[Canarias}> La expresión que utilizan los canarios cuando están enamorados y que en el resto de España no se entiende

30-06-2024

Me temo que el autor de este artículo pecó de pacato al no mencionar que “chocha” es tal vez el más común de los varios nombres que en Canarias se han dado al órgano sexual femenino, y que, por ello, ‘enchocharse’ se aplica al hombre que está drogamorado. Hay muchos que en La Palma llaman ‘La chocha’ al cráter del Tajogaite, pues es lo que parece.

~~~

29-06-2024

La expresión que utilizan los canarios cuando están enamorados y que en el resto de España no se entiende

El español es un idioma rico y diverso, con variaciones regionales que aportan matices únicos a la lengua.

Una de estas joyas lingüísticas se encuentra en las Islas Canarias, donde los habitantes utilizan una expresión particular para describir el estado de estar enamorado: «enchocharse». Esta palabra, que puede resultar extraña o incluso incomprensible para el resto de los hispanohablantes, encapsula una emoción profunda y sincera. A lo largo de este artículo, exploraremos el origen y el uso de esta expresión, así como su significado cultural y emocional en el contexto canario. Además, analizaremos cómo esta palabra refleja la idiosincrasia de las Islas Canarias y su gente.

Origen y significado de «enchocharse»

La expresión «enchocharse» proviene del verbo «chochar», que en el habla canaria se utiliza para describir el acto de encariñarse profundamente con alguien. Este término tiene raíces en el español antiguo, donde «chocho» se utilizaba para referirse a algo blando o tierno. En el contexto canario, «enchocharse» ha evolucionado para describir un estado de enamoramiento intenso, donde la persona se siente completamente cautivada por otra. Es una palabra que va más allá del simple «gustar» o «querer»; implica una conexión emocional profunda y una entrega total. Por ejemplo, un canario podría decir: «Me he enchochado de ella», para expresar que está perdidamente enamorado.

El uso cotidiano y cultural de «enchocharse» en Canarias

En las Islas Canarias, «enchocharse» es una expresión comúnmente utilizada en conversaciones cotidianas para describir el enamoramiento. Esta palabra no sólo se limita a las relaciones románticas, sino que también puede aplicarse a situaciones donde alguien se siente profundamente atraído o fascinado por algo o alguien. Por ejemplo, un niño podría decir que está «enchochado» con su nuevo juguete, o un adulto podría usar la expresión para describir su pasión por un hobby. Esta versatilidad refleja la riqueza cultural y emocional de la palabra, que captura la intensidad de los sentimientos de una manera que otras expresiones no logran. Además, su uso frecuente en la vida diaria de los canarios subraya la importancia de las emociones y las relaciones en su cultura.

La expresión «enchocharse» es un ejemplo fascinante de cómo el lenguaje puede reflejar la cultura y las emociones de una región. En las Islas Canarias, esta palabra encapsula un estado de enamoramiento profundo y sincero, que va más allá de lo que otras palabras pueden expresar. Su uso cotidiano y versátil demuestra la riqueza emocional y cultural de los canarios, y ofrece una ventana única a su forma de ver el mundo. Para aquellos que no están familiarizados con esta expresión, «enchocharse» es una invitación a explorar y apreciar la diversidad lingüística del español, y a reconocer la belleza de las palabras que capturan nuestras emociones más profundas.

Fuente

[Canarias}> Léxico canario / Manuel Haro

Léxico canario

Hoy les quisiera explicar
cuál es el significado
de esas palabras tan raras
que usan nuestros ancianos.

Un” belillo” es una piedra
o una persona muy bruta.
Si se lo dice un canario,
más vale que no discuta.

A la pena llaman “magua”,
si borracho, estar “jalao”,
“golifión” es un curioso
y enyugado está “engajao”.

Si vemos algo torcido
solemos decir “cambao”,
y si no nos gusta así
le decimos “empenao”.

“Chiscado” es que tiene miedo,
jorobado aquí es “petudo”,
el bobo es un “tolete”
y “fonil” es un embudo.

Si oye “teneque” o “tolmo”
están hablando de piedras,
y si oye hablar de “gofio”
le oirá ”pelota” o “pella”.

Si el vino se echa a perder
se dice que está “virao”,
y si se mezcla con otro
oirá que está ”mesturao”.

Autobús decimos “guagua”,
el chinchón aquí es “totufo”,
una ”baifa” es la cabrita
y tozudo es “torrontudo”.

A la gente ‘echá pa´lante’
se le dice “palanquín”,
y al que es un poco tonto
lo llamamos “tontolín”.

Si hace frío hace “pelete”,
si hace “viruje” también.
Aquí a una salamandra
la llamamos “perenquén”.

Un “fisco” es poquita cosa,
y la barca una “chalana”.
Altramuz lo llaman “chocho”
y puñetazo es “trompada”.

“Turre” es que salgas pitando,
chapucero un “chaflameja”,
“en el intre” es al momento
y “basenilla” escupidera.

El “guachinche” es una tasca,
se le llama «puncha» al clavo,
la canica es un “boliche”
y “variscazo” dar un palo.

Yo les ruego que perdonen
si esto ha sido un poco largo,
pero es triste que se pierda
nuestro léxico canario.

Fuente

[Canarias}> “No te hagas el choni”: el curioso origen canario de esta palabra

29/05/2024

Ricardo Herrera

“No te hagas el choni”: el curioso origen canario de esta palabra

Choni tiene diferentes significados, según la Isla en la que se utilice

“Eres un choni” o “no te hagas el choni”. El español de Canarias es sumamente rico. La Academia Canaria de la Lengua, fundación pública dependiente del Gobierno de Canarias, tiene como principales objetivos el estudio y descripción de la variedad canaria de la lengua española y de la producción literaria desarrollada en las Islas y es allí donde se encargan de mimar esas palabras.

