Dos vulcanólogos reflexionan sobre el futuro de Tenerife y de los efectos de las erupciones en los ecosistemas terrestre y submarino. Ambos llegan a la conclusión de que los volcanes también son generadores de vida
Categoría: Canarias
Hechos, imágenes o escritos acerca de Canarias, pero no de El Paso, y de autores no pasenses.
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11/01/2022
Pedro Luis Pérez de Paz
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El volcán, sin duda, será recordado como uno de los sucesos con mayor trascendencia histórica del siglo XXI en Canarias, muy especialmente en La Palma
Cráteres de la zona sureste del volcán de Cumbre Vieja, el pasado 9 de enero, con desgasificación y depósitos de azufre. RUBÉN LÓPEZ/IGN
Con el volcán nos sucede
una extraña sensación:
sigue en la imaginación
y olvidarlo no se puede.Parece como si adrede
enarbolara su gloria
para cantar la victoria
de las batallas libradas,
dejando vidas marcadas
para el resto de la historia.
Jócamo, 11.I.2022
Nota: Sin duda, Tajogaite será recordado como uno de los sucesos con mayor trascendencia histórica del siglo XXI en Canarias, muy especialmente en la isla de La Palma.
Las imágenes vividas por niños y adultos, van a ser muy difíciles de borrar de la memoria individual y colectiva.
Incluso para los que no nos hemos visto directamente afectados, o no tanto como los que han perdido su hogar y recursos vitales, el volcán seguirá estando presente durante el resto de nuestras vidas. No va a ser fácil pasar página, por más que nos lo propongamos.
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11-01-2022
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Si se amplía ésta puede verse una flecha roja que apunta al centro urbano de Los Llanos de Aridane y apreciar su cercanía al volcán: 10 km hasta el cráter principal, y 7 km hasta el borde más cercano del paso de la lava, que es la mancha negra (malpaís) que ha dejado el volcán.
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Y en ésta puede verse muy bien la orografía del lado de La Palma por donde descendió la lava, las fajanas que creó y lo poblado del área donde destruyó —como explicó este artículo y principalmente en los barrios llanenses de La Laguna y Todoque— «más de 1.300 viviendas, además de edificaciones agrícolas, de ocio y hostelería, colegios, parte de un cementerio, un polígono industrial, un punto limpio, más de 73 kilómetros de carreteras y casi 370 hectáreas de cultivos, además de conducciones de agua, luz y telefonía».
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03/01/2022
Si el de La Palma fue un volcán suave, ¿cómo sería uno fuerte? Olaya Dorado, una científica, responde
Una geóloga que trabaja vigilando el Teide explica cómo se mide la magnitud de un volcán y pone ejemplos de cada tipo según su gravedad
El volcán de La Palma que entró en erupción el pasado 19 de septiembre de 2021 en Cumbre Vieja es lo que los vulcanólogos consideran “un volcán suave”, pese a que ha causado una gran destrucción al afectar a zonas pobladas. Es por ello que la geóloga y divulgadora Olaya Dorado (@Olaya_Golden), del GEO3BCN-CSIC, ha hecho un ilustrador hilo en Twitter para explicar cómo sería un volcán “fuerte”.
El volcán de La Palma en septiembre de 2021. FRAN PALLERO
Dorado comienza explicando que la erupción de La Palma es “posiblemente uno de los mayores acontecimientos que se han vivido en España este pasado año (con el permiso de nuestra querida borrasca Filomena)”. El volcán ha durado casi 3 meses y dejado numerosos destrozos.
Así, aclara que para los ajenos a la vulcanología, este fenómeno natural “ha sorprendido y asustado a partes iguales, especialmente al darse en una zona poblada. Pero os voy a contar un secreto, para los que trabajamos con volcanes tampoco nos ha dejado igual. Al menos a mí”, señala aclarando que el fenómeno también le ha sorprendido.
Y es que, Dorado explica que, cuando empezó la erupción, los científicos que conocen el vulcanismo de las Islas Canarias ya se imaginaban que la de La Palma iba a ser una erupción de las “pequeñas”: “Porque sí, esta erupción es de las pequeñas. Pero ahora me cuesta muchas más decirlo que antes”.
