[*Otros}– Un gomero ilustre: Luis Fernández Pérez

“EL DÍA” (Canarias), 30 de agosto de 2007

En fecha de su muerte, el Cronista de la Isla de El Hierro, don Dacio Darias Padrón, escribía en un sentido artículo que gracias al trabajo de su entrañable amigo, Luis Fernández Pérez, exhumó glorias auténticas de aquella isla de sus amores y enseñanzas biográficas sobre sus hijos preclaros, harto olvidados o desconocidos, hasta entonces, por los hombres de su generación.

Es bien clara muestra su archivo de fondos gomeros, los que siempre tuvo generosamente abiertos para todo el mundo, y que aquel Cabildo, subrayando sus méritos personales, premió otorgándole el título de Cronista Oficial de aquella isla.

Fruto de su amor por La Gomera, supo sacar tiempo de sus deberes, como padre de familia numerosa y como maestro nacional, para promover la restauración de la antigua iglesia conventual dominica, hoy elevada a parroquia en su pueblo, Hermigua, así como que se diera el actual trazado a la actual carretera de la villa capital a su villa nativa.

Durante la dictadura de Primo de Rivera desempeñó con singular imparcialidad y austero comportamiento la alcaldía de San Sebastián de La Gomera, y también fue por algún tiempo activo y celoso consejero de aquel Cabildo.

Trasladado a Tenerife, además de continuar atendiendo sus deberes familiares y sus labores docentes e investigaciones personales, colaboró como agregado al Instituto de Estudios Canarios y como secretario general de la Económica de Tenerife.

Meditar sobre esta celebración me ha ayudado a descubrir la profunda y enriquecedora huella que mi querido padre dejó en mi vida y en la de mis hermanos, del que su amigo don Dacio Darias escribió “Buen y pacífico ciudadano, a la par que excelente amigo, buen compañero de los suyos, a todo el mundo trató con llaneza, cordialidad y afecto. Era popular en La Laguna, entre todas las clases sociales. Y muy querido y apreciado en su isla nativa, especialmente en Hermigua. Notable erudito en antigüedades gomeras y primer cronista oficial que ha tenido la isla, hace pocos años fallecido con gran sentimiento de los que en vida supimos apreciar su caballerosidad innata, su gran modestia y sus no menores virtudes públicas y privadas».

El Cabildo de La Gomera ha financiado el laborioso trabajo realizado por Gloria Díaz Padilla, recogido en dos tomos sobre la “Colección documental de la Gomera del fondo Luis Fernández (1536 – 1646)” así como su “Relación de palabras de la lengua indígena de La Gomera, trabajado también por Carmen Díaz, Francisco Javier Castillo y Gloria Díaz.

Numerosos gomeros emigrados a Cuba y Venezuela solicitaron a mi padre que les confeccionase su árbol genealógico, que gustosamente les remitía.

Pienso que hoy, en que tanto se habla de nacionalismos, este fondo y las obras arriba indicadas deben ser conocidas, en especial por cuantos tenemos raíces gomeras, pues al enriquecernos con un mejor conocimiento de la Isla, de su historia y sus costumbres, más la querremos.

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Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia

[*Otros}– Nuestra Señora de Montserrat, San Andrés y Sauces (La Palma)

José Guillermo Rodríguez Escudero

Una tabla flamenca de la “Virgen de La Montaña” en la Villa de San Andrés y Sauces, en La Palma

De entre el fabuloso legado flamenco llegado a La Palma durante el siglo XVI, podemos destacar una pintura de excepcional valor. Se trata de un enorme cuadro de altar que hasta finales del siglo XVII presidió el oratorio puesto bajo su advocación en el ingenio azucarero de Los Sauces.

Durante unos cien años, esta excepcional pintura estuvo colocada en el altar mayor de ese templo hasta que en 1686 fuera sustituida por un retablo de madera de tres nichos y sagrario procedente del desamortizado convento de Santa Clara de la capital palmera.

