[Canarias}> Volcanes y prodigios en Canarias / José Gregorio González

02/01/2022

José Gregorio González

Volcanes y prodigios en Canarias

La zona de La Palma donde brotó la reciente erupción de Cumbre Vieja pertenecía en la mitología de los indígenas awara a los dominios de Iruene, una deidad perjudicial y oscura

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Una de nuestras máximas más repetidas es la de que Canarias es un territorio del misterio, pero, desde la más sincera humildad y pequeñez, no nos duele en prenda reconocer que desde muchísimo ante Canarias es, y seguirá siendo, un territorio de volcanes. Cercanos y sensibles ante los daños y las dolorosas pérdidas que la implacable Naturaleza desencadena con algunas de sus manifestaciones, queremos desde esa solidaridad con los afectos compartir una breve aproximación a algunas curiosidades que en nuestras Islas conectan a volcanes con supuestos misterios e incluso prodigios.

Esa lectura, a veces sobrenatural, que emerge vertebrando creencias diversas muchas veces desde el desconocimiento, la incertidumbre y la desesperación, ya parece estar presente desde tiempos de los antiguos canarios, toda vez que, de acuerdo con las crónicas que nos hablan de los guanches, se menciona a Guayota como una entidad maligna que tiene su morada en el Teide, en una suerte de inframundo infernal. Evidentemente, la simplicidad de nuestra exposición puede ser matizada abriendo un debate sobre lo cristianizada que puede estar esta información al ser aportada por aquellos primeros cronistas, discutiendo a cerca de las posibles equivalencias que conceptos como el de infierno o maligno podían tener o no entre los guanches.

En todo caso, es factible pensar que un impactante y abrasador volcán que destruye todo a su paso se situaba, en la mentalidad de nuestros antiguos que sin duda los contemplaron, en el extremo opuesto de aquello que podían interpretar como una bendición de sus deidades. Cabe aceptar que se generase una mitología específica y algún tipo de ceremonial aplacador.

Según me contaba en estos días el historiador, escritor e incansable investigador sobre el pasado benahorita Miguel Ángel Martín, Cumbre Vieja, la zona palmera desde la que ha brotado el nuevo volcán, pertenecía en la mitología de los indígenas awara de La Palma a los dominios de Iruene, nuevamente una deidad perjudicial, oscura, posiblemente con característica similares a las asignadas a Guayota y con un territorio volcánicamente activo.

Quizá ahí podamos encontrar inspiración para bautizar al volcán una vez que deje de inquietarnos y causar tantas pérdidas. Martín me ofrecía esta información al preguntarle por los potenciales daños que las coladas volcánicas podrían generar a enclaves o manifestaciones arqueológicas en la zona, un asunto obviamente trivial en estos momentos al ser comparado con el resto de afecciones.

Al parecer, la presencia de elementos indígenas es apenas testimonial en la zona, precisamente por la percepción oscura que tenían de ese territorio. Recordemos que en Tenerife los guanches realizaban ofrendas al pie de las coladas de acuerdo con las fuentes escritas, la tradición oral y ciertos hallazgos arqueológicos, tal vez para aplacar la furia de Guayota, una práctica que tal vez compartieron las poblaciones indígenas del resto de islas con volcanismo activo.

En Canarias tenemos varios ejemplos que conectan volcanes con potenciales prodigios en tiempos más recientes, como es el caso de las sudoraciones de una imagen religiosa en Garachico. Su convento concepcionista, que en estos días llora la reciente partida de su madre y rostro visible Sor Ángeles, atesora una talla no expuesta de San Agustín que alberga una historia de portento ante un volcán. Estamos en deuda con el historiador del arte Manuel Hernández por habernos facilitado una foto actual de esta pieza en madera de medio metro, que terminó en el citado convento tras diversas peripecias propiciadas por la devastadora erupción que en 1706 acabó con el puerto de Garachico.

Alejándose del peligro de las lavas de Montaña Trebejo, los agustinos se refugiaron en una casa de la familia Ponte que muy posiblemente pudo ser la Quinta Roja, en las inmediaciones de San Pedro de Daute, mientras que su patrono encontró acomodo en la ermita de la Consolación.