Esto se debe a que —expone— una cosa es “conocer lo que es capaz de hacer un volcán, y otra cosa es ver tan de cerca la capacidad destructiva de un volcán PEQUEÑO, del tipo de erupción que generalmente pensaríamos bueno, es una suerte que sea de éstas y no de las otras”.
Sin embargo, la científica apunta que fue “una ilusa”, ya que estaba acostumbrada a ver vídeos de erupciones de este tipo en vídeos de Islandia, de Hawaii, o del Etna en las que las lavas no llegan a zonas pobladas y, de repente, “ahí está, afectando a lugares que conozco y a gente muy querida. Perspectiva”, señala.
Por todos estos motivos, y como eso le ha pasado a ella, que se dedica a investigar los volcanes, ha querido ahora explicar qué sería entonces un volcán “fuerte”.
Pues si eso me ha pasado a mí, no me quiero imaginar a aquéllos para quienes los volcanes son algo completamente desconocido. Muchos fueron los que me preguntaron, con razón, que cómo era posible que esto fuera un volcán suave, ¿qué sería entonces uno fuerte?
¿Cómo sería la erupción de un volcán fuerte?
Dorado comienza con una introducción básica: “¿Cómo clasificamos las erupciones volcánicas? ¿Hay alguna escala como la de la magnitud de los terremotos? ¿Os sueva el VEI? Quizás estos días lo habéis escuchado en la TV”.
El VEI es el Índice de Explosividad Volcánica (por sus siglas en inglés Volcanic Explosivity Index). Ésta es posiblemente la escala más usada a la hora de clasificar erupciones volcánicas, pero no está exenta de debate, ya que es difícil de definir y cada erupción es un mundo, aclara la geóloga.
Al igual que con la magnitud de los terremotos, el VEI también tiene una escala logarítmica (de 0 a 8). Veréis que esto es común a la hora de categorizar fenómenos naturales, ya que pueden alcanzar magnitudes TAN ENORMES, que usar escalas lineales es: “complicao”.
No obstante —prosigue la experta—, hay una diferencia muy importante con la de los terremotos. La escala de magnitud de los terremotos mide la energía liberada, por lo que es una medida puramente cuantitativa. El VEI, por otro lado, se definió como una herramienta semi-cuantitativa.
“¿Por qué? Porque se quería usar para comparar tanto erupciones actuales como antiguas, de las que sólo tenemos como testigos a nuestro querido registro geológico (roquitas). Es por ello que se tienen en cuenta una serie de factores distintos”, expone.
Por un lado, se tiene en cuenta el volumen de material emitido (en teoría, sólo de material piroclástico o tefra, pero ya veremos cómo esto es un problema); por otro, la altura de la columna eruptiva y, por último, se puede tener en cuenta una “descripción cualitativa”.
De ahí lo de “semicuantitativa”, porque a igual volumen de material, hay matices observables que pueden ser importantes a la hora de describir una erupción volcánica. ¿Ha sido una erupción efusiva? ¿Efusiva estromboliana? ¿Freatomagmática? ¿Cataclísmica?
“Con esto os podéis imaginar por qué el VEI puede ser un verdadero dolor en el culo para los vulcanólogos, especialmente para aquellas erupciones que se salen de las típicas erupciones explosivas con su columna de ceniza bien formadita”, señala.
Así, Dorado ha invitado a ver ejemplos de erupciones típicas de cada uno de los VEI, desde las pequeñas a las grandes de verdad.
- Con un VEI que suele estar entre 0-1 tenemos el volcán Kilauea. Es un volcán en escudo cuya actividad normal suele ser la emisión de ríos de lavas sin mayores explosiones. Con suavidad, sin dar muchos problemitas siempre y cuando haya poca lava y no llegue muy lejos.
Avance del volcán Kilauea. | EP
- Según vamos teniendo magmas con más gases, la cosa se va poniendo más tensa por ahí abajo, dando lugar a pequeñas explosiones. Esto es típico de erupciones como las del Stromboli, con un VEI entre 1 y 2.
- Con un VEI 3 ya entramos en terreno más complicado: la columna eruptiva puede alcanzar hasta 15 km de altura y la emisión de piroclastos es importante, con amplias zonas cubiertas por cenizas. Por ejemplo, la erupción del Nevado del Ruiz de 1985 fue un VEI 3. Quizás os suena esta erupción por la Tragedia de Armero, en la que murieron unas 25.000 personas debido, fundamentalmente, a los lahares que se produjeron por culpa de la erupción. Y es que no debemos olvidar que los peligros indirectos de los volcanes son, a veces, los peores.