En esos instantes fue instalada en el altar de San Amaro hasta que posteriormente pasó al coro bajo de la antigua iglesia. En 1960 se demolió este templo y actualmente está emplazada en el baptisterio de la actual parroquia de Montserrat del término municipal norteño de San Andrés y Sauces.

El profesor palmero Pérez Morera, en su completo estudio sobre esta magnífica pieza informa de que fue “pintada en los Países Bajos en el último cuarto del siglo XVI” y que la obra ha sido “adscrita a la escuela de Brujas”.

Tanto por su iconografía como por su calidad, esta pintura es un importante ejemplo de cómo el tema de Montserrat, símbolo emblemático de la identidad cultural catalana, se halla vinculado a la expansión económica y comercial de ese pueblo desde la Edad Media.

La representación de la sagrada montaña catalana donde se ubica el monasterio benedictino de Montserrat ha sido expuesta en miles de estampas distribuidas desde el siglo XV entre la multitud de peregrinos, ansiosos por llevarse un recuerdo del cenobio. Así, esta iconografía mariana llegó hasta los confines de la Tierra. Se cree que la representación de ese monte procede de una estampa grabada en Roma en 1572 por Antonio Lafreri.

Díaz Padrón, conservador de pintura flamenca y holandesa del prestigioso Museo del Prado de Madrid, atribuye la autoría de la tabla al gran último epígono de esa escuela, Pierre Pourbus el Viejo (1523-1584), “aunque con las reservas de una sospecha verosímil”.

La bella pintura fue encargada a Flandes por los dueños de la denominada Hacienda de los Señores o Heredamiento de los Catalanes, a quienes correspondía el patronazgo de la iglesia de Montserrat. Ésta fue erigida en 1513 para atender las necesidades espirituales de los dueños y trabajadores del ingenio de azúcar, fundado por el catalán Marcos Roberto de Montserrat, de la importante dinastía de los Benavent. Por este motivo fue consagrado a la patrona del rico mercader. Un cuñado de éste, llamado Pedro de Benavent, había prestado enormes sumas de dinero para financiar la conquista de La Palma.

En premio a este gran servicio, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo entregó las tierras y aguas del río de Los Sauces para que allí construyera un ingenio azucarero. Su apoderado, el mercader catalán Gabriel de Socarrás, tomó posesión de esta data en 1502 y también obtuvo repartimiento de tierras en Los Sauces. Como testimonio de su fervor hacia la patrona catalana, edificó la capilla bajo esta advocación mariana en el convento franciscano de Santa Cruz de La Palma.

La efigie sevillana de la “Virgen de Montserrat” actualmente se encuentra en la capilla de “San Nicolás de Bari” del mismo templo, mientras que en la primitiva se encuentra entronizado el venerado “Señor de la Piedra Fría” en su retablo churrigueresco.

El profesor Pérez Morera sigue informando de que “suponemos que la tabla llegó de Flandes por mediación de Tomás Van de Walle de Cervellón, natural de Brujas y mayordomo de la iglesia de Montserrat desde 1590”. Este caballero había adquirido una de las dos grandes haciendas de cañaverales, el heredamiento de los catalanes, en 1588, junto con el patronazgo de la iglesia.

Ya en el primer inventario de este templo de 1616 se cita como “una ymagen de Nuestra Señora de Monserrate grande, pintada al olio, que coxe todo el altar; es quadro con su bastidor dorado”. El mismo investigador nos indica que este mismo marco es el que afortunadamente tiene el lienzo, “de excepcional valor estético y documental”.

También lo describe como un marco formado por dos molduras doradas que dejan entre sí un ancho espacio decorado con finas cintas entrelazadas, cartelas y espejos, en oro, rojo y verde, que se reparten sobre las superficies lisas y blancas de los fondos. También consta en el inventario de 1679. Allí figura como “vn retablo de pintura de Nuestra Señora de Montserrate con guarnición ancha de madera dorada”.

La flamante patrona de la localidad, la venerada imagen de bulto de la misma advocación, se hallaba colocada sobre el sagrario que se ubicaba delante del cuadro que nos ocupa. Es una bella escultura en madera policromada del siglo XVI y que actualmente preside el templo parroquial.