La crónica de los hechos la redactó el escribano Pedro Hernández de Vergara, describiendo como la noche del 27 de mayo de 1706 fue requerido por “el padre fray Francisco Melo, secretario de la Provincia agustiniana, para que se trasladara a dicha ermita y levantara acta del sudor advertido por los frailes en la imagen de aquel santo. Allí encontró al rector, fray Carlos Orexón, acompañado de otros religiosos, que le explicó el suceso.

El escribano reconoció la imagen y no advirtió nada especial, por lo que la comunidad se retiró a descansar, quedando solamente en la ermita el escribano con el secretario, fray José Francisco, el hermano lego, fray Antonio de Jesús, Domingo González, Eusebio Pérez, vecino de Lanzarote, y Juani Dorta, vecino de Icod entre otros”. Siguiendo la transcripción que hacia 1987 hizo de este documento manuscrito el historiador Domingo Martínez de la Peña en un artículo para el Anuario de Estudios Atlánticos sobre la presencia agustina en Garachico, leemos que el escribano se puso a rezar el rosario, “y al terminarlo, hacia la una de la madrugada, con ánimo de regresar a su casa, tomó un cirio de los que se hallaban encendidos y lo aproximó nuevamente a San Agustín, advirtió gran cantidad de gotas blancas destilando por el ropaje y por la mano que sostenía la iglesia, lo cual produjo gran admiración en los presentes, que daban gracias a Dios por haberles permitido presenciar aquel milagro. Mediante algodones secaron la imagen, que luego aparecía con el rostro muy transparente y enrojecido. Al toque de la campana había acudido el padre rector, testigo de este sudor, pero no quiso avisar a los restantes frailes para evitar un alboroto”. Como es comprensible, a ojos de la Fe popular el santo sudó para contener los daños de un volcán que cambió para siempre la historia de Tenerife, al reubicar el polo comercial de la isla.

Catalina de San Mateo

Otro potencial prodigio volcánico tiene a Catalina de San Mateo como protagonista, religiosa nacida en abril de 1648 en Santa María de Guía. Posiblemente fue la primera mística canaria, con una vida llena de singularidades y un rico abanico de fenómenos a su alrededor interpretados por entonces como sobrenaturales. A ella se atribuye, tal como recogen sus biógrafos y el proceso de beatificación que se inició al poco de su muerte en mayo de 1695, una profecía sobre el Volcán de San Antonio, en Fuencaliente, que rompió la tierra en 1677.

Ella lo habría pronosticado el 22 de julio de 1676. Al parecer, según refirió la propia monja, Dios no andaba muy contento con las gentes de la isla por su distanciamiento del camino cristiano “y las graves culpas que se cometían contra su Divina Grandeza”, revelándole a la religiosa su intención de hundirla. La intersección de Catalina, incluyendo rezos y penitencias varias, persuadieron al Todopoderoso para que permutara “aquel castigo en un horrible volcán con temblores de tierra para que entendiesen sus habitadores cuan ofendido le tenían, y hiciesen penitencia y conociesen que aquellos terremotos, y volcán era aviso y amago de su justicia; tubo entonces inteligencia que esta Ysla era la de la Palma; y seis meses antes fue llevada corporalmente por sus Ángeles a dha Ysla…”.

Contaba la monja que en compañía de varios santos visitó en espíritu los altares de toda la isla, aplacando con ello el enfado celestial, que se quedó en un virulento volcán de advertencia y una profecía de propina.

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[Canarias}> Año nuevo, Cumbre Vieja

01-01-2022

Pedro Luis Pérez de Paz

Año nuevo, Cumbre Vieja

La erupción de Tajogaite del volcán de La Palma ha servido para popularizar en el mundo el nombre de Cumbre Vieja, contrapuesto al de Cumbre Nueva, también de La Palma. Se ha reiterado la paradoja que ello supone, ya que geológicamente la «vieja» es «nueva» y viceversa

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Cumbre Vieja la llamaron,
no se suele comprender,
su nombre debe de ser
Nueva, pero lo ignoraron.

A mí bien me lo explicaron
y lo suelo recordar,
ya que me gusta enseñar
lo que en la vida aprendí,
y que me enseñen a mí
lo que yo debo explicar.

