[Canarias}> Hoy tuve un sueño… el pendón palmero se quedará en la vitrina

28-04-2024

Por el Secretariado Insular del STEC-IC

Hoy tuve un sueño… el pendón palmero se quedará en la vitrina

Sueño que un día, las futuras generaciones de esta isla de La Palma no renieguen de su historia, no renieguen de su identidad, y el “sagrado” pendón de la conquista castellana deje de salir en santa procesión para recordar la derrota del pueblo aborigen.

En Las Palmas de Gran Canaria desde los años 80 del siglo pasado, y ante las manifestaciones de su pueblo, dejó de pasearse el trapo en procesiones. Y, posteriormente, en el siglo XXI, en las ciudades de San Cristóbal de La Laguna y Los Realejos, también se abandonó la escenificación de esta función tan esperpéntica en una sociedad democrática, tolerante y rica en cultura como la canaria.

Un pueblo que se precie, que se sienta seguro y orgullo de su identidad, no puede tolerar que sus autoridades, civiles, militares y religiosas, cual hace 500 años, sigan faltándole el respeto a su historia, y participando consciente o inconscientemente en la labor de la negación de sus raíces populares.

El artículo uno del Estatuto de Autonomía viene a decir que “el autogobierno del pueblo canario se funda (…) en el desarrollo de una identidad política propia, aparejada a una concepción especifica de la historia, la cultura, el habla y las costumbres de las personas que habitan en el Archipiélago”. Sin embargo, en S/C de La Palma, los de arriba, los de siempre, siguen proyectando sobre la sociedad “un apagón” sobre su pasado aborigen. Es el tiempo, es el ahora, es el momento de aplicar y desarrollar este artículo para erradicar tamaño despropósito y sembrar el conocimiento de nuestra cultura en toda su extensión.

Por las venas de la gran mayoría del pueblo palmero corre sangre indígena. En cada barranco, zonas costeras, cumbres, pagos y nuevas localidades se preservó la cultura aborigen, a pesar de los intentos de algunos por enterrarla. Por ello, tenemos que visibilizar nuestra historia que tiene una antigüedad de 2000 años, no solo es la historia de los últimos 500 años.

Una tierra como la palmera no elimina ni pisotea su historia. Ningún pueblo ensalza su conquista y aculturación. No se le puede cercenar a un pueblo su derecho al desarrollo con identidad. El Gobierno de Canarias ha puesto en marcha el programa «Identitaria Canarias» (1) dentro de un marco orientado a la reflexión sobre la identidad canaria, pero cuando miran hacia La Palma, hacia ese absurdo acto del paseo del pendón, parece que el ojo se les ha quedado tuerto.

Estas generaciones de palmeros que viven en una etapa democrática podrán llevar sobre su conciencia el no haber sido capaces, con valentía y arrojo, de enviar el pendón a la vitrina. O quizá no y, este próximo miércoles tres de mayo se sumarán a la historia de otros pueblos de Canarias que encerraron el pendón en las vitrinas, acercándose a la Plaza de España de S/C de La Palma para tocar los bucios ante unas “autoridades” que desconocen los cambios que se han producido con el paso del tiempo en la sociedad; que desconocen la historia y el valor de los palmeros y las palmeras.

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[Canarias}> Al mal tiempo, mala cara: el aeropuerto de Tenerife donde lo difícil es salir puntual

24/03/2024

Al mal tiempo, mala cara: el aeropuerto de Tenerife donde lo difícil es salir puntual

La meteorología adversa en uno de los aeropuertos con más tráfico de Canarias desquicia cada día a cientos de pasajeros. «Es una aventura; no sabes qué pasará», relata uno de ellos

Los aeropuertos de Canarias registraron un total de 53.854 vuelos entre enero y febrero de este año. De ellos, 32.231 fueron internacionales, 17.043 nacionales y 4.580 sobrevuelos que no tienen origen ni destino en aeropuertos españoles. Estas cifras, recogidas en el ENAIRE, la entidad pública empresarial dependiente del Ministerio de Fomento que gestiona el 4º espacio aéreo de Europa, refleja el tráfico en el que es el espacio aéreo más extenso de España.

Unos datos que no llaman la atención, salvo por un detalle: la compleja e inesperada meteorología del Aeropuerto Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna. Los alisios, la calima y la densa niebla que se concentra sobre el aeropuerto impiden que, cada vez más, los aviones frustren su aterrizaje o despegue y se produzcan retrasos, cancelaciones o desvíos al Aeropuerto Tenerife Sur, en el mejor de los casos, o a otras islas como Gran Canaria.

María González viaja a Barcelona acompañada cada mes para recibir un tratamiento médico y ello le conlleva cuadrar vuelos, consultas y hospedaje. Una organización que le haga tener el menor impacto económico y el menos tiempo posible fuera. Viaja con medicación que necesita frío y el pasado mes de febrero, tras horas de espera en el aeropuerto y carencia de información por parte de la compañía, tuvo que regresar a su casa para salvaguardar su tratamiento y decidir no volar.

«No hay ventanillas de la compañía, en este caso Vueling, y nadie dio explicaciones. A las horas nos enteramos de que el vuelo se desviaba al Aeropuerto Tenerife Sur y salía de madrugada, pero ya no llegaba a tiempo a mi consulta médica y habíamos perdido la noche en Barcelona», comenta. Además, insiste en que la odisea siguió porque «tuvimos que comprar un pasaje, con el sobrecoste que era por el tiempo de antelación con el que lo hicimos para el día siguiente, pero, además, comprar otro billete y hacer escala en Gran Canaria con otra compañía aérea porque ya no había vuelo directo a Barcelona desde Tenerife».

González señala que aún, Vueling no le ha contestado la reclamación que puso para solicitar la devolución del coste económico de un trayecto que, por motivos justificados, no pudo coger. «Entiendo que sean condiciones meteorológicas adversas por las que no salga el vuelo, pero es la compañía la que debe dar explicaciones a pasajeros que, como yo, viajamos por motivos justificados y medicación encima», concluye.