Volcán Nevado del Ruiz (Colombia)
- VEI 4. “Ésta ya acojona demasiado”. ¿Os suena la erupción del Mt. Pelée de 1902 en la isla de La Martinica? Pues fue la erupción más mortífera del siglo XX, con 30.000 víctimas, muchas de ellas fallecidas debido a los flujos piroclásticos.
- VEI 5: Erupción del volcán St. Helens. “Es posiblemente la niña de mis ojos, de esas erupciones que te enseñan en el colegio, te vas a casa con los ojos como platos y te dejan tocada para toda la vida queriéndote dedicar a la Ciencia, con su precariedad incluida”. Lo impresionante de esta erupción es que se derrumbó todo el flanco del volcán en una GIGANTESCA explosión. El magma era tan viscoso que no podía salir y fue inflando la montaña como si de un globo se tratase hasta que la presión fue tal que desestabilizó la montaña y ¡PUM!
- Entramos en la última categoría que ha sido presenciada por el ser humano: VEI 7. El ejemplo más famoso de una erupción de VEI 7 es la erupción del volcán Tambora del año 1815, la única registrada y que causó 71.000 muertes…en todo el mundo.
La caldera del volcán Tambora, de seis kilómetros de diámetro. NASA
- “Y aún con esto nos guardamos otra categoría para las erupciones que no hemos visto, pero que sabemos que han pasado… y que volverán a pasar. El VEI 8, ese desconocido que nadie queremos que llegue, pero que, en algún momento de la historia de nuestro planeta, volverá a aparecer”, termina la geóloga Dorado.
Tras este magnífico hilo divulgativo, la experta tranquiliza a los canarios y aclara que cada zona volcánica es distinta: “En las Islas Canarias nunca vamos a tener un supervolcán como el Tambora, aunque sí hay grandes volcanes como el Teide que pueden ser bastante explosivos (eso sí, cada muuucho tiempo). ¡Por eso es importante la labor de los geólogos!”.
[Canarias}> La Palma. El volcán: espectáculo y desolación en Aridane / Francisco García-Talavera
02/01/2022
Francisco García-Talavera
La Palma. El volcán: espectáculo y desolación en Aridane
Sentimientos contrapuestos ante un fenómeno natural muy poderoso, que no deja de sorprendernos
Sentimientos contrapuestos ante un fenómeno natural muy poderoso, que no deja de sorprendernos. Los palmeros, y todos los canarios, aún recordamos el “volcán amable” del Teneguía. En aquella ocasión (1971) la dorsal de Cumbre Vieja se portó bien y dio salida al magma en una de las zonas en las que menos daño podía hacer. Fue bajo el pueblo de Fuencaliente donde “reventó”, junto al Roque de Teneguía —al que respetó— con sus conocidos grabados rupestres guanches. Y de ahí para abajo, hasta el mar, sólo algunos viñedos, pajeros y pequeñas bodegas.
Pero este nuevo volcán, mucho más potente, ha sobrepasado con creces —en la magnitud de sus centros de emisión y, sobre todo, en la extensión de sus destructoras coladas— a todos los de la serie histórica de los últimos cinco siglos.
Si hacemos una retrospectiva de las siete erupciones anteriores de La Palma, de las que se tiene noticia —todas de tipo fisural y estromboliano, con alguna fase de vulcaniano—, observamos que han tenido lugar a lo largo de la dorsal del cono sur de la isla que, curiosamente, es su parte más reciente y joven, a pesar de llamarse Cumbre Vieja.
Si en base a estas cifras hacemos una comparativa con este nuevo volcán (sin nombre aún, aunque se han propuesto algunos), vemos que es demoledora en lo que respecta a su capacidad destructiva.
