[Canarias}> Los cinco grandes desafíos para La Palma cuando el volcán se dé por apagado / Karen Estévez

21-12-2021

Karen Estévez

Los cinco grandes desafíos para La Palma cuando el volcán se dé por apagado

Desde la salud mental a la problemática habitacional, pasando por las carreteras y una renovada economía, la Isla Bonita se pone en marcha para reconstruir su historia

El volcán de La Palma tiene los días contados: le quedan tres para que, según los expertos, se dé por concluida su actividad y, por fin, los palmeros* puedan decir adiós a la erupción más larga y más destructiva desde que se tienen registros en la Isla.

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Aunque el tan anhelado final esté a la vuelta de la esquina, pasar página no será tan fácil: se necesitará paciencia, tiempo e inversión para recuperar todo aquello que quedó sepultado bajo las coladas. Por algún punto habrá que empezar: la Isla Bonita se lanza a escribir desde este 25 de diciembre un nuevo capítulo en su historia, el de la reconstrucción.

Fotogalería | Viaje al cono principal del volcán de La Palma

Como todo capítulo nuevo, los isleños se enfrentarán a un lienzo en blanco: un territorio totalmente borrado del mapa, con un suelo incandescente, cubierto de areniza* volcánica y malpaís, infértil (por ahora); una vecindad diezmada por las migraciones que se han ido produciendo, con pueblos enteros debajo de metros y metros de material magmático; y miles de ciudadanos hundidos bajo el trauma de haber perdido irremediablemente los cimientos de una vida: el hogar. Ni qué decir de la economía, golpeada primero por la COVID, después por un incendio forestal y, finalmente, por un volcán sin nombre durante más de 90 días seguidos.

Una de cal y otra de arena. Al menos esta erupción aciaga no se ha cobrado víctimas mortales, aunque se mantiene la duda sobre el hallazgo del cadáver de un hombre que cayó desplomado cuando limpiaba la areniza del tejado de un familiar. A pesar de todo, preocupan los daños sobre la salud mental de palmeros, y también de todo el personal y voluntarios que han trabajado duro en estos tres meses de erupción.

Las cifras son, a todas luces, dramáticas. En tres meses de catástrofe, el volcán ha devorado 1.218,87 hectáreas y destruido más de 1.600 edificaciones, según el Catastro. Para la red de satélites Copernicus, la situación es aún peor: 1.241 hectáreas se han visto afectadas por las lenguas, y 2.988 construcciones han sido engullidas por ellas. El Gobierno de Canarias ya ha tasado las pérdidas en unos 900 millones de euros. ¿Cómo levantar todo esto?, se preguntan en La Palma. Nadie sabe por dónde empezar a barrer.

Éstos son los cinco grandes desafíos a los que se enfrentarán ahora los isleños:

1. Gases, arena, cenizas y suelo caliente: el volcán sigue siendo un problema

Aunque ya no presenta signos vitales, el volcán sigue desgasificando, sus coladas siguen estando calientes y la areniza se ha adueñado del paisaje del Valle de Aridane. La portavoz del Comité Científico del Plan de Emergencia Volcánica de Canarias (Pevolca) y directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en las Islas, María José Blanco, explicaba a este periódico que la vuelta a las viviendas de la zona de exclusión llevaría un tiempo, precisamente por esa presencia de gases nocivos para la salud.

Caminar sobre las coladas es, por ahora, un imposible. El investigador Stavros Meletlidis relató que la temperatura en superficie de las coladas es de unos 40 grados, pero en profundidad «podría llegar a 300». Todo depende de la altura de las coladas, que van de los cuatro a los 80 metros, en la zona más próxima al cono principal y donde se han creado también tubos volcánicos y jameos. Según el científico, para recuperar ese terreno habría que realizar previamente un estudio.

La areniza volcánica es otro cantar. Aunque, gracias a sus características, con el tiempo hará más fértil esta zona de la isla, por ahora representa más una amenaza que una bendición. El capitán Marcos García López, jefe del subgrupo táctico La Palma, confirmó que se sigue trabajando 24 horas en retirar areniza de los tejados de las viviendas de la zona sur de las coladas, la más afectada. Actualmente, en la isla hay 242 efectivos desplegados turnándose para barrer.

Así las cosas, la areniza representa un constante riesgo para los vecinos que no han perdido sus viviendas por la lava. Su peso amenaza con tirar abajo los tejados, más cuando el parte meteorológico vaticina precipitaciones en la zona. Bien se sabe que la mezcla de areniza y agua crea una pasta pesada, difícil de retirar. Por ello, la Asociación de Vecinos de La Laguna, del municipio de Los Llanos de Aridane, se ha mostrado muy preocupada en las últimas jornadas tras leer las predicciones de la Agencia Estatal de Meteorología. «Somos conocedores de los cuantiosos daños por lluvias que tuvieron lugar en la zona en el invierno de 1949, y años siguientes, debido a las obstrucciones en barrancos y demás por los materiales y lavas arrojados por el volcán de San Juan», indicaban en una nota de prensa.

2. Edificaciones, realojos y futuro de los barrios, el problema habitacional

El volcán de La Palma ha dejado a 2.329 personas damnificadas, más del 75% en Los Llanos de Aridane, pero también en El Paso (17%) y Tazacorte (8%). Según Catastro, se han visto afectadas al menos 1.676 edificaciones, de las que 1.345 eran viviendas. Cómo resolver la problemática habitacional se convierte ahora en la pregunta del millón.