Mario García es otro pasajero que viaja entre islas con frecuencia por motivos laborales. «Ir al aeropuerto es como una aventura; no sabes qué pasará porque igual ahora está despejado que en media hora se nubla y se arma un caos«, comenta. «Siempre voy con un plan B y con ropa por si tengo que hacer noche en cualquier isla, hay veces que no salgo de La Palma porque no se puede aterrizar en Tenerife o hay días en los que acabo en Gran Canaria porque se frustra el aterrizaje en Tenerife y nos desvían», explica entre risas.

Una situación que se complicó hace una semana cuando se cerró el aeropuerto tinerfeño y no tenía hospedaje en la zona metropolitana de la Isla. «Coincidió con un evento musical nacional y tuve que quedarme en casa de un amigo en un sillón, obviamente no rindes igual al día siguiente, pero tienes que continuar y tomarlo como una rutina que puede pasar y pasa», asimila casi con normalidad.

La seguridad por encima de todo

Contra la meteorología no se puede hacer nada, y eso lo conocen bien los controladores aéreos ante este tipo de situaciones. Un trabajo de precisión donde prima la seguridad. «La tripulación es la que decide lo que quiere hacer en base a nuestras indicaciones, ellos tienen su procedimiento porque desviar de un aeropuerto a otro en Tenerife, por ejemplo, supone logística de guaguas u hospedaje en algunas ocasiones», especifica un controlador aéreo y portavoz de la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA) en las Islas.

Estos profesionales reciben cada media hora predicciones meteorológicas que pueden cambiar en cuestión de segundos y que les obligan a tener procedimientos que eviten finales trágicos. «Cuando se declara una fase de baja visibilidad se reduce el número de movimientos aéreos, pero muchos ya están en el aire porque vienen de la Península y hay que darles todas las alternativas posibles por si no pueden aterrizar», declara.

Él es claro: «Cuando frustran el aterrizaje, es más seguro estar en el aire que estar en tierra«. Y ahí es cuando comienza a formarse una imagen ya habitual para los canarios y los apasionados de la aviación, y es la de los aviones en el espacio aéreo esperando a que una brisa aparte las nubes y puedan pisar suelo. «El abanico es amplio: puedes esperar en el aire, puedes intentarlo, puedes quedarte encima de otro vuelo que también esté esperando o puedes desviarte porque el combustible sea escaso, todo depende del piloto«, añade.

Los desvíos a Tenerife Sur en ocasiones no son la solución, por un motivo: «Tiene su operativa y el aeropuerto puede decir que no tiene más parking o no puede acoger más vuelos, por lo que se avisa al piloto que esté llegando, se le ofrecen alternativas o se le recomienda ir a Gran Canaria por seguridad». Además, en este aeropuerto aparece de nuevo la climatología en forma de cizalladura, un cambio en la intensidad y dirección del viento que hace que el avión no esté estable y decida irse al aire.

Todo tiene un límite y cuando ya no se puede saturar más el espacio aéreo entra en juego la regulación y es la que más afecta a los vuelos interinsulares en Canarias. «Por cuestiones obvias no puedes decirle a aviones que vienen volando que regresen a su origen así que se paran los despegues de las islas que vayan a Tenerife Norte porque hay aviones llegando al aeropuerto que no sé qué va a pasar con ellos, de ahí que muchas veces un avión no salga de cualquier isla con destino Tenerife», precisa.

Por último, un ejemplo de lo ocurrido el pasado 11 de febrero cuando, debido a la mala meteorología de Tenerife Norte, se desviaron nueve vuelos a Tenerife Sur, y uno procedente de Madrid con destino Tenerife Norte se desvió a Gran Canaria, llegando horas después pero a otra isla.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/

[Canarias}> La Fortaleza, la memoria de la cultura indígena

02-03-2024

Luis Socorro

La Fortaleza, la memoria de la cultura indígena

Este yacimiento, habitado durante un milenio, es único en el contexto de la prehistoria de Canarias por la diversidad de sus registros arqueológicos, ubicación y evolución

clip_image001[9]Amanece en la fachada este de la Fortaleza Grande. Detrás el macizo de Amurga (sur de Gran Canaria), un territorio con decenas de vestigios arqueológicos. Nacho González

Desde una privilegiada atalaya a 586 metros de altura se atisba la inmensidad de la Caldera de Tirajana. Los antiguos canarios construyeron unas estructuras ceremoniales en la cima de un roque de vértigo para alcanzar el cielo desde su imaginario indígena. Es el santuario de La Fortaleza (Santa Lucía de Tirajana, Gran Canaria), un yacimiento singular porque atesora la mayoría de los registros arqueológicos de la cultura de los primeros habitantes del Archipiélago. Es el único que estuvo habitado mil años en el periodo prehispánico, circunstancia que ha permitido a los arqueólogos certificar una evolución que no se observa en otros poblados. Con este reportaje, iniciamos una serie de tres capítulos que nos trasladará a lugares vinculados a las creencias y a la cosmovisión de aquellos colonos procedentes del Norte de África, cuando Roma dominaba el mundo.

Para ascender a la plataforma ceremonial, en el roque de La Fortaleza Grande, sólo se puede ir en fila india. Al llegar al santuario, las casas del asentamiento se perfilan diminutas a 83 metros más abajo, la distancia entre el cielo y la tierra. Las vistas a cualquiera de los puntos cardinales sobrecogen. La Fortaleza era el centro de un universo que conformaba la gran caldera de Tirajana. La subida hay que hacerla despacio y con precaución, a través de un sendero rocoso con pasos escalonados entre piedras naturales; en la parte superior, aquellos moradores alzaron muros para acondicionar el camino. Nuestro guía es el arqueólogo Marco Moreno Benítez, cofundador de la sociedad Tibicena, Arqueología y Patrimonio.

clip_image002[9]Muros construidos para acondicionar el sendero hacia el santuario del yacimiento y para fortalecer algunas de la estructuras rituales. Tibicena.

La Fortaleza —el yacimiento está configurado por dos roques más (Fortaleza Chica y Fortaleza de Abajo) y una gran explanada donde se encontraba el poblado, la zona de cultivo aún sin excavar y un área funeraria—, afirma Marco Moreno, “reúne una serie de rasgos que lo convierten en un hito paisajístico. Su silueta destaca desde cualquier perspectiva. Manifiesta una gran prominencia que enfatiza su presencia en todo el horizonte visual. Estos atributos, junto con la existencia de cuevas y los abundantes recursos naturales, debieron ser determinantes en su elección como lugar de residencia y también para el escenario religioso”.

El núcleo del área ritual tiene cuatro estructuras; tres de ellas, dos circulares y una ovoide con pasillos estrechos de entrada, destacan “por la calidad constructiva de sus fábricas, con un aparejo perfectamente trabado”. Hay un espacio de combustión, con cenizas y restos óseos de animales, con apariencia de ara de sacrificio, como las existentes en La Gomera y El Hierro. A finales del XIX, el médico y antropólogo Grau Bassas, cofundador de El Museo Canario, sugirió el carácter ritual de las estructuras y calificó de braseros algunas de ellas. Por los resultados obtenidos en recientes excavaciones, “parece que no erró en su diagnóstico”, asevera el gerente de Tibicena.

Los astrónomos César Esteban y Juan Antonio Belmonte, investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), han estudio el santuario de La Fortaleza. Ambos, en 1995, tomaron medidas de orientaciones durante el punto medio temporal entre los solsticios (PMTS) y vincularon este yacimiento con otro recinto ritual: el Almogarén del Macizo de Amurga. Belmonte, uno de los expertos que más ha investigado la relación de los indígenas con el celaje canario, afirma a Canarias Ahora-elDiario.es que “hay una conexión evidente entre las estructuras de la Fortaleza y Amurga, un lugar sacralizado en el que se pone el sol en el equinoccio”. Este primer trabajo se publicó en Journal for the History of Astronomy.

Esteban realizó una investigación más profunda, con el apoyo de arqueólogos de Tibicena, veinte años después. El astrónomo no tiene duda alguna de que las estructuras de la cumbre de La Fortaleza están directamente relacionadas con la cosmovisión de sus constructores. “El 21 de septiembre de 2015”, relata por primera vez a un medio de comunicación César Esteban, “confirmamos fotográficamente que desde la estructura circular central, el ocaso solar en la cercanía de los equinoccios se produce sobre la posición que ocupa el Almogarén de Amurga”, un espacio ceremonial de factura indígena situado a 2,4 km de distancia.

clip_image003[9]Almogarén de Amurga, a 2.4 km del santuario de la Fortaleza (flecha). Ambos yacimientos están alineados durante el ocaso en el punto medio temporal entre los solsticios. Tibicena

El astrónomo del IAC destaca, como conclusión más importante de su investigación, que “dos estructuras artificiales —los recintos circulares de la cima y el Almogarén de Amurga— están relacionadas astronómicamente con un alineamiento solar a lo largo de la línea que las une con el ocaso solar en el punto medio temporal entre los solsticios (PMTS)”. Esta circunstancia sugiere al científico que “la localización de estas estructuras arqueológicas se ha escogido deliberadamente”.

El Almogarén de Amurga consiste en una plataforma rocosa bastante plana de unos 10 metros por 3,6, donde se contabilizan decenas de cazoletas de distinto tamaño y de forma oval o circular conectadas por canales. Para Belmonte, por su localización, complejidad y tamaño “es el más importante de Canarias”.

Por otra parte, en la base de La Fortaleza Grande hay un tubo volcánico que atraviesa la base del roque. Desde la entrada oeste de este elemento natural, explica Esteban, “también se observa el ocaso solar del PMTS, que coincide con la posición sobre el horizonte del área ritual rupestre del Almogarén de Amurga”. Entre los meses de mayo a julio, “coincidiendo por tanto con el solsticio de verano”, señala el arqueólogo Marco Moreno, “la luz solar atraviesa el túnel y se proyecta al otro lado del barranco”, por el lado de poniente.

clip_image004[9]Una de las estructuras circulares de carácter ritual ubicadas en la cima de la Fortaleza Grande. A la izquierda, la piedra conocida como El Altar. Luis Socorro

clip_image005[9]El Altar del santuario del yacimiento; a la izquierda se observa el perfil del roque La Fortaleza Chica y su cara este. Luis Socorro

Las investigaciones apuntan otro hito arqueoastronómico vinculado a este yacimiento. Durante “el ocaso del solsticio de verano”, señala Esteban, “se produce un alineamiento sobre una pequeña escarpadura situada en la ladera sur de la montaña de Lomo de las Vacas, situada a 6,4 km de distancia”, junto a otro yacimiento rupestre de carácter ritual, el Almogarén de la Manzanilla. “Estos alineamientos astronómicos permitieron a los aborígenes dividir el año en cuatro espacios temporales”, las estaciones.

Diversidad de registros arqueológicos

La riqueza de este yacimiento va mucho más allá de sus vestigios arqueoastronómicos. De entrada es el único que estuvo habitado en Canarias durante un milenio antes de la Conquista. Se han realizado cerca de 90 dataciones recientes que indican que estuvo habitado desde el siglo V hasta el XV —la conquista de Gran Canaria concluyó en 1483 y la de Canarias en 1496, con la caída de los guanches de Tenerife—. Las dataciones del recinto de culto van de finales del siglo VI al XIII.

La Fortaleza lo tiene todo. Es una especie de baúl de la memoria de la cultura de los primeros habitantes del Archipiélago. “Tenemos”, apunta Marco Moreno, “diferentes manifestaciones arqueológicas con distintas temporalidades integradas en un mismo discurso histórico, con un grado de conservación notable”. El arqueólogo añade que el yacimiento “es mucho más grande de lo que pensábamos cuando empezamos a excavarlo en 2012”.

