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Cortesía de Ruben Darío González
Acerca de Canarias, pero no de origen pasense. Y escrito por otros para este blog canario
29-09-14
Acomodó su valija verde para viajar lejos. Verde, como las plumas de los loros que amó, como las hojas de los pinos que nunca caen. El telegrama decía Suecia, y ella vivía en el último país del cono sur. Allí donde el planeta se cae como derritiéndose.
Eran unos años jóvenes aquéllos….. y contar ahora que había telegramas, comunicaciones por cables que corrían bajo el océano, y se estudiaba en libros de papel, los vuelven terroríficamente viejos, aburridos, pero el aburrimiento real es la parte más inútil e insoportable pero también la más cierta de la vida. Al menos de la de ella, que fijó siempre sus metas prioritarias en huir de su sino del aburrimiento.
Desde hablar con los loros en su infancia, a estudiar informática o deambular por los aeropuertos, todo lo hizo para escapar de ese vacío. Me atrevería a decir que era intensa, extraña, y, a veces, simplemente una persona común más de los habitantes de la Tierra. Nadie especial, según con quien me tomara la tarea de compararla.
Imaginándola salir a los 12 años de un pueblo polvoroso del otro lado del Valle de Punilla, sola, con un portafolio de cuero marrón con libros de Emile Zolá, rumbo a un convento de semiclausura donde estudiar secundaria, para insertarse en una sociedad, no frívola pero si cerradamente conservadora donde aún el no escrito mandato era casarse con un primogénito, ser fértil y decorar una casa con cortinas de boile suizo. Y al verla hoy caminando por una calle de Estocolmo, diría que al menos una pizca de Destino trajo en sus células.
Podría haber nacido en otoño, bajo el signo de Tauro, pragmática y previsible, si su padre nunca hubiera regresado de Bologna. Podría haber tenido la alegría de los ribereños, si su madre nunca hubiera salido de la Mesopotamia. Pero resultó silenciosa y distante al nacer en primavera, aprisionada entre las estribaciones de las sierras, mirando correr los arroyos al fondo de los riscos de Los Gigantes, oscuros y helados como sus pupilas, que de tan frías ardían a veces y quemaban.
La valija verde era de cuero, insoportablemente pesada, grande, sin ningún sentido práctico, y a lo largo de todo ese año fue como arrastrar el Uritorco hasta casi el Polo Norte.
El Uritorco es una montaña que se eleva a 40 Km de su pueblo, pero es una montaña tan imponente que determina el Valle entero. Está repleta de duendes, de luces extrañas de extraterrestres, y algunos aseguran que allí está el Quinto Portal hacia otra dimensión.
Precisamente eso eligió ella para transportar en su inmersión al mundo de los vikingos: una valija verde cargada de abrigos y libros, de peso superlativo para sus fuerzas, que aún hoy, 22 años más tarde, aparece en sus sueños como pesadilla. La valija verde con el Uritorco adentro fue un objeto que deseó con fervor no haber llevado nunca.
La veo frágil —con su inmunodeficiencia congénita comiéndole las fuerzas que sólo su carácter mantenía—, avanzar hacia el puerto para embarcarse a Finlandia.
Viajar es un arte milenario. Tal vez el primero que intentamos cuando bajamos desde los árboles y llegamos a las praderas. Entendiendo que todo lo superfluo había que perderlo, dejamos los largos rabos para poder pararnos y aliviarnos y correr. Luego construimos guaridas en cuevas, para rápido abandonarlas. El sino de nómadas, de migratorios, de especie sin raíces, nos sigue acompañando.
¿Por qué ella cargó con aquella valija verde tan absurda como un ancla? ¿Qué extraño fue el instante en el cual tomó esa decisión, tan alejada del sino de su especie?
El Servicio de Tllink Silja va de Estocolmo (Suecia) a Helsinki (Finlandia). Abordarlo y llegar al diminuto camarote por los estrechos pasillo fue una experiencia innecesaria de tan penosa, pero aún le faltaba subir hasta 100 Kms. antes del Círculo Polar Ártico para sumergirse en la Aurora Boreal.