El Gobierno de Canarias ya está dando los primeros pasos para darle respuesta. De hecho, este lunes se avanzó que la previsión del Ejecutivo es que a finales de enero de 2022 las 280 familias afectadas por la erupción que continúan en hoteles (porque no tienen una segunda residencia) cuenten con una alternativa habitacional o vuelvan a sus casas, si es posible. Esta última opción es el sueño de la mayoría; algunos podrán hacerlo realidad, otros no.

Para los que no puedan volver, el Consejo de Administración de Viviendas Sociales e Infraestructuras de Canarias (Visocan) acordó hace 24 horas la compra de cinco viviendas más en el municipio de Tazacorte, por lo que son 102 los pisos bonificados al 100% el primer año que se pondrán a disposición de las familias. En todo caso, se teme que el proceso de adaptación a una nueva vida en un piso de 60 a 90 metros cuadrados sea todo menos sencillo. Cabe recordar que la gran mayoría de los damnificados vivían en casas familiares espaciosas, con terrenos para el cultivo y para los animales.

El desarraigo también se convierte en un factor de riesgo. El volcán ha extinguido a barrios enteros, como el recordado Todoque, con sus iglesias, sus colegios, sus negocios de toda la vida. Según el Catastro, 75 edificaciones industriales del Valle han sido borradas por las coladas: 44 de ocio y hostelería y 16 de uso público.

Precisamente el desarraigo ya ha provocado que dos familias que perdieron todo rechazaran hace una semana la vivienda que les habían dado en Fuencaliente por considerar que estaba demasiado lejos de su extinguido barrio, en el Valle de Aridane.

Es la reconstrucción de los barrios uno de los puntos de mayor debate: ¿se deben volver a ubicar sobre las coladas?, ¿los terrenos deben volver a sus propietarios?, ¿se debe conservar el nuevo paisaje como la Naturaleza lo rediseñó? Tocará dar respuestas en cuanto la lava se enfríe.

3. Carreteras, la conectividad imposible

Según el Cabildo de La Palma, se han perdido bajo el material magmático 73.805 metros de carreteras. Los principales daños se han dado en la LP-2 (2.308 metros afectados), la LP-211 (1.278 metros), la LP-212 (1.622 metros), la LP-213 (2.972 metros) y la LP-2132 (2.554 metros), todas ellas, vías esenciales para la comunicación entre Tazacorte y el sur de la isla.

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Para esta problemática, el consejero de Obras Públicas, Transportes y Vivienda del Gobierno de Canarias, Sebastián Franquis, ya ha comenzado a escribir un plan para la reconstrucción del sistema viario del oeste de La Palma, para ponerlo en marcha una vez se dé por finalizada la situación de emergencia.

La Consejería ha programado una planificación en tres fases: actuaciones urgentes, obras del convenio de Carreteras a ejecutar a medio plazo, y obras a incluir en el Plan de Reconstrucción que diseña el Estado para La Palma.

Franquis ha calificado de «obra urgente» la actuación que se está realizando por orden del Pevolca. Se trata de una carretera de emergencia de 2,2 kilómetros y una previsión de coste de 1,7 millones para recuperar la comunicación de Puerto Naos con la red de carreteras de la comunidad autónoma. Esta actuación se inició el pasado 9 de noviembre de 2021 y tenía una previsión de ejecución de 30 días.

Asimismo, el consejero apuntó que, en el medio plazo, «estamos impulsando, conjuntamente con el Cabildo, los dos proyectos más importantes que existen en la zona oeste, y que están incluidos en el Convenio de Carreteras, como son la Circunvalación de El Paso y el tramo Remo-La Zamora por la costa».

Por otro lado, el consejero también se refirió a la planificación que está llevando a cabo el Gobierno de Canarias, en coordinación con el Cabildo insular y los Ayuntamientos de El Paso, Los Llanos y Tazacorte y con la colaboración del Estado, para proyectar una nueva vía que conectaría Puerto Naos con Tazacorte por la costa, y que actuaría como corredor de infraestructuras para reponer no sólo el acceso a los núcleos agrícolas y poblacionales, «sino también como una alternativa que aglutine servicios como saneamiento, energía o telecomunicaciones que han sido afectados por las coladas de lava en otros puntos».

4. Negocios, plataneras y el problema de la economía

El volcán ha rematado la economía de la Isla Bonita, ya bastante afectada por la crisis derivada de la pandemia y por un incendio forestal que afectó a la zona del volcán semanas antes de aquel fatídico 19 de septiembre. La situación es tal que en este tiempo se han ido aplicando una serie de medidas excepcionales para ayudar al sector productivo de la isla, marcado por la agricultura y el turismo, como es el caso del mantenimiento de los ERTE.

El futuro del empleo pasará por los Presupuestos Generales del Estado, en los que se incluye un plan específico para Canarias con 42 millones. Al mismo tiempo, está avanzado el plan extraordinario de empleo y formación para La Palma, dotado con 63 millones de euros, cuyo objetivo es mitigar los efectos del volcán y contratar a más de 1.600 parados de la isla. Con esta estrategia se lograrán cifras de empleo como las que había antes de la pandemia.

El drama es mayor para los que se dedicaban a la agricultura: cerca de 500 familias tienen sus pequeñas producciones de plátano, principalmente, sepultadas por la lava, y más de 5.000 productores de esta fruta deberán afrontar una lucha continua contra la areniza que invade sus cultivos, con graves pérdidas.

Ante esto, ya han comenzado a llegar las primeras ayudas y son continuas las campañas publicitarias para incentivar la venta del plátano en la Península. No cabe duda de que, como bien canta Rosana, la economía «renacerá entre cenizas».

