones Alternativas, 2005.
• Efe. «La Palma homenajea a María Montez en el 50 aniversario de su muerte». Diario de Avisos/Saber vivir (Santa Cruz de Tenerife, 9 de septiembre de 2001), pp. 2-3.
• García, Vicente, María Victoria Hernández y Antonio Manuel Pérez. «Los orígenes palmeros de la reina de Tecnicolor del Hollywood de los cuarenta». El Día (Santa Cruz de Tenerife, 20 de febrero de 1994).
• Hernández Pérez, María Victoria, «Los orígenes turolenses y canarios de la actriz de Hollywood María Montez». En: Actas del xxxiv Congreso Nacional de Cronistas Oficiales: Teruel, 24, 25, 26 octubre 2008, Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, Zaragoza 2009, p. 115-135.
• Moix, Terenci. Mis inmortales del Cine. Barcelona: Planeta, 1992.
• Orribo Rodríguez, Tomás y Néstor Rodríguez Martín. Del lugar de Tagalguén: historia, tradiciones, gentes y recuerdos de la
• Garafía de ayer. [Isla de La Palma: Ayuntamiento de la Villa de Garafía], d. l. 1997.
• Pérez Arnay, Antonio. «En el cincuenta aniversario de su fallecimiento, recordamos a María Montez, soberana de la fantasía». • La Gaceta de Canarias (Santa Cruz de Tenerife, 7 de septiembre de 2001), pp. 66-67.
• [Redacción]. «Cine Colón». Falange (Las Palmas de Gran Canaria, 20 de julio de 1945), p. 4.
• [Redacción]. El Eco de Canarias (Las Palmas de Gran Canaria, 25 de octubre de 1980), p. 31.
• [Redacción]. «Dos ramos de flores enviados por el Cabildo y el Ayuntamiento de Garafia adornan la tumba de María Montez», • Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 19 de septiembre de 2001), p. 24.
• [Redacción]. «Recuerdo de la isla sobre la tumba de María Montez». El Día (Santa Cruz de Tenerife, 18 de septiembre de 2001), p. 26.
• [Redacción]. «La Palma homenajea a María Montez «la reina del Tecnicolor»». La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria, 8 de septiembre de 2001), p. 68.
• R[odríguez] M[edina], E[sther]. «El consistorio planea recuperar la casa familiar de María Montez y convertirla en centro cultura. El Ayuntamiento quiere que el inmueble albergue la historia del cine y fundamentalmente la obra cinematográfico de la «reina del tecnicolor» de Hollywood». Canarias 7 (Las Palmas de Gran Canaria, 8 de septiembre de 2001), p. 24.
• Vicens de Morales, Margarita. María Montez: su vida. Santo Domingo: Editorial Corripio, 1992.

Recursos en Red

http://www.mariamontez.net
http://www.27febrero.com/maríamontez
http://www.sobrefotos.com-mariamontezlareinadeltecnicolor
http://www.jable.es
http://www.hemerotecaabc

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Cortesía de Lucy de Armas Padrón

[*Otros}– De la historia de La Palma: Un Canario almirante de la flota de Filipinas y Adelantado de Palauan

Publicado en “La Revista de Canarias”, que circuló en los años 80.

Cortesía de José Quirantes González, quien conserva un ejemplar de esta revista.

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Madrid, 11 de noviembre de 1715

Su Majestad el Rey Felipe V ha nom­brado Adelantado de Palauan al marino palmero Antonio Fernández Rojas, con el alto en­cargo de someter a la corona española las islas del Mar del Sur.

Fernández Rojas, nacido en La Palma el 12 de septiembre de 1671, se enroló jo­ven en las tripulaciones indianas y fue uno de los más aguerridos luchadores contra los «forbantes”, piratas que merodeaban en las rutas del Imperio español.

A los treinta años fue nombrado piloto mayor y cabo superior de la Armada. El primer mo­narca de la Casa de Borbón le dio el cargo de Almirante de la Flota de Filipinas.

En mérito a los servicios prestados, y cuando cumpla la misión de conquista de las islas de la Malasia, gozará de un retiro en pueblos de Cuyo y Lacutaya, en la pro­vincia de Calamiana, donados a tal fin por la Corona.

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Nota CMP: Más información sobre Palawan.

[Col}> La Navidad y los buñuelos en casa de mi abuela Canaria Lola

Diciembre 2009

Una receta traída de El Paso

Todas las familias tienen sus costumbres y formas de educar de acuerdo a su origen, de ahí que yo conozca algunas de esas tradiciones que se han quedado para siempre en cantos, bailes, y algo de la cocina que dejaron en mí la huella canaria y que va en una parte de esta historia que les cuento.

La vida económicamente era dura en los momentos que vivíamos allá por los años 50, y la Navidad para mi abuela Lola se imponía ante todo, y para celebrarla siempre guardaba algún dinerito que le dejaba una que otra costura que realizaba a amistades, o del cosido de tabaco, pues también era ella una experta en la zafra de la preciada hoja.

Era en ese tiempo, antes del 24 de diciembre, día en que se celebraba la Nochebuena, cuando abuela Lola elaboraba grandes cantidades de buñuelos isleños. Así iba y compraba en la bodega de otros canarios la harina, azúcar, huevos, mantequilla, vino seco, canela y mantequilla.

Y la noche del 23 ella comenzaba la elaboración mezclando todos esos ingredientes, mezcla a la que le echaba una cucharada rasa de bicarbonato para que los buñuelos quedaran suaves y crujientes.

Su buen gusto al prepararlos ofrecía más tarde un exquisito postre que saboreábamos todos los de la casa, y amigos. Pues sí, porque, como allá en Canarias, de esos buñuelos comían aquí los cubanos, tanto vecinos como amistades de la familia.