Pérez Morera nos informa de que los dos angelitos que poseía bajo sus pies aserrando una montaña —atributo iconográfico de la patrona catalana— lamentablemente ya no existen. Existe constancia documental ya desde 1676 en la visita que realizara el licenciado don Juan Pinto de Guisla a la iglesia saucera. La bella imagen sigue saliendo en procesión en su onomástica, el 27 de abril y en las fiestas patronales de septiembre. Sus preciosas andas de baldaquino son portadas a hombros en estas solemnidades, siendo acompañadas por numerosos fieles.

La pintura representa la santa montaña catalana tal y como aparecía en la estampa de Lafreri. La Virgen aparece con el Niño en brazos en el tercio superior del cuadro, envuelta en nubes y entronizada sobre la cúspide del monte. La rodean ángeles y dos de ellos mantienen una corona sobre su cabeza. Pérez Morera nos indica también que la escena superior, clásica y romanista, ha sido creada por un maestro, mientras que la pormenorizada descripción de la montaña debe ser obra de discípulos o aprendices. Nos la describe así: “Es una Madona de formas rotundas y elegantes, cuyo modelado acusa el clasicismo del renacimiento a la italiana. La nota de humanidad la imprime el Niño Jesús que tira de la toca blanca que cubre la cabeza de María, símbolo de la maternidad”

En el tercio inferior viene representada la villa prioral de Collbató, junto al río Llobregat, desde donde se inicia la cuesta ascendente y el camino en zigzag por donde los peregrinos accederán al monasterio. En el ascenso se observan los siete cruceros de piedra, que representan los mandados a hacer por Pedro III el Ceremonioso en el siglo XIV, donde se invitaba al romero a descansar en una breve meditación.

La iglesia está rodeada por las casas de los lugareños. Con detalle son narradas escenas de la vida cotidiana: un campesino con su mula, dos pastores cuidando ovejas… Pérez Morera nos sigue deleitando con la descripción: “la imaginación del pintor flamenco ha transformado al muchacho que en el grabado saca agua del pozo en una mujer, con toca blanca, que mira hacia el espectador; y al ocioso aldeano sentado junto al cobertizo en un joven meditabundo, que apoya la cabeza en una mano, remedando a la Melancolía Saturniana”. Es curioso cómo se asemeja éste al mencionado “Cristo de la Piedra Fría”.

Nuevamente aparece la Virgen sentada en un trono y rodeada de cuatro ángeles cuyas alas están extendidas mientras la coronan y dos pequeños querubines, en atrevidos escorzos, vuelven a cortar el peñasco bajo sus pies con una afilada sierra. Se repite la misma escena descrita anteriormente pero en formato diminuto. Esta gloriosa aparición es contemplada por los dos pastores mencionados. Según una tradición, unos pastorcillos del pueblo de Aulesa vieron un resplandor en una cueva donde se encontró la imagen de la Virgen. Se cuenta que allí fue escondida cuando los musulmanes asolaron Cataluña en el año 718.

En la mitad de la montaña de Montserrat o “Monte Serrado” aparece la abadía del mismo nombre y sobre ella aparecen dispersas numerosas ermitas así como anacoretas y ermitaños.

Fuente

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BIBLIOGRAFÍA.

• DÍAZ PADRÓN, Matías. «Pintura», Arte flamenco en La Palma, 1985

• PÉREZ MORERA, Jesús. «El grabado como fuente iconográfica: el tema de la Virgen de Montserrat en la pintura flamenca y peruana», Homenaje a Hernández Perera, Madrid, 1992

— ídem. «La Virgen de Montserrat», Cuadernos de Cultura, nº 2, Ilmo. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces, 1999.

— ídem. «El heredamiento de los catalanes», La cultura del azúcar. Los ingenios de Argual y Tazacorte, 1994.