Muchos y muchas conocemos la expresión choni que, curiosamente, poco tiene que ver con la que se usa, por ejemplo, en la Península —donde se refiere, según la RAE, a una “mujer joven que pretende ser elegante e ir a la moda, aunque resulte vulgar—, pero tiene un origen sumamente curioso y mucho más lejano de lo que puede parecer.

El origen de la palabra ‘choni’ y los barcos ingleses

A finales del siglo XIX los muelles canarios se encontraban atestados de barcos ingleses. Aquello era una suerte para las Islas, que disfrutaban de productos llegados desde miles de kilómetros de distancia, tejiendo verdaderas redes económicas.

Johny era uno de los nombres que los canarios escuchaban más comúnmente con la llegada de aquellas naves, el nombre fue derivando a ‘choni’ para referirse a un turista extranjero, especialmente de habla inglesa. Aquello se fue extendiendo hasta aludir a chonerío, cuando se refería a un grupo de turistas de la misma procedencia.

El Diccionario ejemplificado de canarismos de Cristóbal Corrales Zumbado y Dolores Corbella Díaz, también se refirió a ‘choni’ como una persona “boba o tonta”, como en la frase “no seas choni” o “no te hagas el choni”, un significado que ha llegado hasta nuestros días.

En Lanzarote se usa como alguien ingenuo o que no tiene maldad “lo cogieron de choni”, mientras que en Tenerife se refiere a aquella persona que elude pagar e intenta siempre que todos sus planes sean gratis.

Fuente

[Canarias}> El ADN sugiere que los canarios descienden de esclavos romanos del negocio de la púrpura

27-05-2024

José María Rodríguez

El ADN sugiere que los canarios descienden de esclavos romanos del negocio de la púrpura

Un estudio del investigador Vicente Cabrera aborda con nuevos datos e ideas la complicada historia del primer poblamiento del archipiélago.

En la Roma en la que sólo los emperadores, los generales, los senadores y la élite podían vestir de púrpura, medio kilo de lana de ese color costaba tanto como lo que ganaba un panadero al cabo de tres años, así que la búsqueda de los moluscos de los que se extraía ese tinte se extendió hasta uno de los confines del mundo conocido: las Fortunatae Insulae.

¿Puede que la púrpura esté detrás de la primera llegada del hombre a Canarias? ¿Hay que buscar la solución al misterioso origen de los antiguos pobladores de las islas en uno de los negocios más prósperos de la Antigüedad? Ésa es una vieja hipótesis, nunca demostrada, que ahora la revista Scientific Reports aborda de frente en un trabajo firmado por Vicente Cabrera, del grupo de Bioquímica, Microbiología y Genética de la Universidad de La Laguna.

Las piezas del rompecabezas sobre la primera población de Canarias están sobre la mesa desde hace tiempo. El problema es cómo hacerlas encajar, si es que encajan: por un lado, la arqueología ha datado ya con seguridad los restos humanos más antiguos de las islas en los primeros siglos de la era común; por otro, el ADN de los antiguos pobladores isleños (y de muchos de los actuales) tiene enormes similitudes con los pueblos bereberes del norte de África.

clip_image001

Restos óseos hallados en el yacimiento canario. Universidad de La Laguna

Y, en medio, está el yacimiento romano descubierto en el Islote de Lobos, frente a las Grandes Playas del norte de Fuerteventura: todo un taller que fue utilizado durante cerca de cien años (del siglo I a.C. al I d.C.) para procesar pequeños caracoles marinos, conocidos como Stramonita haemastoma, de los que se extraía un tinte cotizadísimo en todo el Mediterráneo durante la Antigüedad: la púrpura de Tiro, o púrpura imperial.

El descubrimiento en 2012 de ese taller, con restos de cerámica procedente de Hispania, supuso la primera confirmación física de la presencia de Roma en Canarias, más allá de las referencias recogidas en textos de historiadores clásicos, como Plinio el Viejo, que en el siglo I relató la expedición enviada en los albores de la era común por el monarca mauritano Juba II a las Islas Afortunadas.

En este trabajo científico, Vicente Cabrera revisa todo lo publicado sobre la herencia genética de los antiguos pobladores de Canarias (guanches, canarios, majos, gomeritas, benahoritas y bimbaches, cada isla con su pueblo), porque el linaje materno (el ADN mitocondrial) permite remontarse siglos en el tiempo, de generación en generación, hasta llegar a conclusiones que, a su juicio, permiten plantear que la vieja hipótesis romana puede ser factible.

Interrogantes abiertos

En su primer paso en este viaje en el tiempo a través del ADN, la revisión de las secuencias genéticas conocidas de los antiguos canarios, este investigador ha constatado que el ADN aborigen canario no está emparentado sólo con los pueblos del norte de África de aquella época (principios de la era común), sino que también conserva la huella de ancestros mediterráneos, sobre todo ibéricos e itálicos.

En esta historia, emergen dos de los detalles más sorprendentes de los primeros pueblos de Canarias, sobre los que no hay todavía una respuesta aceptada de manera general: 1) no sabían navegar, al menos no hay pruebas de que lo hicieran (más bien hay evidencias de más de mil años de incomunicación entre islas); y 2) no utilizaban armas y herramientas de metal, en unos tiempos en los que el hierro y el bronce eran de conocimiento general en el mundo clásico.