Lola iba haciendo los buñuelos y los colocaba arriba de la mesa, encima del paño (mantel), y hasta que no la tenía llena de ellos no comenzaba a freírlos, lo cual hacía que se esparciera por toda la casa el olor agradable del exquisito postre. Luego los metía en latas de galletas, aunque en El Paso —contaba abuela— se guardaban en cestos pero, al no tenerlos en Cuba, ella utilizaba esta otra variante.

En la actualidad, todos en la familia esperan ansiosos en Navidad el producto de esta receta que aprendí de mi abuela y que también les he trasladado a los chicos, de la misma forma que mi abuela lo hizo conmigo, para que siempre viva esa tradición, y que ahora hago extensiva a todo el que quiera saborear esta receta traída de El Paso.

Ingredientes

• Una libra —y un poco más— de harina castilla (harina de trigo).

• Tres huevos

• Canela. Mi abuela la utilizaba en rama, pero yo la utilizo en polvo.

• Una cucharadita de bicarbonato, que era lo que utilizaba ella para que quedaran más crujientes y suaves.

• Un cuarto de libra de mantequilla.

• Una taza de vino seco.

• Una taza de azúcar, preferentemente prieta —morena o negra, como le dicen acá— o blanca si en el lugar no hay de la otra.

Modo de hacer los buñuelos

Se baten los huevos, se les echa el vino seco, el bicarbonato, la canela, la mantequilla y el azúcar. Se va revolviendo todo hasta que se mezcle bien, y entonces se comienza a echar poco a poco la harina hasta que todo quede como una masa para hacer pan.

Esta masa se deja reposar un ratico; mi abuela la dejaba más tiempo que yo, pero es que con el desespero por probarlos rápido no puedo esperar y la dejo sólo un ratico antes de darle forma a los buñuelos y ponerlos en aceite para freírlos y degustarlos. Se sabe cuando la masa está lista porque, al cortarla para trabajarla, la porción cortada se ve llena de hoyitos.

Lo del “poco más” de una libra de harina es porque cuando se cortan las porciones de masa a veces ésta se pega a las manos, y para evitar que eso suceda conviene untárselas con harina. Entonces se van cortando las porciones para primero hacerlas larguitas y después darles la forma de un ocho. Y es en este proceso cuando que usar un poco de harina para que la masa ruede sin pegarse.

Con un cuchillo se va cortando los pedazos de masa para primero hacerlos larguitos y después darles la forma de un ocho. Luego de así formados, ya están listos para freír.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana, Cuba.

 

[*Otros}– Santa Águeda, la olvidada patrona de S/C de La Palma

11-01-09

José Guillermo Rodríguez Escudero

Historia

El Convento de Santa Clara, primer monasterio femenino de esta capital, tuvo su origen en una pequeña ermita dedicada a la “Gloriosa Santa Águeda”, desde 1594 “Patrona de la Ciudad” y “Abogada de las Mieses”.

Un punto éste sorprendentemente desconocido por la inmensa mayoría de los ciudadanos en la actualidad. De este recuerdo tan sólo queda una estrecha callejuela con su nombre que recorre, desde el inicio de la colina donde se ubica el ex cenobio, bajando la ladera —rodeando el actual Parque Infantil con una escalinata— hasta llegar a la confluencia con la Calle Baltasar Martín, en las cercanías de la Plaza de San Francisco y paralela a la ermita de San José.

 

La congregación de las monjas claras, con la ayuda de las familias más adineradas y poderosas, fundó un convento junto a la bella ermita. Según el acta del Cabildo de 9 de junio de 1600, se dice que “se esta edificando el Convento de Monjas Claras”. En la del 28 de julio de 1603 se faculta al Padre Canino para “cortar la madera de los montes que falta para acabar el convento”. Su costo aproximado fue de tres mil ducados.

Al ser suprimido el monasterio de Santa Águeda el 28 de diciembre de 1837 por las leyes de la desamortización de las clausuras, el Ayuntamiento de la capital palmera solicitó al Gobierno de Su Majestad, se le “diese el edificio para trasladar a él el Hospital y Cuna de Expósitos”. Esto le fue concedido por la Real Orden de 14 de junio de 1842.

Desde entonces se hallaron establecidos los dos asilos benéficos, sirviéndoles de oratorio la misma iglesia del convento. Lamentablemente este precioso recinto está cerrado durante toda la semana, tan sólo abierto para los cultos del domingo por la mañana y, excepcionalmente, para otros actos aislados, como Semana Santa (procesión del magnífico grupo escultórico de “La Piedad” y visita al “Monumento”) y Función de Santa Rita…

Patronazgo

Corría la segunda mitad del siglo XVI cuando, según afirma Viera y Clavijo, ante la calamidad de los tiempos y las múltiples adversidades a las que estaban expuestas las cosechas —que no llegaban a satisfacer las necesidades de la Isla—, el Cabildo elige por suertes a la “Mártir Santa Águeda” como “Abogada de las Mieses”. Se procede a acometer la edificación de su ermita en la zona alta de la ciudad, en la que de inmediato comienza a venerarse su imagen traída de Sevilla. Así lo relataba Viera y Clavijo: “… echaron suertes y salio por abogada de las mieses la santa mártir…”.

Es curiosa esta advocación en La Palma, ya que no se conoce ninguna relación suya con la agricultura y la ganadería, por lo que se presenta como un interesante caso de advocación cambiada producido al azar.