Se ha reiterado la paradoja que ello supone, ya que geológicamente la «vieja» es «nueva» y viceversa. Nada se ha dicho sobre la razón a la que obedece tal evidente confusión.

Lo explico a continuación, en honor a mi primera maestra Esperanza Martel San Gil, que nos lo enseñó cuando nos preparaba para primero de bachillerato en la humilde casa de «Abuelo Juan» (La Rosa-Mazo), a finales de la década de lo 50 del pasado siglo.

Su explicación, geomorfológica, era sencilla y fácilmente comprensible, influenciada por las lecciones de la geografía ibérica de España: las cumbres agudas, con aristas pronunciadas (cordillera Cantabro-Pirenaica) eran «nuevas», mientras que los paisajes colinos suaves, modelados por el tiempo, como el gallego, eran «viejos».

Por similitud paisajística, y no por su génesis geológica, las cumbres aristadas de la paleopalma (Cumbre Nueva-Caldera) fueron consideradas «nuevas» y las cumbres suaves, modeladas por colinas o montañas volcánicas recientes de la «neopalma» se consideraron «viejas». 

Ignoro si la explicación de nuestra recordada maestra era de cosecha propia, o debida a la indudable influencia de su hermano Manuel Martel Sangil, catedrático de Geología, hijo predilecto de Villa de Mazo, que por aquellas fechas publicó un libro sobre la erupción del volcán de San Juan (1949), también de Cumbre Vieja.

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NotaCMP.- La tachadura y el resalte en amarillo los he puesto yo, pues aún no se ha oficializado el nombre del volcán que, al igual que el de San Juan (también llamado de Cumbre Vieja, del Duraznero, Nambroque, etc.) erupcionó en Cumbre Vieja.

[Canarias}> 2021: El año que nos cortó el aliento

31-12-2021

El Apurón

2021: El año que nos cortó el aliento

Da auténtico pavor poner el retrovisor al año que hoy toca a su fin. 2021 será recordado como un tiempo fatal para La Palma.

Probablemente, como dijo el presidente del Cabildo, el peor año de nuestras vidas. Un año marcado por la destrucción, la enfermedad y el fuego, que ha dejado sin aliento a una sociedad que empezaba a respirar después de superar un 2020 que sumergió al mundo en el horror de una pandemia.

2021 llegó con el optimismo de superar el Covid-19 con la vacunación. La recuperación de sectores claves para nuestra economía, como el turismo, hacía prever que este año iba a representar un repunte no del virus, sino de la actividad económica, al empezar a tirar con fuerza este sector.

clip_image001La colada «corta» parte de la carretera de la costa

Y empezó así hasta que, en La Palma, la erupción volcánica vino a sepultar estos brotes verdes y, sobre todo, a destruir los hogares y el medio de vida de multitud de personas en el Valle de Aridane. El 19 de septiembre se inició un camino de destrucción que no pararía hasta casi tres meses después. Las coladas, los temblores, los gases letales, la areniza… lo más parecido al infierno, se convirtió en el pan nuestro de cada día de una isla que se enfrentaba a una emergencia sin precedentes.

En medio de esta crisis brutal, el mayor de los consuelos llegaba de la ola de solidaridad que recibió La Palma. Un abrazo descomunal en forma de medios, recursos, voluntarios y dinero que superaba en tamaño el volcán sin nombre que se iba formando desde su fatídica aparición en Cabeza de Vaca, cuyas coladas avanzaban de cumbre a mar, dejando a su paso una capa espesa de desolación.

La erupción hizo olvidar que poco tiempo antes, en el mes de agosto, los municipios de El Paso y Los Llanos de Aridane sufrieron un incendio urbano–agrícola, de gran poder devastador, que también generó importantes daños en viviendas, zonas de cultivos e infraestructuras públicas. El Valle de Aridane golpeado dos veces.

Como también nos hizo olvidar que seguíamos en pandemia. Y, como otra erupción, el virus ha estallado con unas cifras de contagios jamás vistas hasta ahora, con la llegada de una variante que se propaga con tanta facilidad como la areniza del volcán. Volcán, incendio y pandemia, un cóctel apocalíptico.