5. La salud mental, uno de los mayores desafíos

Uno de los mayores desafíos para La Palma será ahora cuidar de la salud mental de su ciudadanía. «Esta semana hemos comprobado un aumento en el número de personas que quieren venir a una intervención psicológica porque están padeciendo por un shock de realidad: acaban de darse cuenta de que ya no hay humo ni fuego ni lava y que se ve muy claro lo que ha pasado», confiesa a ‘Canarias Ahora’ Estefanía Martín, miembro del equipo del Colegio Oficial de Psicología de Tenerife que opera en la Casa Massieu.

«Estamos detectando que hay una sensación de incredulidad entre los pacientes, de vivir en un sueño, de pensar que van a volver a sus casas», apunta, y desvela que han aumentado los ataques de ansiedad, de pánico y de síntomas depresivos, «como no querer levantarse de la cama y volver a la tristeza profunda».

El desafío se plantea evidente. «Con lo que nos vamos a enfrentar ahora es con las dificultades a la hora de procesar la realidad, el darse cuenta de lo que realmente ha pasado en estos tres meses, y el sentirse solos, porque con el tiempo esto perderá interés y ya no estará la televisión. Quedar en el olvido les da miedo».

En cuanto a los menores de edad, Martín señala que «eran los que más conductas y depresiones tenían por la mala gestión emocional». La profesional de la psicología critica la falta de inversión en gestión emocional en los colegios, un trabajo previo que hubiera facilitado la situación tras la erupción. No obstante, los más pequeños «son más resilientes y aprenden más rápido», aunque eso no quita que tengan nuevas heridas reveladas en cambios en las conductas con agresividades y ataques de ira que antes no se daban.

También será un reto trabajar en la salud mental de todos los recursos de emergencia y voluntarios desplegados en La Palma. «Muchos sentirán una irremediable incertidumbre laboral, no tienen estabilidad, para tantos es su primer trabajo y están pasando un estrés laboral muy grande», advierte la psicóloga. Sin embargo, para los expertos y científicos que trabajan midiendo el volcán será más sencillo, «porque seguirán informando, aunque a lo mejor perderán protagonismo en redes sociales y medios de comunicación».

Y a todas éstas, se ve resentida la capacidad asistencial. «Nosotros no tenemos huecos libres, al menos los que trabajamos en la Casa Massieu. Intentamos dar el mayor número de consultas posible, pero convivimos con la incertidumbre de si continuamos o no. Esto está causando mella en los pacientes, porque para muchos es la primera vez que reciben asistencia psicológica y no saben si continuaremos, nos dicen que esto no es un juego», concluye minutos antes de que llegue su primer paciente.

(*) NotaCMP.- Me he tomado la libertad de dejar de lado el lenguaje inclusivo (palmeros en vez de palmeros y palmeras,…) y de usar el término ‘areniza’ (de mi cosecha) porque creo que, en realidad, lo que llaman ceniza es mezcla de ésta y de arenilla.

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[Canarias}> ‘Fajanas’ versus ‘isla baja’ o ‘delta lávico’ / Felipe Jorge Pais Pais

18-12-2021

Felipe Jorge Pais Pais*

‘Fajanas’ versus ‘isla baja’ o ‘delta lávico’

En La Palma, hasta ahora, le guste a quién le guste y lo diga quién lo diga, no hay ni una sola isla baja y ni un solo delta lávico, pero si existen innumerables fajanas. El volcán que ha reventado en La Palma el 19 de septiembre de 2021 ha provocado infinidad de destrozos e incontables sufrimientos fundamentalmente entre los moradores del Valle de Aridane.

Desde el mismo momento de su nacimiento ha habido una serie de cuestiones que han suscitado cierta polémica como, por ejemplo, el nombre de la montaña o el de los nuevos terrenos ganados al mar. En ambos casos se nos intenta imponer, tanto desde la Península, como desde otras islas, unos topónimos, a nuestro juicio, poco rigurosos que indican un desconocimiento profundo de la historia, la orografía, la geografía y la toponimia de la antigua Benahoare. Y lo más triste de todo es que aceptamos, sin rechistar y agachando la cabeza, esas imposiciones foráneas ante la creencia, como siempre nos han inculcado, de que lo que viene de fuera es mejor. Y eso, ni muchísimo menos, es así.

En esta Isla existen numerosas personas, muy bien formadas y preparadas, que pueden opinar, con conocimiento de causa, sobre estas cuestiones. Da la impresión de que debemos callarnos porque lo dicen catedráticos de universidad, aunque nosotros también nos consideramos científicos, estudiamos y defendimos tesis doctorales en las universidades canarias.

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Una de las nuevas ‘fajanas’ en la costa de Tazacorte.

La toponimia forma parte del acervo cultural de los pueblos, en muchos casos, desde tiempos inmemoriales. Por tanto, no puede ni debe ser alterada o manipulada. Los topónimos no son un capricho y, todos ellos, aunque se haya perdido con el transcurrir del tiempo, tienen un significado para los habitantes de ese territorio. Son puestos por el pueblo, por las gentes que viven en esos lugares y se han transmitido, hasta nuestros días, de generación en generación. Nos hablan del mundo indígena, de acontecimientos históricos, de sucesos cotidianos, de antroponimia, de las características del relieve o del paisaje, de flora y fauna, de colores, de formas, etc. Estamos hablando de nombres que, en muchos casos, han pervivido en La Palma durante más de 2.000 años, desde la etapa benahoarita, que han pervivido hasta nuestros días porque su significado define, perfectamente, las características del territorio.