Características de esta erupción
Como se ha venido repitiendo a lo largo de la historia del vulcanismo de La Palma, ésta es una erupción fisural, de tipo estromboliano, en la que una parte explosiva —en la zona más alta del cono principal (aunque también por otras bocas secundarias)— emite al aire gases (SO2, CO2, vapor de agua, y otros) y piroclastos (bombas, escorias, lapilli, cenizas); y otra efusiva, más baja, que emite lava basáltica, más o menos fluida, que discurre pendiente abajo formando coladas (y tubos volcánicos incluidos en ellas), las cuales al enfriarse y superponerse unas a otras, alcanzan una potencia considerable (hasta 20 o 30 metros de altura), sepultando y destruyendo inexorablemente todo cuanto encuentran a su paso en su camino hacia el mar.
Como ya hemos comentado, este volcán sin nombre se ha mostrado como el más destructivo y desolador de todos, tanto por el volumen de lava emitida (unos 160 millones de metros cúbicos), y por la superficie sepultada por las coladas (unas 1.200 hectáreas), como por la ceniza areniza (unos 20 millones de metros cúbicos), la cual, al ser transportada por el viento, ha cubierto gran parte de la isla, tanto más cuanto más próxima al volcán.
En esta erupción —monitorizada monitoreada desde el principio por la más avanzada tecnología que controla constantemente los tres parámetros fundamentales (sismicidad, volumen de SO2 y deformación del terreno), y seguida por todo tipo de medios de comunicación—, hemos contemplado impactantes imágenes inéditas hasta ahora en una erupción volcánica.
Gracias a los drones y a la constelación de satélites Copernicus, se ha visto perfectamente cómo iba evolucionando el proceso eruptivo, con el periódico cambio en la morfología del cono volcánico debido a la inestabilidad del edificio, sus diferentes bocas de emisión, el discurrir de las coladas ladera abajo, las bombas volcánicas, la formación de canales lávicos y tubos volcánicos… Imágenes y sonidos que se magnificaban durante la noche. También pudimos apreciar y hacerle un seguimiento a la evolución de las coladas, y cómo, desgraciadamente, iban engullendo todo tipo de construcciones y fincas agrícolas en su camino hacia el mar, sumiendo a la población de El Paso, Los Llanos y Tazacorte en la angustia y la desgracia, y haciendo prácticamente desaparecer a barrios enteros como Todoque.
Algunas coladas consiguieron llegar al mar, tras precipitarse por los acantilados de Tazacorte, haciendo crecer en decenas de hectáreas (unas 50) la superficie de la isla y formar lo que se conoce en La Palma como una nueva fajana, en la zona de Los Guirres, y más tarde otra en la Costa del Perdío, aunque de mucha menor extensión. Otras coladas también se descolgaron sobre la antigua Fajana de Las Hoyas, formada durante la erupción del volcán de San Juan (1949), aunque debido a la gran extensión (150 hectáreas) y a la poca pendiente de su superficie, en este caso no ha conseguido alcanzar el mar y agrandar así la superficie de dicha fajana.
En este contexto podemos apreciar el constante proceso geológico de construcción-destrucción que se genera durante la formación de una isla joven como La Palma (unos dos millones de años). El propio acantilado, de casi 100 metros, nos está indicando que durante un largo periodo de tiempo (en el Cuaternario), esa zona de la isla pasó por una fase de calma eruptiva, durante la cual el poder destructor de las olas fue machacando y erosionando, a la vez que hacía retroceder a esa costa formando una pequeña plataforma insular, al tiempo que iba creciendo en altura el acantilado.
Fajanas
El término fajana es un canarismo derivado del portugués fajã. Este vocablo hasta hace poco tiempo no figuraba en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), mientras que en el Diccionario Histórico del Español de Canarias de Corrales y Corbella se define como: “terreno llano, al pie de laderas o escarpes, formado comúnmente por materiales desprendidos de las alturas que lo dominan”.
En nuestra opinión, esta definición está incompleta, pues no recoge a las fajanas costeras producidas por aportes de lava, que son la mayoría en las islas volcánicas de la Macaronesia. El ejemplo más característico lo tenemos en la isla de San Jorge, en Azores, pues contorneando su costa encontramos más de 60 fajanas, en su gran mayoría formadas por coladas lávicas que se precipitaron al mar, como Fajã dos Cubres, Fajã da Caldeira, Fajã Entre Ribeiras, Fajã de San Joao, Fajã do Cavalete y tantas otras.