La mejor de las noticias llegó el pasado 25 de diciembre, con la certificación oficial del fin de la erupción, lo que representaba, a su vez, la puesta en marcha del cronómetro de la reconstrucción o recuperación de la Isla. Un proceso urgente, a la vez que exigente, en el que dar una respuesta al presente es tan importante como orientar el futuro de la Isla.

2022 será, por tanto, un año decisivo, para ofrecer seguridad a las personas damnificadas, pero también para marcar el rumbo futuro de la isla de La Palma y recuperar el aliento que perdió en el año que termina.

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NotaCMP.- Areniza, palabra de mi cosecha, la he puesto yo donde sólo decía ceniza, pues creo que lo que nos inundó era una mezcla de arena muy fina y ceniza.

[Canarias}> 2021: acaba el año del maldito volcán

30-12-2021

Si 2020 fue el año de la pandemia, 2021 será recordado por la devastadora erupción volcánica en Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, que el pasado sábado se dio oficialmente por concluida. Un fenómeno natural poderosamente atractivo y destructivo que durante casi tres meses ha traído de cabeza a los palmeros, que aguardan a que, una vez finalizada la emergencia, comiencen a llegar todas las ayudas comprometidas para poder rehacer sus vidas.

Un acontecimiento que ha captado la atención internacional, que ha puesto de relieve la importancia de la Ciencia y de la utilidad de las nuevas tecnologías, y que ha familiarizado al gran público con una terminología raramente empleada salvo por una minoría: lapilli, piroclastos, estromboliano, fisural, fajana…

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Desde que comenzó la erupción el 19 de septiembre en la zona de Cabeza de Vaca, en El Paso, se han entremezclado dos sentimientos opuestos: por un lado, la fascinación por el espectáculo de luz, sonido y fuego, y la certeza de estar asistiendo a un hecho histórico; y por otro lado, el temor y la visualización de sus devastadores efectos.

Las cifras son abrumadoras: más de 1.300 viviendas han sido sepultadas por la lava, además de edificaciones agrícolas, de ocio y hostelería, colegios, parte de un cementerio, un polígono industrial, un punto limpio, más de 73 kilómetros de carreteras y casi 370 hectáreas de cultivos, además de conducciones de agua, luz y telefonía.

Dos de los grandes pilares económicos de la isla se han visto seriamente golpeados: el turismo, perjudicado por los constantes cierres del aeropuerto y por las cancelaciones de reservas, y la agricultura, singularmente la producción de plátanos, uva y aguacate. Según una estimación de daños efectuada en noviembre por las administraciones locales, los daños superaban los 900 millones de euros. Por poner en perspectiva esta cifra, el PIB de La Palma en 2018 fue de 1.580 millones.

La huella emocional

El recuento de daños materiales se antoja complicado y aún llevará tiempo, pero las secuelas emocionales son incalculables. Barrios enteros como Todoque, El Paraíso o El Pampillo desaparecieron bajo la lava, y otros como La Laguna fueron parcialmente atravesados por lenguas basálticas a más de 1.000 grados de temperatura y de hasta 10 metros de altura, si no más. Más de 2.300 personas vivían dentro de ese perímetro del volcán y de las coladas.

En total fueron evacuadas más de 7.000 personas, y está por verse cuántas podrán regresar a sus viviendas y cuándo, pues sigue habiendo riesgo por la presencia de gases nocivos y algunas estructuras se podrían haber visto comprometidas.

Son muchas más las personas que han estado expuestas a un gran desgaste psicológico al encadenar noches en vela por los sismos, el rugido del volcán, la incertidumbre por el caprichoso avance de las coladas y, en el peor de los casos, la pérdida de sus casas, de su sustento económico, o de ambas cosas. Y también a concentraciones de gases, principalmente dióxido de carbono, y a una lluvia constante de arenizas cuya retirada se ha convertido en un suplicio y en una amenaza para las edificaciones en las zonas de mayores acumulaciones, por riesgo de desplome.