Otros vocablos son más recientes si bien, en muchos casos, como el de fajana, pueden tener más de 500 años. Para la mayoría de ellos se desconoce su significado porque su memoria se ha ido perdiendo con el transcurrir del tiempo, sobre todo tras la desaparición de aquellas personas que habían ido transmitiendo esos conocimientos. El desarraigo, el desarrollismo y el abandono del campo han significado la pérdida de un ingente caudal de información que, en muy poquitos años, caerá en el olvido más absoluto, en cuanto desaparezcan nuestros ancianos.

En este sentido, el volcán reventó en la Hoya de Tajogaite, topónimo benahoarita que significa terreno rajado y, qué casualidad, al ladito nos encontramos con Montaña Rajada, prácticamente sepultada por coladas lávicas de 70 metros de espesor, nombre impuesto en la época histórica por las personas que vivieron en sus inmediaciones bien sea de Tacande o Las Manchas, porque durante cientos de años permaneció en la memoria colectiva que ese lugar, como vemos en las últimas fotos del volcán, lleno de grietas o rajaduras, presentaba unas características orográficas que permitían conocerlo de esa manera.

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El nuevo volcán que reventó en la Hoya de Tajogaite (El Paso).

Ni somos ni pretendemos ser especialistas en esta materia, aunque se trata de un tema que conocemos de primera mano, por vivencias personales, especialmente en la zona de El Paso, y al que le hemos dado mucha importancia a lo largo de nuestra trayectoria investigadora recogiendo los datos que nos aportaron infinidad de informantes. Por tanto, no queremos sentar cátedra, ni dar por zanjada ninguna cuestión, sobre el uso del término fajana para referirnos a los terrenos ganados al mar por el nuevo volcán aunque, desde luego, sí nos parece mucho más adecuado que el de isla baja o delta lávico, totalmente ajenos a la toponimia y el territorio de La Palma.

Pero sí podemos aseverar que el nuevo espacio que ha nacido en los acantilados de Tazacorte tiene una tipología muy parecida a lo que siempre, nuestros mayores han denominado fajanas. Hay estudios magníficos sobre toponimia de La Palma como el de Carmen Díaz Alayón aunque mucho más accesible, al ser público, lo podemos consultar en GRAFCAN, donde solo hay que ir a cartografías básicas y activar la pestaña Rescates de Toponimia. Y, seguramente, muchos se sorprendan de la enorme cantidad de fajanas que existen en La Palma, desde la orilla del mar a los bordes de la Caldera de Taburiente.

El origen del vocablo es portugués y no creo que nadie, a estas alturas, se atreva a discutir la presencia de portuguesismos en el habla, la toponimia y los apellidos palmeros, prácticamente desde el mismo momento de la conquista de Benahoare a finales del siglo XV.

En La Palma se conservan innumerables zonas, lugares y sitios conocidos como fajana. Y ello es así porque en el nombre va implícito su significado. Antiguamente, para la población palmera, cuando la ganadería y la agricultura de secano eran vitales para la supervivencia, una fajana no es otra cosa que una explanada o llano situado en la pata o el pie de un risco. Su tipología es muy variada. Pueden ser bastante grandes, como las de Franceses (Garafía) o Barlovento, aunque también hay otras minúsculas, con apenas 30-40 metros de anchura.

Respecto a su ubicación nos las encontramos junto al mar, en medianías, dentro de los pinares, en la laurisilva, en los precipicios de la Caldera de Taburiente, laderas de barrancos, etc., de toda la orografía insular. Puede aparecer sólo como fajana, y sus variantes fajaneta, fajanita, etc., o con el añadido de las características que la definen (de Los Codesos, del Horno, del Cementerio, etc.). Y, aunque algunos no lo crean, también encontramos el topónimo en medio de coladas lávicas, más o menos recientes como, por ejemplo, al norte de la erupción del Tacande-Montaña Quemada (1470-1490), donde se sitúa una fajana oscura, llamada así porque una mancha o manchón (así se conocen en La Palma los denominados kipukas hawaianos), rodeado por las lavas subhistóricas, está cubierto sido ocupada por un frondoso fayal-brezal tan espeso que apenas si deja pasar la luz del sol. En Garafía hay otra fajana oscura totalmente diferente por cuanto se sitúa sobre los 1.800 metros de altitud, a los pies de Siete Fuentes, y en medio de uno de los pinares de tea más bonitos y grandes de La Palma, cuyas copas mantienen el suelo en una permanente penumbra.

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Vista de la Fajana de Franceses desde Risco Caído (Garafía).

Incluso, si no queremos usar el término fajana para denominar a los nuevos terrenos ganados al mar, aunque pensamos que este vocablo es correcto, tenemos otras alternativas típicas de la orografía palmera.

Un simple vistazo a la toponimia insular nos deja meridianamente claro que la costa está llena de puntas (algunas personas mayores también las denominan salientes) que, cuando son muy grandes pierden esa referencia y pasan a denominarse Las Hoyas, El Remo, Martín Luis, etc., que, por el contrario, sí mantienen en las más pequeñas que, en muchas ocasiones, suelen estar separadas por caletas y caletones.

En La Palma, en contadas ocasiones, también se utiliza la expresión baja (de Los Colores, de Los Chochos, etc.), que se confunde con los nombres anteriores.

De cualquier forma, al final, será el pueblo palmero quien le ponga un topónimo a estos nuevos terrenos y será la tradicional oral la que los haga pervivir en el tiempo por muchos que organismos públicos, medios de comunicación, etc., se empeñen en llamarlos isla baja o delta lávico porque, esencialmente, se trata de términos que nos son totalmente ajenos y están completamente alejados del sentir palmero.