El vocablo fajana está especialmente arraigado en La Palma. Tan sólo en la costa noreste (con una gran influencia histórica portuguesa) encontramos los siguientes topónimos: La Fajana de Franceses, La Fajana de Barlovento, La Fajanita, La Fajaneta, Fajana Correa y Fajana Camacho. Con esto siento contradecir a un conocido filólogo que afirma rotundamente que las fajanas canarias están todas en el interior de las Islas.
Efectivamente, hay algunas en el interior producidas por desprendimientos en escarpes, pero la gran mayoría están en la costa, al pie de acantilados, y formadas —casi todas— por coladas lávicas.
Calderas
El célebre naturalista alemán Leopold von Buch, uno de los ‘padres’ de la geología del siglo XIX, estudió en la escuela de Frieberg junto a su colega y amigo Alexander von Humboldt, que era unos cinco años mayor que él. Y es precisamente esta amistad la que lo conduce a visitar Canarias en 1815. Humboldt ya había estado unos años antes (1799) en La Graciosa y Tenerife, y le recomendó que no dejara de visitar el Pico del Teide.
Una vez cumplido ese deseo, von Buch se dirigió desde Tenerife a La Palma con el fin de estudiar sus características geológicas. Se fijó especialmente en la extraordinaria estructura de Taburiente, y al preguntar a los lugareños cómo la llamaban, le dijeron que era “La Caldera de Taburiente”. Y le pareció tan apropiado el descriptivo nombre que le daban los palmeros, que lo reflejó en su publicación (1825) sobre los resultados de sus investigaciones geológicas y vulcanológicas en Canarias, intentando darle una explicación a su teoría neptunista de los cráteres de elevación.
Y a partir de ahí, aunque no fuera su intención, la denominación de caldera para estas espectaculares estructuras volcánicas fue adoptada y registrada para siempre en la terminología vulcanológica mundial. Y así tenemos la Caldera Halemaumau en Hawaii, la Caldera de La Cumbre, en la isla Fernandina (Galápagos), la Caldeira de Sete Cidades, en la isla de San Miguel (Azores), o la Caldeira de la isla de Fogo (Cabo Verde), entre otras muchas repartidas por el mundo.
A la vista de que a La Palma le cupo el honor de haber acuñado con éxito un nuevo término para la ciencia geológica universal, y dado que el volcán ha puesto a esta isla en el foco mediático mundial, creo que sería un buen regalo y un pequeño homenaje a los sufridos palmeros —que de alguna manera compense en parte tanto sufrimiento—, el que también el término fajana quedara para siempre incluido en el registro científico mundial a la hora de describir este tipo de formaciones costeras como, en su momento, se hizo con La Caldera, que también es un portuguesismo (caldeira) castellanizado.
Jedey y la maldición a La Palma
La misma tarde en que “reventó” el volcán propuse —recordando mi experiencia con el Teneguía y desconociendo el enorme daño que iba a causar esta erupción— el nombre de Jedey en base a que, según la evolución del enjambre sísmico, era la zona más probable entre las que se barajaban como posible afloramiento (de hecho se han producido allí varias —una a última hora— amenazadoras deformaciones del terreno a lo largo de esta erupción), y, además, porque detrás de ese nombre había una historia muy interesante y poco conocida.
Nos comenta nuestro cronista Abreu y Galindo, que en 1447 Guillén Peraza, el hijo del señor de Las Islas en aquel momento, Hernán Peraza, ‘el viejo’:
(…) “Partió de Sevilla con tres navíos de armada y 200 hombres ballesteros” con el ánimo de conquistar la isla de La Palma, o al menos hacer una buena presa de esclavos. Hizo escala primero en Lanzarote y Fuerteventura, en donde embarcaron 300 hombres de guerra más, y luego fueron a La Gomera. (…)”. “Y de allí pasó a La Palma, tomando puerto en el término de Tihuya, señorío de Chedey (posiblemente Puerto Naos). Metiose la tierra adentro. La isla de la Palma es muy alta y áspera de subir y andar, y la gente que llevaba Guillén Peraza de Las Casas, no usada a semejantes asperezas, y los palmeros al mando de Chedey y Chenauco su hermano, diestros y ligeros en ella, poniéndose en los pasos más ásperos y dificultosos, acometieron a los cristianos de tal manera que los desbarataron. Y mataron más de doscientos cristianos, y entre ellos a Guillén Peraza, el cual quiso detener a su gente, que iba huyendo; y, poniéndose delante, le dieron una pedrada de que murió, según oí afirmar a los antiguos. (…) Y los demás que escaparon del furor de “los barbaros” y pudieron embarcarse, se fueron a La Gomera”.
Histórica victoria de los guanches palmeros (los hawara) sobre los invasores, por cierto con muchas similitudes, y equiparable, en proporción a los participantes, a la obtenida medio siglo después, en la célebre batalla de Acentejo, por los guanches de Tenerife.
A consecuencia de estos luctuosos hechos, poco después se comenzó a escuchar en la isla colombina la siguiente endecha:
Llorad las damas, si Dios os vala
Guillén Peraza quedó en La Palma
La flor marchita de la su cara
No eres palma, eres retama
Eres ciprés de triste rama
Eres desdicha, desdicha mala
Tus campos rompan tristes volcanes
No vean placeres sino pesares
Cubran tus flores los arenales
Guillén Peraza, Guillén Peraza
¿Do está tu escudo? ¿Do está tu lanza?
Todo lo acaba la malandanza
Como podemos observar, estos versos suenan a una maldición volcánica a la isla que vio morir a este ambicioso andaluz. Maldición que cobra actualidad con esta erupción, pero que ya se había hecho efectiva en las siete anteriores, aunque no con tanta virulencia.
Ehedey era el señor de uno de los doce cantones en que estaba dividida La Palma antes de su conquista. Y Tihuya o Tahuya es precisamente la zona por donde están discurriendo mayormente las potentes coladas de lava de esta desastrosa erupción, que está sepultando, en su camino hacia el mar, centenares de edificaciones y fincas, y con ello acabando con el proyecto de vida y los recuerdos de miles de personas.
Y volviendo al topónimo Jedey, que es una corrupción del antropónimo Chedey o Ehedey, muy bien pudiera ser todo un símbolo de la resistencia de los palmeros ante la adversidad. En aquel caso, los hawara frente a la invasión extranjera de su isla, y en éste ante un destructivo fenómeno natural.
Mirando al futuro
Estoy seguro de que La Palma resurgirá de sus cenizas, cual Ave Fénix, y que los sufridos habitantes del Valle de Aridane se repondrán de este duro golpe, como ya lo han hecho en anteriores ocasiones.
Pero a la hora de afrontar la planificación para la recuperación del valle, y de la isla toda, tras este desastre natural, es fundamental no volver a cometer errores del pasado. Repensar y reinventar, en lugar de reconstruir lo que se hizo en lugares inadecuados, sin haber tenido en cuenta el riesgo volcánico. Por supuesto que habrá que reparar algunas infraestructuras indispensables (carreteras, tendido eléctrico, red de aguas, etc.), pero teniendo bien presente que la amenaza de la dorsal de Cumbre Vieja sigue ahí.
Las actuaciones sobre el territorio y los PGO de los municipios de El Paso, Los Llanos y Tazacorte sería deseable que se enfocaran hacia el norte, hacia el territorio y el suelo que yace bajo las vertientes de Cumbre Nueva, donde desde hace miles de años no ha habido ninguna erupción. Se debería liberar suelo para uso urbano e industrial, y replantearse el urbanismo de manera que las nuevas construcciones se lleven a cabo en lugares con menos riesgo.
También sería buena idea aprovechar los productos que en tan grandes cantidades ha aportado el volcán (cenizas arenizas y lapilli para la agricultura y como áridos para la construcción). Al igual que las propias lavas, volviendo a sorribar parte de ellas, según se decida su uso, y como recurso turístico, reservando una parte como espacios protegidos en los que se investigue y se haga un seguimiento del proceso de recolonización de los ecosistemas terrestres y marinos (en el caso de la fajana de Los Guirres) afectados por la erupción.
Otro recurso que se podría aprovechar, una vez que se reactive el turismo en la isla, serían los tubos volcánicos, simas y jameos que se hayan formado, acotando algunos tramos visitables como ya se hizo con la Cueva de Todoque o de Las Palomas, formada en la erupción del San Juan, en 1949.
En definitiva, la vida sigue, y un futuro esperanzador aguarda al laborioso, tenaz y emprendedor pueblo palmero.
NotaCMP.- Lo resaltado en amarillo lo he puesto yo.