Un máster para la Ciencia

El anverso de la moneda de esta erupción volcánica es la oportunidad que ha brindado a la comunidad científica para estudiar «in situ» este fenómeno, medido, analizado y monitoreado por tierra, mar y aire, en este último caso con la ayuda de los drones, que han sido los ojos de los gestores de esta crisis.

Una legión de geólogos, geógrafos, vulcanólogos, sismólogos y demás especialistas se ha desplazado hasta la isla para seguir las evoluciones de un proceso eruptivo que ha batido casi todos los récords: el de superficie afectada, más de 1.200 hectáreas, y el de duración, 86 días si se tiene en cuenta cuándo se paró en seco (a las 21.00 horas del 13 de diciembre), o 97 si se incluye de plazo para darlo oficialmente por apagado.

La erupción sorprendió a los expertos por su rapidez, apenas una semana después de que se detectara un enjambre sísmico y con las primeras evacuaciones en marcha, las de personas con dificultades de movilidad.

La lava comenzó a salir por varias bocas en Cabeza de Vaca, a entre 300 y 500 metros de distancia respecto a donde los científicos predecían que podría emerger a la superficie.

Primero fueron dos, tres coladas, pero a lo largo del proceso eruptivo se contabilizaron más de una decena, varias de las cuales acabaron llegando al mar y formaron fajanas o deltas lávicos con los que La Palma ganó casi 50 hectáreas de terreno al mar.

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El reto de la reconstrucción

La morfología de la isla ha cambiado con esta erupción, pero sobre todo la superficie de buena parte del Valle de Aridane, reconvertido en un inmenso malpaís que en algunas zonas supera los 40 metros de altura. Uno de los grandes retos del proceso de reconstrucción es precisamente dónde se ubicarán definitivamente las personas que perdieron su hogar, y definir el uso de todo este terreno invadido por las coladas.

Los representantes de las diferentes administraciones, Gobierno de España, de Canarias, Cabildo de La Palma y ayuntamientos de El Paso, Los Llanos y Tazacorte, se han afanado en trabajar unidos, olvidando batallas partidistas, e intentar dar respuestas desde el minuto uno, dando prioridad a lo más urgente.

Ahora que se acabó la erupción queda lo más difícil: definir estrategias, determinar prioridades, ejecutar lo presupuestado y aumentar la cuantía de las ayudas si fuera necesario para dar cumplimiento a lo prometido por el presidente Pedro Sánchez y también por el rey Felipe VI: «No lo vamos a olvidar. La Palma saldrá adelante».

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[Canarias}> Cumbre Vieja: el volcán de las mil caras que devoró La Palma y se ‘durmió’ a los 87 días

25/12/2021

Irene Asiaín

El volcán de Cumbre Vieja, el volcán de las mil caras que devoró La Palma y se durmió a los 87 días

El perfil de la Isla Bonita ya no es el mismo que hace tres meses. De hecho, 2021 será el año en el que La Palma cambió su geografía para siempre. La erupción del volcán de Cumbre Vieja no sólo ha cubierto de lava y ceniza areniza unas 1.190 hectáreas de tierra, sino que ha sumado más terreno a la isla tras su llegada al mar.

Durante los meses que ha durado la erupción, sus mil caras y sus pulsos han hecho difícil conocer cuáles iban a ser sus próximos pasos, y los vulcanólogos han tratado de adivinar sus movimientos para intentar armar las piezas de un puzzle que, en muchas ocasiones, resultó irresoluble.

Una semana antes de producirse la erupción, el terreno se abombaba hasta alcanzar los 15 centímetros y miles de terremotos hacían temblar las tripas de la isla de La Palma. «Había gente que pensaba que el volcán podía salir debajo de su casa», recordaba en una entrevista Stavros Meletlidis, vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN). La incertidumbre se podía palpar, incluso entre los científicos que vigilaban el volcán, que advertían de que en cualquier momento podía haber «un cambio brusco».

Tras un leve descanso en el que parecía que el enjambre sísmico daba un respiro, el magma consiguió romper la corteza terrestre y salir a la superficie. El 19 de septiembre, a las 14:10 horas, nacía un nuevo volcán en la isla de La Palma: el de Cumbre Vieja, llamado [por ahora] así por el parque natural en el que se encuentra.