De Helsinki a Tornio
Y allá fueron ella y su valija verde que, a medida que avanzaban juntas, la valija era más pesada que el Uritorco y el Aconcagua. Por momentos temía que alcanzara el peso de todos los Andes y, por fin, ella tomara la decisión de dejarla en una estación de trenes o de autobús. No, esto no estaba en la lista de lo posible.
Entre sus muchas características extrañas —las mismas que la llevaron a pararse frente a la Iglesia Ortodoxa del año 1686 en Tornio, a rezar una oración en español—, ella transporta un amor desordenado, casi inhumano, por sus cosas, a las que incorpora primero a su vida, y luego terminan siendo una prolongación de su cuerpo. Abandonar la valija verde era cortarse una pierna, o tal vez las dos. Allí, en Tornio, a no recuerdo cuántos grados de temperatura, conocí este rasgo de ella: seguirían zigzagueando ambas, o ambas quedarían allí, sobre la nieve, abrazadas, deslumbrados los ojos con los días y las noches unidos en una sola luz incandescente.
En cada ciudad repetía el mismo rito: agregaba una calcomanía nueva a su valija verde.
Las unía un amor-odio descontrolado, pero, como Julio César frente al Rubicón, sus suertes estaban echadas juntas para siempre. Se habían unido en un instante de absoluta insensatez, comunes en ella, y no había más salida que avanzar aín sabiendo que todos los caminos vuelven al mismo punto.
Por eso, cuando vi a «Dorothy», gigante, blanca, brillante, de encantador y liviano plástico, con las calcomanías ya incorporadas, recordé la valija verde… y la frase con la cual Karl Marx completa el pensamiento de Hegel sobre la repetición inexorable de la Historia diciendo : «que primero se presenta como tragedia, y luego se repite como farsa» (comedia). Le hubiera gustado a ella que le tocara esta segunda parte, que ahora vivirá Tiziana.
Dorothy, a diferencia de la Valija Verde, que en paz descanse, tiene cuatro ruedas, el invento más valioso del siglo XXI para una especie nómada.
Cuatro ruedas que, desde hoy, deslizarán a Dorothy y a su amada nieta Tiziana, en un bellísimo baile por senderos cruzados descubriendo el mismo planeta. Todo en general es igual, pero en los detalles, nada se repite.
Por el prisma de sus lágrimas las vio caminar hacia «Pajas Blancas», el Aeropuerto Córdoba. Ella encendió la radio, y la voz de Rony Vargas ofreció acompañarla para que doliera menos la realidad.
El futuro, como las cartas de la baraja que aguardan en el mazo, tiene la belleza posible de lo desconocido. Y en este septiembre, Tiziana y Dorothy se fueron a buscarlo.
Música: https://www.youtube.com/watch?v=Yn1i67UcgS8
Susana Tibaldi
Córdoba (Argentina)
24/09/2011
Teresa Guerrero
Un bosque de coral negro, la esponja de cristal, el mero bostezador, la narcomedusa, la morena, el tollo flecha, el cabracho de abanicos,…
Las montañas submarinas del archipiélago Canario albergan asombrosos y desconocidos habitantes que están siendo fotografiados por un vehículo robótico capaz de sumergirse hasta los 1.000 metros de profundidad.
Con esta expedición, que comenzó a principios de mes y que ahora se encuentra en la isla de El Hierro, a la que la UNESCO declaró el martes geoparque, la organización conservacionista Oceana documenta por primera vez la riqueza de estas aguas en las que los cetáceos encuentran abundante alimento.
La isla de El Hierro, que desde el año 2000 es Reserva de la Biosfera, se convierte así en el miembro número 60 de la Red Europea de Geoparques, un sello que reconoce su patrimonio natural y cultural y distingue a estos territorios como áreas en las que se aplican estrategias de gestión basadas en el desarrollo sostenible.
El Hierro contaba ya con seis Áreas Naturales Protegidas (ANP), que abarcan el 60% de su territorio y entre las que figura la Reserva Marina Integral del Mar de Las Calmas. Pero hay otras zonas, apenas exploradas, que son precisamente el objetivo de esta expedición, que se prolongará durante casi un mes y cuenta con un presupuesto de 180.000 euros, financiados parcialmente por la Fundación Biodiversidad.