[*Otros}– Influencia histórica de la emigración canaria en el desarrollo de Venezuela

(Artículo escrito con motivo del Primer Congreso Mundial de Emigración Canaria, que tuvo lugar en cuatro islas —La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote— desde e l3 al 10 de octubre del año de 1982).

Este congreso significa que los descendientes de los guanches han tomado conciencia a nivel internacional de su aporte, porque los canarios tuvieron que salir aventados de las islas en busca de un mejor destino, como también les ocurrió a los italianos a principios de siglo, que debieron marcharse por diferentes rumbos y hacer suya la inmensa geografía del mundo.

Esa diáspora canaria significó el que se llevase a distintas partes una semilla de buena raza, un ideal de trabajo, una fe en el destino del hombre y, sobre todo, la fuerza moral de quienes iban portando patria para multiplicar patrias a lo largo de generaciones.

Han sido hombres fuertes, sanos la mayoría, que han llevado a cabo, con la argamasa de distintos pueblos, una obra de arte, la de existencia en caleidoscopio. Por tal razón los canarios de Venezuela no podían quedarse atrás, en una posición rezagada, somera.

Así el editor Eulogio Gerardo Lorenzo Díaz, ha producido en muy poco tiempo, una obra que significa esfuerzo cristalizado en múltiples facetas, para que se vea, en forma objetiva, cuanto significa el quehacer canario en nuestro[Venezuela] país.

Por ello estamos seguros de que INFLUENCIA HISTÓRICA DE LA EMIGRACIÓN CANARIA EN EL DESARROLLO DE VENEZUELA, no va a resultar una simple ponencia, donde abundarán las mismas, sino será la realización de un libro, en forma de verdad tipográfica, para que pueda medirse, palparse, toda una trayectoria de hombres venidos de un pueblo cuya razón principal de ser ha resultado el trabajo, la colaboración, el sentido de la obra común, y dejado próspera semilla americana.

El mundo de los canarios de Venezuela es fructífero. Descendiente de canarios viene a ser el responsable del libro: Eulogio Gerardo Lorenzo Díaz.

Canarios eminentes, que tuvieron una significación destacada en el avatar del país, han sido:

• Juan López Agurto de la Mata (1572-16371, obispo, quien llevó a cabo nada menos que el traslado de la sede epis¬copal de Coro a Caracas.

• Juan Francisco de León (1692-1752), a quien le dedicó un valioso estudio biográfico David W. Fernández, en obra prologada por el Dr. Rafael Caldera (Instituto Venezolano de Cultura Canaria. Caracas, 1979). Significó el sacrificado adalid en contra de la Compañía Guipuzcoana, hasta ser considerado un pionero de los movimientos independentistas. Resultó una respuesta económica trascendida en hecho de armas, para que el quehacer político de la Colonia marchase de una mejor manera.

• Gaspar Pinto de Guisla, nacido en 1701, acaudilló también un movimiento contra La Guipuzcoana , con más fortuna que Juan Francisco de León, porque obtuvo la remoción de funcionarios de la odiada compañía, en quien el pueblo simbolizaba la explotación colonial por excelencia.

• Agustín Álvarez de Lugo, nacido en 1781, de quien surgió una descendencia procera e ilustre en lo político y cul¬tural, especialmente del Estado Yaracuy.

• Marcelo Gómez Carmona (1725-1791), fue un cirujano y escultor notable en su época.

• Juan Perdomo Bethencourt (1737-1800). Introdujo la “variolización», antes de que se hubiese aplicado entre noso¬tros la vacuna contra la viruela. Era un hombre inquieto en el ámbito del conocimiento, con muchas lecturas en ciencias y letras, hasta el punto de que el Conde de Segur, cuando se entrevistó con Miranda, le dijo al Precursor que había tenido el privilegio de conocer en América a una personalidad interesante: Juan Perdomo Bethencourt.

• José Luis Cabrera Charbonier (1767-1837), también médico, está entre los que firma el Acta de la Independencia. Fue quien inició, precisamente, el debate sobre tan delicada materia como la Independencia, en el Congreso del 5 de julio de 1811.