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El Frontón, Punta de en Medio y Punta del Andén separados por el Caletón de Los Tarecos y la Caleta del Andén (Villa de Mazo).

(*) Felipe Jorge Pais Pais es licenciado en Geografía e Historia y doctor en Arqueología

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[SE}> El único partido político que puede salvar España y Europa

05/12/2021

Esteban Hernández

El único partido político que puede salvar España y Europa

Por primera vez en mucho tiempo, la Unión Europea y España van a tener que poner entre paréntesis todas las ideas aprendidas. Se ha abierto una nueva época, detonada por la recomposición del orden internacional, que obligará a posicionase en muchos terrenos. Europa no parece un entorno especialmente agraciado por el nuevo reparto, pero nuestros dirigentes hacen gala de optimismo, como si esto fuera un paréntesis ligado a circunstancias sanitarias, como si pasada la pandemia y recuperado el vigor económico, fuéramos a regresar a la normalidad. Pero ya no hay normalidad a la que volver. El mundo en el que hemos entrado será diferente, por acción o por reacción.

Hay numerosas preocupaciones que afectan al ámbito europeo, que se está tensando con el pulso con Polonia y Hungría, o con Reino Unido o con Bielorrusia. En España estamos enredados con el blanqueamiento de ETA, o con la guerra de Casado y Ayuso, o con las peleas entre el Gobierno y Yolanda Díaz. Pero bajo toda esa atmósfera de debates enturbiados, hay un ámbito en el que no termina de ponerse el foco, que vive preso de la inercia, el de las cuestiones materiales. Llamadme romántico, pero creo que el dinero manda. Y se actúa como si con un par de reformas en el sentido habitual y un reparto medio decente de los fondos, la economía española fuese a arreglarse. No será así, también en eso estos tiempos son diferentes.

Para comprender el momento en el que estamos y las opciones que se abren, tenemos que empezar por la geopolítica

En Europa y en España tenemos un problema grave con la forma en que se asigna el capital, y otro con el trabajo. En nuestro país se ha construido una economía que, en lugar de generar pujanza y actividad, está empujando en una dirección perniciosa, que provoca que muchos trabajadores tengan dificultades para llegar a final de mes, que las clases medias caigan en su nivel de vida, que las clases empresariales nacionales estén menguando, convertidas ahora en simples mediadoras del capital internacional, que carezcamos de industria, y que nuestro modelo productivo sea bastante pobre. Los problemas de los trabajadores, de las pymes y de las grandes empresas productivas parten de un mismo núcleo, que pone palos en sus ruedas permanentemente.

Es hora de cambiar esa dinámica, y para ello, habría que pensar de otra manera, introducir otras medidas económicas, tener en mente otro rumbo. El problema es cómo actuar políticamente para conseguir ese objetivo que, por primera vez en años, está encima de la mesa. Vienen tiempos extraños, de avance sustancial o de reacción dura, y habría que aprovechar esta oportunidad para poner la economía del lado de la gran mayoría de las personas, y eso no se puede hacer sin fuerzas políticas que presionen en ese sentido. Pero, para comprender el momento en el que estamos y las opciones que se abren, tenemos que empezar por la geopolítica.

1. El juego del poder

Por más que la globalización no se haya desvanecido, la arquitectura internacional en la que se apoyaba se ha debilitado sustancialmente, ya que hemos regresado a la geopolítica, es decir, a la importancia del poder. La guerra fría entre EEUU y China, con todas sus modulaciones, es una expresión de este viraje. Ambas potencias han entrado en una competición indisimulada, con tensiones crecientes que van en aumento, lo que está transformando de manera sustancial las relaciones internacionales. Dejémoslo dicho ya, ese giro es una mala noticia para la Unión Europea que conocemos, que nunca ha sabido jugar bien el juego del poder.

EEUU y China pelean por la hegemonía presente, pero sobre todo por la futura, y por eso la tecnología aparece como factor clave. Los pasos adelante que China ha dado en ese terreno, en el ámbito militar, en el de las comunicaciones, en la inteligencia artificial y en la energía han preocupado a EEUU lo suficiente como para virar el eje hacia el Pacífico de una manera decidida. Por supuesto, en esa pelea, lo económico juega y jugará un papel crucial. Sin embargo, en esa tensión entre las dos principales potencias, ha ocurrido algo significativo, ya que, por primera vez en mucho tiempo, ambas han vuelto los ojos hacia sí mismas.

2. El enemigo en casa

En el caso estadounidense parecía obligado, ya que se trata de una sociedad rota, cultural, social y económicamente, como se vio en el asalto al Capitolio, y eso implica una debilidad geopolítica de primera magnitud. Biden llegó a la Casa Blanca con la intención de taponar esas brechas y comenzar una recomposición nacional. Para ese objetivo, relegó muchos de los asuntos en los que había centrado su campaña, y sorprendió con planes muy ambiciosos para inyectar dinero en su economía. Sus acciones se vistieron con calificativos exagerados, e incluso se llegaron a mencionar las palabras mágicas, ‘New Deal’. En todo caso, Biden anunció algo muy inesperado, dadas las circunstancias en las que se había desenvuelto la economía estadounidense en los últimos 50 años: aseguró que la acción del gobierno iba a impulsar decididamente la creación de empleo; que la economía del goteo se había terminado; que las empresas tenían que pagar más a los trabajadores; que la clase media había construido EEUU, que los sindicatos habían construido la clase media y que así debía volver a ser; que Wall Street no forjó EEUU y que había llegado el momento de que los financieros pagasen la parte que les correspondía; que los buenos empleos, en especial en sectores como el de la energía, debían dejar de deslocalizarse; que habría acciones de protección del mercado estadounidense; y que EEUU debía convertirse en el mayor exportador del mundo en lugar de ceder ese lugar a China. Fueron unas declaraciones asombrosas, porque implicaban el regreso a la presencia directora del Estado, al proteccionismo en áreas estratégicas, al énfasis en los salarios, en el antitrust, en el control del mercado y en los impuestos para los más ricos.

Biden señaló un aspecto estratégicamente correcto: para librar la guerra fría, se necesita un país socialmente cohesionado

Son palabras demasiado grandes para las acciones que está desplegando, y la falta de correspondencia entre unas y otras explica su caída de popularidad, muy notable, pero recogían algo estratégicamente correcto: para tener solidez exterior, se necesita un país internamente cohesionado. Si la guerra entre potencias está lanzada, permitirse fallas internas es ofrecer una diana de grandes dimensiones.

3. Los grandes dan marcha atrás

La reacción de China en esta época de desglobalización ha sido muy parecida en términos discursivos. Y si se quiere, un poco más ambiciosa en la práctica. La consigna dada por Xi Jinping ha sido impulsar la ‘prosperidad común’, un término que engloba acciones en varios sentidos: mitigar la desigualdad en el país, de modo que sus ciudadanos tengan más recursos disponibles, asegurar que las grandes empresas contribuyan de manera clara al bienestar chino y potenciar el mercado interior. Tiene mucho sentido cuando se cuenta con tantos millones de habitantes, y cuando el desarrollo exterior puede frenarse como efecto de la competencia con EEUU. China está todavía creciendo y su situación interior, por conflictiva que pueda resultar, dista mucho de la brecha estadounidense: en la medida en que les va bien, y que perciben un futuro mejor en lo individual y una China más grande y más relevante en el entorno internacional, el descontento interno es mucho menor. Y más si se le suma la intención de redistribuir mejor la riqueza, combatir la especulación y fomentar el consumo, que son los propósitos expresados por el presidente chino.

Veremos hasta qué punto esas intenciones de unos y otros acaban por trasladarse a la realidad. Quizá EEUU lo tenga más complicado, y seguramente los pasos de Biden sean insuficientes, pero lo cierto es que ambas naciones han empezado ya a recorrer ese camino. En otras palabras, los gobiernos de los dos países más importantes del mundo, los más beneficiados, en unos u otros términos, por la globalización liberal, son conscientes de que, para librar la guerra fría, deben dar un giro en sus políticas económicas y apostar por la cohesión interna y por el bienestar material de sus nacionales. Las resistencias que encuentran en sus países a este cambio, en especial en EEUU, no borran el hecho de que la conciencia esté ya presente.

4. Europa mira por la ventana

En estos cambios tectónicos, a Europa le está costando mucho resituarse. En gran medida porque sus élites permanecen en el pasado, y sobre todo porque jugar en el terreno del poder es complicado, en especial cuando no se está acostumbrado. En lugar de encarar el presente de una manera decidida, ha surgido una nostalgia continental por los tiempos de la globalización feliz. En un escenario internacional en el que toda clase de países, desde Rusia hasta Turquía, pasando por el Reino Unido o India, están intentando ganar músculo para reubicarse en términos más provechosos, Europa mira por la ventana los acontecimientos y piensa que quizá debería hacer algo.

Europa está asaltada por las dudas, porque hay quienes afirman que quizá un ejército europeo sería buena idea y otros dicen que ya existe, que se llama OTAN y que hay que vincularse más estrechamente con ella. Hay quienes abogan por cambios fiscales, pero otros se resisten; se es consciente de las deficiencias en tecnología y se aboga por desarrollar las empresas europeas en ese ámbito, pero otros dicen que ya es tarde, que esa partida está perdida. Hay consenso en el desarrollo de la economía verde, pero otros dicen que cuesta mucho dinero y que no se puede descarbonizar ahora, que supondría volverse más débiles todavía.

El cambio en el exterior ha obligado a repensar las certezas con las que la UE se construyó, pero lleva tiempo digerir las nuevas verdades

De todos esos titubeos, el peor es no haber entendido en absoluto el momento económico y su ligazón con la cohesión interna, ese que EEUU y China están señalando, ese que dirige hacia la economía productiva. La postura dominante apuesta por las reformas estructurales, por adecuar el mercado de trabajo a las nuevas exigencias e insistir en la mejora de la productividad, pero con el complemento de realizar inversiones públicas para modernizar el tejido económico de los países, de manera que se dirijan hacia la era digital y verde. Y, como elemento de necesidad, se comienza a hablar de relocalización de elementos estratégicos en áreas como la de los materiales y tecnologías críticos, los alimentos o la seguridad.

Esta postura no supone una apuesta por el desarrollo, sino una tímida reacción a los hechos consumados. El cambio en el exterior está obligando a repensar muchas de las certezas en las que la Unión se construyó y lleva tiempo digerir las nuevas verdades. Una de ellas es que permanecer en los viejos anclajes económicos, en esa mezcla de reformas y adelgazamiento, no solo hará más profundos los males de su población, sino que constituirá el declive definitivo de la UE. Y conviene ser contundentes a este respecto. Veamos los motivos.

5. Las recetas del demonio

Europa tiene un gran mercado, muchísimos consumidores con un elevado nivel adquisitivo, como ningún otro en el mundo (de momento), y lo está entregando a los productos chinos, a la economía financiera anglosajona y a la tecnología estadounidense. Tiene sociedades cada vez más crispadas y políticamente divididas, y países en los que la desigualdad está dejando sentir sus efectos de una manera peligrosa. Sus poblaciones cada vez obtienen menos del trabajo y quienes prosperan es gracias a las rentas. Los países están cada vez más polarizados entre diferentes opciones políticas, pero también sobre los vínculos que deben mantener con la UE. No se puede librar la batalla geopolítica en esas condiciones; la Historia enseña que tal debilidad interna solo se puede manejar si compensa con la expansión exterior, ya sea con el comercio o con la guerra: la primera posibilidad es difícil, puesto que China y EEUU llevan la delantera, y la segunda no es una buena idea. Y con un peligro añadido: cuando un país o una región que no ocupan una posición principal en el juego del poder se enfrentan a quiebras sociales, convierten su territorio en el escenario en el que las potencias dominantes libran sus guerras. Europa lleva el camino de convertirse en el terreno de juego en el que China y EEUU escenifican su pelea por el poder y los recursos.

La única manera para mantener una posición relevante en ese contexto de competición entre potencias es dotarse de las capacidades necesarias y del poder suficiente para afrontar los nuevos tiempos con éxito. Y para ese objetivo se necesita una inversión elevada. Hablamos de un territorio que no se ha cuidado a sí mismo, que ha deslocalizado buena parte de los procesos productivos, algunos en áreas vitales, que se ha olvidado de la cohesión interna, que no se ha situado bien en las nuevas áreas tecnológicas. Recordemos la experiencia del inicio de la pandemia, que debería habernos enseñado muchas lecciones sobre la debilidad europea, o que la inflación actual es producto de esa negación de lo estratégico: producir en lugares lejanos, en países que pueden dejar de ser aliados pronto y en un mercado concentrado supone demasiada exposición gratuita. Las consecuencias futuras de esa debilidad estratégica pueden ser mucho peores que las de un aumento de los precios.

Ambos elementos, las dificultades estratégicas y el nivel de vida empobrecido de los ciudadanos, van a la par, ya que son producto del mismo hecho, la confianza en una arquitectura global que se esta desintegrando y en una manera ineficiente de gestionar la economía. Podría haber ocurrido de otra manera, porque Europa ha dispuesto de recursos, como ha sucedido en las dos últimas décadas, pero en lugar de invertirlos productivamente en sus territorios ha preferido las aventuras inmobiliarias y los productos financieros. Es hora de que la UE cambie el paso, porque los grandes países ya lo están haciendo, y se corre el peligro de llegar tarde al nuevo escenario.

Lo que eso significa ya nos lo han explicado desde fuera: un papel mayor del Estado, inyección de dinero en la economía productiva, papel secundario de los déficits, más planificación pública, más empleo, mucha más industria, más ambición, mejor nivel de vida para sus poblaciones. Y esas son recetas que, hasta ahora, la UE había rechazado como si fueran el demonio.

6. La brecha que decidirá el destino europeo

Ya no es así, y no lo va a ser en el futuro. Los planes de acción europeos, y los de los países occidentales en general, incluyen participación de los Estados, bajo el rótulo colaboración público-privada; aportan cantidades de capital destinadas a objetivos concretos; y una preocupación menor por los déficits. Unas ideas que suelen ser combatidas en la medida que suponen injerencias poco adecuadas en el mercado, pero estas afirmaciones son absurdas porque los Estados siempre intervienen en la economía (lo que se dilucida es para qué intervienen, en beneficio de quién y con qué objetivos); pero también lo es porque otras potencias ya están dirigiendo su mercado hacia objetivos geopolíticos. Además, nada de lo que la UE ha anunciado que tiene que hacerse en el ámbito digital y verde es posible sin esa inyección de dinero y sin la presencia pública, y ninguna de sus necesidades respecto de la recuperación de sectores estratégicos, la protección de sus cadenas y el desarrollo en nuevas áreas puede cubrirse sin su participación. La UE, por tanto, debería liderar el impulso en la nueva dirección, y aprender de qué va el juego del poder, lo que ayudaría también en la gran necesidad que tiene de cohesionarse.

Es más que probable que se continúe con la tentación de destinar los recursos actuales a que esa necesaria colaboración público-privada sea una forma más de que los Estados internalicen los riesgos de los inversores, lo que supondría generar una debilidad todavía mayor en Occidente. Pero también podría ocurrir que el capital fuera a parar a la economía productiva, a activar la imprescindible reindustrialización (en esta época es fundamental), a impulsar a las pymes, a elevar decididamente el nivel adquisitivo de los trabajadores y a potenciar el mercado interno. Con ello, los Estados recaudarían más, con lo que el problema de la deuda sería mucho menor.

En esta brecha está en juego el futuro de Europa. Y esto es algo que Alemania debería entender especialmente, un país cuya energía depende del exterior, principalmente de Rusia, una industria ligada a China, un capital que depende de EEUU y un ejército limitado. La única fortaleza que tiene Alemania para seguir siendo importante es la Unión Europea, e insistir en las mismas fórmulas que años anteriores conducirá a la UE a resquebrajarse más, y a Alemania a jugar un papel internacional más limitado. En este escenario, el proyecto europeo solo puede coserse, con tantas diferencias culturales y políticas, desde una apuesta de bienestar, prosperidad económica y crecimiento orientado hacia la mayoría de la población. Esa apuesta por lo productivo, además, haría posible que se dotase de las capacidades estratégicas que necesita. Sin una cosa, no existirá la otra.