El barco partió el 03 de septiembre desde Sagunto (Valencia) rumbo a Canarias. Su primer destino era Lanzarote, adonde llegaron una semana después.
Al norte de la isla de la Graciosa se encuentran las dos montañas submarinas que comenzaron a explorar el 14 de septiembre. Se llaman Dacia y Tritón y, según explica en conversación telefónica el biólogo Ricardo Aguilar, líder de la expedición, aunque en ellas se habían realizado algunos estudios geológicos para determinar su edad y su vinculación con las Islas Canarias y con Madeira, su biología no había sido estudiada hasta ahora.
Durante otra expedición de Oceana en 2009, intentaron hacer algunas incursiones en la zona en la que se encuentran Dacia (a 190 millas náuticas de La Graciosa) y Tritón (a unos 110 millas de esa isla), pero la mala mar lo impidió.
Sin embargo, la alta concentración de cetáceos cerca de esas dos montañas submarinas sugería que son zonas con un gran valor biológico: «Normalmente la presencia de cetáceos indica que se trata de un sitio de alimentación. Encontramos muchos cachalotes. Y, si hay cachalotes, hay calamares. Vimos bastantes ballenas, sobre todo rorcuales boreales [Balaenoptera borealis], que suelen ir a bancos de pequeños pelágicos que se concentran en torno a las montañas submarinas. Son, por tanto, sitios interesantes en los que hay gran riqueza», señala Aguilar, director de campañas de Oceana en Europa.
Durante la expedición, en la que también se realizan avistamientos de aves, se alternan las inmersiones de buceadores —que suelen bajar hasta 40 metros de profundidad— con los trabajos con un vehículo robótico (ROV) no tripulado, que les permite filmar y tomar muestras a profundidades de hasta 1.000 metros, que es la distancia a la que ha tenido que trabajar cuando exploraba la ladera de Tritón.
Para estudiar Dacia bastaba con que el vehículo se sumergiera a unos 100 metros: «Es la montaña submarina que llega más a la superficie, está a sólo 80 metros de profundidad. Hace millones de años era una isla», señala el biólogo.
Estas dos montañas submarinas tienen más de 2.000 metros de altura y están elevadas sobre un fondo a unos 3.000 metros de profundidad. Tritón consta de dos cimas y se extiende a lo largo de unos 60 kilómetros de longitud, mientras Dacia tienen un diámetro de unos 20 km.
Forman parte de un conjunto de montañas localizadas entre Canarias, Madeira, la Península Ibérica y Marruecos que, según destaca Oceana, sirven como puntos de conexión para las especies. En el pasado, y en el marco del Proyecto LIFE+Indemares, ya se estudió una de estas montañas, llamada Banco de la Concepción.
Mientras el robot se encuentra bajo el mar, los científicos pueden seguir su ruta y ver, en un monitor instalado en el barco y en tiempo real, las zonas que explora. Cuando se topa con alguna especie particularmente interesante o desconocida, el vehículo coge muestras con su brazo robótico y las saca a la superficie para que sean analizadas posteriormente.
En el barco, en el que trabajan 12 personas, llevan una lupa binocular electrónica, pero no tienen microscopio porque éste es un instrumento que necesita estabilidad, por lo que sólo pueden hacer un examen superficial: «Una campaña en barco supone muchos meses de análisis en tierra cuando termina», dice Aguilar.
Además de las muestras que recoge el vehículo robótico a gran profundidad, emplean un tipo de draga denominada Van Veen con la que toman muestras de sedimento y pequeños organismos. Y, como ya resulta habitual, también se han topado con residuos: «Es muy difícil hacer una inmersión donde no encuentres basura o aparejos de pesca. Hemos visto sedales abandonados, botellas, latas, embalajes…».
Entre los hallazgos filmados por el vehículo en las montañas submarinas de Dacia y Tritón destaca una gran variedad de esponjas y extensos bosques de coral negro. Su nombre se debe al esqueleto, que es de ese color. Sin embargo, por fuera los corales negros tienen vivos colores y su aspecto recuerda al de una cuerda. «Los corales negros están muy distribuidos por todo el planeta y pueden llegar a habitar a profundidades de 5.000 o 6.000 metros. Hay especies tremendamente longevas, que pueden tener más de 4.000 años de antigüedad. Ahora estamos empezando a saberlo. Son también especies muy sensibles».