¿Si viajaron necesariamente a Canarias en barco, por qué no siguieron navegando después? ¿Llegaron ellos o ‘los trajeron’?. Y en cuanto al metal, es verdad que en las islas no hay minerales para fabricar armas de hierro o bronce, ¿pero por qué no transportaron consigo ningún útil de ese tipo en los primeros años, por qué no aparece en el registro arqueológico una espada, un cuchillo, una hebilla hasta los inicios de la Conquista, ya en los siglos XIV y XV?

Vicente Cabrera subraya que el traslado de todas esas gentes a Canarias no fue improvisado, no fue una huida apresurada, sino algo muy planificado: el registro arqueológico atestigua que llevaron consigo semillas de cereales y frutas (higos) inexistentes hasta entonces en las islas, y también ganado, fundamentalmente cabras. Y sobre la ausencia de armas y útiles metálicos, el investigador deduce que el traslado no fue voluntario, sino forzoso y probablemente ejecutado por alguien que recelaba de ellos y no quería verlos armados. La pregunta es casi inmediata: ¿eran esclavos?

El negocio de la púrpura

La respuesta que da este trabajo mira a Lobos. En Roma, el trabajo en los talleres de púrpura estaba jerarquizado: por un lado estaban las elites propietarias, por otro los artesanos que dominaban la técnica (básicamente procedentes del Mediterráneo) y, en la base de todo, la mano de obra que proporcionaban en abundancia los esclavos.

Este investigador sostiene que Lobos era un taller demasiado pequeño para que sus beneficios costearan el enorme gasto de transportar luego ese tinte a Roma. Por ello, cree que sólo era un taller de muchos otros nunca encontrados, la punta del iceberg de una actividad (la recolección manual de los moluscos) que él cree que pudo extenderse al resto de Canarias, también a las islas más alejadas del continente.

«Los artesanos que extraían el tinte fueron reclutados de otros talleres ya existentes en el Mediterráneo», plantea, «mientras que los esclavos, por razones económicas, podrían haber sido capturados o comprados en lugares cercanos al archipiélago, como el puerto marroquí de Mogador». Es decir, en la actual Esauira, en las Islas Púrpuras, llamadas hoy así… por los talleres de púrpura que albergaron en la Antigüedad, desde los tiempos del mismo Juba II.

¿Descienden los canarios de aquellos esclavos del negocio de la púrpura? A este investigador el ADN le dice que pudo ser así. Y que cuando esa industria dejó de ser rentable, «fueron abandonados a su suerte en las islas» hasta el ‘redescubrimiento’ de Canarias.

Fuente

[Canarias}> Así eran los nombres de cada una de las islas de Canarias cuando las habitaban los aborígenes

24-05-2024

Laura Mesonero Ortiz

Así eran los nombres de cada una de las islas de Canarias cuando las habitaban los aborígenes

Los guanches, bimbaches y otras tribus isleñas llamaban a sus tierras de diferentes maneras. Con el tiempo los nombres han ido evolucionando hasta los que conocemos hoy

Los aborígenes canarios eran pueblos de origen bereber que vivieron en las Islas Canarias hasta que fueron conquistados por el Reino de Castilla entre 1402 y 1496. Aunque compartían un origen común, cada isla tenía sus propias leyes y costumbres, lo que a menudo provocaba conflictos entre comunidades.

Se estima que los primeros pobladores llegaron a las islas alrededor del siglo V a.C. Durante casi 2.000 años, los aborígenes vivieron de manera aislada en el archipiélago, desarrollando una cultura única y un modo de vida adaptado a un entorno salvaje y volcánico.

Los aborígenes canarios fueron los únicos nativos de la región de La Macaronesia. La mayoría vivía en cuevas, aunque en Lanzarote y Gran Canaria se han encontrado restos de aldeas. Su economía se basaba en la caza, la ganadería y, en algunos casos, la agricultura. Animales autóctonos como la cabra y la oveja eran esenciales para su subsistencia, ya que proporcionaban queso, mantequilla, carne, pieles para vestimenta y huesos para herramientas.

Los originales nombres de cada isla

Los guanches, bimbaches y otras tribus isleñas llamaban a sus tierras de diversas maneras. Con el tiempo estos nombres han evolucionado hasta los que conocemos y usamos hoy.

  • Tenerife: la isla más grande del Archipiélago conserva un nombre con raíces aborígenes. «Tenerife» proviene del nombre dado por los palmeros, que significa «monte nevado». Anteriormente, los habitantes aborígenes la llamaban «Achinech», aunque también se encuentran variantes como Chinet o Chinec en documentos históricos. La cartografía histórica sugiere otros nombres, siendo «Nivaria» el más popular, derivado de Plinio el Viejo, y también se conocía como la «Isla del Infierno». Los aborígenes de Tenerife son conocidos como guanches.
  • Gran Canaria: este nombre mantiene parte de su denominación original. Según Plinio el Viejo, el primer nombre fue «Canaria» por la gran cantidad de perros grandes en la isla. Después de una fallida conquista franco-normanda, se añadió el adjetivo «Grande». La crónica de esa conquista, «Le Canarien», es la primera en usar el nombre «Gran Canaria». En la lengua aborigen, la isla se llamaba «Tamarán».
  • Fuerteventura: los aborígenes de la isla, compartidos con Lanzarote, se llamaban mahos o majos. De aquí proviene el gentilicio «majoreros» y el antiguo nombre de la isla, «Maxorata». También se conocía como «Erbania». El nombre actual proviene de antiguos navegantes que la llamaban «Gran Afortunada» o «Forte Ventura».
  • Lanzarote: los majos llamaban a su isla «Tite-Roy-Gatra», que significa «Las Coloradas Lomas» debido al color rojizo del paisaje. El nombre «Lanzarote» deriva del marino genovés Lancelotto Malocello, uno de los primeros exploradores de la isla.
  • La Gomera: Ha experimentado pocos cambios desde la época aborigen. Originalmente conocida como «Gomera», se cree que este nombre tiene origen bereber, de los «gmara», y fue castellanizado.
  • La Palma: los habitantes originales la llamaban «Benahoare», que significa «mi tierra». La denominación actual podría deberse a su vegetación, aunque también se sugiere que proviene de «Planaria», nombre dado por Plinio el Viejo.
  • El Hierro: Su nombre actual aparece por primera vez en mapas y documentos del siglo XIV, como «Fero», que se cree es un error de escritura de «Ferro». La crónica «Le Canarien» de 1402 usa variantes como «Fer», «Fair», y «Ferre». Los primeros habitantes, los bimbaches, llamaban a la isla «Eseró».
  • La Graciosa: no tiene un nombre aborigen ya que nunca fue habitada por ellos. Su nombre actual proviene de navegantes del siglo XIV que la describieron como «graciosísima a la vista».

Curiosidades de las Islas Canarias que seguramente no conocías

  • Ocho islas, no siete: en 2018, La Graciosa fue reconocida como la octava isla habitada, sumándose a Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro. Además, el archipiélago incluye islotes como Lobos y otros del archipiélago Chinijo.
  • Aguas canarias: Canarias es la única comunidad autónoma de España que incluye el mar como parte de su territorio, con un perímetro marítimo de 1.200 kilómetros, aumentando su superficie en más de 29.000 km².
  • Cabildos insulares: cada isla habitada (excepto La Graciosa) cuenta con su propio cabildo, una entidad administrativa única en Canarias que coordina servicios municipales y presta servicios públicos supramunicipales.
  • Una comunidad, dos capitales: Canarias tiene dos capitales: Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. La sede de la Presidencia se alterna entre ambas ciudades por periodos legislativos.
  • Una disputada hora menos: Canarias utiliza el huso horario UTC 00:00, una hora menos que la península, que se encuentra en UTC +01:00. Esta diferencia se estableció en 1940 y ha sido motivo de debate en propuestas recientes para eliminar el cambio de hora en la UE.
  • Un lenguaje propio: el español canario tiene influencias portuguesas, francesas, árabes e inglesas, y usa «ustedes» en lugar de «vosotros», el seseo, y términos propios como «guagua» (autobús) y «queque» (bizcocho). El silbo gomero, un lenguaje silbado de La Gomera, es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
  • Población de Canarias: con 2.127.685 habitantes, es la octava comunidad más poblada de España. Las Palmas de Gran Canaria, con 378.517 habitantes, es la ciudad más grande del archipiélago.
  • Sin aforamientos, ‘tasa rosa’ ni toros: Canarias eliminó los aforamientos para sus diputados y la «tasa rosa» (impuestos en productos de higiene femenina), y prohíbe las corridas de toros desde 1991, aunque permite las peleas de gallos, siendo uno de los pocos lugares en España donde aún son legales.

Fuente

[Canarias}> Islas Canarias, el archipiélago africano que hechizó al Imperio romano y que fue clave en la conquista de América

21-05-2024

Rafael Balbás

Islas Canarias, el archipiélago africano que hechizó al Imperio romano y que fue clave en la conquista de América

El historiador Alessandro Vanoli recopila la historia de la Humanidad desde el punto de vista de su relación con mares y océanos.

Según las crónicas medievales, a finales del siglo XIII «dos galeras muy bien armadas» mandadas por Ugolino Vivaldi y su hermano Valdino partieron del puerto de Génova repletas de agua y provisiones para su largo viaje más allá del Mediterráneo y las Columnas de Hércules.

Nunca se supo con certeza cuál era su destino. Desaparecieron pasado el cabo Juby y nunca se supo si avistaron las islas Canarias. Casi un siglo después, en el año 1341, el Atlántico comenzaba a atraer a las coronas ibéricas.

Dos buques tripulados por castellanos, portugueses, catalanes e italianos partieron de Lisboa rumbo al sur, siguiendo una ruta similar a la de las desaparecidas naves genovesas. Volvieron con vida y su periplo fue narrado por la pluma del propio Giovanni Boccaccio, autor de El Decamerón. El literato sabía que no habían descubierto nada nuevo y que el lugar ya había sido explorado por los romanos antes de caer en el olvido sobre el siglo IV d.C.

Pronto llamaron la atención del reino de Castilla, obcecado en hacerse con ellas a cualquier coste. «Resultó ser uno de esos acontecimientos casi fortuitos que cambian la Historia, porque esta posesión puso a Castilla en posición de apoderarse literalmente del resto del Atlántico. No sólo porque las Canarias estaban situadas casi en el centro del océano, sino que también, y sobre todo, porque se encontraban en una posición casi opuesta respecto a los vientos alisios», explica en Historia del mar (Ático de los Libros) Alessandro Vanoli, doctor en Historia Social Europea por la Universidad de Venecia.

clip_image002

Canarias, el archipiélago africano que hechizó al Imperio romano, fue clave en la conquista de América. Instituto Geográfico Nacional

El Instituto Geográfico Nacional Castilla esgrimió como argumento, sin ninguna base, que Canarias formaba parte de la Hispania visigoda, lo que levantó miradas suspicaces entre los soberanos de Aragón y Portugal que dejaron hacer a su vecino.

Allí, según las crónicas, sólo había «salvajes por sus costumbres y hábitos».

A finales del siglo XV, Cristóbal Colón logró camelarse a los Reyes Católicos y su plan de alcanzar las costas de las Indias navegando hacia el oeste fue aprobado. El resultado es de sobra conocido: tras recoger agua y los últimos suministros en Canarias, el 12 de octubre de 1492 descubrió América y el archipiélago africano se volvió una escala imprescindible en la ruta hacia el Nuevo Mundo.

Las sirenas de Colón

El mar es la medida de todos los imperios. «Quien domina el mar, controla el comercio; quien domina el comercio, gobierna el mundo», afirmó en el siglo XVI el político inglés Walter Raleigh. En la monumental obra de Alessandro Vanoli —que en sus 672 páginas abarca cuatro mil millones de años—, la geología, la historia y las diferentes mitologías y religiones de decenas de pueblos se funden y entremezclan con gran maestría formando una novedosa historia del mar y su relación con la Humanidad.

clip_image004

‘Cristóbal Colón en su barco’, grabado de los siglos XVI-XVII en el que se representaron seres mitológicos. Museo de Arte de Harvard

En esta conexión milenaria, muchos pueblos en diferentes partes del mundo y momentos históricos cazaron ballenas, morsas, delfines y tiburones entre demás bestias marinas.

Surcaron sus aguas, a veces amables y otras inclementes, para comerciar, pescar y entrar en contacto con pueblos extraños. Lejos del hogar enfrentándose a su inmensidad, muchos marineros afirmaron ver criaturas misteriosas que pasaron a la cultura popular. Tal es el caso del Kraken o las sirenas.

«Acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz», ordenaron las sirenas a Ulises en su fatídico regreso a Ítaca tras la destrucción de Troya. Eran mitad mujer y mitad pájaro, hijas de Aqueloo, dios del río e hijo de la ninfa Tetis y el titán Océano.

Aquellos seres mutaron con el tiempo y están presentes en casi todas las culturas. Aparecen en Japón con el nombre de ningyo: seres con torso humano, boca de mono dientes y cola de pez. En China se decía que de sus lágrimas nacían perlas.

clip_image006

Óleo de 1891 de John William Waterhouse que muestra la escena de Ulises y las sirenas. Galería Nacional de Victoria (Australia).

En la Edad Media adquirieron aspecto de pez y se convirtieron en el símbolo de la lujuria. «Desde siempre, los marineros han jurado haberlas visto. Algunos de ellos fueron bastante famosos, como Cristóbal Colón, que afirmó haber avistado hasta tres sirenas en su segundo viaje, en 1493, mientras estaba en altamar», narra el historiador.

En la Odisea, el primer gran poema sobre el mar según el autor, varias de estas criaturas se suicidaron arrojándose a las profundidades del Mediterráneo al fracasar en su intento de arrastrar a Ulises hacia la muerte.

La tripulación del héroe homérico se tapó los oídos con cera mientras su líder, atado a un mástil, desafío a las criaturas escuchando su canto, el cual quería guardar en su memoria. «Recordar y olvidar: casi parece que el secreto del viaje sea ése. Ulises siempre debe recordar algo para encontrar el camino de vuelta a casa», apunta Vanoli.

Redescubrir las Canarias

Desde el siglo IV d.C. la historia occidental había olvidado el las Canarias hasta que en 1341 los buques lisboetas llegaron a sus costas y avistaron a los guanches. En aquella ocasión, el literato Boccaccio —que narró el periplo— sabía que aquellas islas no eran nuevas ni se había realizado descubrimiento geográfico alguno. El historiador romano Plinio el Viejo ya había hablado de ellas hacía mil años.

Según los fragmentados textos romanos, a principios del siglo I a.C. un gobernante indígena del norte de África llamado Juba desveló al Imperio romano una ruta marítima desconocida.

A cinco meses de navegación desde Gadir (Cádiz), se encontraban las legendarias Islas Afortunadas. Según la mitología clásica allí moraban las almas virtuosas. El poeta Horacio cantó sobre ellas que «la tierra da grano sin labrar y la vid sin podar siempre florece y la rama de olivo brota sin engaño».

Según los relatos del periplo, su belleza les hechizó, pero su estancia allí fue cuando menos extraña. No vieron hombres, pero sí las ruinas de un viejo y pequeño templo de piedra desgastado por el viento y una aldea abandonada. Algunos juraron ver sombras humanas vigilándoles desde los riscos.

«Luego llegaron los perros, atraídos al principio por el fuego del campamento (…). Dicen que el nombre se les ocurrió a los marineros: con todos esos animales, aquella isla sólo podía llamarse Canaria«, cierra el historiador.

Fuente

[Canarias}> Papas Antiguas de Canarias, (Papas arrugadas), las joyas de la agricultura insular que brillan cocinadas en agua y sal

07-05-2024

Mónica R. Goya

‘Papas Antiguas de Canarias’*, (Papas arrugadas), las joyas de la agricultura insular que brillan cocinadas en agua y sal

Muy enraizadas en la cultura gastronómica del archipiélago, estas patatas se consideran descendientes directas de las primeras papas que llegaron a Europa desde Sudamérica

En Canarias, las papas arrugadas más exquisitas se cocinan con variedades llamadas papas antiguas. Muy enraizadas en la cultura gastronómica del archipiélago, estas patatas se consideran descendientes directas de las primeras papas que llegaron a Europa desde Sudamérica en los albores de la colonización.

Sus peculiares características son muy apreciadas en la gastronomía. “Lo que nos ofrecen las papas antiguas en comparación con cualquier otra papa del mercado es que aportan unos matices dulces y un sabor muy particular gracias a su textura suave y delicada. Esos matices se consiguen cuando se cocinan de manera tradicional, como se hace en las islas, hirviéndolas con agua y sal. Así es donde conseguimos su máximo esplendor, pero también las cocinamos en puré, o confitadas”, argumenta el chef Omar Bedia, que desde su restaurante tinerfeño propone cocina de mercado con producto canario.

Las Islas Canarias han funcionado como espacio de aclimatación para muchos de los cultivos y plantas que trajeron los conquistadores desde América y que luego dieron el salto al resto de Europa, y así ha ocurrido también con las papas. “Fue el primer lugar al que llegaron fuera de América del Sur. Eso hace que en el siglo XVI llegaran fundamentalmente papas de los Andes, y también probablemente de la isla de Chiloé.

Las características de Tenerife, como la gran altura y los microclimas diferentes, desde subtropical hasta de montaña, permitieron que sobre todo la zona de medianías de la isla se convirtiese en un reservorio donde se podían cultivar las papas de manera similar a como se hacía en los Andes”, explica Domingo Ríos, director del Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife (CCBAT).

clip_image002

Papas antiguas arrugadas cocinadas al estilo tradicional. Mónica R. Goya

Este ingeniero agrónomo, que también es profesor asociado de la Universidad de La Laguna, ha publicado numerosos artículos científicos sobre las Papas Antiguas de Canarias, que cuentan con Denominación de Origen Protegida (DOP) desde 2012.

En sus trabajos, Ríos destaca el papel de las Islas como probable lugar donde se aclimató este cultivo, así como su importante rol en la distribución del mismo al resto de Europa. La presencia del tubérculo está documentada en el archipiélago desde la segunda mitad del siglo XVI, cuando desde allí partieron los primeros cargamentos hacia Ruan (Francia) y Amberes (Bélgica). Asimismo, hay constancia de su cultivo en Tenerife desde 1622.

Es precisamente en esa isla donde se concentra la mayor parte de la producción, seguida por La Palma. De las 29 variedades amparadas bajo la DOP, con nombres como Azucena, Bonita, Borralla, Negra Yema de Huevo, Coloradas, Pelucas o Torrenta, en Tenerife se cultivan 18, según el censo del CCBAT.

El abanico de variedades canarias actual procede de las especies Solanum tuberosum ssp andígena, que engloba las variedades andinas Solanum chaucha, la Papa Negra Yema de Huevo y Solanum tuberosum ssp. Tuberosum, donde se incluyen el resto.

Aunque presentan distintos calibres, su tamaño tiende a ser más pequeño que el de las patatas comerciales, ya que no suele superar los ocho centímetros, y eso, junto con su morfología irregular y los peculiares colores de la piel, que van del morado negruzco al marrón, pasando por el naranja y el rosado, hace que se puedan distinguir fácilmente a simple vista.

Los cultivos

En casa de Isidro Miguel Díaz, agricultor con más de 30 años de experiencia, siempre se cultivaron papas negras para autoconsumo, y desde hace unos años también para la venta. Su elevado precio, que suele superar los 10 euros el kilo, está justificado por las dificultades que entraña su cultivo.

“Son más sensibles a enfermedades, hay que vigilarlas más, y son mucho menos productivas que otras papas comerciales. Yo diría que aproximadamente cada plantón de papa antigua puede dar un 20% de lo que producen variedades comerciales como la Cara. Además, no permite la guarda. En un mes desde la recolección, las papas negras ya están para grelar”, comenta el agricultor.

clip_image004

Papas negras en floración en El Sauzal. Mónica R. Goya

A la hora de conseguir las semillas, los horticultores tienen varias opciones. Díaz se decanta por el trueque, una práctica ancestral muy arraigada en las islas. “Lo que he hecho yo toda la vida es el intercambio con otros agricultores. Y lo que le viene mejor a esta papa es cambiarla de altura. A mí, que cultivo en costa, me viene bien el intercambiarlo con un agricultor de montaña o de medianía”, explica.

Clave en la preservación de estas papas únicas ha sido la cuidada selección de semillas que generación tras generación han llevado a cabo los campesinos canarios durante más de cuatro siglos.

“La labor de selección de las semillas es una labor muy reservada a las mujeres. Antiguamente se seleccionaba mucho en campo, y ayudaba a elegir las mejores plantas, ahora se hace más en almacén”, dice Domingo Ríos, director del Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife (CCBAT).

Además del trueque, los agricultores también tienen la posibilidad de comprar las semillas, pero sólo de las variedades más demandadas. María Durbán García es ingeniera técnico agrícola en Cultesa, la única empresa autorizada para producir papas de siembra de las variedades antiguas, que comercializa 11 variedades.

“Partimos de papas que se encontraban muy infectadas por virus por sus numerosas multiplicaciones en campo y lo que hacemos es obtener material sano aplicando una serie de técnicas de laboratorio, lo que contribuye a aumentar su rendimiento productivo”, detalla, sobre el trabajo que llevan a cabo en la empresa.

Arrugadas, confitadas y más

La forma más tradicional de consumir estas papas, tanto en los hogares como en los restaurantes, es arrugadas, es decir, hervidas con agua y sal gruesa. Y la reina de las variedades es la negra, que también es la más cotizada. Suelen servirse acompañadas de mojos, particularmente el mojo picón, pero también el verde (de cilantro), y a menudo acompañan carnes y pescados. Al gusto del comensal va comerlas con piel o pelarlas, una elección que puede provocar encendidos debates.