En los años setenta del siglo XVI, las Actas Capitulares, conservadas en el Cabildo capitalino, dejan entrever de modo constante la escasez de trigo que padecía La Palma durante largos períodos, “comisionando aquella corporación a los distintos comerciantes radicados en la Isla para que importasen granos de otras islas del Archipiélago, Madeira e incluso Flandes”.

Según las crónicas del alcalde palmero Juan Bautista Lorenzo Rodríguez, en el Acta del Cabildo de la ciudad fechada el 7 de mayo de 1607 se da a conocer que la fundación del Convento de Santa Clara tuvo lugar en el mismo emplazamiento donde se hallaba la ermita de la santa, para lo que fue, lamentablemente, demolida.

Volviendo a la época de mayor auge de la festividad de la Santa Mártir siciliana, se recoge en la obra Noticias para la Historia de La Palma de aquel edil y cronista, que “el Cabildo había hecho voto y promesa de guardar su día haciendo procesión solemne a su casa”, que fue edificada, según reza un acta de 1607, “con gran fervor con limosnas de los vecinos e se trajo su ymagen despaña”.

En el plano de Santa Cruz de La Palma que levantó en 1590 el italiano Torriani aparece dibujada esta iglesia, denominada por él “Santa Ágata, prottetora della Cittá”.

Y como Patrona de la ciudad y de las mieses, continuó siendo invocada en épocas de calamidades públicas. Así, en 1747 se acordó “hacer procesiones de Inocentes según a sido costumbre”, y llevar la imagen de la Santa a la Parroquia Matriz de El Salvador. Allí se le ofrecía un novenario “en atención a la pública falta de agua y estar los sembrados en términoz de perderse”.

Tenían lugar solemnes procesiones en su honor, en las que acudían todos los pendones de los gremios y multitud de feligreses que rendían pleitesía a su patrona local. Erróneamente se cree que Nuestra Señora de Las Nieves es la Patrona de la Ciudad. Entre otros muchos honores y títulos, Ella es la “Alcaldesa Honoraria y Perpetua” de la misma y “Patrona de la Isla”, junto con San Miguel Arcángel.

Existía la obligación de la limpieza de todas aquellas calles por las que pasaba la solemne procesión de Santa Águeda. Así quedaba ordenado en los distintos edictos promulgados desde el Cabildo de la Ciudad.

La importancia de la tierra para su subsistencia explica el sentido trascendente que alcanza esta Protectora de la Ciudad de Santa Cruz de La Palma. Insisto en que nos encontramos ante una devoción inexplicable y absurdamente olvidada.

La imagen

Dentro de la abundante producción escultórica de origen andaluz —más concretamente sevillano— existente en La Palma de los siglos XVII y XVIII, encontramos una magnífica muestra salida de los talleres activos de la capital hispalense en el último cuarto del siglo XVI.

Se trata de una preciosa talla de tamaño natural y bulto redondo de 1,22 mts que se halla entronizada en la hornacina inferior izquierda del magnífico retablo dorado de la iglesia del Hospital de Dolores, primer ejemplo del barroco palmero y cabeza de una larga estirpe.

 

La impresionante efigie de la Santa —tradicional y erróneamente catalogada como flamenca— fue concebida como una hermosa Venus rubia. Así, el Dr. Hernández Díaz la describe como una “Sagrada Venus” para significar la orientación clasicista de esta representación femenina. Con respecto al sitio de su procedencia, Herrera García, nos informa de que “… al constituirse Sevilla en escuela escultórica de primer orden y los gustos de la aristocracia local palmera, mucho de cuyos miembros eran de origen andaluz, comenzaron a manifestar cansancio por los reiterativos modelos de la plástica flamenca, adscritos a esquemas goticistas”.

De equilibrado volumen y de elegancia en su porte y en la caída de su larga túnica dorada y policromada, la bella escultura es un magnífico ejemplo de la imaginería hispalense del manierismo bajorrenacentista. Su procedencia sevillana está confirmada en las actas del Cabildo, después de 1574.

En cuanto a su postura, el pie derecho mantiene el peso del cuerpo, mientras que la pierna izquierda se adelanta en elegante movimiento, flexionando la rodilla a modo de “contraposto”. Según don Francisco J. Herrera García, esto “produce una ordenada conjunción de las masas y evita la apariencia de bloque rígido”. Un perfecto juego de volúmenes y estados de tensión coordinados en equilibrio y armonía.

El profesor palmero don Jesús Pérez Morera incluye esta pieza (en 1989) como representativa del quehacer de los talleres hispalenses del momento. Herrera García la atribuye más concretamente al taller del escultor abulense Jerónimo Hernández, considerado fundador de la escuela sevillana de escultura.

La proximidad de la Sta. Águeda con alguna de sus obras de carácter mariano es más que notable. Véase la “Virgen de la O” de Ubrique (1575), la “Esperanza” de Écija (1578) o la “Virgen de la Grana” de Guillena (1578-80). Algunos de estos ejemplares marianos procedentes de su taller, realizadas en los años setenta del siglo XVI pueden servir para “comprobar la similitud en rasgos compositivos, expresión y sentido clasicista con la obra que analizamos”.

Sobre su cabeza tiene una corona real de plata —exquisita pieza de orfebrería— como las mártires más famosas, y porta sobre su mano izquierda una gran palma dorada, símbolo de la victoria del martirio sobre la muerte. Es curiosa la postura de esta piadosa insignia: parece flotar sobre el lado izquierdo, sobre su pecho y su mano, mientras que los dedos medio e índice recogen el manto elegantemente y acercan a su cuerpo la bien tallada palma martirial. Para ello, su brazo describe una ligera inflexión.

En actitud erguida, la Mártir mantiene con la mano derecha, que a tal efecto adelanta, una bandeja de plata con sus dos pechos. Herrera García nos dice lo siguiente del objeto artístico: “la bandeja, en este caso desprovista de las muestras de su martirio al tratarse de una pieza de plata extraña a la escultura…”

Los pechos del plato han sido histórica y popularmente confundidos con panes. Por ello hay zonas en la que en el día de la Santa de Catania, los feligreses llevan al altar panes sobre una bandeja. La mártir suele estar representada formando pareja con Santa Apolonia, que lleva pinzas o tenazas, y con Santa Lucía, que presenta sus ojos sobre una bandeja. Es curiosa la representación de “Santa Apolonia de Alejandría” en la vecina iglesia de San Francisco. Allí se le representa con un martillo, inusual según su hagiografía y atributos personales.

El rostro, de fina factura pese a las evidentes señales del paso del tiempo y los repintes labiales, se inclina hacia la derecha de tal modo que orienta la mirada al contenido de la bandeja, entornando los ojos de los que emana un profundo sentido de resignación”. Herrera continúa su pormenorizada descripción de la Patrona de la Ciudad, tras analizar su belleza facial: “se completa con la del cabello, descubierto al no sobrepasar el manto la altura de los hombros, permitiéndonos así admirar el exquisito trabajo de la gubia que distribuye los mechones capilares en suaves ondulaciones, mientras a la altura del cuello descienden en curvatura. Es una cabellera que no puede ocultar profunda raigambre clasicista, propia de una elegante matrona romana”.

Otra de sus características es el perfecto tallado de su perfil, la sutileza de las formas faciales, cejas finas, ojos tristes semiabiertos, barbilla redondeada, pequeña y delicada nariz…Todo estos mimados detalles “se complementan con la entereza y firmeza propias de la mejor escultura romanista; no existen atisbos de dolor; la serenidad y fortaleza conjugan sus efectos para proporcionar así pureza y equilibrio de inequívoco sello bajo renacentista”.

La holgada túnica dorada está ligeramente plisada sobre la pierna izquierda, “evidenciando el contraposto” y el manto terciado sobre el tórax continúa un recorrido oblicuo para luego, después de sobrepasar el brazo derecho, deja caer rectos los pliegues rectilíneos.

Durante estos siglos de existencia, la bella talla virginal ha sido objeto de desafortunados repintes. Su exquisita policromía, a pesar de todo, se ha conservado perfectamente. Dominan los tonos dorados del pan de oro que, incluso recubre el cabello. El amplio manto y la delicada túnica “se hallan recubiertos de motivos vegetales punteados, entre los cuales el espacio intermedio fue rellenado con una tonalidad ocre que oculta la primitiva estética del estofado”.

Antigua y venerada advocación

La elegante y hermosa efigie de la Patrona de la capital palmera —patronazgo que comparte con la Gloriosa Santa Cruz— lo es también de las enfermeras, ya que sanó de las heridas producidas al ser arrancados sus senos durante su martirio el 5 de febrero del año 251. Éste fue ordenado por el prefecto Quintianus durante la persecución del emperador Decio. Por este motivo es invocada también por los aquejados de dolencias en el pecho y tórax.

Era extraordinariamente atractiva y hermosa, y por ello deseada por aquel tirano, el cual le preguntó: “¿Qué decides? ¿Estás convencida de que lo que tú adoras es una aberración?”. “¡Oh, no! —contestó Águeda—. Cada día que pasa me persuado más de que estoy en la única verdad y Jesucristo es el único salvador que da la vida eterna”.

Para hacerla desistir de su fe y convertirla en una apóstata, el cruel senador mandó azotarla bárbaramente y, encerrándola en una oscura prisión le aplicaron los tormentos más terribles. El amor desairado llegó, en su crueldad, a todos los refinamientos: intento de seducción a través de una perversa mujer, Afrodisia, para que la sometiera a una violación virtual en un prostíbulo. Milagrosamente, como Santa Inés, conservó la virginidad. Sufrió con garfios acerados y ardientes, y su cuerpo fue retorcido cuando fue atada en una columna cabeza abajo.

El tirano mandó que le cortasen los pechos a “aquella inocente y virginal azucena”. En esos instantes ella le gritó: “¿No te avergüenza amputar del pecho de una mujer lo que has mamado cuando tu madre te amamantaba?”. Fue curada por San Pedro que se le apareció en el calabozo. Compareció nuevamente ante el tirano y éste la mandó acostar desnuda sobre una capa de trozos de vidrio y brasas en su celda. En esos momentos, la tierra tembló.

Otros pueblos le rezan en días de tormenta con aparato eléctrico, como a Santa Bárbara, tal y como sucede en las regiones italianas de Palermo y Catania, donde además se le considera la protectora de los volcanes. También es patrona de Malta y de los fundidores de campanas. Se cuenta que, un año después de su martirio, una erupción del Etna estuvo a punto de sepultar varios poblados. Se considera un milagro de la Santa el que la lava se detuviera a las puertas mismas de la ciudad de Catania. También en el momento de su muerte, y cada año el día de su aniversario, el volcán vomita torrentes de lava. En Italia, su velo, conservado en la catedral de Florencia, se llevaba en procesión para apagar los incendios.

En Toulouse (Francia) estaba prohibido hilar o hacer la colada el día de su fiesta. Quizá porque Santa Águeda había reemplazado a una divinidad pagana que personificaba la mala estación: se creía que la rotación del huso provocaba torbellinos de viento y la agitación del agua de las fuentes llamaba a la lluvia.

Se atribuye el papa Gregorio I la introducción de su nombre en el canon romano de la misa; y el gran papa español San Dámaso canta en el siglo VI su gloriosa vida. La visita del apóstol San Pedro para restañar las heridas cuando la Santa italiana estaba en la cárcel también son parte de las leyendas que alimentan la devoción popular hacia la santa más cantada de la antigüedad por los poetas y la más representada por los pintores y artistas. Un cuadro custodiado en el Museo del Prado de Madrid, por ejemplo, de Carlo Caliari “Veronés” de fines del s. XVI, nos presenta a la Santa con su seno derecho cortado y un ángel tras ella reconfortándola y entregándole la simbólica palma del triunfo del martirio y la virginidad sobre la muerte.

Su onomástica se celebra el 5 de febrero. Este día era muy importante en la ciudad de Santa Cruz de La Palma. En la obra Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves de 1815 (recuperada por el cronista oficial de la capital, don Jaime Pérez García), se ofrece una pormenorizada relación de actos que, con tal motivo, se dieron en la capital. Coincidieron: la Bajada de la Virgen de Las Nieves, los Carnavales —el 4 de febrero fue Sábado de Carnaval—, y al día siguiente, la Fiesta de la Mártir: “… fue la fiesta de Santa Águeda y predicó el Beneficiado Díaz; jamás en la Palma se hizo mejor sermón. En la noche del mismo día hubo sarado casa de don Rafael Monteverde…”.

El retablo

Está entronizada en el magnífico retablo mayor del antiguo convento de Santa Águeda, hoy Hospital de Dolores, cuya atribución cronológica es de aproximadamente 1679 a 1697.

El primer cuerpo es obra del prestigioso maestro Andrés del Rosario (1679-1693); su yerno Juan Fernández lo concluyó en 1697. En la hornacina central se hallaba la Inmaculada Concepción, talla en madera del siglo XVII que posteriormente fue trasladada a la sacristía. Actualmente ocupa este lugar preferente la bella talla flamenca de Ntra. Sra. de La Piedad (anónima del siglo XVI, titular de la antigua casa hospital).

Con ornamentación plateresca y técnica barroca, este retablo acusa la influencia portuguesa en el cierre semicircular de su remate y en los fondos de flores, frutas y pájaros – imagen del Paraíso- que decoran las hornacinas. En una de ella se veneraba la bella imagen de candelero de Sta. Clara de Asís, quemada por una monja loca en los aledaños del actual Aeroclub, y en la que ahora se encuentra la efigie de San José. Esta talla barroca fue traída de México en el siglo XVIII por el navegante Ambrosio Rodríguez de la Cruz. Tiene altar propio en el lateral del templo en el que se venera a otra imagen de La Inmaculada.

Fue restaurado en el año 2001 por el Taller de Restauración del Cabildo de La Palma (restauradoras: Isabel Concepción e Isabel Santos). En la delicada obra colaboraron, entre otros, Domingo Cabrera (restaurador), Rodolfo Rodríguez (carpintero) y Carlos Pérez (Ayte. de carpintero). También el personal de obras de este Cabildo —unidad técnica del Patrimonio Histórico— y la Empresa de Construcción y Restauración Miguel Hernández Ventura.

Es un precioso retablo de dos cuerpos y tres calles con cierre semicircular sin ático cuyo entablamiento superior se curva siguiendo la trayectoria de la hornacina. Sobre él se coloca el remate como solución lusitana. Es el ejemplo de prototipo de retablo barroco palmero al que le seguirán una larga estirpe. Estamos ante una verdadera obra de arte.

La novena

Novena a la Gloriosa Virgen, y Martyr Señora STA. AGUEDA. Dala a luz el Sr. Don Roberto d Lahanty, Teniente Coronel de Cavalleria, y Sindico General desta Provincia de San Diego de Canarias. Año de 1760. Conlicencia: en Sta. Cruz de Thenerife por D. Pedro Joseph Pablo Diaz, Impresor Mayor de Guerra, y Marina en la calle del Sol.

“En este primero dia se considera la constancia, que dio la divina gracia á nuestra Santa con la qual favorecida resiste á las lisonjas del presidente y governador Quinciano, poniendola su alma en custodia con la llave de la Fé, y fidelidad á su eterno y Divino esposo, de dode dirás a su majestad la Oracion siguiente: Altisimo Señor mio y Dios eterno, yo os pido y suplico por la intercesión de vuestra querida Esposa Santa Agueda, os digneis de poner con el favor de vuestros auxilios, guardas y custodias á mis labios, para que jamás mis palabras, ni conversaciones deslicen en ofensa vuestra ni del proximo y conservando mi corazon en pureza de conciencia vivais siempre en mi alma por gracia. Amen. Pater noster y Ave Maria”.

En 1760 se imprimió la Novena a la Gloriosa Virgen y Martyr Señora Sta. Águeda, cuyo probable autor fue el mecenas irlandés Roberto La Hanty. Este opúsculo salió de la imprenta de la Calle del Sol de la capital tinerfeña, primera del Archipiélago. Manuel Poggio nos informa de que es un folleto en doceavo de 32 páginas y de humilde impresión, “que goza de un lugar privilegiado en la historia de nuestra tipografía, ya que se encuentra entre las veinticinco primeras obras salidas del taller de Guerra y Marina, lo que lo convierte en uno de los entrañablemente denominados incunables canarios”. Estamos ante otra muestra de la primigenia importancia de esta advocación.

Se inicia con una «Oracion, y Ofrecimiento, para todos los dias»: “Omnipotente Dios, y Señor de infinita Bondad, que siempre en vuestros Santos admirable, en las virtudes, y gloriosissimo Martyrio de vuestra querida Esposa Santa Agueda hazeis tanta ostentacion de maravilloso; de todo mi corazon contrito, y arrepentido, os amo, adoro, y dedico esta Novena para mayor honra vuestra, y esplendor de la Santidad desta vuestra Santa Esposa…” Después de las nueve oraciones y ofrecimientos, una para cada día del novenario, el piadoso autor concluye con una plegaria dirigida por la Comunidad de Monjas Claras: “Asi, pues ó Virgen gloriosissima, dignissima Patrona, y Abogada nuestra (…) Mirad siempre con benignos ojos las hijas, y familia desta vuestra Casa, y assimismo á toda esta Republica, de quien eres Abogada…” Se custodia en los archivos de la Sociedad “La Cosmológica”.

Una propuesta para su rescate

Poggio en su referencia a la Novena, nos dice que “esta imagen (…) debió gozar de cierto culto en el pasado, aunque hoy en día ya ha perdido toda su significación especial”.

En julio de 2005 se celebró la 66ª Bajada de la Virgen y se organizaron también grandes festejos especiales en su honor por el 75 aniversario de la Coronación Canónica de la milagrosa efigie. Tal y como propuse, hubiera sido un marco apropiado para rescatar, de una vez por todas, la veneración de Santa Águeda que hubiera ejercido como anfitriona de la ciudad. Hubiera podido, por ejemplo, presidir el comité de bienvenida a Nuestra Señora de Las Nieves, junto con el Pendón Real, autoridades y pueblo, en la “procesión de la búsqueda” de la venerada imagen mariana para traerla a El Salvador desde la Encarnación en la mañana del Domingo Grande.

Tal vez, incluso, podría haber participado en la “Procesión General” con los Patrones: la Virgen, la Cruz y San Miguel. Una vez hubiera sido entronizada y rescatada oficialmente la advocación mediante un novenario, etc., podría darse a Santa Cruz de La Palma la fiesta anual grandiosa que tanto anhela y tanto se merece -cuando no sea año de Bajada- preferentemente en el verano. Esto generaría riqueza en el municipio, tanto devocional como económica. Ésta fue mi propuesta que no tuvo apoyo alguno por parte de instituciones, etc. Quién sabe si para las próximas Fiestas Lustrales esta ilusión pudiera materializarse.

De todas formas, el día 5 de febrero, su onomástica, podría hacerse anualmente alguna fiesta litúrgica en su honor, como novena y procesión. Ese día hay alguna que otra persona que deja unas flores a la santa en su retablo. Hay alguien que se acuerda de ella.

Es lamentable que nuestra ciudad, tan amante de recuperar y mantener las tradiciones, haya dejado extinguir precisamente una fiesta ancestral y bella como ésta, nada más y nada menos que la de su Patrona. Es tal el abandono que prácticamente nadie conoce ya esta historia. Considero necesario recuperarla para el bien de la memoria histórica de nuestra orgullosa comunidad. Es de justicia.

Recordemos en la Bajada de 1765 cómo Santa Águeda junto a la imagen desaparecida de Santa Clara ejercían de anfitrionas en la recepción de la Virgen de Las Nieves en su visita al monasterio de monjas claras: “…aquí huvo mucho fuego que disparó la devocion de aquellos vezinos Subió la Santísima Reyna a la plaza de las monjas a cuia entrada estaban las peregrinas ymágenes de Señora Santa Agueda y Santa Clara adornadas con el primor más lucido, esperando a la señora, a quien luego que llegó, hizieron reverencia. La acompañaron hasta su throno, donde ya colocada, cantaron las Religiozas una célebre tonada que duró quasi media hora…”

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BIBLIOGRAFÍA

• ABDÓ PEREZ, Antonio; REY BRITO, Pilar; PÉREZ MORERA, Jesús. Descripción Verdadera de los solemnes Cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la ysla del Señor San Miguel de la Palma consagró a María Santísima de las Nieves en su vaxada a dicha Ciudad en el quinquenio de este año de 1765, Escuela Municipal de Teatro, Excmo Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989

• ARRANZ ENJUTO, Clemente. Cien Rostros de Santos para la contemplación, CIDEP, Madrid, 2000

• FERRANDO ROIG, Juan. Iconografía de los Santos, Ediciones Omega, Barcelona, 1960.

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• Idem. Imaginería Hispalense del Bajo Renacimiento, Sevilla, 1951.

• HERRERA GARCÍA, Francisco J. «Una escultura sevillana del último cuarto del siglo XVI en Santa Cruz de La Palma (Canarias)». Atrio: Revista de Historia del Arte, nº 2 ,1990.

• LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1975.

• MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando Gabriel, Santa Cruz de La Palma. La Ciudad Renacentista. [s.l.]: Cepsa, D.L., 1995

Novena a la Gloriosa Virgen, y Martyr Señora Sta. AGUEDA. Dala a luz el Sr. Roberto de Lahanty. Santa Cruz de Thenerife: Pedro Joseph Pablo Diaz, impresor mayor de Guerra y Marina, [1760].

• PÉREZ GARCÍA, Jaime. Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves de 1815

• PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, Santa Cruz de Tenerife, 2000

• POGGIO CAPOTE, Manuel. «Aportación al catálogo de la primera imprenta canaria: Roberto La Hanty y una Novena a Santa Águeda», Noticias. El Museo Canario, nº 6 (Tercer cuatrimestre del 2002)

• RÉAU, Louis. Iconographie de l’Art Chrétien. P.U.F, 1957.

• RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo. «Algunas advocaciones palmeras y su relación histórica con la ganadería, el hombre y el medio». El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria. II Época, nº 8, agosto 2004.

• VIERA Y CLAVIJO, José de. Noticias de la Historia General de la Islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1971.

Mi agradecimiento a la Directiva y al Personal de la Sociedad “La Cosmológica”, así como a la Biblioteca Pérez Vidal, a Sor Carmen del Hospital de Dolores y, especialmente, a Manuel Poggio del Archivo General de La Palma.

[Col}– Mi abuela Lola y los bordados Canarios / Estela Hernández Rodríguez

15-11-2009

Estela Hernández Rodríguez

Una costumbre traída a Cuba desde el archipiélago canario es el bordado y calado en la tela. Este arte se ha mantenido de generación en generación y se exhibe con gusto en vestidos, ropa de cama o paños de cocina, en los hogares de los isleños en Cuba. De mi abuela Lola aprendí esta manifestación artística.

Sí, porque ella tenía, entre sus características propias como cosedora de tabaco y costurera, ese don especial de saber bordar y calar. Recuerdo que cuando compraba alguna que otra tela barata y le aplicaba sus bordados, al final la convertía en una fina bata para sus nietas que, claro, éramos mi hermana Graciela y yo.

Abuela Lola aprovechaba las liquidaciones que hacían en la tienda de un español —en el pueblo de Bauta, provincia de La Habana— que se caracterizaba por su fama de buen vendedor y comerciante.

Tampoco a abuela se le iba un solo detalle en la costura y el bordado, cuestión que resultaba más económica para mis padres, y muy conveniente por aquellos tiempos.

En las fiestas de fin de curso, tenía que ver con el detalle de la ropa necesaria para la actuación en la obra de teatro, muy usual en esas fiestas escolares. Luego abuela Lola estaría sentada en la primera fila, al lado de mi mamá y papá, disfrutando aquella coreografía y escenografía de zapateo cubano y campesino, dibujada por los trajes que con tanto amor había ella hecho y disfrutando sobre todo de vernos actuar.

Hasta recuerdo que me compró unos pulsitos baratísimos, pero, eso sí, que brillaban mucho y hacían juego con la ropa. Y luego de terminada la obra hacía sus comentarios de como destellaban los pulsos, qué lindas lucían sus nietas, que si esto que si lo otro. Nada, cosas de una abuela isleña.

Todavía recuerdo como abuela Lola guardaba alguno de sus forros de cojines o fundas de almohadas, que había bordado con sus propias manos para su ajuar de novia. Para realizar éstos, utilizaba las madejas de hilo mercerizado.

Ella también me enseñó ese arte. En uno de sus bordados, “El Pasado”, primero hacía el relleno con el hilo de un lado para otro en la tela o felpa, y así después comenzaba el bordado propiamente dicho, pasando el hilo de la misma forma. Al finalizar la tarea, la pieza quedaba con ese toque de buen gusto que sólo lo da el inconfundible estilo canario.

Otra experiencia sobre los bordados canarios

Sobre los bordados también puedo expresarles que en la “Asociación Canaria Leonor Pérez Cabrera“ conocí a otra descendiente de La Palma , Agustina Arencibia Nazco, quien se dedica desde joven a este significativo arte.

Agustina es nieta del palmero Locadio Nazco Alfonso, quien viniera a Cuba en el año 1900 y se asentara y formara familia en Cangre, provincia de Pinar del Río. Sus padres, que se quedaron en La Palma junto a su hermana Juana Nazco, se llamaban José María y Antonia.

La madre de Agustina era la hija de Locadio y se dedicaba a la costura, de ahí que su hija obtuviera esa dedicación por ese arte que empezó a estudiar a los doce años y luego se graduó como profesora y hasta llegó a tener su propia academia.

Esta descendiente de isleños continúa este trabajo con su colaboración en la “Asociación Canaria Leonor Pérez Cabrera“, en el proyecto “Renacer”, al que pertenecen ancianos nativos y descendientes.

Una de las actividades que ayuda a revivir los corazones en las mujeres son los bordados que Agustina enseña en sus clases. Yo lo pude palpar y puedo decir que son maravillosos, como los sabían hacer nuestras abuelas. Por eso tengo que reiterar que la energía canaria que expande Agustina se hace latente cuando vemos bordados como la rueda, el pececito, rosetones y calados, que ella sabe hacer con la experiencia de más de 20 años.

Esta mujer, tan buena conocedora del bordado canario, no porque peine canas deja de tener el optimismo y sonrisa en su rostro. Allí, junto a otros nativos y descendientes, ofrece sus conocimientos y hace una labor que por difícil se hace fácil cuando con ella se lleva la luz del saber y el recuerdo implícito de nuestros ancestros.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana, Cuba.

[*Otros}– De la historia de La Palma: En Santa Cruz de La Palma tomó posesión el primer Ayuntamiento elegido democráticamente en España

Publicado en «La Revista de Canarias», que circuló en los años 80.

Cortesía de José Quirantes González, quien conserva un ejemplar de esta revista.

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Santa Cruz de La Palma , 02 de enero de 1773

Han tomado posesión de sus cargos los regidores electos del ayuntamiento de la capital palmera, primero de los que se constituyen por elección en toda España.

Con este acto se pone fin a un conten­cioso entre los representantes de los intereses populares y los regidores perpe­tuos que no quisieron, en ningún momen­to, perder las prebendas que el antiguo ré­gimen les confería.

Los intentos de boico­tear el proceso de selección de electores, las descalificaciones y venganzas perso­nales, han envuelto este procedimiento largo en el que, al fin, ha triunfado la razón y ha brillado el derecho, según Ambrosio Staford, nuevo Sindico Personero.

Anselmo Pérez de Brito

En la mente de cuantos aplaudieron la constitución del nuevo Concejo estaba la figura de Anselmo Pérez de Brito, el letra­do que llevó el contencioso en todas las instancias, encarcelado por orden de los militares y castigado a un severo régimen en el Castillo de Santa Catalina.

Pérez de Brito, nacido en el Barrio de Juan Adalid, en Garaf ía, vivió acogido en la casa del or­ganista Tomás Reje, y tras sus primeros estudios en los dominicos viajó a Sevilla para cursar la carrera de leyes.

“Nada más tener noticia de la Real Cé­dula de Carlos III que daba entrada en los Ayuntamientos a unas nuevas figuras administrativas en representación popular, se reunió con distintos ciudadanos de probado mérito y que tenían con él coincidencia en la necesidad de cambiar el go­bierno de la ciudad, para postular a los pri­meros representantes», nos dijo Dionisio O’Daly, amigo del letrado muerto y Síndi­co Personero en la segunda elección, que fue abortada, como la primera, por los regi­dores perpetuos que alegaron en este caso la condición de extranjero de O’Daly.

«La primera impugnación que realizaron los nobles —continúa O’Daly— fue la pos­tulación de Juan Jacinto de Silva, alegan­do que el nuevo cargo era incompatible con su condición de Administrador de las Reales Rentas del Tabaco. A la tercera fue la vencida: el pueblo ya tiene sus re­presentantes y el gran valedor de este de­recho fue el licenciado Anselmo Pérez de Brito, el primer abogado de Canarias que recurre ante el Consejo Supremo un fallo de la Real Audiencia de Canarias».

Pérez de Brito, fallecido hace poco más de cuatro meses, cuando sólo conta­ba cuarenta y cuatro años de edad, no pudo ver su sueño cumplido. Sí vieron sus familiares la reparación oficial con la de­posición y encarcelamiento del Goberna­dor de las Armas, Manuel Ramos, que ha­bía ordenado la prisión del letrado.

«Es malo que en las cuestiones de go­bierno que competen a civiles entren los hombres de armas, que tienen otra fun­ción distinta y que no deben contradecir, por derecho, la voluntad del pueblo del que son defensores», dijo finalmente O’Daly momentos antes de saludar, junto a los nuevos regidores, al gentío congregado en la Plaza de España.

La nueva Corporación

La nueva Corporación municipal de Santa Cruz de La Palma se compone de los regidores Juan Jacinto de Silva, José Valcárcel Lugo Monteverde, y Santiago Aubert; el Síndico Personero, Ambrosio Staford, y los diputados Antonio Miguel de los Santos y el licenciado Tomás Abreu.

[*Col}– Relatos cortos: El gato estrellado / Eugenio Quirantes Sánchez

Por Eugenio Quirantes Sánchez

Era un gato negro realmente grotesco, pues más bien parecía una mutación de felino pero quizás hacia algo más peligroso, puede que entre lince y marsopa, tal vez; habría que decidir si se puede catalogar a la marsopa entre cánido o félido.

Bueno, lo cierto es que este gato negro, con un rabo extremadamente largo y más largo que cualquier gato hijo de vecino —de aquí lo de marsopa— andaba entre azotea y azotea, aterrando con su fuerza de gato exagerado a todos los otros gatos del vecindario. Se podían escuchar los gritos furiosos de estos animales, peleando con rabia por la noche. El minino amenazador se comía las pitanzas que los amos depositaban al anochecer para sus gatos, llamándolos con el típico bis- bis.

Los niños, los primeros en verlo, no dudaron en tirarle piedras. Y las viejas septuagenarias empezaron a maldecirlo, pues se colaba en las alcobas cuando los bebés dormían en sus cunitas.

Lo cierto del caso es que se empezó a poner inquieta la población cuando ya los papás, nerviosos por los acontecimientos que acaecían —accidentes de automóvil, por el gato; caídas trágicas, por el gato; niños arañados, por el gato; perros que había que atender en la veterinaria, por el gato; algo realmente insólito— pues decidieron denunciarlo a las autoridades. Sólo que no se encontró al susodicho animal, aunque un reguero de tragedias dejó tras de sí en el barrio cuando, como por cosa de magia, desapareció.

Al cabo de unos días de verdadera normalidad en la manzana llegaron noticias de un gato feo que aterraba a los vecinos en la cerca de la otra jurisdicción. Se decía de accidentes de automóviles, caídas trágicas, etc. Al parecer se supo, sólo que no se pudo dar caza al gato deslucido.

Al par de semanas de esto se informó a la población, a nivel nacional, de la realidad de una crisis económica, junto con la ruptura de la tregua en el conflicto de Oriente Medio, guerra en un país caribeño, varios accidentes de aviación, pandemia, etc.

Una viejecita, toda vestida de negro, encendió una velita a su santa en el altar pidiendo por los animalitos perdidos que nada tienen que comer.

Guamasa, Tenerife, 15/09/2009

[*Otros}– Fotos de la isla de La Palma

Fotos de La Palma, excelentes por lo bellas o por su valor histórico.

El famoso Pino de la Virgen, de El Paso, cuando aún no existía la ermita. Una verdadera joya.

Creo que esta foto es de poco después de 1876, pues fue en ese año cuando se construyó lo que llaman “un pequeño oratorio” que me permito suponer que es la construcción que se ve en la foto.

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La isla de La Palma (al fondo) vista desde lo alto del Teide (Tenerife).

 

Parecen dos islas muy cerca la una de la otra, pero es sólo La Palma que en su centro es más baja. Me pregunto si será por la falla geográfica que algunos geólogos relacionan con su hundimiento, y consiguiente tsunami, en caso de erupción volcánica.

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Zona de tajinastes, planta que se da en las zonas altas de la isla de La Palma.

 

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Tajinastes en flor, en las cumbres del borde noreste de La Caldera, sobre Puntallana (La Palma)..

 

 

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Cortesía de Roberto González Rodríguez.