También han visto narcomedusas, uno de los tipos de medusamás desconocidos porque se encuentran a profundidades de entre 300 y 800 metros, donde su picadura no supone un peligro para el hombre.
Otra criatura que se deja ver a los 400 metros de profundidad es el cabracho de abanicos, denominado así por los curiosos movimientos que realiza con sus largas aletas. Los colores vivos, como el naranja o rojo, se vuelven casi invisibles en la profundidad del océano, por lo que muchas especies son de esos colores para camuflarse.
Ricardo Aguilar atiende al teléfono desde el puerto de la Restinga, al sur de la isla de la Hierro. Tras hacer algunas reparaciones el pasado lunes en el barco, ayer volvieron a la mar para seguir explorando las aguas que rodean esa isla, en las que ya realizaron inmersiones en 2009.
«Vamos a ir a Bimbache y Echo, dos montañas submarinas situadas a entre 120 y 180 millas al sur de El Hierro. Se conocen como montañas del Sáhara y son las más meridionales de la Unión Europea. Dacia y Echo son redondas, como si fueran un volcán, mientras que Bimbache y Tritón son más alargadas, como una cordillera», explica.
El mero (Epinephelus marginatus) y la manta mobula (Mobula mobular) son algunas de las especies que los científicos de Oceana documentaron durante la expedición de 2009 cerca de El Hierro: «Hicimos algunas inmersiones en Echo, pero es una montaña gigante. Tiene un diámetro de 40 kilómetros y se necesita mucho tiempo para explorarla. Nos sorprendió encontrar animales de gran tamaño, como meros, tiburones, congrios, etc. que demuestran que son lugares que no están muy explotados. Llegamos hasta los 700 metros de profundidad, y ahora queremos descender más abajo porque estamos seguros de que podemos encontrar especies diferentes y arrecifes de corales», añade el biólogo.
Oceana espera que los trabajos de documentación que están llevando a cabo en el valioso entorno submarino de El Hierro resulten útiles para el proyecto del Gobierno, en fase inicial, de crear en esta isla el primer parque marino español. Fuentes del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente señalaron ayer que están trabajando «en estos momentos en este proyecto, con el objetivo de conseguir el apoyo de todos los directamente afectados», aunque no precisaron la extensión que abarcaría el futuro parque marino ni un posible calendario para su creación.
La protección de los mares ha comenzado muy recientemente. Según recuerda Ricardo Aguilar, hasta hace poco, sólo estaba protegida el 0,5% de la superficie marina total en el mundo, y en la actualidad se estima que está en entre un 2% y un 4%. En nuestro país el porcentaje era similar. El Ministerio de Medio Ambiente explica que «antes sólo estaba protegido el 0,5% del millón de kilómetros cuadrados de áreas marinas que tiene España, pero tras la reciente declaración de nuevas ZEPAs y LICs marinos, y cuando se aprueben las zonas señaladas por el programa LIFE +Indemares, se alcanzará en España el 8% del total de nuestras áreas marinas».
El objetivo fijado por el Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU (prorrogado hasta 2020 porque no se logró cumplir en 2012), es proteger el 10% de la superficie marina. «Teniendo en cuenta que partíamos de prácticamente la nada, sí que ha habido un avance considerable», admite Aguilar.
Los habitantes de las montañas submarinas
2014-09-21
Andrés Amorós
La humildad no era, desde luego, la mayor virtud de Alfredo Kraus. Baste con citar una de sus frases: «Creo que soy el mejor; si no, me mentiría a mí mismo».
Lo mismo hubieran podido decir, porque así lo sentían, otros artistas a los que he conocido; por ejemplo, el actor José María Rodero o el torero Luis Miguel Dominguín. Lo que estimamos, en un artista, no son sus virtudes morales sino la grandeza de su arte.