La investigación ha desenterrado un poblado de una quincena de casas, un número que “estamos seguro crecerá en próximas excavaciones”, indica Moreno Benítez. El poblado “nos atestigua dos modelos de poblamiento, uno de casas circulares, que no se conocía en Gran Canaria hasta las excavaciones de La Fortaleza —se construyeron entre los siglos VII y X—, y otro de casas cruciformes, muy comunes en la costa a partir de los siglos X y XI y después se implantaron aquí”. Un hallazgo novedoso es el de “la casa circular más antigua que fue utilizada como refuerzo para la construcción de otra de planta cruciforme”.

clip_image006[9]Recreación del poblado indígena, en la fachada oeste de la Fortaleza Grande Alejandro Ramos

La arqueología está mostrando la evolución que se experimentó La Fortaleza, unos cambios culturales que también se han detectado en otros enclaves de la Isla, sobre todo vinculados a los enterramientos, al pasar de cuevas a cementerios tumulares y después del siglo XI-XII a cistas y tumbas en superficie. Esta metamorfosis funeraria sólo se ha detectado en Gran Canaria, aunque en Lanzarote y Fuerteventura también hay enterramientos en cuevas y en fosas, aunque cementerios sólo existen en Gran Canaria —hay dos necrópolis con cerca de 800 tumbas, Maipés y Arteara—. Esta evolución de hábitos funerarios y en la arquitectura de los poblados ha posibilitado una corriente de opinión que apuesta por nuevas arribadas después de la colonización inicial del Archipiélago, durante los primeros siglos de la era común (después de Cristo).

La Fortaleza también tiene registros funerarios, pero sólo se han localizado enterramientos en cuevas, sobre todo en La Fortaleza Chica, aunque en la Grande también se han detectado, por ejemplo, “una pequeña cueva vinculada a enterramientos de perinatales”. Además, hay cuatro estructuras circulares muy interesantes pero “están vacías de cuerpo”, explica Marco Moreno. Se desconoce por qué se construyeron estos cenotafios, cuyo emplazamiento está vinculado al camino de acceso al poblado.

clip_image007[9]Uno de los cuatro cenotafios —estructuras funerarias sin cuerpos— del yacimiento La Fortaleza. Luis Socorro

Este yacimiento atesora más huellas de la memoria indígena. Tiene un granero del siglo VI, el más antiguo de Gran Canaria —es la única isla con este tipo de infraestructura para almacenar alimentos—. Las expresiones rupestres tampoco faltan en este enclave: hay grabados antropomorfos, inscripciones alfabéticas líbico bereberes y restos de pinturas en algunas cuevas. También se han encontrado manifestaciones artísticas como ídolos de terracota y pintaderas —especie de sellos de cerámica—.

El último descubrimiento, difundido el pasado mes de febrero, es la prevalencia de la oveja en la actividad ganadera. Y se sabe porque los arqueólogos detectaron que el piso de las viviendas era un compactado de tierra y excrementos de ovejas. ¿Con qué finalidad? “Estamos convencidos de que el objetivo era minimizar la humedad del suelo”, y así dotar de más calidez a la vivienda, informa a esta Redacción el químico Antonio Vicente Herrera Herrera, miembro del equipo de Micromorfología y Análisis de Biomarcadores (Ambilab) de la ULL, dirigido por la geoarqueóloga Carolina Mallol. El doctor Herrera estima necesario seguir investigando para “saber si fue algo puntual en la comunidad de La Fortaleza o un aspecto estructural de la cultura de los indígenas”.

En definitiva, La Fortaleza es un yacimiento capital para la investigación de la cultura de los primeros habitantes de Canarias. El ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana impulsó la creación del Museo de la Fortaleza inaugurado en 2015, muy cerca del enclave, y ha elaborado un proyecto para convertirlo en el primer parque arqueológico de Canarias. El Archipiélago tiene una docena de recintos restaurados y habilitados para visitas, con control de acceso, pero jurídicamente ninguno responde con exactitud a la definición de parque arqueológico recogida en la ley que regula estos recintos. El proyecto de La Fortaleza se presentó hace un año ante la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias. El Ayuntamiento tirajanero confía en que su propuesta sea una realidad en el curso de 2024.

clip_image008[9]Exterior del Museo de La Fortaleza, espacio museístico inaugurado en 2015. Alejandro Ramos

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[Canarias}> Ocho islas, ocho misterios

03-03-2024

José Gregorio González

Ocho islas, ocho misterios

Cada territorio insular alberga enclaves en los que confluyen diversos enigmas y hechos insólitos que forman parte ya del rico patrimonio mágico que atesora el Archipiélago canario

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Leyendas, tradiciones esotéricas e historias ortodoxas proliferan por todas las Islas. | DA

Es absolutamente imposible ser justos, y al mismo tiempo satisfacer a todos los gustos, al tener que elegir un único misterio por cada una de nuestras ocho islas. Es por ello que, como medida de contención de daños, haré trampas y, en vez de un único asunto por isla, optaré por sugerir un lugar por cada ínsula, un enclave en el que confluyan varios enigmas y hechos insólitos. En conjunto, constituyen un extraordinario ejemplo del rico patrimonio mágico del Archipiélago, diversificado hasta el punto de permitirnos contar con ejemplos de todo tipo de misterios, leyendas, tradiciones esotéricas e historias heterodoxas, tal y como he podido reflejar durante los años en mis libros, especialmente en la Guía Mágica de Canarias, que en estos días llega nuevamente a las librerías.

Montaña Amarilla (La Graciosa)

Comencemos por La Graciosa y su Montaña Amarilla. Por tradición, se contaba que, en algún punto de esta montaña, había un tesoro escondido, un vestigio de cuando este trozo de tierra sirvió de refugio a corsarios y piratas. Asociada a esa fortuna, se decía que, hasta hace poco, existía una críptica señal que marcaba la ubicación de la mismas, así como que luces errantes eran vistas por el lugar, interpretadas como las almas de aquellos que escondieron el tesoro, o bien de las víctimas a las que se les arrebató.

Sin embargo, una curiosa historia que va camino del olvido es la que relaciona a la isla y su montaña con un episodio de encantamiento recreado por el poeta italiano Torcuato Tasso. Lo hace en la ‘Jerusalén Liberada’, poema épico que data de 1579, y en el que, según Leonardo Torriani, el autor hablaba de la isla al referirse a un lugar protegido por sortilegios. En el relato, el guerrero cruzado Reinaldo es raptado por amor por la bruja y reina Armida, bella dama que lo traslada a un refugio preparado con magia en las Islas Afortunadas.

Para Torriani y otros autores, la localización específica de dicho retiro no es otro que La Graciosa, elegido por Armida para vivir eterna y libremente su amor. El lugar es custodiado por un dragón y un león, haciendo también brotar una fuente cuyas aguas, al ser tocadas, inducen una risa irrefrenable que termina provocando la muerte.

El círculo de esta conexión se cierra cuando se comprueba que la Montaña Amarilla, posiblemente el edificio geológico más singular de La Graciosa, parece haberse llamado primigeniamente Montaña Armida.

Vegueta (Gran Canaria)

Las calles de la populosa Vegueta, en plena capital grancanaria, están plagadas de misterios. A los supuestos espectros de los monjes que supuestamente merodean el Palacio de Justicia, se suman los de la Casa de Colón, inmueble donde se conserva una copia a tamaño real del enigmático mapa de Piri Reis, del que se dice que describe de manera anticipada América y que representa también a San Borondón.

A poca distancia se sitúa la Catedral de Santa Ana, orientada a los solsticios, con evocadoras esvásticas grabadas por los canteros en sus sillares interiores, y un cuerpo incorrupto expuesto al público, el del obispo Buenaventura Codina. Por debajo del templo, el Real de Las Palmas, el lugar en el que una misteriosa mujer, por tradición la mismísima Santa Ana, indicó a Juan Rejón que fundara la ciudad en 1478. Y unas calles más arriba está el Museo Canario, con su sugerente colección de pintaderas e ídolos isleños, además de su fabuloso archivo con los documentos de la Santa Inquisición.

La Fortaleza de Chipude (La Gomera)

La extraordinaria Fortaleza de Chipude, en Vallehermoso, para muchos la mítica Argodey, es, sin lugar a dudas, uno de los enclaves de poder y magia más importantes, puede que el más, de la isla de La Gomera. Hoy sigue siendo un referente, una visión que conmueve y nos sitúa con facilidad en la mentalidad que lo consideró sagrado. La arqueología ha confirmado dicha condición con el hallazgo de recintos culturales en los que, además de cremaciones de animales, seguramente se hacían observaciones del cielo, algo que la tradición gomera ubica en la Cueva de San Blas, incrustada en la montaña.

San Juan era una fecha señalada para ello, pero puede que no la única. René Verneau habló de las ceremonias al ver las estructuras en el último cuarto del siglo XIX, pero bastante antes lo había hecho José Fernández Prieto, sacerdote de Chipude, quien directamente observó la pervivencia de dichas prácticas en 1774. Próxima al lugar está la Vega Abajo, en cuyos parajes, desde un pasado difícil de precisar, se observa una misteriosa luminaria que la tradición vincula a un alma en pena y a un tesoro oculto.

Iglesia de Pájara (Fuerteventura)

En mi opinión, el mayor misterio de esta increíble isla es su afamada Luz de Mafasca, cuyo brillo cautiva a las gentes de Antigua y Betancuria desde hace siglos. Sin embargo, optando por otro misterio alternativo, remito al lector a la Iglesia de Nuestra Señora de Regla, en Pájara, un templo cristiano con una portada ante la que es imposible no sentir desconcierto. Data de la segunda mitad del siglo XVII y presenta una asombrosa simbología que, en primera instancia, tenderíamos a catalogar como no cristiana, pero que, según se ha defendido, interpreta los símbolos y emblemas que codificó Cesare Ripa en su Nova Iconografía.

En cualquier caso, este autor no inventó nada, sino que se nutrió de fuentes también herméticas y las hibridó en un contexto católico. Dos figuras con penachos que recuerdan al arte precolombino miran hacia una central, situada sobre una extraña estructura circular que recuerda una flor de loto. Esta figura tiene alas y un tocado de plumas, evocando a una de las representaciones más conocidas del zoroastrismo persa, el faravahar. Dos leones ascienden hacia esa figura, animales solares vinculados con el poder, la valentía, la realeza y la vigilancia de los espacios sagrados.

Serpientes de dos y cuatro cabezas que tal vez evocan a la mítica hidra, y dos complejos ouroboros, emblema del eterno retorno y de la condición cíclica de la naturaleza, que muestran a sendas serpientes que se muerden la cola. En el centro de cada una de ellas, se descubre un ouroboro menor, que rodean dos discos solares. Justo debajo, una estrella de ocho puntas y otra de cinco. En sus laterales, hay una forma que parece la luna en fase creciente o menguante.

El conjunto parece decirnos que todo en la Naturaleza, en la tierra y en los cielos, es cíclico, sin fin. En la fachada, también vemos un óculo destacado que simboliza el sol, con ocho ejes o rayos en ligero movimiento. Otros discos solares completan el conjunto, junto a formas geométricas diversas, como un grupo de doce y otro de diez cuadrados, y un paralelepípedo sobresaliendo fuera.

El Paso (La Palma)

Afirmar que La Palma es una isla mágica resulta una obviedad, aplicable al conjunto de Canarias, pero hay que decirlo. Su universo de misterios es de lo más extenso, por lo que elegir El Paso como enclave para el asombro no deja de ser tan injusto como merecido. Allí, en Tacande, aún se mantienen contra todo pronóstico las ruinas de la casa del Alma de Tacande, el escenario del primer expediente X de la historia de España. En 1628, y por espacio de tres meses, la vivienda se convirtió en el foco de fenómenos paranormales provocados por un alma en pena, que requirieron de la intervención de la Iglesia y el obispado de la época.

Se puede visitar con respeto y cuidado de no dañar lo que queda, de la misma manera que podemos situarnos en el llamado Pino de La Virgen, que, con sus 33 metros de altura y más de 800 años de vida, es el ejemplar conocido de su especie más longevo del mundo.

La tradición cuenta que un soldado de Alonso Fernández de Lugo encontró la talla en lo alto del pino, que hizo el prodigio de aumentar su peso para no ser trasladada. Con los años, se construiría una ermita para acogerla, aunque el árbol sigue canalizando admiración y devoción, además de estar presente en momentos clave de la conquista.

Es factible pensar que este ejemplar pudo contar con una consideración especial entre los benahoritas, tal vez un punto de culto. Finalmente, también desde el respeto, son visitables varias estaciones de petroglifos, como las del Lomo La Fajana y la estación de El Verde, en el Barranco de Tenisca.

Estar frente a sus representaciones es enfrentarnos al misterio, al enigma indescifrable de unos símbolos que debieron ser importantes para sus autores, tal vez conectados con sus creencias y lo sagrado. El municipio cuenta, de unos años para acá, con el Centro de Interpretación Benehauno, dedicado al centenar de estaciones rupestres distribuidas por su territorio.

Teguise (Lanzarote)

El casco histórico de este municipio es una verdadera maravilla, y es ahí donde buceamos en busca de misterios y apuntes insólitos. El más llamativo, abierto al debate entre quienes lo defienden y quienes dicen que no es real, es el del espectro de uno de sus más recordados alcaldes, Severino Bethencourt Ramírez. Dicen haberlo visto, de cuando en cuando, en la que fue su vivienda, especialmente donde antaño estuvo la bodega, con su regia figura vestida de negro y con sombrero. Una de las fachadas de la casa linda con la Calle El Duende, algo que no parece casual y que, tal vez, nos sugiere que la clave está en el lugar y no en la identidad de un espectro.

El pueblo también contaba con una Cueva del Duende, aunque no la hemos podido ubicar. Estos topónimos nos remiten a la creencia en estas criaturas, propensas a travesuras, como ruidos, voces y objetos desaparecidos o cambiados de lugar, seres que, en Teguise, se relacionaban con los niños que morían sin ser bautizados.

Juan Bethencourt Alfonso referencia, hacia comienzos del siglo XX, un lugar conocido por “donde Marcial León”, en Teguise, donde había miedos. Por carnavales, el pueblo acoge la fiesta de los diabletes, que en su origen tenían el aspecto de machos cabríos, y conecta con rituales ancestrales de fertilidad hábilmente sincretizados por los franciscanos. La villa también fue codiciada y atacada por piratas, con verdaderas masacres que han marcado su toponimia, como ocurre con el Callejón o Calle de La Sangre, junto a la Iglesia de Ntra. Sra. de Guadalupe. Allí, los lugareños acaban con 170 invasores en 1571 y mueren decenas de lugareños en otra incursión en 1586.

La Concepción orotavense (Tenerife)

La Orotava atesora notables misterios, y algunos de ellos pivotan alrededor de su iglesia de La Concepción. Allí vemos sus inquietantes gárgolas delanteras, y dos de corte sexual que discretamente pasan inadvertidas en la trasera. Evocan a ídolos antiguos, presentes en iglesias del Reino Unido, que, además de proteger los lugares, parecían simbolizar la fertilidad, como sucede con la Sheela na Gigs irlandesa. En su interior, hay muchas sorpresas, como los relieves de las grandes columnas, con triángulos contrapuestos y escenas de potente simbolismo hermético, compatible al cien por cien con la lectura católica, la Oración del Huerto con un cáliz que se derrama sobre una piedra cúbica, y el legendario Sueño de Jacob. Hablamos del descenso de la divinidad a la Tierra y el ascenso onírico a los cielos del ser humano.

¿Se levantó el templo sobre un antiguo lugar de poder o culto guanche? Imposible saberlo, pero nuestra intuición apunta a eso. Cerca de allí, el mausoleo masónico de los Jardines Victoria y, por encima, el aceite y la imagen milagrera de La Caridad, en la iglesia de San Francisco.

El Julan (El Hierro)

Completamos nuestro rápido, e inevitablemente incompleto viaje, parando en El Hierro, la isla de los perlos, aquellos personajes que vaticinaban el tiempo, al parecer con la ayuda de astillas del mítico árbol del agua Garoé, y la isla desde donde con tanta frecuencia, se divisaba San Borondón.

El misterio y lugar que elegimos es El Julan, uno de los enclaves que mayor impacto nos ha dejado. Más allá del desafiante enigma que sus estaciones rupestres de corte primordialmente alfabético —Los Letreros y Los Números— han representado para la arqueología canaria, y aún hoy lo hacen, el lugar te envuelve y absorbe de una manera muy particular. Es muy subjetivo, sin duda, pero da la impresión de que fue elegido por eso, por el efecto que genera en quien lo visita con respeto, y además se predispone a conectar con el mismo más allá de lo sensorial. El tagoror, los concheros y las cuevas añaden atractivo, sin duda, pero es el paisaje volcánico, el mar y la rotunda soledad, la que lo convierten en especial. Sus grabados alimentan la curiosidad y eso, siempre, ha sido un regalo.

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[Canarias}> Unamuno y Canarias, en el primer centenario del destierro

26/02/2024

Marcial Morera (*)

Unamuno y Canarias, en el primer centenario del destierro

En dos ocasiones distintas estuvo en Canarias ese profeta de la Generación del 98 que fue don Miguel de Unamuno, y en ambas dejó huella indeleble de su paso por ellas, como han señalado los distintos estudiosos que se han ocupado del asunto: la primera, en el año 1910, como mantenedor de los juegos florales de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria; y la segunda, en el año 1924, transterrado a Fuerteventura por el dictador Primo de Rivera.