clip_image006

Wok de verduras con papas antiguas confitadas en Gastrobar AIE. Mónica R. Goya

“Nosotros tenemos papas negras siempre, y normalmente la que tenemos es la de Tenerife, porque aquí en Lanzarote se dan poco”, dice el chef Santi Benéitez, del restaurante SeBE, un referente del buen producto canario. “Mi papa preferida es la Negra Yema de Huevo, es la más cremosa de todas, esa mantecosidad hace que resulte finísima en boca. Papa, mantequilla de cabra y caviar es una combinación que en SeBE nos fascina”, añade.

En su establecimiento, sirven las papas negras de dos maneras, cocidas y posteriormente estofadas con mantequilla ahumada y mojo negro, y arrugadas a la manera tradicional en su plato de pescado con dos mojos. “Cuando la Yema de Huevo escasea, usamos la Azucena negra, mientras que la Peluca negra es nuestra preferida para chips”, concluye.

El futuro

Una de las mayores amenazas para estas patatas es la plaga de polilla guatemalteca que merma los cultivos desde 1999, y que el clima, cada vez más caluroso, no contribuye a frenar. Dicha plaga es también el motivo por el que esta delicia sólo puede probarse en Canarias, ya que la exportación está prohibida y encontrarlas en la Península es prácticamente misión imposible.

“La superficie ha ido a la baja, pero hay cierto estancamiento; estuvo a la baja y, desde el año 2013, la superficie de cultivo está estancada, no de estas papas, sino de todas las papas. Además de la polilla guatemalteca, otro gran riesgo que está ocurriendo es la sequía prolongada”, apunta Domingo Ríos, del CCBAT.

En Tenerife, las papas antiguas se pueden comprar en mercados de agricultores, así como en fruterías y mercados municipales como el de La Laguna. Allí, Pedro de la Paz lleva más de tres décadas al frente de un puesto de fruta y verdura.

En su caso, las papas antiguas que más vende son la variedad negra, no sólo a tinerfeños, sino también a turistas y a canarios que viven en lugares donde no hay. Las negras las vendía a 9,90 euros el kilo a principios de esta primavera, mientras que otras variedades, como la azucena, costaban 6,90 euros el kilo. “Nadie se ha hecho millonario plantando papas negras. Los agricultores corren un riesgo muy grande porque son muy delicadas, el precio está más que justificado”, opina el vendedor.

Según el agricultor Isidro Miguel Díaz, que vende sus papas en el mercadillo de Tegueste, a los pies de Anaga, una de las zonas con mayor diversidad agrícola de la isla, “el precio es la consecuencia de la oferta y la demanda. Hay muy poca oferta, y si uno quiere un guiso de papas negras, tiene que pagarlo. Independientemente de todo lo que cuesta producirla, una papa comercial vendida a 1,50 euros el kilo es más rentable para el agricultor que estas a 10 euros el kilo”.

Por ahora, el experto del CCBAT Domingo Ríos considera que el futuro de las papas antiguas está garantizado. “No se perderán mientras los agricultores las cultiven y se vendan en el mercado, pero yo creo que ahora mismo no hay peligro de erosión genética brutal, lo importante es incentivar sobre todo la venta y el consumo”, concluye.

(*) Nunca oí que nadie las llamara así; su nombre ha sido siempre ‘papas arrugadas’. Y quien para comerlas las pela, se pierde, además de su auténtico sabor, parte de su poder alimenticio.

Fuente

[Canarias}> En Canarias hubo moneda antes de lo pensado: este hallazgo en la primera ciudad europea lo desvela

07-05-2024

David Barreira

En Canarias hubo moneda antes de lo pensado: este hallazgo en la primera ciudad europea lo desvela

Las excavaciones en San Marcial de Rubicón sacan a la luz un lote «excepcional» de nueve piezas con una contramarca del conquistador Jean de Bethencourt.

clip_image001

Las embarcaciones de los primeros conquistadores europeos desembarcaron en la playa de las Coloradas, en Lanzarote, en los primeros días del mes de julio de 1402. Allí, en la desembocadura del actual barranco de Los Pozos, encontraron un paisaje ideal para establecer su asentamiento: había un puerto natural, fácil acceso a agua potable y el terreno resultaba idóneo para ser fortificado. Se levantaron una torre, una iglesia, pozos y diversas zonas de hábitat doméstico. Desde ahí, el normando Jean de Bethencourt y el pictavino Gadifer de la Salle emprendieron su expedición militar.

El campamento y fortaleza de San Marcial de Rubicón, ubicado en el moderno municipio de Yaiza, fue la primera ciudad europea fundada en Canarias. Así lo certificó una bula papal firmada en Marsella el 7 de julio de 1404, que también convirtió su templo en catedral, lo que supuso la constitución de un nuevo obispado como sufragáneo del arzobispado de Sevilla —sería trasladado a Gran Canaria en 1485—.

Normandos y nativos «quedaron en muy buena relación», según relataron fuentes contemporáneas como la francesa Le Canarien, la primera crónica conocida de la expansión europea bajomedieval en el Atlántico.

Las investigaciones arqueológicas en el yacimiento, excavado desde mediados del siglo pasado, han confirmado que a lo largo del siglo XV las poblaciones aborígenes y europeas convivieron en el mismo espacio, manteniendo sus tradiciones culturales. También han sacado a la luz una necrópolis con una decena de enterramientos entre los que destacan los restos óseos de tres bebés y un infante que podría ser uno de los primeros mestizos de Canarias.

clip_image002

Ahora, en un artículo publicado en la revista Arqueología y Territorio Medieval, los investigadores del Proyecto Rubicón han dado a conocer otro singular hallazgo: un conjunto «realmente excepcional» de monedas que ofrece la primera muestra documentada de los inicios de la circulación monetaria en las Islas Canarias. En concreto, se trata de nueve acuñaciones de vellón pobre —piezas con prevalencia de la cantidad de cobre sobre el porcentaje de plata—, dos de las cuales están fragmentadas, seis enteras y otra incompleta.