Alfredo Kraus en 1991
Alfredo Kraus era grande y lo sabía. A sus cualidades innatas unía el aprendizaje y, sobre todo, quizá, la inteligencia para conocer sus límites. Eso se concretó en una cosa: la cuidadosísima elección de su repertorio, la fidelidad a una línea de canto. Buscaba la belleza, por supuesto, a través de la técnica y la expresión, más que con la potencia o los alardes espectaculares.
Siempre le preocupó el dominio técnico de la respiración, colocar bien la voz. Gracias a eso, pudo mantener hasta el final un mismo timbre, sin el lógico declive por la edad. Hasta para los no entendidos, su canto producía una sensación de nitidez, aparente facilidad, nobleza de expresión. El crítico Arturo Reverter, que le ha dedicado un libro básico («Una concepción del canto»), resume su juicio: «Rozaba la perfección».
Felizmente, nos ha dejado muchas grabaciones extraordinarias. Eratenor lírico ligero, maestro en la gran ópera romántica: el «Werther» de Massenet, «Rigoletto», «Tosca»… Debe escucharse su mítica grabación de «La Traviata», con María Callas, en el Teatro San Carlos de Lisboa, en 1958. También fue intérprete magnífico de zarzuela: «Doña Francisquita», “Marina”, “Los gavilanes”; de canciones clásicas (la “Serenata” de Toselli, la “Matinata” de Leoncavallo) y de hermosas canciones populares hispanoamericanas: “Amapola”, “Aquellos ojos verdes”, “Estrellita”, “Asómate a la ventana”… En el cine, puede verse la película “Gayarre”, en la que encarna al mítico cantante español.
En una época de marketing y propaganda, él no hacía concesiones. Como don Sergio Celibidache, defendía la actuación en vivo, frente a las grabaciones: «Un cantante debe mostrar sus cualidades frente al público, en directo, sin trucos». Insistía en la necesidad de la técnica. Se sintió relegado por el éxito de los «tres tenores» y les correspondió con una orgullosa distancia…
Recuerdo siempre un recital suyo, en el que tuve yo algo que ver, con motivo de la Feria del Libro de Frankfurt: con cerca de 65 años, parecía en plena juventud artística, entusiasmó al público alemán, que le aplaudió incansablemente durante cerca de veinte minutos…
Siguió siempre su propio camino: «Yo procuro ser auténtico: cantar con una verdad». Con la verdad de su voz y su técnica. Alfredo Kraus: un gran artista independiente.
21/09/2014
Mercedes Ramos
Mario Luis López Isla publica una documentada obra sobre la mayor catástrofe naval española en tiempos de paz, que rectifica muchas leyendas sobre la tragedia.
Después de casi un siglo del trágico naufragio del trasatlántico Valbanera, el mayor desastre naval español en tiempos de paz, su desaparición en aguas caribeñas, con 488 personas a bordo, continúa encerrando incógnitas sobre las que ha puesto luz el escritor cubano de origen canario, Mario Luis López Isla.
Esta semana se ha presentado en Canarias su documentada obra literaria que lleva por título “Valbanera: Réquiem por un naufragio”. El minucioso trabajo realizado en colaboración con Julio González Padrón, marino mercante, escritor y Delegado de la Real Liga Naval en Las Palmas de Gran Canaria, acerca con todo lujo de detalles la magnitud del drama. También rectifica y esclarece los hechos tal y como sucedieron en 1919.
Aquel martes 09 de septiembre de comienzos de siglo, la vida de cientos de Canarios se vio truncada por la desgracia. Todo comenzó un mes antes. El 10 de agosto, y después de varios aplazamientos, el vapor Valbanera zarpó de Barcelona. Dos días antes, la inspección de inmigración había hecho un exhaustivo reconocimiento de los medios de salvamento del buque.
Los anuncios publicitarios resaltan «el servicio inmejorable» y los precios «altamente económicos» que ofrecía la naviera Pinillos Izquierdo y Cía., propietaria del crucero.
Un día después de salir de Barcelona, hizo escala en Valencia, y el día 13 entró en Málaga, donde embarcó un cargamento de aceitunas, frutos secos y vino.
Al atardecer de ese mismo día, marchó rumbo a Cádiz, y el día 17 arribó a Gran Canaria. Embarcaron 251 pasajeros, aunque otras fuentes cifran que fueron 259. Al menos diez procedían de Las Palmas (28 de Telde; 13 de Santa Brígida; 23 de la Vega de San Mateo; 18 de Arucas; 27 de Teror; 12 de Valsequillo; 8 de Valleseco, y 3 de Tejeda).
El 18 de agosto otros 212 nuevos pasajeros subieron a bordo en Santa Cruz de Tenerife. En aguas de la bahía tinerfeña también repostó carbón, agua y víveres frescos. Su llegada a la isla fue anunciada a bombo y platillo.
Moderno y rápido
El periódico tinerfeño ‘La Prensa’ publicó el 24 de junio —más de 15 días antes de su escala— el siguiente anuncio: «El moderno y rápido vapor de dos hélices y ocho mil toneladas Valbanera, pasará por este puerto con destino a los de Santiago de Cuba y La Habana en la primera quincena de julio próximo, admitiendo pasajeros y carga, debiendo dirigirse las solicitudes de hueco con la oportunidad debida, al agente de la compañía en esta plaza».
Antes de cruzar el Atlántico, el día 21 del mismo mes, 106 emigrantes más se unieron al pasaje en Santa Cruz de La Palma. Éste sería el último puerto de escala del crucero en España, y cuentan las crónicas que, al girar la cadena del ancla en el puerto palmero, la perdió. Una señal considerada de mal agüero por los marineros de la época.
La mayoría de los pasajeros eran personas humildes que emigraban en busca de un futuro mejor que no les brindaba Canarias, abrumadas por las dificultades de una época de miseria y escasez. En total, viajaban 1.236 personas, entre pasaje y tripulación.
Julio González Padrón considera que podrían viajar entre 1.700 y 2.000 personas, entre pasajeros, tripulantes, polizones y los famosos quintos, es decir, soldados que viajaban identificados con un número. A bordo incluso iba una mujer francesa, pero «el 90% eran de origen canario procedentes de todas las islas».
Por delante quedaban múltiples escalas y vicisitudes por el mal tiempo. Eran los tiempos de la desgraciada «gripe española» o «Spanish flea1» como la bautizaron los países anglosajones, y en los puertos de destino de los emigrantes españoles, como en los de Cuba, se tomaban medidas sanitarias para evitar la expansión de la epidemia.
Tras atracar primero en San Juan de Puerto Rico, el barco se dirigió a Santiago de Cuba, adonde recalaría el 05 de septiembre. Allí se quedaron en tierra 742 afortunados. Entre estos pasajeros, 27 vecinos de Teror. Muchos, relata Julio González Padrón, se despistaron o se fueron a tomar ron y no llegaron a coger el barco.
Los emigrantes iban a Cuba a buscar trabajo, y eso pudo explicar el desembarco masivo en Santiago de Cuba sin esperar a llegar a su destino final, La Habana.
Las 488 personas restantes que sí embarcaron rumbo al puerto de La Habana jamás volverían a tierra. El 09 de septiembre, el capitán del Valbanera solicitaba la entrada a La Habana, pero la respuesta que recibió fue que estaba cerrado por un ciclón.
El transatlántico se fue a pique en medio del viento huracanado a una velocidad que aún hoy sigue siendo un enigma. «La maniobra del capitán fue un poco extraña, incomprensible, la menos adecuada. Tomó rumbo norte, y giró hacia el vórtice del ciclón», destaca el marino mercante.
De hecho, se cerraron todos los portillos de temporal —ventanas—, a excepción de uno. Un vez que en aguas de La Habana le dijeron que «corriera el temporal fuera —expresión que significaba que no podía atracar—, mi teoría es que el barco se quedó sin máquinas y sin gobierno», subraya.
Tras maniobrar, el buque embarrancó en las arenas movedizas de la costa cubana, en una zona muy próxima a Florida. Zozobró, se escoró sobre el costado de estribor, y fue cubierto por las olas embravecidas. El hundimiento fue cuestión de minutos.
Prueba de ello es que ni siquiera dio tiempo a sacar los botes salvavidas ni pedir socorro, asegura González Padrón. Perecieron todos; al menos 408 eran Canarios. Al día siguiente, el 10 de septiembre, no se halló rastro del crucero ni de los viajeros.
Y no fue hasta el día 23 cuando se supo en Canarias que el Valbanera se había hundido. El día 20 de ese mismo mes, transcurridos diez días desde la desaparición, el periódico ‘Diario de Las Palmas’ publicó un comunicado en los siguientes términos: «El vapor Valbanera, ¿perdido? De Cádiz comunican que allí circulan insistentes rumores de que el vapor Valbanera de la Compañía Pinillos naufragó en la travesía de Puerto Rico a La Habana. La ansiedad es muy grande por conocer noticias. Se recuerda que el Valbanera no traía en este viaje ni al capitán ni al médico que llevaba cuando trajo en julio pasado los enfermos de gripe. Hacemos votos por que no se confirme la fatal noticia».
El 22 de septiembre, un telegrama recibido en Tenerife procedente de La Habana desmentía la desaparición del barco. Pero antes de cerrar la edición confirmaba su pérdida, y que a unas 30 millas de Cayo Hueso un grupo de buzos lo había localizado. Añadía: «No hay vestigio de sus 400 pasajeros».
En los años 60, recuerda el experto en esta catástrofe, un buzo useño, especialista en rescatar objetos de los pecios, encontró en su segunda inmersión un portillo medio abierto. Entró en un camarote y vio flotando el cadáver de un niño con algo de ropa.
«Juró que nunca más volvería a ese pecio. Todos los cuerpos están dentro de los camarotes porque el barco está completamente cerrado», lo que descarta, en su opinión, que fueran devorados por los tiburones y las barracudas, muy presentes en esas aguas.
«Si el Valbanera hubiese sido inglés las cosas habrían sido distintas. En marea vacía se ve la popa del barco. Inglaterra no habría permitido que a sólo 12 de metros de profundidad, que tiras una piedra y llega, los cuerpos se pudrieran allí. Eso fue una vergüenza nacional. No sacarlo en aquel tiempo habla de la poca importancia que tenía España en el mundo2. Si hubiese sido un barco inglés, habrían sacado hasta el último cuerpo y los estaríamos recordando todos los años, como el Titanic», lamenta.
El Valbanera era un crucero en el que también viajaban clientes VIP. En la zona de emigrantes se servía el llamado «menú de emigrante» que consistía en una comida al día. «Por eso los Canarios llevaban gofio, higos pasados y pescado seco». Comían en la cubierta en «el comedor de emigrantes», relata.
En estancias separadas estaban los pasajeros más adinerados que disfrutaban de suculentos menús en sus propios comedores y cubiertas engalanadas.
Del libro destaca no sólo la ardua labor de investigación de Mario Luis López Isla, sino el «respeto absoluto a la historia y a todas las opiniones», como las que erróneamente apuntan a que el Valbanera era «el barco de las prostitutas» o que llevaba oro, concluye.
En la actualidad, su rescate es complejo y costoso, y hasta la fecha los problemas económicos han impedido reflotarlo. En medio del silencio del océano, hundidos en arenas movedizas atestadas de tiburones y barracudas, descansan eternamente cientos de Canarios desde hace casi un siglo sin un monumento ni efeméride oficial en el Archipiélago que honre su memoria, reclama el historiador.
NotasCMP
(1) No es flea (= pulga) es flu (= gripe). ¿Es que no pueden buscar en un diccionario? ¡Qué falta de profesionalismo y de respeto al lector!
(2) ¿Qué tiene que ver con esto la importancia de España en el mundo? ¿No sería la poca importancia que España daba a Canarias?
Cortesía de Roberto González Rodríguez
22/08/2014
Una mujer asegura haber encontrado una gruta con más de 700 momias que reaviva la leyenda de la mítica cueva.
La Guardia Civil resta crédito a su presunto descubrimiento
El presunto hallazgo de una enorme cámara mortuoria de origen guanche con más de 700 momias ha revolucionado en los últimos días a media isla de Tenerife y ha hecho renacer en muchos Canarios una idea que, mitad leyenda, mitad investigación científica, estimula desde hace años la imaginación y el estudio de los aborígenes: la Cueva de las Mil Momias.
El detonante del revuelo ha sido el supuesto descubrimiento realizado por un equipo de investigadores encabezados por una mujer que ya acumula más de 1.300 seguidores en su cuenta de la red social Facebook. Allí describe la que podría ser esta mítica cueva, cuya ubicación no revela, y aprovecha para arremeter contra quienes la han calificado de «mentirosa» y han lanzado otros improperios menos suaves.
Su testimonio no es baladí ni ha pasado desapercibido para la Guardia Civil. Respecto del fondo de la cuestión, el presunto hallazgo de una cueva repleta de momias guanches —que vendría a ser un lugar reservado para enterramientos y, por tanto, presumiblemente sagrado— toca uno de los asuntos más sensibles en Canarias, como es la posible evidencia de que haya aún cuevas no descubiertas, con decenas de cadáveres de aborígenes momificados.
La emblemática, por el misterio que la rodea, es la de las mil momias en la isla del Teide.
Desde el punto de vista histórico, en teoría en 1764 se localizó una gruta a la que denominaron la Cueva de las Mil Momias, también conocida como Cueva de los Menceyes, porque se cree que fue la última morada de los jefes tribales guanches.
Los científicos e historiadores la sitúan en el barranco de Herques, entre los municipios de Fasnia y Güímar, y en su interior encontraron un importante grupo de guanches momificados. Este descubrimiento significó un hito en el campo de la arqueología prehispánica Canaria, salvo por una particularidad: se desconocen las coordenadas exactas de la cueva. En otras palabras, no se sabe dónde está, hasta hace unos días al menos.
Después de más de dos siglos de enigma, un libro y especulaciones sobre esta cavidad, una mujer dice haber hallado lo más parecido a esta cueva. Sin embargo, la Guardia Civil, que sigue sus pasos en dicha red social, ha restado credibilidad a sus palabras. Ella ha anunciado una futura rueda de prensa en la que aportará pruebas de lo encontrado.
De momento, afirma que en la cueva, localizada en las inmediaciones de Ifonche, Adeje, también hay «2.731 pieles escritas llenas de información», así como 2.100 tinajas, cuchillos, agujas y otros utensilios.
Incombustible al desaliento, en otras notas colgadas en su cuenta desgrana otros hallazgos igual de singulares. «Se ha localizado un cementerio entre Güímar y Santiago del Teide; un enorme, pero enorme, cementerio que demuestra que nuestros antepasados no servían de estiércol. Ese cementerio es una cueva enorme, pero enorme. Van a alucinar por cómo están colocados los cuerpos. Parece mentira que personas que dicen que son tan inteligentes, que han escrito libros y que me desmienten, digan que nuestros pobres ancestros, con todo lo que sufrieron y pasaron, eran usados como estiércol», asegura en su cuenta de Facebook.
A renglón seguido, da detalles sobre lo que el equipo vio en su recorrido por el interior de esta cueva. «Se diría que hasta el fondo está llena de cuerpos, uno al lado del otro, y están a la altura de un poco más de 30 centímetros. La cueva medirá como de 300 a 500 metros de profundidad, se cree, ya que las medidas son orientativas».
En esta nota del 13 de agosto narra que para las personas que entraron fue «impactante» contemplar «tantos y tantos cuerpos», mientras que en otra nota advierte que tiene las fotos de pantalla de todos aquéllos que la han insultado.
A la espera de que desvele las pruebas del hallazgo de la hipotética gruta guanche, como recuerda el escritor Canario Alberto Vázquez Figueroa, al referirse al libro publicado en 2010 por Antonio Tejera Gaspar, David Galloway, Daniel García y Juan Francisco Delgado: «La Cueva de las Mil Momias ofrece el siempre fascinante atractivo del misterio que rodea el hecho de que nuestras Islas Canarias fueran uno de los muy contados lugares del mundo en los que se consiguió que los cuerpos de los difuntos se conservaran en perfecto estado pese al transcurso de los siglos».
Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ.
Cortesía de Mary Carmen Barbuzano