Las bocas que comenzaron a abrirse sobre las fisuras en el terreno comenzaron a escupir ceniza areniza y gases tóxicos que dieron paso a un magma acumulado durante años en las profundidades de la Isla. Su viscosidad y su composición le hacían avanzar por la ladera de la montaña a un ritmo lento que permitió a los servicios de Protección Civil de Canarias desalojar con tiempo a las personas de las viviendas y lugares de trabajo por los que se preveía que se iba a deslizar la lava.

Aún quedaban por delante semanas de destrucción en la zona de Cabeza de Vaca. La lava que iba devorando el material lávico engullía sin miramientos hectáreas de cultivos, viviendas o barrios como Todoque. Ahora son terrenos cubiertos por una lava que, cuando petrifique, formará una superficie escarpada e intransitable que los canarios denominan malpaís, además de que tardará décadas en regenerarse y volver a ser fértil. Otra de las tragedias es la de la pérdida de zonas de cultivo que se suma a la de miles de palmeros que han perdido sus hogares en estos tres meses de erupción.

Mientras la lava seguía su camino hacia el mar devorándolo todo a su paso, el volcán, de pronto, se apagó. A finales de septiembre, no había señal de tremor volcánico (esa especie de rugido constante que emite el volcán), no había sismicidad, no había lava ni piroclastos… Dos horas después, todo se reactivó, y con más fuerza que nunca.

Los vulcanólogos comenzaron a usar la palabra efusividad para definir la velocidad, la explosividad y la fiereza con la que el magma parecía salir del Cumbre Vieja tras un breve respiro. El resultado fue la formación de nuevas coladas, más hectáreas arrasadas por nuevas zonas, más desalojos y el acotamiento de una zona de exclusión que ya alcanzaba un radio de 2,5 kilómetros. En el mar, crecía días después un delta lávico una fajana que sumaba terreno nuevo a la Isla Bonita. Una fajana a la que pronto se unió otra más a pocos metros de distancia como consecuencia de la llegada al mar de otra colada de lava.

El cono principal del volcán se formó tras el colapso que tuvo lugar en las bocas por las que salía el magma, un proceso habitual en este tipo de erupciones fisurales. Como relataba en su día a EL ESPAÑOL Rosa Mateos, geóloga del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), a veces, en el cono volcánico de erupciones de este tipo «puede aparecer una grieta que dé indicios de una inestabilidad». Este, entre otros motivos, ha sido una de las razones por las que los científicos desplegados en la zona han mantenido estos meses una vigilancia constante.

«Más fuerte» de lo esperado

Entre los aspectos más llamativos de este volcán, los expertos reconocen que ha emitido una cantidad de gases —y, en especial, de dióxido de azufre— histórica, de entre unas 16.000 y 32.000 toneladas diarias. Conforme al cálculo realizado por Involcan y la Universidad de Manchester, el volcán de La Palma habría emitido en 59 días tanto dióxido de azufre como los 28 países de la Unión Europea en todo 2019. Pero, además, desde las primeras semanas, ha sido un volcán que ha funcionado a pulsos, sin una actividad homogénea, pero de una manera «más fuerte» de la que se esperaba.

Así lo aseguraba a este periódico Itahiza Domínguez, sismólogo del IGN, quien añadía que las erupciones más destructivas en las Islas Canarias datan de hace siglos y, al final, «se pierde memoria». El ejemplo más claro es el de la erupción del Timanfaya en Lanzarote (del año 1730), un proceso que duró seis años y arrasó una tercera parte de la isla. «Ocurrió hace unos 300 años, que para la gente es algo muy lejano, pero puede volver a pasar», aseguraba Domínguez.

Las últimas respiraciones del Cumbre Vieja se han agotado a los 87 días de erupción en los que se ha creado un volcán un cono de 1.122 metros de altura. Los expertos le dieron 10 días más para certificar su parada total, por lo que, si no hay ningún cambio, este 25 de diciembre, día de Navidad, la erupción se dará por finalizada.