En la de 1910, que se prolongó durante un mes aproximadamente, hizo don Miguel dos cosas muy importantes para las Islas. De un lado, una interpretación poética tanto del paisaje de Gran Canaria (isla que recorrió a lo largo y ancho de su geografía) como de la ciudad de La Laguna (que había visitado fugazmente), en dos artículos memorables (La Gran Canaria y La Laguna de Tenerife) que habrían de determinar profundamente la visión del paisaje de los poetas y los pintores insulares.

De otro lado, pronunció un par de discursos de tema político (‘Discurso de los juegos florales’ y ‘Discurso sobre la patria’), donde denunció el aislamiento (aislotamiento llegó a llamarlo él, que era un gran inventor de palabras) de la sociedad isleña, y apeló a la integración activa de todos los canarios en el proyecto nacional español, proclamas que removieron la conciencia de la gente de entonces.

En la de 1924, que duró cuatro meses mal contados, se dedicó nuestro autor, además de a poner de vuelta y media a Alfonso XIII, Primo de Rivera y Martínez Anido, culpables de los males de España y de su destierro, a construir una interpretación poética y ética de la isla de Fuerteventura y sus moradores, tanto en su diario de destierro ‘De Fuerteventura a París’ como en un par de capítulos del libro ‘Alrededor del estilo’ y en más de una docena de artículos sobre el paisaje, la historia, el clima, la comida (el gofio, el conduto), la flora (la aulaga, el tarajal, la higuera, la tabaiba), etc., de la isla, que publicó en diversos periódicos españoles e hispanoamericanos.

A la primera, la presentó como tierra de la verdad, por carecer de perifollos vegetales. “Fuerteventura dice al hombre, dice a los hombres, a sus hijos, la verdad desnuda y descarnada, el esqueleto de la verdad”, afirma literalmente nuestro autor. A los segundos, como personas intrahistóricas, que sólo dan flor y fruto, sin hojas. “Bajo este clima —escribe don Miguel— prospera la humanidad; pero una humanidad recatada y resignada, enjuta y sobria, una humanidad muy poco teatral”.

Con esta lectura poética de la isla y de sus moradores, quedaban liberados la una y los otros de los sambenitos respectivos de isla maldita y gente perezosa y holgazana que habían adquirido en la época del señorío, cuando los pobres majoreros fueron demonizados por el poder, porque, aunque trabajaban como mulos para sacar algún beneficio de su tierra seca, apenas podían pagar los tributos de quintos y diezmos que imponían el señor territorial y la Iglesia, respectivamente. Con don Miguel recuperó la gente de Fuerteventura su dignidad perdida y adquirió una considerable autoestima. En este aspecto, puede decirse que actuó el escritor español como una especie de psicólogo o redentor de los majoreros.

Pero el paso de don Miguel por las Islas no redundó sólo en beneficio de nuestra tierra. En la misma medida fue enriquecedor también para él mismo, por tres razones en particular. En primer lugar, porque le proporcionó el modelo que buscaba para la regeneración de la España militarista, aparencial y corrupta del rey Alfonso XIII y el dictador Primo de Rivera, que él llegó a comparar con una timba, y hasta con un burdel.

No se olvide que el sueño de don Miguel era dotar de un proyecto civil ético a la sociedad peninsular de entonces (“salvar el alma de mi España”, dice en el soneto XVII de ‘De Fuerteventura a París’), desconcertada por la pérdida de las colonias americanas, y a este blanco apuntaron siempre tantos sus escritos políticos como lo que él llamo sus “sermones laicos”. “Desde la augusta sequedad de Fuerteventura he comprendido el veneno de la sombra del follaje de nuestras instituciones”, manifestó don Miguel en uno de sus escritos.

Claro está que este reconocimiento de las excelencias insulares implicaba cantar la palinodia de lo que había afirmado en su primera visita respecto del aislotamiento, pero eso a él no le importaba, porque defendió siempre el derecho a contradecirse.

En segundo lugar, porque la tierra ahistórica de la isla, su naturaleza desnuda y su mar le permitieron entrar en contacto directo con la Divinidad, hablar directamente con el Creador, que es un objetivo que había perseguido siempre. Don Miguel tenía alma de profeta, y los profetas, que reciben el don de profetizar de manos del Señor, necesitan tener comunicación directa con él.

Y, en tercer lugar, porque le enseñó a liberarse de la hojarasca que restaba aún en su particular forma de usar la lengua española, que él había empezado a depurar desde muy joven, poniendo el acento más en lo esencial del nombre y el verbo que en lo accidental del adjetivo.

*Catedrático de Lengua Española de la Universidad de La Laguna

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[Canarias}> Las travesuras de las ‘catanas’, grajas / María Victoria Hernández

09/02/2024

María Victoria Hernández / Cronista oficial de Los Llanos de Aridane

Las travesuras de las ‘catanas’, grajas

El anecdotario popular de la isla canaria de La Palma está lleno de relatos amables y cariñosos de las ruindades y travesuras de las grajas domésticas, las conocidas por el nombre genérico de catanas. Desde muy pequeñas se convertían en lo que hoy llamamos mascotas de compañía. Estas peculiares aves palmeras son de “carácter sociable y sedentario”.

Según el testimonio de nuestros mayores, algunas de estas aves domésticas llegaban, incluso, a “hablar” como si de loros se tratara. Me cuentan, varias fuentes de informantes, que para que llegaran a “hablar” se les debía cortar la “punta de la lengua siete viernes seguidos”. Así nos lo han contado y así lo recogemos. Hoy las leyes de protección animal estimarían ese hecho ancestral de barbarie, cruel maltrato animal y sancionable penalmente. Estamos totalmente de acuerdo con las actuales normativas nacionales e internacionales.   