Igual le ocurre a EEUU: puede continuar sumido en una economía financiarizada, e incluso así controlar el malestar de su población, pero el resultado obvio será la pérdida de influencia internacional y la victoria china. En ese sentido, hay que ser tajantes con todos aquellos que ven a Pekín como un peligro para las democracias liberales y que insisten en que la prioridad es frenar el ascenso asiático: no lo lograrán sin una acción de recomposición interna y con un tipo de economía que asiente sus instituciones y sus capacidades estratégicas. Cuando no existe ese suelo imprescindible, la historia nos señala claramente que se dan fenómenos de expansión exterior combinados con regímenes autoritarios en el interior; y si esa receta no funciona, el aire bélico termina por impregnar el ambiente. Normalmente, las potencias hegemónicas caen por sus propios errores. EEUU ya es consciente de ello, y está intentando poner remedio

Sin embargo, Europa aún sigue presa de sus indecisiones, de la falta de claridad analítica y de la nostalgia por el pasado. ¿Reaccionará la UE a la altura de los tiempos o seguirá por el camino de su declive? Este es el momento de impulsar una unión más fuerte, y hay sectores políticos en Alemania que comienzan a verlo claro, o de debilitarla sustancialmente, y hay sectores políticos en muchos países europeos que lo ven con agrado. De manera que, mientras esas decisiones llegan, tendremos que poner más énfasis en España.

7. España

Dado que este momento de la historia lo es de incertidumbre, que se apuntan cambios que no terminan de asentarse, es imprescindible empujar en la dirección correcta. En la vida política se consigue muy poco sin el brío de las fuerzas sociales y sin la orientación que proveen. Ya que nada está decidido aún, sería más necesario que nunca ser conscientes de la importancia del trabajo, de la economía de todos los días, de aquella que nos proporciona los recursos para vivir. Un partido centrado en el trabajo, es decir, en la economía productiva, que sea capaz de sacarnos de los años de ceguera en los que hemos estado inmersos, y que han llevado a que Asia se haya convertido en el centro y Europa en su periferia, es sistémicamente imprescindible. Necesitamos un partido que abogue por una economía diferente, por un decidido impulso industrial, por salarios mucho mejores, por pymes que puedan tener futuro y por empresas que piensen en el medio plazo y no en la rentabilidad inmediata y extractiva. Y lo necesitamos porque ese giro es indispensable para España, para Europa y para Occidente. Tomemos nota de un hecho esencial: la oposición definitiva no se da hoy entre capital y trabajo, sino entre la economía irreal y economía productiva; entre, como señalan Pettis y Klein, los propietarios de activos financieros, por un lado, y los hogares comunes, por el otro. Y alguien tiene que representar a los segundos.

Esto es especialmente importante en España, que ha quedado relegada a un lugar muy poco favorable en la división internacional del trabajo. Es un país que necesita activar muchos resortes, porque cada vez muestra mayores carencias económicas y menor peso en la escena internacional. Sin embargo, también cuenta con grandes posibilidades, con talento y energía, que quedan perdidas en un magma de descontento, desánimo, indignación y ruido. España tiene un caudal relevante y hace falta empujar para que lo aproveche.

En esta época en la que los recursos y el poder son importantísimos, España debería pensar en cómo reactivar su economía de una forma decidida, en sacar provecho de sus capacidades, en descubrir áreas de desarrollo y en fortalecerse en múltiples terrenos, como el industrial, el logístico y el tecnológico, y todo ello sin olvidar en absoluto sectores aquellos que nos dan de comer. Pero eso no puede lograrse desde la ortodoxia ineficiente en que hemos vivido décadas; es hora de olvidar las viejas fórmulas y poner en marcha las que la nueva época está demandando. Desde el punto de vista político, tendría que haber algún partido que apostase por la economía productiva, por la industria, por las empresas nacionales, por las pymes, por crear trabajo, por aumentar sin titubeos los recursos para sus clases trabajadoras y medias, por recuperar intensamente a las ciudades pequeñas e intermedias, esas que conforman la España Vaciada. Pero no puede hacerse sin inversión, sin altura de miras estratégica, sin tener un proyecto claro de país.

Incluso sería mucho mejor que, en lugar de existir un partido laborista, existieran varios, pero no se adivina ninguno por el horizonte. El PSOE podría serlo, pero está demasiado anclado en seguir las reglas de la ortodoxia europea, y hasta Draghi ha sido más atrevido con los fondos que nuestro gobierno; podría serlo el de Yolanda Díaz, pero no sabemos nada de él; podría serlo IU, pero ha caído en una extraña deriva de activismo woke; podría serlo el PP, pero vive entre los programas económicos de hace 15 años y el impulso Milei de Ayuso; podría serlo Vox, pero vive pendiente de los inmigrantes, de los asuntos culturales y de combatir a los etarras; podría serlo la España Vaciada, pero no parece tener la suficiente ambición política; podría serlo el de Errejón, pero está demasiado enredado en las plantas y los carriles bici.

Nos estamos jugando el futuro, y cabe recalcar que el que nos espera no parece nada bueno. España necesita tener músculo interno, que sume a las fortalezas existentes otras nuevas, de modo que, en este escenario diferente, contemos con la solidez necesaria como para gozar de cierta autonomía. Si Europa decide salvarse, una España con más poder podrá influir de un modo más relevante y disponer de mejores condiciones; si decide quebrarse, quedaríamos en mejor posición para el futuro. Pero todo eso pasa por ser capaces de cambiar el rumbo, olvidarnos de las viejas certezas y leer el mundo en el que estamos. Una visión claramente enfocada hacia la economía productiva nos permitiría abandonar el pasado y construir el futuro. Todo lo que no sea arreglar la economía desde este punto de vista, es condenar a España a convertirse en Latinoamérica.

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