Las acuñaciones —una blanca de rombo de Enrique IV, dos medias blancas acuñadas en tiempos de Enrique III, soberano a quien Bethencourt rindió pleito, y la otras seis son dineros coronados que se atribuyen a la época de Enrique II— se documentaron durante varias excavaciones realizadas en 2021 en el sector fabril del yacimiento, en la zona de hábitat europeo —formaban parte de un vertido masivo de residuos de consumo asociado a un hogar doméstico— y en la torre-fortaleza, situada sobre un promontorio rocoso contiguo a la desembocadura del barranco de Los Pozos y que proporcionaba una ventana posicional y un amplio dominio visual del asentamiento y el fondeadero.

clip_image003

Lo más curioso de las monedas es que casi todas presentan una contramarca, una letra B gótica que evoca «casi sin lugar a duda», a juicio de los investigadores, la inicial del apellido de Jean de Bethencourt, el artífice de la conquista señorial del archipiélago canario. Según Le Canarien, al normando le había sido concedida por designio real la facultad de «fazer moneda en las dichas yslas o en qualquier dellas, del cuño e ley que a vos bien visto fuere, e que non sea del cuño nin de la ley de la moneda de los mis regnos«.

Hasta ahora, los historiadores y numismáticos han discutido mucho sobre si realmente Bethencourt hizo efectivo, a su manera el derecho concedido —inusualmente— por los monarcas castellanos a crear su propia moneda. La corriente predominante se inclinaba a pensar que no lo había hecho, pero el hallazgo del nuevo conjunto que ha aparecido en San Marcial de Rubicón demuestra que las crónicas no exageraban.

«Si la letra B evoca el apellido del conquistador, como creemos, y si es la prueba material de que existió de verdad esa concesión real al normando, estaríamos ante las evidencias más antiguas de contramarcas en monedas castellanas«, subrayan los investigadores en el estudio, liderado por María del Cristo González Marrero, arqueóloga de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. «Constituyen el primer indicio conocido de la presencia de moneda castellana en la isla y nos atrevemos a decir que son el ejemplo más antiguo acreditado de la práctica de contramarcar, restringido hasta ahora al reinado de Enrique IV».

El lote monetario confirma que el militar francés puso en marcha la circulación local de moneda en San Marcial de Rubicón bien fuese como forma de propaganda o a modo de entender el privilegio concedido por el rey. «Quizá podamos afirmar —concluyen los investigadores— que, al contramarcar el numerario con su inicial, Bethencourt materializó al mismo tiempo una idea y un hecho. Sin duda, con esta práctica, inédita en aquel momento y en ese escenario de frontera atlántica, el conquistador normando buscó también sancionar simbólicamente su lugar político en la isla, como señor de Canarias, alejando todavía más si cabe las pretensiones de quien, en otro momento, había sido su colaborador y cómplice, el pictavino Gadifer de la Salle».

Fuente

[Canarias}> Origen del nombre ‘Islas Canarias’

30-04-2024

Juan Carlos Pérez

No, las islas Canarias no reciben su nombre del conocido ave. La realidad es que es al revés

Dentro de esas denominaciones, una isla canaria que, tras cambiar cuatro veces de denominación se quedó con el aborigen.

El término “Insula Canaria“, que significa “isla de los perros” o “isla de los canes”, tiene sus raíces en el latín y fue acuñado por el rey Juba II de Mauritania en el año 40 a.C. Durante una visita al archipiélago, quedó impresionado por la abundancia de perros en el lugar y decidió llevarse dos mastines a su reino.

Esta denominación de las islas como “Insula Canaria” fue registrada por Cayo Plinio Segundo, también conocido como “Plinio el Viejo”. Es importante destacar que este apelativo originalmente se refería a la isla que hoy conocemos como Gran Canaria. A lo largo de la historia, en el caso de Tenerife, nos encontramos con que esta isla canaria ha sido conocida por varios nombres.

Inicialmente fue llamada Ninguaria, como se menciona en el texto de Plinio el Viejo en su Historia Natural sobre las Islas Afortunadas, donde se describe como “cubierta de nieves perpetuas, envuelta en nubes”. Luego, se le dio el nombre de Nivaria, derivado del motivo de la nieve del texto pliniano, y este término aún persiste en la denominación de la diócesis episcopal de la región: Diócesis Nivariense.

Posteriormente fue llamada la isla del Infierno, según consta en mapas y documentos del siglo XIV, posiblemente debido a las violentas erupciones volcánicas que presenciaron los navegantes europeos.

Finalmente, el nombre guanche prevaleció, y la isla pasó a ser conocida como Tenerife. Este caso es similar al de Lanzarote y Fuerteventura, que también tenían nombres aborígenes y nombres románicos en los primeros textos europeos, pero en el caso de Tenerife, el nombre guanche fue el que perduró.

La isla canaria del infierno

La denominación “isla del Infierno” ha generado diversas interpretaciones, siendo la más extendida la relacionada con las erupciones volcánicas ocurridas en el siglo XIV, observadas por los navegantes europeos. Según la Historia de Abreu, algunos la llamaron así debido a los numerosos incendios de azufre y a la actividad del volcán Teide, que emitía abundante fuego. Se tiene registro de fuertes erupciones en Tenerife durante el viaje de Nicolosso de Recco y Angelino de Teggia a las Islas en 1341, así como en los últimos años del siglo XIV, según relatos de navegantes vizcaínos.

Fuente