• Fernando Key Muñoz, nacido en 1768, resulta el primer Secretario de Hacienda de Venezuela, cuanto hoy equi¬valdría a Ministro.

• Blas Cárdena, nacido en 1792, fue prócer de la Independencia; acompañó al Libertador en campaña, y siempre se distinguió por su valor.

• Domingo Garbán (1845-1919), poeta distinguido.

• Manuel Martín Marrero (1857-1919) compositor musical e inspirado poeta.

• Agustín Millares Carlo (1893-1980) fue una personalidad de tal sabiduría en su tiempo que se le consideraba como una de las mayores autoridades mundiales en latín medieval y Paleografía.

• Antonio Torres, nacido en 1910, se volcó en obras pictóricas importantes.

• Antonio Otazo, nacido en 1929, también cultivó las bellas artes.

• Valerio Padrón ( 1929-1978 ) es otro artista que legó su mensaje creador al mundo americano.

• Iván Trujillo, nacido en 1931, ha desempeñado una delicada función en el IVIC. Sobresale como científico, y tiene trabajos sesudos en el campo de la fisicoquímica.

Conforme lo hablábamos con David W. Fernández, ese canario valioso que ha hecho una investigación interesante acerca de los poetas de Guarenas, y destacado la labor isleña en Venezuela merced a cuidadas investigaciones, resulta muy numerosa la lista de canarios ¡lustres.

Los descendientes de guanches son precisamente los pivotes de nuestro quehacer como nación. Empezando con Bolívar y siguiendo con Miranda, Sucre, Páez, Bello, Vargas, José Gregorio Hernández, Guzmán Blanco, Rómulo Betancourt, Edgar Sanabria, y Rafael Caldera. También descendieron de canarios los Monagas, Piar, el Mocho Hernández, y Carlos Soublette, entre otros muchos.

Aún cuando el Decreto de Guerra a Muerte incluía a españoles y canarios, ya a partir de 1831 el canario tiene una aceptación sui géneris, más arraigada incluso entre nosotros que el español. Por sus flexiones idiomáticas parece un hijo de América, hasta el punto de que muchas veces a venezolanos en Madrid se les ha confundido con habi¬tantes de las Islas.

Se adapta como el primero de los inmigrantes a la problemática del país nuevo, que hace suyo.

La obra, cuyo editor responsable es Eulogio Gerardo Lorenzo Díaz, trata no solamente el aspecto cultural sino el quehacer de patria del elemento canario en todas las manifestaciones de vida venezolana. Así encontramos que como poblador fundó San Antonio de Los Altos. La Iglesia Candelaria de Caracas, es obra canaria, de igual modo.

El Hogar Canario Venezolano, de Caracas, conjuntamente con las demás sociedades similares del Distrito Federal y del interior del país, forma parte de la Federación de Centros Españoles de Venezuela. Llevan a cabo aportes singulares con sus nueve rondallas. Cuando se haga un estudio a fondo del folklore nuestro, podrán encontrarse muchas derivaciones de lo típico venezolano entrañado con lo típico canario. En el deporte ha sobresalido de igual manera, especialmente en fútbol, natación, tenis y lucha canaria.

En el comercio, en la industria, en las máquinas, en los equipos de hierro, en las fundiciones, en la agricultura, en la cría de ganado, desde los primeros tiempos de la colonia, en materia avícola, en transportes, comunicaciones, estaciones de servicios, talleres, etc. la presencia canaria ha sido notable en Venezuela.

Por todos los caminos nacionales vemos al hijo de los guanches como un trabajador afanoso, constante, con el ideal de superación, que ha sabido meter su hombro desde los tiempos de la conquista hasta nuestros días para la edificación del país y contribuido a conformar la nación.

Me complazco en saludar como una realización positiva esta obra “Influencia Histórica de la Emigración Canaria en el Desarrollo de Venezuela”. Tengo la seguridad de que ella habrá de destacarse en el Primer Congreso Mundial de Emi¬gración Canaria, pues significa un estudio serio, documentado, interesante y, sobre todo, refleja el espíritu emprendedor, an¬gustiado en abrir caminos de una raza, de un pueblo que trae su concepción del mundo a la América, y también se llena de la concepción del mundo americano, pues el canario es de los inmigrantes más consustanciados con nuestra realidad y que hemos americanizado mejor.