En este lapso de tiempo, todos los niveles han permanecido hundidos: no había señal de tremor volcánico, no ha brotado más magma, el dióxido de azufre era residual, la sismicidad continúa en niveles muy bajos, y el terreno ya no muestra una deformación que pueda asociarse a una actividad volcánica. Aún así, aunque la erupción no se reactive, los vulcanólogos se mantendrán aún varios meses más vigilando el volcán para poder estudiarlo tras declararse definitivamente inactivo.

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NotaCMP.- Lo resaltado en amarillo lo he puesto yo.

[Canarias}> Claro que sí, ‘fajana’ / José Antonio Martín Corujo

21/12/2021

José Antonio Martín Corujo

Claro que sí, ‘fajana’

Además, suena bonito, ¿verdad? Me gusta que haya trascendido, que se haya escuchado en multitud de medios. En cualquier caso, serán los hablantes, especialmente los palmeros, los que acaben por referirse a ese nuevo terreno como ‘fajana’, porque el léxico, amigo mío, no se impone.

—¿Y tú no piensas decir nada?

—¿Yo, yo por qué? Primero que si sólo se puede hablar de ella para el interior de la isla y nunca para la costa.

—¿Dijeron eso?

—Sí, un profesor, creo que de la Universidad de Las Palmas. Ahora, al señor que afirma eso se le unieron otros, y zanjan el asunto proponiendo: delta lávico o isla baja. ¡¿Qué te parece?!

—Espera, espera, será una confusión, ¿no?

—Nada, nada, lo han publicado, y hasta en la televisión vi a uno de ellos que se mostraba muy seguro de lo que decía, y lo presentaba como un simple arcaísmo en desuso que apenas pervive en la toponimia como nombre de algunos lugares.

—Claro, yo, aunque vengo mucho por la isla, no soy de aquí y… no sé… pero, si el profesor dice que no hay fajanas en el litoral, entonces… entonces, digo yo, parece lógico que la que hemos llamado así no lo es.

—¡Que no hay en el litoral fajanas! ¡Qué no las hay! ¿¡Entonces no lo es la de Barlovento, donde me baño todos los veranos!? ¿¡No lo es la de Franceses, donde mi amigo Pepe y yo vamos a pescar a menudo!? Claro que hay fajanas en el litoral, y muchas.

—¡Chacho!, desde luego que sí, fíjate que ni me había dado cuenta, y eso que una vez me bañé en la de Barlovento. Tal vez el profesor que niega su existencia no conoce mucho la isla o, como yo, no cayó en la cuenta, digo. ¡Ah, espera! Claro, tal vez no se puede llamar así porque está formada por la lava. Seguro que es eso.

—¡Pero, qué dices! ¿Tú sabes lo que es una fajana?

—Pues no sé qué decirte, no sé… es que yo de geología más bien nada… ellos sí saben, y si no pueden ser de colada volcánica pues no lo son, ¿qué te parece?

—Ven.

Me tomó del brazo y me arrastró hasta su despacho-biblioteca. De una estantería retiró varios libros de muchas páginas cuyo autor es el palmero Luis Agustín Hernández Martín. Multitud de papelitos de color amarillo, en los que figuraba escrita la palabra fajana, sobresalían por entre un gran número de páginas de todos los libros.

—Mira, mira. Lee.

Leí parte de algunas de esas escrituras del escribano Domingo Pérez (1546-1567): t. I-IV

1554, julio, 10.                                                                                                       C. 3, f. MCCXCII

Donación que Marta de Alarcón, mujer de Francisco…, difunto, vª., de su agrado y buena voluntad hace al bachiller Francisco Polite, su sobrino, vº., presente, de unas tierras de pan sembrar que tiene en el término de Barlovento, donde puede haber 53 fs. de tierra; lindante por una parte con tierras que fueron de Francisco Polite, padre del bachiller, y que al presente posee Marco Ruberto, por otra parte con tierras de Hernando Luxán, su hermano, por arriba con tierras de la ermita de N. Sra. del Rosario, y por abajo con una fajana que posee Gonzalo Yanes Crespo…

1554, julio, 16.                                                                                                      C. 3, f. MCCCXVI

Miguel de Monteverde, regidor, vº., dice que …os González, vº., morador en el barranco de la Herradura, presente, está obligado a pagarle 5 doblas y media anuales de censo, en razón de una fajana de tierras que le dio a tributo enfitéutico, según escritura que pasó ante Domingo Pérez, esc. púb…

1561, octubre, 6.                                                                                                      C. 9, f. 1.159 v.