Según publica en redes sociales el Gobierno de Canarias la graja “es una subespecie endémica de las Islas Canarias, también conocida como ‘chova piquirroja” ‘, ‘grajo»’ o ’catana’. Es un ave de plumas negras que contrasta con el rojo del pico y las patas. Actualmente en Canarias se encuentra únicamente en la isla de La Palma“, donde la consideran símbolo animal de la isla según determina la Ley 7/1991, de 30 de abril. Así es, la graja la tenemos por símbolo del reino animal de La Palma de igual modo que el pino canario es el símbolo vegetal insular.

Las grajas y la tradición meteorológica

Según mi abuelo aridanense Tomás Hernández Martín (1894-1983) las grajas avisaban días antes de los cambios meteorológicos. Cuando una bandada de grajas, con su característico y peculiar graznar coral, atravesaban el valle de Aridane de norte a sur “estaban huyendo del temporal de agua, con fuertes lluvias” días antes de que se produjeran.

El instinto animal, de igual manera que otros animales, las empujaba a refugiarse en zonas más cálidas de la isla. Los decires viejos se han convertido en señales de anuncio de lluvias, tesoro de la cultura popular de la isla.

El pueblo y la tradición ha recogido un conocido dicho, digamos meteorológico, de las grajas o grajo palmero: “Cuando el grajo vuela alto, ¡viento del carajo…!”. No falla, la ventolera es tremenda.

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Graja, chova piquirroja en vuelo. Foto: DOMINGO PESTANA

La catana, graja doméstica, traviesa y “ladrona” de objetos brillantes

El periódico palmero El pancista en el año 1898 publica varios cortos, pequeñas crónicas, que dan cuenta del libre deambular de un grupo de grajas, en una ocasión tres y en otro cinco, por las calles de Santa Cruz de La Palma.

El rotativo recoge: “Por segunda vez llamamos la atención de quien corresponda, para que se manden a recoger por su dueño, cinco grajas que andan por la calle de Santiago, destrozando el baldosado, y molestando a los vecinos”.

Curiosamente la dirección social del periódico El pancista se encontraba en la calle Santiago número 39, misma vía urbana en que hacían las travesuras el grupo de grajas con dueño, es decir catanas. La calle Santiago corresponde hoy a la conocida calle Anselmo Pérez de Brito.  

La memoria colectiva del pueblo palmero guarda con cariño especial el recuerdo de las travesuras de las catanas, graja doméstica. Muy pequeñas, unos pollitos, eran criadas con mimo en las casas. La familia se esmeraba en los alimentos diarios mientras iban creciendo en libertad, no enjauladas. Así formaron parte de las familias.

El término catana ha pasado el amplísimo repertorio de apodos, nombretes, de Los Llanos de Aridane. Según hemos podido averiguar, Cayetana González Viña, nacida a mediados del siglo XIX, fue la primera persona de su familia apodada catana. De ella pasó a su hija Nieves González Viña, la recordada partera aridanense doña Nieves. Las biznietas de Cayetana, Manola y Rosa, (a) las catanas, atribuyen el origen de su apodo a una graja que tuvo su bisabuela.

Nieves González Viña, la catana, contrajo matrimonio con Pedro Martín Rodríguez (a. valiente). Según la memoria de la familia el apodo valiente arranca con María, madre de Pedro Martín, quien tuvo 18 hijos, algunos de parto doble, y por ese hecho así la apodaron la valiente. Esta familia conserva aún hoy los dos apodos, unos son conocidos por catana y otros por valiente.

Por testimonio y memoria de la aridanense Carmen Ferraz Capote, nacida en 1930, a sus 94 años recuerda que siendo joven su vecina doña Dolores Rodríguez, (a. la papera), tenía en su casa una graja.

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Graja, ave endémica de La Palma. Foto: DOMINGO PESTANA

El vecindario de la zona de la Carrilla y la calle Convento comenzaron a echar de menos pequeños objetos brillantes, zarcillos, dedales, pulseras, tijeritas y otros. Todos conocían las mañas y vicios de las catanas y se pusieron en alerta. Nadie sabía dónde había hecho el nido con el tesoro brillante y reluciente la catana de doña Dolores. Un buen día saltaron los rumores: en la torre de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, haciendo trabajos de limpieza y mantenimiento, habían encontrado un nido de graja repleto de objetos pequeños y brillantes. La travesura de la graja de la Carrilla tuvo un final feliz y los vecinos recuperaron sus preciados objetos.

En el barrio aridanense de La Laguna, antigua Tajuya de Abajo, recuerdan las travesuras de Catana, así la llamaban y era su nombre propio. La propietaria fue Andrea Amaro Pérez (1891-1984), alias la gomera, apodo heredado por su padre Antonio Ramón Amaro natural de La Gomera, del municipio de Alajeró.

Según testimonios verbales, Andrea Amaro recibió la graja de su yerno Santiago García que la trajo del municipio de Garafía. Vivían en una casita terrera en la calle Baile Bueno, La Laguna, dedicada a los trabajos del campo como asalariada y trabajos domésticos. Entre esos trabajos ocupaba una gran parte del tiempo el bordado, para la venta, y el zurcir y vuelta a zurcir de la maltrecha ropa del campo. Las preciadas y brillantes agujas y dedales, útiles propios para las labores de costura y borde, eran un goloso reclamo para la graja Catana.

En aquellos años inmensamente lluviosos cada año se limpiaban los tejados, una teja “rodada” podía ser causa de daños en la vivienda de Andrea Amaro. En esos trabajos saltó la sorpresa y aparece el “tesoro” acumulado por la graja Catana: agujas, dedales ….

Muy pocas traviesas catanas deben quedar hoy en La Palma. En un tiempo, no muy lejano, llegaron a formar parte de algunas familias de la isla. Sus dueños las alimentaban y cuidaban. Eran un divertimento cariñoso, simpático, amable compañía que bien vale recordar.

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