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Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia

[*Otros}– Temas históricos de Canarias: Apellido Berriel

Los Berriel son naturales de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, archipiélago de Canarias, desde hace más de 500 años, al parecer desde la conquista de estas islas por los normandos de Jean de Béthencourt.

El día primero de mayo de 1402 Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle salieron de La Rochelle a conquistar las Canarias. Haciendo escalas en La Coruña y Cádiz, la expedición desembarcó en la isla de Lanzarote con veintitrés normandos y cuarenta andaluces el día 30 de junio de 1402.

Jean de Béthencourt

El cronista de la expedición de conquista era el clérigo o capellán Jean Le Verrier. Los manuscritos originales de sus crónicas fueron publicados en Le Canarien y describen con pormenores los aborígenes, sus costumbres y la naturaleza de las islas.

En los primeros años, Jean Le Verrier fue el Cura de la ermita de Santa María de Betancuria, la primera población de la isla de Fuerteventura, pasando en 1419 a administrador apostólico del Obispado de Rubicón en la isla de Lanzarote, y luego, en 1421, promovido a obispo. Fue co-gobernador de las Canarias en el período de gobierno de Maciot de Béthencourt. Consta que finalmente pasó a Portugal y allí murió asesinado.

Ilustración del manuscrito original de Le Canarien, con las armas de Béthencourt (león) y de La Salle (cruz)

En la segunda expedición de Jean de Béthencourt a Canarias, que salió de Honfleur el día 6 de mayo de 1405, le acompañaron 80 hombres de armas —de los cuales 23 trajeron a sus mujeres— entre los que venía Jean Le Verrier, procedente de Béthencourt (de donde seguramente era originario), y que podría ser algún pariente del clérigo de igual nombre y apellido llegado en la primera expedición. En Canarias se supone que los Le Verrier dejaron descendencia en las Islas con el apellido alterado en Berriel.

En el libro “Fuerteventura en la naturaleza y la historia de Canarias», a las páginas 644 y 677 hay los siguientes pasajes sobre la procedencia del apellido Berriel:

Página 644

Acompañaba al conquistador (Béthencourt) un clérigo llamado Jean Le Verrier, que probablemente se quedara en las Islas y que, a pesar de la regla eclesiástica de no casarse los sacerdotes, es tradición entre los genealogistas canarios – según dice Alejandro Cioranescu – que dejó descendencia en las Islas, con el apellido alterado en Berriel; pero es probable que se trate de alguna confusión con un deudo u homónimo, que desconocemos, y por otra parte, en la crónica se dice que volvió con Béthencourt a Normandia después de la conquista.

Página 677

El clérigo Le Verrier fue el cura del lugar desde entonces; y aunque se dice más adelante en la crónica que acompañó a Béthencourt a Normandia para no volver nunca más, esto es falso, pues se sabe por la documentación romana que el clérigo continuó en las Islas, donde fue administrador apostólico del Obispado de Rubicón en Lanzarote (1419) y luego, en 1421, fue promovido a obispo; y, en fin, como aclara Serra (Ràfols), la Información de Cabitos añade todavía que pasó a Portugal y allí murió asesinado. Como ya hemos dicho, parece que tuvo sus descendientes, lo cual hace suponer que no era muy dado a respetar el celibato eclesiástico, o que alguna majorera o lanzaroteña pudieron más que la prohibición, pues el apellido de Verriel o Berriel persistió en las islas “procedente de él o de parientes suyos», dice prudentemente Serra Ràfols.

