[*Otros}– Faceta artística del «Corpus 2007» de Mazo (La Palma, Canarias)

En la Villa de Mazo, en el sureste de la isla de La Palma (Canarias), desde hace años y para la celebración del día de Corpus Christi (primer jueves de junio), se acostumbra engalanar el perímetro central urbano con motivos artísticos, elaborados a mano y con productos naturales, que son verdaderas filigranas exponentes de buen gusto y mejor habilidad.

Por la reputación que han ganado entre propios y extraños, se decidió que estos motivos artísticos, conectados por una estrecha alfombra que cubre el centro del empedrado camino entre ellos, se conserven hasta el domingo siguiente, o sea, hasta el primer domingo de junio, lo cual me dio la oportunidad de ver los de este año y tomarles algunas fotos que adjunto, como adjunto también, para cada motivo, el nombre de su autor, dimensiones del motivo y materiales con que fue confeccionado, todo lo cual hace innecesarias más explicaciones de mi parte.

Me atrevo a suponer, sin mucho riesgo de equivocarme, que los artífices de estas obras de arte —al igual que quienes hacen las de la fiesta del Sagrado Corazón, en El Paso (ya colgaré en el blog las fotos de lo hecho para la de este año)— no pasaron por una escuela de arte. Son autodidactas que con gran dedicación explotan una vena artística que les innata.

Aquí van las fotos del “Corpus” de Mazo de este año 2007, tomadas en un día nada típico de verano, pues estaba nublado y con algo de lluvia. A propósito las puse grandes para que los detalles puedan apreciarse mejor.

Juzgue usted por si mismo viendo en detalle la creación y leyendo luego de qué está hecha.

Vista general.

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Explicación

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Toma completa.

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Explicación de los dos anteriores.

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Tapiz. La obra principal, situada en lugar destacado.

Explicación.

[Otros}– Puertos Canarios / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez
(Artículo publicado en “Tierra canaria”, La Habana, Cuba, el 8 de abril de 1930)

Puertos Canarios

Antes del advenimiento de la gran conflagración que convulsionó la mayor parte de Europa, los puertos de más auge y preponderancia marítima eran los puertos canarios de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. Después de la Gran Guerra que desbastó con sus furias el Viejo Continente, disminuyó grandemente el tráfico en nuestros puertos, sin que hayan podido volver a ocupar de nuevo el puesto de honor que les correspondía en el concierto de las rutas trasatlánticas. Se han quedado a la zaga de otros, mucho menos importantes, peor situados y escasamente conocidos hasta hace poco.

Las causas que motivaron esta decadencia en los privilegiados puertos de Canarias las encontramos en los funestos gobernantes españoles de estos últimos tiempos, que no supieron dotarlos de todos aquellos adelantos y adquisiciones innovadoras del progreso, con las que incorporarlos debidamente al nivel de otros puertos competidores.

Ojeando los presupuestos gubernamentales para atender las obras de los diferentes puertos españoles, observamos que el puerto más favorecido fue siempre el de Sevilla, quizás porque se asienta en las márgenes del glorioso Betis, y tal vez porque se baña en agua dulce. Ese puerto, escondido en el corazón de Andalucía, es inútil refugio para los enormes monstruos transmarinos, y últimamente, con motivo de la famosa Exposición Ibero Americana, hasta lo dotaron de un maravilloso puente levadizo.

No sólo los puertos canarios merecen que los gobernantes españoles los atiendan mejor que al de Sevilla, sino también el de Vigo —en cuya Ría, decían los ingleses, que de ser de ellos “harían muelles de plata”— y el de Barcelona, que es el de mayor importancia comercial de España. Todos éstos debían catalogarse antes que el puerto de la tierra de María Santísima.

Pero los gobernantes españoles se han caracterizado, en este sentido, por su protección desmedida a la bella capital andaluza y por su olvido injusto del Archipiélago canario. Este olvido queda bien patentizado con la siguiente anécdota, que citaré de paso, de la que fueron protagonistas, por una parte, mi ilustre amigo y compatriota Pérez Díaz —desaparecido, y para dolor de Canarias— y, por otra, cierto Ministro que no quiero nombrar porque no quiero.

Pérez Díaz, que abogaba en aquella época por la separación de Tazacorte, le dijo bromeando al ministro en cuestión que por qué no le daba el título de ciudad a Tazacorte —que entonces era un barrio de Los Llanos—, diciéndole que era uno de los pueblos más importantes de la Palma. El Ministro, deseando complacerle, dio acto seguido las órdenes oportunas, y el pueblo de Tazacorte recibió la sorprendente noticia de sentirse ciudad de la noche a la mañana, sin ser antes pueblo, que es lo que perseguía Pérez Díaz. Cuando el ministro se dio cuenta perfecta de su ignorancia político-geográfica, rectificó habilidosamente, diciendo que había confundido a Tazacorte con Tacoronte, el nombre más parecido que halló ojeando por primera vez el mapa de Canarias. Pero los que sabían los antecedentes se rieron de lo lindo al conocer el pomposo título que por carambola le cupo en suerte a Tacoronte.

Mientras los canarios vemos con dolor la impotencia de nuestros puertos para competir con el vecino de Dakar y otros, los gobernantes españoles siguen olvidándonos. Sírvales de ejemplo y estímulo la poderosa República Francesa, que no ya en una de sus provincias, sino en una de sus posesiones, ha hecho de Dakar un puerto de tal importancia que gracias a él nos ha venido restando gran parte del tráfico marítimo que nos corresponde debido a nuestra posición afortunada —¡en esto si que somos afortunados los canarios!— en el punto ideal de las más importantes travesías intercontinentales. Dakar, con sus muelles gigantescos, sus diques, sus arsenales, sus carboneras, y disponiendo del material preciso para reparar con prontitud averías a las más disímiles embarcaciones, ha venido ofreciendo hasta ayer mayores comodidades, rapidez en los servicios y seguridades, que nuestros puertos canarios, incapacitados por el abandono que sufrieron por parte de nuestros gobernantes. Y gracias que tuvimos un León y Castillo que nos consiguió el gran puerto de refugio.

Cuando pensamos que el anhelo más justificado y posible de nuestro pueblo ha sido luchar incesantemente por el logro de que sean nuestros puertos los más importantes del mundo —a lo que tienen derecho porque para ello les sobran posibilidades—, sentimos una tristeza infinita al recordar las amargas realidades que nos han vedado la consecución de nuestros fines.

Los canarios tenemos derecho a que se construyan en Canarias los mejores puertos españoles, por el hecho irrefutable de que serían los que más beneficios reportarían al Estado. Recordaré que, hace años, una compañía inglesa pidió permiso —que le fue negado— al Gobierno español para construir el puerto de Tazacorte, extrañándonos sobremanera a todos los canarios esta petición, pues para realizarse dicha obra sería antes necesario canalizar un caudaloso barranco que desemboca en él, lo que haría aumentar grandemente su costo, y sabíamos que los ingleses, dado su carácter, avizoraban una preciosa utilidad.

Un español acérrimo podrá decir que España no ha comerciado nunca con Canarias, y un espectador desapasionado exclamaría que los gobernantes españoles han dejado de la mano de Dios a los canarios en sus islas viviendo a su libre arbitrio y cumpliendo los sabios designios de aquella frase bíblica “creced y multiplicaos”.

Nosotros agradeceríamos que España se fijase más en nuestros problemas de solución urgente, aunque fuese para comerciar, pues así podríamos serle más beneficiosos, siendo nosotros los primeros en beneficiarnos.

La vida de Canarias sufre las altas y las bajas que padece el flujo y reflujo de sus puertos. No olvidemos esto, canarios.

[*Otros}– La Unesco elige al parque nacional del Teide Patrimonio Natural de la Humanidad

28/06/2007

La organización destaca la riqueza y diversidad de los paisajes volcánicos del paraje tinerfeño.

El parque nacional del Teide (Tenerife) ha sido elegido Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) reunida en Christchurch (Nueva Zelanda), según ha informado el Ministerio de Cultura. Junto al Teide, la Unesco ha declarado Patrimonio Natural de la Humanidad la región de Karst en el sur de China y el volcán y los tubos de lava de Jeju, en Corea del Sur.


Foto del pico Teide desde el Valle de Ucanca.

Los responsables de la 31ª sesión de la Convención de Patrimonio Mundial lo han comunicado oficialmente a las once y media de la noche del miércoles (hora peninsular) y la decisión se ha trasladado a la delegación española que había viajado a la localidad de Christchurch. La Unesco ha reconocido al parque nacional del Teide y a su estratovolcán de 3.781 metros de altura como «uno de los lugares más ricos y diversos en sucesión de paisajes volcánicos y espectacularidad de valores naturales de todo el mundo».

El Ministerio de Medio Ambiente ha celebrado la decisión de la Unesco y la ha considerado «un espaldarazo a la política conservacionista» del Gobierno, que avala «la calidad incontestable» del espacio y respalda la colaboración mantenida entre el Ministerio y las administraciones canarias. «La Unesco ha valorado adicionalmente la calidad de la gestión del espacio», ha señalado la delegación española, que ha recordado que la organización insta a «continuar utilizando el Teide como lugar excepcional para realizar la evaluación y seguimiento del cambio global».

Un listado de 39 países

La Unesco comenzó ayer a examinar las solicitudes de inscripción para la Lista del Patrimonio Mundial. El examen de cada una de las propuestas, que se hace siguiendo el orden alfabético de los continentes, corresponde a los miembros del Comité del Patrimonio Mundial, reunido desde el pasado 23 de junio en Christchurch.

Un total de 39 países optan a entrar en el listado, algunos con propuestas tan conocidas como las del Monte Fuji (Japón), la Casa de la Opera de Sydney (Australia), el Fuerte Rojo, en la ciudad india de Delhi, o las torres de vigilancia Diaolou, en la provincia china de Kaiping.

En España, los parques nacionales de Doñana (Andalucía) y de Garajonay (La Gomera) eran hasta ahora los únicos espacios galardonados con la distinción de Sitios del Patrimonio Mundial en la Categoría de Bien Natural.

El País

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Santa Cruz de Tenerife, 27 jun (EFE).- El presidente del Patronato del Parque Nacional del Teide y del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, dijo hoy que la decisión de la UNESCO de elegir el Parque Nacional del Teide Patrimonio Natural de la Humanidad es un reconocimiento a los valores naturales del volcán y a la política de conservación.

La comunicación se hizo oficial hoy en Nueva Zelanda y junto al Parque Nacional del Teide han sido declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad la región de Karst en el sur de China y el volcán y los «tubos de lava» de Jeju, en Corea del Sur.

Ricardo Melchior indica en un comunicado que se trata de un hecho que enorgullece a los tinerfeños, a los canarios y a los españoles, y añade que este reconocimiento debe servir para continuar en la línea de protegen la montaña y su entorno.

Está convencido de que todos los miembros del Patronato están de acuerdo en mantener las actuaciones llevadas a cabo hasta ahora en el Teide, y cree que desde ahora todos los tinerfeños deben «entender la significación de esta declaración y adquirir el compromiso de hacer valerla».

Esto debe ser así, a juicio de Ricardo Melchior, «porque el Teide nos representa a todos y sitúa a la isla en un ámbito de máxima importancia».

Los valores naturales de Tenerife son, en palabra de Ricardo Melchior, «extraordinarios, y prueba de ello es el interés que despiertan entre los millones de visitantes que anualmente se desplazan hasta la cumbre para deleitarse contemplando la magnificencia que posee».

Yahoo

[Otros}– Nuestro deporte, agilidad y destreza / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez
Cabaiguán, (Cuba), 13 de julio de 1930

Nuestro deporte, agilidad y destreza

Se ha escrito tan poco sobre el más típico y característico de nuestros deportes que podríamos decir, sin temor a equivocarnos mucho, que ha sido víctima de un olvido injusto o desdeñado inmerecidamente. La prensa canaria nos habla ahora, con relativa frecuencia, del resurgir de nuestro deporte: se lucha en todas las islas con gran asistencia de público, aparece un campeón, se preparan los jóvenes. ¡Al fin! La lucha canaria, apenas conocida fuera del Archipiélago, ha perdurado a través de los tiempos en el solar fraccionado de la Patria Chica como herencia preciosa de nuestros antepasados los guanches.

Parece que a medida que nos vamos acercando más a ellos, por el contacto con la misma Naturaleza y bajo el mismo cielo y disfrutando de las delicias del mismo clima, ha brotado en nosotros espontáneamente, como consecuencia de una identidad psicológica bien acusada, hasta la característica secundaria del mismo deporte.

Podemos afirmar que los guanches, los salvajes más civilizados que han poblado una porción de tierra, practicaron ya este deporte, único en su clase, desde sus más remotos orígenes.

Los canarios posteriores a la conquista de las islas por Fernández de Lugo, seguimos practicando dicho deporte hasta hoy, como un juego más o menos divertido, o como entrenamiento más o menos bello. El elogio más relevante que podemos hacer de nuestra lucha es el hecho elocuente de que haya subsistido a través de los tiempos, sin haber servido de lucro a ninguna empresa, ni haber contado con profesionales en ningún momento. La lucha canaria ha perdurado y perdurará por siempre, porque nuestra lucha —más nuestra porque sólo nosotros la practicamos— es pura y simplemente artística.

Podríamos hacer la comparación de la lucha canaria con otros deportes que se practican en lugares públicos y por profesionales, pero sólo pretendemos describir, a la ligera, las bellezas de nuestra lucha, y dejar a juicio del lector los comentarios comparativos.

Se me podrá objetar, y con razón aparente. Si la lucha canaria es uno de los deportes más bellos y el menos brutal de todos, ¿por qué no se ha popularizado más? La lucha canaria no despierta pasiones brutales en las multitudes, ni satisface su contemplación a la fiera encadenada en el fondo de nuestras naturalezas. Además, y esto es importante, la lucha canaria no ha sido comprendida en toda su grandeza por la inmensa mayoría de los canarios. Le ha sucedido igual a nuestra lucha que a la música clásica, que por incomprensión, es menos popular que los copules; igual ha sucedido con los grandes poetas en comparación con los rimadores vulgares, y lo mismo ha sucedido con los retratos formidables realizados por los grandes pintores y las fotografías ordinarias.

Nuestra lucha, que corrientemente se practica al aire libre, en un campo improvisado que se llama “terrero”, es de los pocos deportes que llena la finalidad natural y lógica de los mismos: ejercitar los músculos, satisfaciendo así una necesidad corporal, y deleitar y hacer sentir una emoción artística.

Describiremos a continuación una de las grandes luchadas que presenciamos, para poner de relieve algunas bellezas de nuestra lucha y hacer resaltar sus virtudes.

“Hoy es día de fiesta en el pueblecito. Se ha improvisado un terrero en las afueras, trayendo arena de una playa vecina. Se le ha rodeado de algunos bancos, pero la mayor parte de los espectadores permanecerán de pie. Luce esplendoroso nuestro sol, ¡tan africano!, anegando de luz el “terreno”. De un momento a otro va a empezar la gran luchada. En este pueblecito, los aficionados a la lucha han desafiado a los luchadores de un pueblecito cercano. Los unos y los otros —con las extremidades desnudas, luciendo la belleza viril de sus músculos y medio vestidos con un fuerte calzón de lino, producto regional— se pasean, haciendo comentarios, por el terreno. Al fin un mozo garrido haciendo alarde de la elasticidad de sus músculos salta hasta la mitad del campo. El contrario no se hace esperar: un hombre de edad madura, de estatura pequeña, y de poco desarrollo muscular, es su contrario. Se saludan con una sonrisa y se agarran, se inclina el uno hacia el otro hasta tocarse con sus hombros, se curvan más y más…

El pequeño lleva la de perder, dice a mi lado un profano. “A la una”, dice el árbitro de la contienda. El silencio se hace. “A las dos”, los luchadores abren sus piernas, contraen sus músculos, y se agarran más y mejor. “A las tres”…¡ha empezado la lucha!.

El joven hace esfuerzos inauditos, cambia de posición sus manos, se endereza, se inclina, pero todo en vano, su adversario no cae. Su contrario es ágil y es diestro, se estira y se encoge como si fuera de goma esquivando con habilidad increíble los esfuerzos terribles de su enemigo momentáneo. Todo dura un instante. El más pequeño, aprovechando un momento en que su contrario se emplea más a fondo, se agacha veloz como un rayo, mientras la fortaleza del más fuerte, perdiendo el apoyo que su cuerpo le prestaba, cae más allá, a sus espaldas. Se le ovaciona.

Lo tumbó por la “agachadilla”, dijo alguien. El vencido se levanta y le da la mano al vencedor.

A esta lucha, sucede otra y otra, quedando siempre en el terrero el vencedor hasta ser vencido. Se han tumbado ya más de cuarenta hombres de ambas partes y ninguno ha sido ni ligeramente lesionado.

Al fin, sale “El zurdo”, que podríamos también llamar “El temido” (por los luchadores) y “El esperado” (por el público).

“El Zurdo” empieza a tumbar hombres y acaba por quedarse dueño del terrero, por lo que fue proclamado campeón. Ganó seis luchas por “desvíao”, cinco por “levantada”, cuatro por “garabato”, tres por “palmada” y cuatro por “agachadilla”.

—¡Que tío!—, decían unos chiquillos como comentario.

Y todos los asistentes a la gran luchada decían a coro.

—Con “El Zurdo” no hay quien pueda. Es bobería…

“El Zurdo” es un hombre de regular estatura, de mediana constitución física, pero ágil como el que más, y hábil como pocos. Aquella tarde afortunada, y gracias a sus habilidades, derribó a varios hombres superiores a él en fuerza y en estatura. Veintidós hombres no se tumban como los tumba el “zurdo” que es un formidable luchador, lo que equivale a decir que es un gran artista.

La lucha canaria —poco defendida por los canarios, cuando no ha sido injustamente criticada por los mismos— es uno de los deportes más nobles y artísticos que hemos contemplado. Agilidad y destreza son sus características esenciales. El ingenio puede conducir al triunfo a un luchador determinado. Nuestros luchadores no tienen, además, necesidad de hipertrofiar sus músculos, hasta los dominios de la patología, para aspirar a campeones. La fuerza, lo brutal, es secundario. Lo importante es el ingenio, rapidez, oportunidad, y saber del contrario. El pueblo es el público de juez para anular con posiciones adecuadas los esfuerzos tras luchadas, y los luchadores se improvisan de este público heterogéneo.

[*Otros}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: Egolatría

           EGOLATRÍA

Para mí lo más bello que existe
es tu risa, tus ojos, tu vida,
y es tu imagen en mi alma prendida
una lumbre de amor suave y triste.

Demasiado bonita naciste,
y de otro hombre no serás querida;
serás mía, ilusión perseguida,
flor carnal que entre flores creciste.

Es mi amor tan inmenso y sincero
que en mis sueños te llamo ya mía,
y en mi vida te siento y te espero.

Para nadie será tu hermosura.
De pesar yo sin ti moriría,
pues te quiero, mujer, con locura.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández – Gaspar Mateo de Acosta (4/4)

David W. Fernández

Gaspar Mateo de Acosta
(1645-1706)

Como cada hombre es hijo de la época en que vive, no es raro pensar, que Acosta tuviera el espíritu piadoso propio de su tiempo, lo cual se demuestra por las muchas donaciones que hizo a los templos de la ciudad de su nacimiento. Así, al ser destruida en diciembre de 1689 la ermita de Santa Catalina —que se hallaba en las afueras de la Alameda, inmediata al barranco de las Nieves— por una fuerte avenida de este barranco, se quiso construir otro tempio con igual advocación, en lugar más oportuno. Para tal fin le fueron pedidos a Acosta algunos auxilios, y éste envió para el nuevo templo de la Santa, patrona de su señora esposa, diez mil reales antiguos (cinco mil setecientos cincuenta bolívares) con lo cual, y seis mil más de la misma moneda que se recogió entre el vecindario, se levantó el tempio que ie dio nombre a la calle de Santa Catalina, pero que ya no existe. Regaló para la misma ermita unos magníficos ciriales de plata, los cuales fueron tomados por los Beneficiados de la Parroquia de El Salvador para el servicio de su iglesia.

A la Parroquia de las Nieves regaló otros ciriales y una preciosa cruz parroquial, todo de plata. En 1° de agosto de 1704, y ante el alférez Antonio Fernández Velasco, Escribano público de La Habana, otorgó fideicomiso a favor del licenciado don Gaspar Machado y Barros, Beneficiado de la Parroquia de El Salvador, dándole instrucciones reservadas, y el podatorio, en 28 de mayo de 1705, y por ante el Escribano Antonio Vázquez, otorgó testamento, en el cual, fundó una capellanía colectiva familiar de sesenta y cinco misas rezadas anuales, que habían de decirse en la ermita de Santa Catalina, en todos los domingos y días festivos, imponiendo al capellán, cuyo llamamiento hizo, la precisa obligacion de asistir al coro de la Parroquia de El Salvador, en los mismos días, así a la misa conventual, como a las primeras y segundas vísperas, con otras más obligaciones. Todo esto ya hace mucho tiempo que pasó a la Historia.

Don Gaspar Mateo de Acosta falleció en La Habana, el 15 de noviembre de 1705, a los 60 anos de edad, y el 15 de julio de 1706, se le hicieron honras fúnebres en la parroquia matriz de El Salvador, de su ciudad natal.

Nuestro biografiado dejó entre sus descendientes personas ilustres, entre ellos:

A. Don Gaspar Mateo de Acosta y Martínez, su hijo, habiendo seguido igualmente la carrera de las armas, alcanzó el grado de Capitán de Caballos Corazas, y, al igual que su padre, fue Caballero de Santiago. Casó con dona Josefa Petronila Gaitán y Vargas, y dejó descendencia en la isla de Cuba donde esta familia se establecio definitivamente.

B. Doña Juana María de Acosta y Martínez, su hija, a quien en 1734 se ie concedió, para uno de sus hijos, la merced de regidor del Cabildo de La Habana, para llenar el número fijo que según las leyes debían tener las principales ciudades americanas, con la gracia de hereditario. Madre de:

Don José Martín Félix de Arrate y Acosta, nacido en La Habana el 14 de enero de 1701. Estudió en el Colegio de San Ramón Nonato, de México, donde vistió una de las tres becas que en el mismo correspondian a los habaneros. Heredó de su madre el cargo de regidor del Cabildo de su ciudad natal, del cual tomó posesión en octubre de 1734, y lo desempeñó hasta su fallecimiento. Fue asimismo notable historiador cubano, autor de “Llave del Nuevo Mundo, antemural de las Indias Occidentales”, que escribió en 1761, y fue prácticamente, durante muchas décadas, la única historia de Cuba que existía, la cual lleva cuatro ediciones: La Habana, 1830; La Habana, 1876; México, 1949; y La Habana, 1964. Falleció el 23 de abril de 1765.

Don Pedro Rafael de Arrate y Acosta, Capitan de Infanteria y Gobemador de las armas del Presidio de Santa Marta y Comandante de las compañías del de Cuba. Sirvió en el ejército de Extremadura, mandado por el Marqués de Bay, de soldado y Alférez de Caballería en los Regimientos de don Jerónimo de la Puente y don Gonzalo de Carvajal, y se halló en la sorpresa y toma de Alcántara y Ciudad Rodrigo, en el sitio y bloqueo de la plaza de Olivenza, y en el que los enemigos pusieron en Badajoz; en el socorro que se intentó introducir en Jerez de los Caballeros en la campaña que el Rey siguió personalmente y en la batalla de la Gudina, en todo lo cual actuó como valeroso militar, con esfuerzo y arrojo.

Don Santiago de Arrate y Acosta, sirvió en los reales ejércitos, como soldado y Alférez de caballeria del Regimiento de don Diego de Velasco y Córdoba, hasta 1708, fecha de su muerte en Badajoz, después de haberse hallado en muchas funciones, como en el reencuentro que tuvo su Regimiento mandado por el Marqués de Risburg, el 14 de septiembre de 1706, con un cuerpo de 600 enemigos, en cuya ocasión dio pruebas de su honor y esfuerzo.

Don Manuel de Arrate y Acosta, tambien sirvió en los reales ejércitos de Cadete y Alfeéez de Caballería del Regimiento de Montesa, y reformado pasó a servir en la Compañía española de Guardias de Corps, hasta que el Rey ie confirió una Tenencia en el Regimiento de órdenes viejo, en cuyo tiempo y con los referidos empleos se halló en el sitio de Mataró y Vich, en la expedición de África y desalojamiento de los moros del campo de Ceuta, hasta que, después de haber cumplido con sus obligaciones militares, se retiró por su quebrantada salud con el goce de suledo de inválido.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández – Gaspar Mateo de Acosta (3/4)

David W. Fernández

Gaspar Mateo de Acosta
(1645-1706)

Otros hechos dignos de recordarse del gobiemo de Acosta son los siguientes:

En este tiempo, las Misiones de Píritu se hallaban en la reducción de los indios tagares y cores, que habitaban en las vegas del río Neverí, y, después de algunas entradas, por orden de su prelado el Padre Francisco Martinez, hizo lo último el Padre Alonso Bommas, andaluz, que sacó dos capitanes de los referidos indios, con los que dio principio a la fundacion del pueblo de San Diego el 1° de mayo de 1688, en las márgenes de la quebrada Cuacuar, y el 14 de mayo de 1691 fue trasladado, a causa de una epidemia, a la orilla de la quebrada Putucual. Hoy San Diego de Putucual es un municipio del distrito Bolívar (Anzoátegui) de más de tres mil habitantes.

El Padre Bommas —después de la fundación de San Diego con los indios cuacuas, que habitan en los valles cercanos a la serrania de Bergantin, y otras rencherias de cumanagotos y palenques que habían huido de los pueblos ya fundados y se habían intemado en los montes, y a los cuales sacó en varias entradas— comenzó la fundacion de Santo Domingo de Guzmán de Aragüita, a fines de abril de 1690, en la orilla de la quebrada Aragüita, afluente del río Neverí, por su margen derecha, y distante poco más de dieciséis kilómetros de Barcelona. Hoy Aragüita es un municipio del distrito Bolívar (Anzoátegui) de más de mil seiscientos habitantes.

También se fundaron en su tiempo los siguientes pueblos:

• La Visitación de Santa Isabel, en el valle de Cepanepan, en la costa sur de Paria (Sucre), fundada por los misioneros capuchinos el 24 de junio de 1688, pero se ignora el nombre de su fundador, subsistiendo esta poblacóon hasta 1712.

• San Fernando Rey, fue fundada por el Padre Lorenzo de Zaragoza, misionero capuchino, el 6 de febrero de 1689, en el valle de Cuturuntar, cerca del río Manzanares, pero por ser pocas y malas las tierras de labranza, se trasladó el pueblo, tres años después, a unos diez kilómetros de su antiguo asiento, en el vallecito de un afluente del Manzanares, donde subsiste con todo y haber sufrido graves contratiempos por aquel entonces, y con la iglesia en ruinas desde la Guerra de Independencia. Hoy, con el nombre de Villarroel o Quebrada Seca, es la capital del municipio San Fernando del distrito Montes (Sucre).

• Jesús del Monte de Catuaro, establecido el 29 de septiembre de 1689 por el Padre Pedro de Berlanga, misionero capuchino, con indígenas chaimas, al pie y faldas del cerro Catuaro. Catuaro es hoy la capital del municipio homonimo del distrito Ribero (Sucre). San Pedro y San Pablo del Rincon, fundado el 2 de enero de 1691 por el P. Esteban de Arizaba, misionero capuchino, en el valle de Anecocuar. El Rincon es actualmente la capital del municipio del mismo nombre en el distrito Benitez (Sucre).

• San Francisco de Chacaraguar, que a causa de haber sido incendiado y destruido por franceses y caribes, se funda por segunda vez, en el valle de Chacaraguar, en la zona alta de los valles del no Guarapiche, el 29 de mayo de 1691, por el Padre Buenaventura de Maluenga, misionero capuchino. En la actualidad San Francisco es la capital del municipio homónimo en el distrito Acosta del estado Monagas.

Acosta, por orden de la metropoli, entregó la conversión de San Antonio de Padua a los misioneros capuchinos, poniendo por primer ministro y presidente de él al Padre Antonio de Torre la Cárcel. Esta conversion tuvo su origen y fomento el 5 de mayo de 1691 en el valle de Guaipanaguar, a unos diecisiete kilómetros de Cariaco, bastante al sur, donde la vía corta una amplia curva del río San Juan. Este pueblo era encomienda, aunque tan corto que apenas llegaba a cuarenta personas, y sin enseñanza espiritual ni formalidad de pueblo, y se extinguió ochenta años después a causa de una epidemia de viruela.

Durante su gobiemo, Acosta visitó las misiones de la Provincia de su mando, de las cuales fue uno de sus más destacados favorecedores, y dio algunas ordenanzas encaminadas al mejor gobiemo de las mismas y al mejor régimen político de los indígenas.
Algunas de éstas tratan del jornal de los indíigenas y de sus trabajos, y en ellas dicta que las pagas de los jornales de los indígenas fuera en plata, y que habrá de ser mayor la paga al trabajo mayor, poniendo el trabajo de deshierba en un real de plata y de comer, y el de calabozo y hacha en dos reales y de comer, para lograr con ello la satisfaccion del trabajo y los deseos de los indígenas. Por real cédula, dada en Madrid el 19 de septiembre de 1688, quedaría extinguido bajo su gobiemo el régimen de encomiendas en la Provincia de Cumaná y Costas de Tierra Firme.

El 5 de diciembre de 1693 tomó posesion su sucesor, el tambien canario don Gaspar del Hoyo Solórzano Aizola y Fonte.

Para juzgar la labor realizada por Acosta en Cumaná, oigamos la voz autorizada de dos historiadores que se han ocupado de él: Ruiz Blanco y Caulín. Ruiz Blanco lo conoció personalmente y lo define como hombre de grandes prendas, atento y celoso a los servicios que le fueron encomendados, y añade que gobernó con acierto a Cumaná, siendo el mejor de todos cuantos gobernantes ie habían precedido.

Caulín nos dice que ejerció su gobiemo con aplicación y celo. Trasladado a Gobemador y Capitán General de la Provincia de Mérida y La Grita y ciudad del Espíritu Santo de Maracaibo, tomó posesión de este cargo el 8 de octubre de 1694, tenía entonces 49 años de edad y se hallaba afectado del mal de gota.

Con motivo de haber muerto martirizado a manos de los indios cayones, el 13 de septiembre de 1694, el fraile lego Hermano Gregorio de Ibi, en territorio del actual Estado Zulia, los misioneros capuchinos, establecidos en Coquivacoa, dieron la noticia al Gobernador Acosta, el cual, sin dilación, envóo cincuenta soldados del presidio a recorrer la sierra para prender y castigar a los agresores. Bajo su mandate ordenó, con la aprobación de la Audiencia, la entrada a los indios chinatos de Oyra, cerca de la actual San Cristóbal del Táchira, hasta lograr su pacificacion.

Durante su gobiemo se realizaron obras de conservacion del Castillo de San Carlos, y se comenzaron a construir las murallas de la ciudad de Maracaibo. Tambien por real cédula de 27 de noviembre de 1700 se dispuso la celebracion de festejos populares y actos públicos con motivo de la elevación al trono de España de Felipe V, y fue nombrado para levantar el pendón real el capitán don Gaspar Mateo de Acosta y Martínez, hijo del Gobemador y Capitán General, y como el Caballero de la Orden de Santiago, quien, por no tener pendón la ciudad, lo fabricó a su costa, y con él hizo dicha proclamacion en Maracaibo.

Agobiado por sus achaques de salud solicitó el relevo de su cargo, petición a la que accedió el monarca el 19 de agosto de 1700. En 1702 se ie hizo Juicio de Residencia, y si bien al principio se senaló alguna culpabilidad, finalmente resultó privado de suspensión o pena, en la sentencia dictada en Madrid el 18 dejunio de 1705.

No en vano el Rey se había fijado en las cualidades que concurrían en la persona de nuestro biografiado, porque éste, en el mando de las dos provincias dichas, lo supo realizar tan a satisfacción de sus deseos y esperanzas, que el Soberano, en premio de estos servicios, le nombró Caballero del Hábito de Santiago.

[Otros}– El enemigo del matrimonio / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez
(Artículo publicado en “Tierra canaria”, La Habana, Cuba, el 8 de abril de 1930)

Me consta que huyó de la realización de unos amores honrados, aquel solterón empedernido que sufrió la desventura de no poder casarse y el desconsuelo infinito de no tener hijos. Si transcribo aquí sus dolorosas reflexiones es porque encierran una enseñanza y describen con rasgos vigorosos su tragedia íntima y silenciosa que, por verdadera y honrada, acabó por convertirlo en misántropo y melancólico.

«Jamás he pensado seriamente en casarme, y es muy posible que en lo venidero siga pensando igual. Antes, se explicaba que no tuviese tales ideas, pues era demasiado joven, bastante banal y divertido, y optimista hasta la exageración de este vocablo. Ahora, que ya me voy sintiendo viejo, y en mis insomnios he meditado largamente sobre las tristezas de mi soledad y abandono; ahora, que me voy haciendo pesimista frente al espectáculo desconsolador de la vida; ahora, que no tengo una voz familiar que me consuele con dulzura y sepa engañarme con amor, sigo a pesar de todo rebelándome ante el matrimonio. Y no es porque me desagrade el matrimonio en sí, es por las consecuencias fatales del mismo. No es porque tema no hacer feliz a una mujer determinada que me fascina, ni porque me asusten los celos propios y los ajenos, ni porque sea exigente en el momento de elegir compañera: es sencillamente por los hijos. Esos hijos tan queridos y tan idolatrados por mí, qué aún sin haberme nacido ya me prohíben que los traiga a la vida, ya que me vedan que busque la compañera que necesito para descansar en ella mis dolores, para consolarme de mis tristezas y desventuras, para que comparta con dulzura mis alegrías, y qué sé yo para cuantas cosas más.

Los que tenemos la certeza de ser buenos padres, los que examinados serenamente, fríamente, no tenemos la certidumbre de poder dar a nuestros hijos, no tan sólo aquello que se merecen sino aquello que les es necesario y, bajo todos los aspectos, imprescindible, no podemos ni debemos casarnos; pecaríamos al traer hijos al mundo, y nos envileceríamos y nos depreciaríamos ante nosotros mismos al contemplar los pedazos palpitantes y puros de nuestras entrañas, consumiéndose lentamente por el hambre y tiritando inconsolables por el fío.

El matrimonio es santo; lo sé. La paternidad es sublime; no lo dudo. Pero yo no quiero ni ser santo ni ser sublime. No quiero que mis hijos me puedan decir algún día, sin palabras o con odio y desesperación reconcentrada: “Te casaste por egoísmo, me trajiste al mundo por placer, y luego, como consecuencia de tus pasiones, me condenaste a la miseria que me devora y a un dolor incurable que me mata”.

El matrimonio dicen que padece una crisis terrible en todas partes. Esto nos dice que los hombres se han vuelto más juiciosos, tal vez las mujeres, o ellos y ellas a la vez. Casarnos ¿para qué? Como no sea para tener hijos desgraciados y ser infelices contemplando impotentes y descorazonados su desgracia. Que se casen los ricos y los poderosos y los vencedores, aunque no tengan la preparación bastante para ser padres y la personalidad debida para tener hijos; ellos, por lo menos, podrán darles con qué cubrir sus necesidades materiales, y dinero con que se perviertan. Los desheredados, los vencidos, los parias, los que ganamos fortuitamente el pan que nos alimente y desconocemos el techo que nos cubrirá mañana, ésos no debemos casarnos, aunque podamos darle a nuestros hijos todo lo que espiritualmente necesiten. La sociedad que condena a centenares de hombres honrados a vivir de un salario miserable, o los castiga indiferente con el paro forzoso, no puede exigirnos que le demos hijos, ni puede pedirnos que dignifiquemos debidamente a nuestras mujeres.

Que se queden ellas solteronas, trabajando en las oficinas y en los talleres, y nosotros adustos y esquivos, apartados de ellas aunque piensen y digan que las odiamos o tememos que disminuya la población y que se desmorone el poderío de la Patria; a los ciudadanos conscientes, ¿qué nos importa todo esto? Tenemos hamb, y los gobiernos no escuchan nuestros ayes; buscamos trabajo. y no existe en ninguna parte. Con las privaciones a que se nos condena, se fabrican tuberculosos y se crean enfermedades. ¡Menos mal que por caridad vienen luego a consolarnos y a enseñarnos a morir con resignación!

Nosotros preferimos que aumenten los conventos y las congregaciones religiosas, a que lloren las madres inconsolables. Ya es hora de que de una vez se cierren los hospicios, y de que se acaben por siempre los cuadros desconsoladores que forman por esas calles los niños hambrientos. ¡Antes que vivir muriendo, es preferible no haber nacido!

Desgraciadamente, no piensan así todos los hombres. Sé que una inmensa mayoría sigue aventurándose al matrimonio, fascinados por una ilusión placentera o impelidos por sus pasiones, para más tarde llorar impotentes en medio del frío de una sociedad inmoral. De mí puedo afirmar honradamente que antes de aventurarme a tener unos hijos desgraciados —que me exigirían robar y quién sabe si cometer algún crimen ignominioso, juzgado por mis semejantes— preferiré convertirme voluntariamente en eunuco o hacer voto perpetuo de castidad.

Si la sociedad está desorganizada y los gobiernos no aciertan desconcertados a gobernar con justicia, y los pensadores no han sabido sino dar fórmulas estériles para cambiar el ritmo triste de la sociedad, y cada vez la lucha por la vida va siendo más cruel, y haciendo depender más del azar nuestro posible bienestar, eso no justifica que los hombres conscientes nos abalancemos al matrimonio para correr el riesgo de ser malos padres, esposos injustos, malos hombres condenados por la humanidad, fieras enjauladas, e inútiles para satisfacer el hambre de unas bocas inocentes que piden siempre con llanto.

Los hombres que piensan no se casan en este siglo inquietante; ya sabéis por qué. Las mujeres que les correspondan por esposas, que se hagan Hermanitas de la Caridad o de los Pobres, para que cuando sean viejos, vengan a celebrar sus bodas consolándolos. De seguro tendrán entonces mucho de que ser consolados. Antes que deshojar flores y pisotear alegrías y desvanecer ilusiones, es preferible verlas marchitarse; y antes que lamentar las desventuras de aquéllas que podríamos encadenar a nuestra suerte por amor, preferimos llorar inconsolables en la tragedia increíble de nuestras soledades, el abandono por sacrificio de los más caros ideales y la pesadumbre adusta de nuestras almas por haber huido de lo que buscábamos febriscentes, impelidos por nuestra naturaleza viril y paternal. Así, por lo menos tendremos algo de que vanagloriarnos en las postrimerías de nuestras existencia, y así mis hijos, incorpóreos e informes, me bendecirán desde lo incierto del caos donde moran».

Así me habló un día aquel amigo triste que murió solo, mientras brillaba en sus ojos una chispa de luz, y vigorizaba con sus palabras un fervor creciente.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández – Gaspar Mateo de Acosta (2/4)

David W. Fernández

Gaspar Mateo de Acosta
(1645-1706)

No sabemos cuál fue su ocupación en la «Perla de las Antillas» en sus primeros años. Después de corta temporada en La Habana, y aconsejado por su paisano el referido Fernández de Lima, abrazó la honrosa carrera de las armas y, siendo ya oficial, fue destinado a la isla de Santo Domingo, donde en lucha con los piratas y filibusteros franceses, que ya empezaban a apoderarse de la parte oeste de aquella isla, pasó por todos los grados y jerarquías de la milicia.

Pero no creamos que su carrera fue rápida, o que el favor le auxilió en sus primeros pasos, sino que, por el contrario, con exposición de su vida y demostrando repetidas veces un valor y arrojo poco comunes, sus ascensos ie fueron dados en recompensa de heroicos servicios, o por rigurosa antigüedad.

Ya maestre de campo, se casó en el Sagrario de la Catedral de Santo Domingo —Primada de las Américas, en la ciudad de Santo Domingo, en la hoy República Dominicana— el 18 de mayo de 1669, con doña Catalina Martínez de Lerma, natural de Olmosalbos, ayuntamiento de la provincia de Burgos (Castilla la Vieja), e hija del Capitán don Manuel Martínez de Lerma y de doña María de la Cruz Perez.

Según se desprende del testamento de la madre de nuestro biografiado, otorgado ante Pedro de Escobar el 5 de julio de 1675, antes de esta fecha Acosta había vuelto a visitar su isla natal. En 1680 tenía el grado de capitán y era dueño del navío «Jesús Nazareno, Nuestra Señora del Carmen y el Rey San Femando», y, al parecer, de otras embarcaciones que se dedicaban al comercio entre La Guaira, San Juan de Ulúa y otros puertos.

En 1683 lo hallamos con el grado de Capitán de Infantería ejerciendo el cargo de Alcaide de la Fortaieza de San Salvador de la Punta, en La Habana (Cuba), de donde, con el grado de Maestre de Campo y General del Ejército de las Antillas, pasó a Gobernador y Capitán General de Cumaná y Costas de Tierra Firme, en una época en que la Corona necesitaba nombrar para los puestos de confianza a los jefes de notoria fidelidad. Y como hasta las gradas del trono había llegado el alto concepto de valiente y pundonoroso soldado que habia alcanzado en la guerra, y la fama de hombre instruido y de talento que adquiriera luego en la paz, viose nombrado con el dicho empleo.

Se le expidió el título de “Gobernador y Capitán General de Cumaná y Costas de Tierra Firme” el 6 de septiembre de 1683, y pasó a tomar posesión de dicho gobiemo el 15 de agosto de 1686, como él mismo lo manifiesta en carta del 5 de febrero de 1687. Y a su arribo halló implicada aquella provincia con los pleitos y disensiones que habían ocasionado sus antecesores. Fue su antecesor don Juan de Padilla y Guardiola Guzmán que había sucedido interinamente a don Francisco Rivero y Galindo. Estaban las voluntades de los españoles muy discordes, los castillos desprovistos de víveres y los soldados desnudos y hambrientos.

Proveyó de bastimentos al Castillo de Santiago de Arroyo de la Real Fuerza de Araya (1), y dio algunos socorros a los soldados. Puso la artilleria en el Castillo de San Antonio de la Eminencia (2) y le hizo en circunferencia una estacada muy fuerte para su mayor estabilidad y defensa, de cuyos trabajos informó al Rey por carta del 6 de abril de 1687. En el Castillo de Santa María de la Cabeza (3) hizo una aijibe, almacén con cuarteles para los soldados y algunas cureñas que ie hacían notable falta.

For real cédula, dada en el Buen Retiro el 11 de noviembre de 1687, se le mandaba que, sin dilación, procediese a establecer el Fuerte de Clarines, puesto defensivo que se hallaba abandonado, a orillas del río Unare (Anzoátegui), y luego se le ordenó, desde Panamá, aumentar su dotacion para elevar de siete a veintitrés el número de hombres de armas del mismo, a lo que, en 1692, Acosta respondió que el fuerte había sido demolido por su inutilidad. Concluyó unos autos creados por su antecesor Padilla, informado de los cuales Carlos II despachó su Real Cédula refrendada por don Antonio Ortiz de Otalora, ordenando se fundase un pueblo en el valle de Bordones, distante unos dieciséis kilómetros, aproximadamente, al este de Cumaná.

A la llegada de esta Real Cédula, dio las providencias para la dirección de dicho pueblo, y estando ya el Padre Ruiz Blanco electo Comisario Provincial de las Misiones de Píritu, tomó éste a su cargo la fundacion del mismo, lo cual comenzó a fines de 1687 dándole el nombre de San Buenaventura del Roldanillo (4), de cuya fundacion mandó testimonio al Rey el 19 de noviembre de 1687, y el Rey lo aprobó por real cédula dada en Madrid a 9 de septiembre de 1688.

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NOTAS

(1) El Castillo de Santiago de Arroyo de la Real Fuerza de Araya fue una de la meJores fortaiezas de la América española. Los holandeses ocuparon en forma más o menos continuada, a partir do 1540, durante cincuenta anos, las salinas de Araya, y no fueron sacados del lugar, sino después de un ataque llevado a cabo por una flota de guerra venida expresamente de España. Para evitar nuevas incursiones, se procedió a la construcción de este castillo. Para tener idea de lo costoso de su inantenimiento, baste decir que para mantener la guamición se recibían anualmente de Méjico cuarenta mil pesos. Las obras de la fortaleza se iniciaron, cumpliendo orden dada en 1622, bajo la dirección del ingeniero don Cristóbal de Roda y del Gobemador don Diego de Arroyo Daza, y tres años después se montaba en ella la artillería, quedando en condiciones de prestar servicio. El castillo fue destruido en 1762 por orden de la metrópoli, por considerarse que ya no era de ulilidad, y, seguramente, para evitar el mantener a gran costo su guarnición.

(2) El Castillo de San Antonio de la Eminencia, levantado entre 1659 y 1669, fue destruido en 1684 por un terremoto y reconstruido entre 1684 y 1686. En él establecio Humboldt su observatorio. Hospedó a Páez como prisionero desde el 1 de noviembre de I849 hasta el 23 de mayo de 1850. En parte fue reducido a escombros por la catástrofe del 15 de julio de 1853, cuando la Revolución de los Azules estuvo al mando del General Olivo. Castro lo visitó en 1905 y lo mandó a reconsiruir. Dicha reconstrucción, dirigida por el doctor Bartolomé Milá de la Roca Himiob, fue inaugurada el 23 de mayo de 1906. Fue destruido nuevamente por el lerremoto del 17 de enero de 1929. En 1957, siendo gobemador del estado Sucre el Dr. José Salazar Domínguez (1902-1966), y por disposición del Consejo Municipal presidido por el Sr. Norberto Sanabria Tucker, se ie iniciaron trabajos de reconstrucción a este castillo para que sirviera de asiento a un Museo de Historia.

(3) El Castillo de Santa María de la Cabeza fue la segunda fortaleza de Cumaná y su ciudadela, situada en el cerro de Quetepe, cerca del río Manzanares. Lo construyó el Ciobemador Angulo y Sandoval en el periodo de 1669 a 1673. En 1681 el Gobemador Padilla ie hizo importantes restauraciones. En 1720 era residencia de los gobernadores de la provincia. En el recinto que ocupaba la Plaza de Armas de este castillo se construyó, a fines del sigio XVIII, una ermita de tres naves bajo la advocacion de N. S. del Carmen, ermita que fue destruida por el terremoto del 15 de julio de 1853. En este mismo sitio se cunstruyó el Templo de Santa lnés, cuyas obras comenzaron en noviembre de 1862, y concluyeron el 6 de octubre de 1866. Muchas e importantes reformas le han sido hechas posteriormente. Al costado sur del templo de Santa Inés, y reclinada en los vetustos muros del viejo castillo, se construyó la gruta de N. S. de Lourdes, cuyas obras comenzaron el 15 de julio de 1908 y concluyeron el 15 de julio de 1910. En la cima de dicho castillo se levantó la capilla de N. S. del Carmen, construida entre 1912 y 1913, fecha en que fueron restaurados también los muros del castillo, embelleciéndolos con hermosas balaustradas de cemento para la cómoda ascensión a él. Tanto esta capilla como la dicha gruta son dependencias de la iglesia de Santa Inés. La catástrofe del 17 de nero de 1929 destruyó la capilla y causó serios desperfectos en las paredes del castillo.

(4) Bordones o Roldanillo estaba situado a unos dieciséis kilómetros del mar, en las márgenes de la quebrada de Roldanillo, que corre entre las pequeñas sierras que forman el valle de Bordones. El 9 de marzo de 1688 se realizó el primer bautizo en este pueblo, y en ese mismo año, con la ayuda del friale lego Juan Solano, fueron dados los materiales para una hermosa iglesia que fue la primera de teja que hubo en las Misiones de Píritu. Teniendo ya seicientos habitantes, atacó el pueblo una epidemia de viruela que diezmó en pocos días a la mayor parte de sus habitantes por lo que fue decayendo hasta que fue agregado al de Nuestra Señora del Amparo de Pozuelos, por ser el más próximo. Hoy Pozuelos es un municipio del distrito Sotillo (Anzoátegui) con cerca de cincuenta mil habitantes.