Venta que Benito Martín, vº., como hermano y legítimo heredero de Leonor Martín, mujer de Gaspar de Fraga, difuntos, según se contiene en la cláusula de su testamento, que se otorgó ante Domingo Pérez, esc. púb., hace a Diego Rodríguez de El Paso, vº., presente, de las tierras limpias y monte que Leonor tenía en el término de Tixarafe, en las fajanas del barranco de La Horada, hacia la parte de Aguatavar…

—Y otras de Blas Ximón, escribano de la villa de San Andrés y sus términos (1546-1573), dos vols.

1561, octubre, 27.                                                                                         C. 4/4, f. CCCXV

Partido de medias que Juan Garces, vº., concierta con Amaro Gonçales, est., presente, de una viña y heredad que tiene en el barranco de La Galga, con sus árboles y fajanas de tie­rras…

[1563, agosto, …]                                                                                         C. 5/2, f. CXXXIV

Arrendamiento que Juan Álvarez…, vº., hace a Feliciano Enríquez y a Gaspar [González], vs., presentes, de la viña que tiene [en el barranco del Agua, que dicen «La Fajana»…

1558, octubre, 31, lunes.                                                                                 C. 3/5, f. CCCL

Partido de medias que Alonso Gonçález del Tanque, vº., otorga a Blas Díaz, trabajador, vº., presente, de vna biña e heredad con vn pedaço de tierra calma que yo he y tengo en esta ysla en la fajana que dizen de los F[ranceses], con su casa de morada e casa bodega, cubierta de paja, e lagar e beynte e quatro cascos de botas e vna tina e vn fonil e la mitad de vna atahona…

1564, diciembre, 1º.                                                                                   C. 5/6, f. CCCXXIX

Arrendamiento que Alexo Botello, escumero, vº., hace a Açensio Pérez, herrero, vº. en el término de Los Sauces, que está presente, de una fajana de pan llevar y monte en el barranco de la Herradura, que es la fajana que dicen de «Lope Yanes»…

—Sí, sí, ya veo que son innumerables las referencias al término fajana, incluso algunas con nombre propio. Dices que una fajana es un terreno llano o más o menos inclinado al pie de un acantilado o risco. Bueno y, ¿cómo siendo tan frecuente en esos protocolos, sin embargo ese término, más allá de la toponimia, ha caído en desuso?

—Sí, porque a medida que a los distintos lugares de la isla se les fueron asignando nombres propios, mejorando considerablemente en las escrituras la referencia al lugar de ubicación de las propiedades, el nombre común fajana se fue diluyendo. Pero, en la memoria colectiva de los palmeros, el concepto de fajana sigue vivo y, por lo tanto, el terreno del volcán ganado al mar, por su forma, es una fajana.

—Sin ánimo de contradecirte, pienso que quizás es la materia que la forma lo que hace que ese nuevo accidente geográfico no lo sea.

—¿Qué tiene que ver el material…? ¿Trajo, acaso, Alonso Fernández de Lugo un adelantado geólogo para que le indicara la génesis del relieve de la isla antes de asignarle un nombre? Amigo mío, la geomorfología, como ciencia, va adquiriendo forma a finales del siglo XIX, y la palabra fajana, de origen portugués, hace más de 500 años que se comenzó a usar aquí para dar nombre a lugares con una forma determinada, independientemente de cuál fuera el origen de su formación. Cualquiera de los escribanos de aquella época que, por aquel entonces, se hubiese visto en la tesitura de inscribir un terreno ganado al mar como el que nos ocupa lo hubiera referenciado, no tengo la menor duda, como fajana.

Fajana, claro que sí. Además, suena bonito, ¿verdad? Me gusta que haya trascendido, que se haya escuchado en multitud de medios. En cualquier caso, serán los hablantes, especialmente los palmeros, los que acaben por referirse a ese nuevo terreno como fajana, porque el léxico, amigo mío, no se impone.

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