Don Juan Montelongo gentilmente nos aporta más información sobre la presencia temprana del apellido Berriel en Lanzarote:

En el año 1509 Lucia Berriel que vivía en la isla de Tenerife otorga poder ante el escribano de La Laguna, Hernán Guerra para vender unas casas suyas sitas en Yaiza (Isla de Lanzarote), que le correspondieron por herencia de su padre Juan Berriel y de sus hermanos Marcos y Mateo Berriel, lo que hace presumir que se trata de una familia de origen remoto en la isla, ya que en el actual municipio de Yaiza, radicó la antigua ciudad del Rubicón fundada por Jean de Béthencourt. Las casas que en 1509 tenía la familia Berriel en Yaiza, cercanías del Rubicón lugar de asentamiento de los conquistadores franco-normandos, presupone que dicha familia estaba radicada en la zona desde años atrás. Esto no significa que los Berriel sean originarios de Lanzarote, ya que se carece de fuentes documentales para estudiarlo y hasta para afirmar que Berriel sea la castellanización de Le Verrier. Todo es hipotético.

Tras el ataque pirata de la armada turca a la isla de Lanzarote en 1618, cayó prisionera Catalina Berriel, hermana de Gonzalo Barreto (fallecida en Argel), así como dos personas llamadas N. de Berriel. En 1667 Luis Berriel fue rematador de la limpieza de la mareta Las Mares y en 1671, el capitán Juan Berriel asistió a la elección de Personero General del Cabildo de Lanzarote.

En Fuerteventura, el más antiguo registro del apellido Berriel existe en las “Actas del Cabildo de Fuerteventura», a mediados del siglo XVIII, es una autorización a Juan Berriel para que pudiese exportar cereales a Cuba. Hubo un Juan Berriel que nació en 1670, se casó con Catalina Valdivia, y murió en 1770.

Durante los siglos XVIII y XIX se conocen años de hambruna en Fuerteventura provocados por largos períodos de sequía, y en Lanzarote se han producido grandes erupciones volcánicas en 1730-1736 y 1824. Esto posiblemente forzó la emigración de unos pocos Berriel, primero hacia Gran Canaria y Tenerife, y posteriormente hacia el continente Americano: Uruguay, Argentina, México, Venezuela y Cuba.

En los Estados Unidos de América, antiguos documentos del Censo de ese país señalan la presencia de una Berriel viviendo en 1790 en el Estado de New Hampshire; su nombre era Hanna Berriel.

Extensivas búsquedas del apellido Berriel en la Internet, investigando bases de datos genealógicos y guías telefónicas online, revelan la presencia de Berriel en Canarias, Uruguay, México, Brasil, Cuba, Argentina y EUA. Esto corrobora la hipótesis de que el apellido Berriel surgió en Canarias y de allí pasó a las Américas. En toda la España continental hay solamente una docena de Berriel (en Madrid, Barcelona y Almería) mientras que en el archipiélago de Canarias se cuentan a las centenas. En Francia, Italia, Portugal y otros países de Europa no los hay (excepto en Alemania y Suecia donde hay unos raros emigrados de Uruguay).

Islas Canarias

En Canarias el apellido Berriel es mucho más frecuente, con relación a la población, en Lanzarote y en Fuerteventura (donde muchos descienden del Juan Berriel de 1670-1770). Hay varias familias Berriel en los centros urbanos de las islas de Tenerife y Gran Canaria, algunas al menos con origen reciente en Fuerteventura o Lanzarote, aunque ya se ve que Lucia Berriel, de Lanzarote, estaba en La Laguna, Tenerife, en el siglo 15 o 16.

Una revisión de guías de teléfono recientes arroja la siguiente estadística para Berriel como primer apellido: Lanzarote 17 (Haria 6, Arrecife 4, San Bartolomé 4, Teguise 2, Tías 1), Fuerteventura 13 (Puerto del Rosario 10, Antigua 2, Tuineje 1), Gran Canaria 16 (Las Palmas 15, Telde 1), Tenerife 11 (Santa Cruz / La Laguna 9, Los Realejos 1, El Rosario 1; y hay un “Berrier” en La Orotava).

No hay Berriel como primer apellido en las tres islas más occidentales de La Palma, La Gomera, y Hierro.

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Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia