[Canarias}> Gran Canaria, siglos XI a XIV: una isla de niños pescadores

04-03-2026

José María Rodríguez

Gran Canaria, siglos XI a XIV: una isla de niños pescadores

Un estudio publicado en ‘Journal of Island and Coastal Archaelogy’ ahonda en la profunda relación entre los antiguos habitantes de la isla y el mar como fuente de alimentos, pero también como elemento de su cultura y símbolo de identidad

El pueblo amazigh que habitó Gran Canaria antes de la llegada de los primeros europeos vivió muy desapegado de la costa durante 800 años a pesar de rodearle un océano, pero algo ocurrió en la isla en el siglo XI que hizo del mar un sustento económico básico y un símbolo de identidad.

Es un cambio bien estudiado por los historiadores, que suelen atribuirlo al crecimiento demográfico de Gran Canaria al final del primer milenio (en tiempos de la Conquista era la isla más poblada), que impulsó a sus habitantes a buscar fuentes de recursos adicionales al cultivo de cereales y al pastoreo, así como a la irrupción de una nueva oleada pobladora desde África, con otras costumbres.

Sin embargo, de cuando en cuando, aparecen nuevos estudios que muestran hasta qué punto la relación con el mar impregnó la vida diaria los antiguos pobladores de la isla en los siglos previos a su conquista por Castilla, como el que este mes publican en Journal of Island and Coastal Archaelogy Verónica Alberto, Teresa Delgado, Angélica Santa Cruz y Javier Velasco, entre otros investigadores.

Desescamadores de peces fabricados con cuerno de cabra, recuperados de un yacimiento costero de La Garita, Gran Canaria. Efe / Cedida por los autores del trabajo

 En el tramo final del periodo prehispánico se conformaron los asentamientos prehispánicos costeros más importantes de Gran Canaria, ya que sus habitantes habían preferido hasta entonces el interior. Y a ese periodo se refieren también varios estudios bioarquelógicos que cifran entre un 15% y un 20% el peso del pescado y el marisco en la alimentación de los antiguos habitantes de la isla.

Este nuevo trabajo revela que uno de cada siete niños y adolescentes de la Gran Canaria prehispánica (el 13%) presentaban exóstosis auditiva, un crecimiento óseo anormal en el conducto externo del oído que puede llegar a taponarlo. El porcentaje se dispara si el foco se pone en los restos óseos recuperados de asentamientos costeros: un 50% en Maspalomas (3 de 6), en el sur de la isla, y un 76% en El Agujero, Gáldar (10 de 13), en el norte.

Yacimiento arqueológico de Botija, en Gáldar, costa norte de Gran Canaria. Efe / Cedida por los autores del trabajo

La Medicina actual conoce esa patología como oído de surfista, porque la ocasiona la exposición prolongada al agua fría, pero en el tiempo al que se remonta este trabajo tenía otro origen más mundano: la pesca, faena colectiva en aquellos siglos, en la que colaboraban jóvenes y adultos metiéndose al agua en grupo con sus redes.

Los autores de este artículo aportan las primeras pruebas arqueológicas de hasta qué punto los menores contribuían en aquella sociedad al marisqueo y la pesca y, de paso, participan en los ritos de iniciación social ligados al mar. Y debían hacerlo desde muy pronto, porque documentan casos de oído de surfista en niños de diez años, cuando la exóstosis tarda unos cinco años en formarse.

Cráneo de un hombre de 18 a 25 años recuperado del yacimiento de El Agujero, en Gáldar, en la costa norte de Gran Canaria, con crecimiento óseo. Efe / Cedida por los autores del trabajo

El trabajo resalta que la colaboración en la pesca no sólo suponía una forma de que los niños y adolescentes ayudaran al sostenimiento de la comunidad, sino que formaba parte, probablemente, de los ritos de maduración e integración social.

De hecho, recuerda que los documentos históricos de la Conquista acreditan que nadar y pescar daban prestigio en la antigua sociedad grancanaria —hasta el punto de que el Guanarteme, o rey, se preciaba de ser un buen pescador—, y que el mar estaba presente en importantes ritos religiosos, como cuando los faycanes llevaban al pueblo a la costa a golpearlo con ramas para implorar a sus dioses lluvias.

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[Col}> Sopa para emergencias del corazón

13-12-2025

Soledad Morillo Belloso

Sopa para emergencias del corazón

Las emergencias del corazón no son accidentes; son revelaciones, casi epifanías. No llegan para destruir, sino para recordarle a uno que está vivo, que siente, que todavía hay zonas blandas donde la existencia hace nido. El corazón, ese filósofo testarudo que late sin pedir permiso, a veces se quiebra para que uno escuche lo que llevaba años ignorando. Y cuando eso ocurre, cuando la grieta se abre como una boca que exige verdad, no hay ambulancia que valga. Lo único que sirve es una sopa.

La sopa es un acto de pensamiento. Un pensamiento caliente, humilde, que no pretende resolver el misterio del universo, pero sí acompañarlo. Mientras hierve, uno se da cuenta de que la vida es eso: un hervor lento donde lo que duele y lo que salva conviven en la misma olla. El caldo no pregunta por qué uno está roto; simplemente acepta los pedazos y los deja flotar hasta que encuentran su lugar. Esa aceptación es, en sí misma, una filosofía.

Hay un momento, siempre, en que el vapor sube y uno lo huele. Y ahí, en ese olor, aparece la emoción. No la emoción grandilocuente de los discursos, sino la emoción mínima, íntima, la que se siente en la garganta antes de que llegue la lágrima. La sopa le habla a esa emoción con una ternura casi cómica, como quien dice: “Mira, no te me pongas trágica; si te calientas demasiado, te soplo”. Y uno se ríe, porque la risa es la grieta por donde entra la luz cuando el corazón está oscuro.

La filosofía de la sopa es sencilla: todo lo que se remueve se transforma. El dolor, cuando se revuelve con memoria, se vuelve nostalgia. La nostalgia, cuando se mezcla con humor, se vuelve resistencia. Y la resistencia, cuando se deja a fuego bajo, se vuelve una forma de amor propio. No un amor perfecto, sino uno que sabe que la vida es un plato que se sirve caliente y que a veces quema, pero igual alimenta.

El corazón, mientras tanto, mira, observa. Se deja ablandar. Se deja convencer. Entiende que no está siendo reparado, sino acompañado. Y en esa compañía encuentra su propia filosofía: la de seguir latiendo aunque duela, la de abrirse aunque asuste, la de confiar aunque la memoria tenga cicatrices.

Al final, cuando uno se sirve la sopa —esa sopa que no existe en ninguna cocina pero que se siente en todas las células— comprende que la emergencia no era un desastre, sino una invitación. Una invitación a mirarse con menos juicio y más cariño. A aceptar que la vulnerabilidad no es una falla, sino una forma de sabiduría. A reconocer que, incluso en el dolor, hay belleza.

Porque las emergencias del corazón no se curan; se atraviesan. Y la sopa, con su filosofía tibia y su humor discreto, es el puente que permite cruzarlas sin perderse del todo.

[Canarias}> Si utilizas estas palabras típicas de Canarias, tienes más alma canaria de lo que imaginas

02-03-2026

Jorge Siverio

Si utilizas estas palabras típicas de Canarias, tienes más alma canaria de lo que imaginas

Un repaso a las expresiones canarias más usadas que reflejan la identidad, el acento y la forma de vivir en el Archipiélago

En Canarias, se habla como se vive; es decir, con cercanía y cierto desparpajo. En el Archipiélago la conversación se da en confianza, con retranca y también esa pizca de musicalidad que desarma el alma de cualquiera que viene de fuera. El acentoarrastra siglos de historia compartida con Hispanoamérica y deja un poso reconocible desde que alguien suelta el primer «chacho».

El español de las Islas se fue cociendo entre puertos, emigraciones, idas y venidas. Hay vocablos que viajaron a Cuba o Venezuela y volvieron, pero ya de otra forma. Con otra cadencia. Otros se quedaron. Pero todos dan como resultado un habla con personalidad, que se reconoce al instante y que, para muchos, es una seña de identidad casi tan potente como el gofio o el plátano.

Palabras que delatan el habla de las Islas

Algunas expresiones funcionan como contraseña. Si las usas con naturalidad, no hace falta enseñar el DNI.

  • Chacho: Pocas palabras condensan tanto. Sirve para llamar la atención, para mostrar sorpresa y como comienzo de una frase cuando no sabes muy bien cómo entrarle al asunto. Es el comodín lingüístico del Archipiélago. Sirve para todo y en cualquier circunstancia. No hay nada más canario que esta expresión.|
  • Fos: Breve, pero a la vez contundente. Una reacción instintiva ante un mal olor o algo desagradable. Se dice y punto.
  • Guagua: El autobús es la guagua. Y lo será aunque la Real Academia Española recoja el término como americanismo. En las Islas tiene carta de naturaleza desde hace décadas. Subirse a la guagua en Santa Cruz o en Las Palmas de Gran Canaria forma parte de la rutina diaria, y nadie siente que esté usando una palabra prestada.
  • Calufa: Cuando el calor aprieta y el bochorno se vuelve pegajoso, aparece la calufa. Con mayúsculas. Una sensación que obliga a buscar sombra o algo de brisa.
  • Pelete: Porque sí, aunque no lo parezca en Canarias también hace frío. Y cuando baja la temperatura, sobre todo en medianías o cumbres, se dice que hace pelete.

Una manera de estar en el mundo

Los lingüistas llevan años estudiando las particularidades del habla canaria, como el seseo, el uso frecuente del ustedes en lugar del vosotros, ciertos diminutivos o giros sintácticos. Sin embargo, todo conforma una colección que es el reflejo de cómo es la convivencia en las Islas y en las calles, donde se vive con naturalidad.

Basta escuchar a dos personas mayores conversando en un banco de cualquier plaza del Archipiélago para entenderlo. Las palabras fluyen, pero también se interrumpen, se retoman, se matizan. Hay cercanía, confianza. Incluso entre desconocidos.

En definitiva, si alguna de estas expresiones forma parte de tu vocabulario cotidiano, puede que lleves Canarias en el acento, en el ritmo o en ese «chacho» que se te escapa sin darte cuenta.

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[Canarias}> El ‘quijotesco’ pueblo de los molinos en España que debes visitar antes de que termine febrero: está en Canarias y casi nadie lo conoce 

El ‘quijotesco’ pueblo de los molinos en España que debes visitar antes de que termine febrero: está en Canarias y casi nadie lo conoce

Sus molinos históricos, su arquitectura tradicional y su pasado cerealístico convierten a este municipio majorero en una parada imprescindible para quienes buscan autenticidad lejos de las rutas masificadas

[Canarias}> La palabra ‘cachucha’, en su acepción de ‛sombrero’, ¿puede considerarse una palabra canaria?

23-02-2026

La palabra ‘cachucha’, en su acepción de ‛sombrero’, ¿puede considerarse una palabra canaria?

El Diccionario de la Real Academia Española define cachucha en su segunda acepción como «Especie de gorra», es decir, como un tipo concreto de la prenda que se usa para cubrir la cabeza, que está hecha especialmente de tela, piel o punto y que lleva visera.

En Canarias, sin embargo, esta voz se emplea para referirse, de modo despectivo, a cualquier tipo de sombrero. En las islas orientales de nuestra Comunidad, hace referencia también a un tipo de boina o bilbaína usada en las Islas.

En América, según recoge el Diccionario de americanismos de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), cachucha se utiliza en varios países con el sentido de «Gorra de tela con visera».

Palabras nuestras

desamorable

  1. adj. Lz., GC. y Go. Poco cariñoso, que muestra desapego. ¡Mira que ese hombre es desamorable! No quiere ni que lo besen los nietos.

 desandado, da

  1. adj. Lz., GC., Tf. y LP. Inquieto, excitado, bullicioso. Lleva unos días desandado, y no veo la hora de que vengan los padres y se hagan cargo de él.
  2. adj. GC. Atolondrado, aturdido.

 Información sobre la localización de voces y acepciones

  • Fv: Fuerteventura
  • GC: Gran Canaria
  • Go: La Gomera
  • Hi: El Hierro
  • LP: La Palma
  • Lz: Lanzarote
  • Occ: Islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro)

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[Col}> La vida es una carambola / Soledad Morillo Belloso

07-10-2025

Soledad Morillo Belloso

La vida es una carambola

Por muy inteligente que te creas, por mucho que hayas leído, subrayado, anotado al margen y hasta memorizado con voz de declamador, nunca sabes cómo va a resultar una carambola. Puedes tener tres doctorados, hablar cinco idiomas y citar a Spinoza mientras haces café, pero la vida —esa señora con bata de flores y pantuflas filosóficas— tiene una puntería caprichosa y un sentido del humor que ni Bryce Echenique en sus días más traviesos.

La carambola no respeta currículum. Es ese momento en que tú, tan brillante, tan estratega, lanzas la bola con elegancia, calculando ángulos, velocidades, fricciones, y zas: rebota en el borde, se tropieza con una duda existencial, se desliza por una lágrima mal contenida y termina en el bolsillo equivocado. O en ninguno. O en el bolsillo de otro. O en el suelo, junto a tu dignidad y tu plan quinquenal.

La carambola es la metáfora perfecta de lo que no controlamos. Es el recordatorio de que la vida no se deja domesticar por Excel ni por tratados filosóficos. Es el golpe que pensabas maestro y resulta tragicómico. Es el amor que parecía eterno y se disuelve en una discusión sobre cortinas. Es el trabajo soñado que se convierte en pesadilla con cafetera rota. Es el amigo con el que te peleas justo después de que le prestaste el libro que más amas. Es el cuerpo que envejece sin pedir permiso, la voz que tiembla cuando no debería, el silencio que se instala en un auditorio cuando esperabas aplausos.

Y ahí estás tú, con tu inteligencia brillante, tu biblioteca ordenada por temas y colores, tu capacidad de análisis, tu sarcasmo afilado… mirando cómo la bola hace lo que le da la gana. Porque hay cosas que no se pueden predecir, ni controlar, ni encerrar en teorías. Hay carambolas que son poesía, otras que son bofetadas, y otras que son chistes malos contados por el destino.

Así que sí, estudia, piensa, afina tu mente como violín de concierto. Pero no olvides que hay días en que la vida juega billar con los ojos vendados y los pies en la mesa. Y tú solo puedes mirar, reírte un poco, llorar si hace falta y volver a colocar las bolas. Porque al final, lo que importa no es ganar la partida, sino saber perder con estilo. Y reírte de la carambola como quien celebra el caos con copa en mano y refrán a flor de labios.

Y si por casualidad logras una carambola perfecta —esa jugada que parece escrita por los dioses del billar y narrada por García Márquez en día de parranda— no te emociones demasiado. Porque justo cuando crees que entendiste el truco, que dominas el tablero, que ya puedes dar consejos en podcast motivacional, la vida te cambia las reglas. Te pone bolas nuevas, te quita el taco, te apaga la luz y te dice: “Ahora juega con la intuición”. Y tú, que venías con manual, te quedas con cara de PowerPoint sin conexión.

La vida no quiere que la entiendas. Quiere que la bailes. Que la tropieces. Que la celebres con torpeza y refranes mal dichos. Que te rías de tus cálculos fallidos y abraces el rebote inesperado. Que conviertas el error en relato, el golpe torcido en canción, y el fracaso en sobremesa con café colado. Porque al final, lo que queda no es la jugada perfecta, sino la carcajada compartida cuando todo salió al revés y, sin embargo, seguimos jugando.

Mi vida no es lo que es, es como yo me la cuento a mí misma. Y en ese cuento hay exageraciones, silencios estratégicos, refranes reciclados, escenas que repito como mantra y otras que edito con descaro. Hay cosas que no quiero recordar porque no me sirve para nada recordar. Mi versión de mi vida no es mentira, y no tiene falsos agregados, es edición afectiva. Un relato al que le he arrancado unas cuantas páginas, porque afean el texto. Es narrativa de supervivencia. Es convertir el caos en relato, el duelo en ritmo, la carambola en metáfora.

Porque si me dejo llevar por lo que “es”, termino atrapada en el parte médico, en el saldo bancario, en la lista de pendientes. Pero si me la cuento como yo quiero, entonces aparece la risa en medio del apagón, el amor en la grieta, el recuerdo magnífico, la dignidad que quedó incólume en mi más reciente caída con la consiguiente carcajada propia y de testigos. Me la cuento con humor tragicómico, con voz de sobremesa, a ritmo de guaracha existencial. Y ahí, en esa versión que no busca ser objetiva sino profundamente mía, la vida se vuelve vivible. Y hasta hermosa.

[Canarias}> El monte submarino al sur de El Hierro contiene uno de los mayores depósitos de telurio

28-11-2025

 Rodrigo Padilla

 El monte submarino al sur de El Hierro contiene uno de los mayores depósitos de telurio

La disputa entre Marruecos y España por el tesoro del Atlántico

Investigaciones difundidas por universidades británicas estiman que podría albergar unas 2.600 toneladas de telurio, lo que supondría cerca del 5 % de las reservas mundiales conocidas.

El futuro del monte submarino Tropic, situado a unas 269 millas náuticas al sur de El Hierro, ya no es sólo una cuestión geológica. Este volcán apagado, que se encuentra a unos 1.000 metros de profundidad y que es considerado uno de los puntos con mayor concentración de telurio del planeta, ha entrado en la agenda política de Marruecos y en el radar diplomático de España. Para Canarias, esta disputa afecta a la delimitación de aguas y al acceso a recursos estratégicos.

Tropic forma parte de las llamadas “abuelas canarias”, unos montes submarinos más antiguos que las islas actuales. Las investigaciones indican que contiene telurio, cobalto, níquel, vanadio y tierras raras en concentraciones muy elevadas . Investigaciones difundidas por universidades británicas estiman que podría albergar unas 2.600 toneladas de telurio, lo que supondría cerca del 5 % de las reservas mundiales conocidas.

Tropic y el telurio

Esta formación se encuentra fuera de la Zona Económica Exclusiva tanto de España como de Marruecos, lo que deja cualquier derecho sobre sus recursos en manos de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Esta permite ampliar la plataforma continental hasta las 350 millas si se demuestra su “continuidad geológica”. España presentó una solicitud en 2014 ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental. Aún sigue en revisión.

En ese marco, para los especialistas del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) tanto el Tropic, como el resto de los montes de su entorno (dentro de las 200 millas españolas) son unas “Canarias prehistóricas” que podrían haber surgido del mismo punto caliente de la corteza terrestre que las actuales.

Marruecos movió ficha seis años después. En 2020, su Parlamento aprobó redefinir su mar territorial y su Zona Económica Exclusiva, incorporando las aguas frente al Sáhara Occidental. Ese trazado genera solapes con las aguas proyectadas al sur de Canarias y trasladó el debate del plano técnico al político.

La situación es especialmente compleja dado que España no reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Mientras, en la carrera por el Tropic, Rabat usa ese territorio como base para justificar su proyección marítima. Una situación diplomática y territorial atípica y sui géneris.

Tras la crisis diplomática de 2021, ya en 2022, España calificó el plan marroquí de autonomía para estos territorios como “la base más seria, realista y creíble” y se comprometió a reactivar la delimitación marítima en el Atlántico. También se abrió la posibilidad de revisar la gestión del espacio aéreo que afecta al Sáhara, parte del cual se controla desde Gran Canaria.

En ese nuevo clima, el medio especializado Atalayar, con una línea editorial muy cercana a las tesis marroquíes, publicó recientemente un extenso estudio proponiendo un “reconocimiento del ejercicio soberano” de Marruecos sobre sus “provincias del Sur” y, de igual forma, de España sobre Canarias. A partir de ahí, avanza sobre una delimitación marítima y trata la creación de una zona de desarrollo conjunto alrededor del Tropic.

El documento sugiere además que Marruecos asuma progresivamente la gestión del espacio aéreo sahariano.

Varios analistas de geopolítica leen este artículo como un “globo sonda”. Al sol de hoy, el Tropic sigue siendo un gigante bajo el océano por el que la pelea para obtener sus recursos ya ha empezado.

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[Col}> Leer a otros: antídoto contra el ego / Soledad Morillo Belloso

23-09-2025

Soledad Morillo Belloso

Leer a otros: antídoto contra el ego

Escribir sin leer es como querer sembrar sin haber caminado nunca por un campo. El escritor que no lee se convierte en monólogo, en espejo que sólo refleja su propia voz. Leer a otros es el único acto que le recuerda que no está solo, que su palabra viene de una larga procesión de voces, de un coro que lo precede y lo excede.

Leer es abrir la puerta de la casa del lenguaje y dejar que entren los vecinos con sus acentos, sus refranes, sus silencios. Es permitir que te desordenen los muebles, que te cambien el ritmo de las oraciones, que te enseñen que la tristeza también puede rimar con fiesta, que la alegría puede tener sintaxis de duelo.

El ego del escritor, ese animalito endemoniado que se alimenta de aplausos y de la vana ilusión de originalidad, sólo se domestica cuando se enfrenta a la grandeza ajena. Leer a otros es reconocer que no se ha inventado nada solo, que cada metáfora tiene abuelos, que cada imagen tiene primos lejanos. Es aceptar que se escribe en comunidad, incluso cuando se escribe en soledad. Hace que el escritor entienda que él también es otro.

Leer es como oír cantar a otros en la plaza. Uno puede tener su copla, su tonada, pero al escuchar las voces ajenas, se aprende a armonizar, a callar cuando toca, a improvisar cuando el silencio lo pide. Es un acto de humildad y de fiesta. Porque leer no es sólo aprender, es celebrar que otros también han sentido, han pensado, han dicho.

El escritor que lee se vuelve poroso. Se le filtran ritmos, colores, sabores. Se le cuelan refranes, estructuras, preguntas que no se había hecho. Y entonces su escritura se vuelve más rica, más viva, más humana. Porque ya no escribe para sí, sino con los otros, desde los otros, a través de los otros, para los otros.

Leer a otros es también un acto ético. Es reconocer la diferencia como valor, la pluralidad como riqueza. Es confrontar el odio con la escucha, la arrogancia con la curiosidad. Es entender que cada texto ajeno es una semilla de futuro, una posibilidad de transformación.

Por eso, leer no es un lujo ni una técnica. Es un deber del escritor. Un ritual indispensable. Una forma de mantener el alma abierta y el ego en su sitio.

[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (IX): Tagaragre

11-02-2026

Felipe Jorge Pais Pais

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (IX): Tagaragre

El noveno término y señorío era Tagaragre, que llaman hoy Barlovento, y era señor Temiaba, que, por ser hombre de poco ánimo, tenía un palmero consigo, llamado Autinmara, valiente y de quien se hacía tanto y más caudal que del mesmo señor, y éste lo gobernaba todo al tiempo de la conquista (J. Abreu Galindo, 1977: 268).

El topónimo Tagaragre, en su versión castellana se ha mantenido hasta la actualidad, puesto que su significado es el de ”…barlovento…“ (I. Reyes Martín, 2011: 362), extendiéndose por el territorio del actual municipio de Barlovento.

Estaba gobernado, a la llegada de las huestes castellanas de Alonso Fernández de Lugo, por Temiaba. Es interesante detenernos un poco en este antropónimo, puesto que su traducción literal es: “…mujer temerosa…” (I. Reyes Martín, 2011: 402). Podríamos plantearnos que, a pesar de que las fuentes etnohistóricas coinciden en que se trataba de un hombre, fuese, en realidad, una mujer.

Igualmente, no es descabellado suponer que tuviese inclinaciones homosexuales puesto que, en lengua amazigh, la variante “temia…” (I. Reyes Martín, 2011: 401) tiene, precisamente, ese significado. No obstante, lo más probable es que fuese un varón cuyas dotes de mando eran poco enérgicas, puesto que Temiaba, en sentido figurativo, también se puede traducir como una persona “…pusilánime.” (I. Reyes Martín, 2011: 402).

Por esta misma razón, no es de extrañar que en las tareas de gobierno se dejase aconsejar por otro benahoarita, llamado Autinmara quien, en realidad, llevaba todo el peso del control del cantón, tal y como se desprende de la cita textual del primer párrafo. Autinmara, calificado de valiente, se puede traducir como “…hijo de los reconocimientos.” (I. Reyes Martín, 2011: 106-107). Este nombre, quizás, alude al beneplácito que su labor tenía entre la población benahoarita moradora del cantón de Tagaragre.

Parte occidental del cantón de Tagaragre desde el Mirador de La Lomadita (Gallegos). Foto: Jorge Pais Pais

La conquista de Benahoare no fue tan sencilla como, generalmente, se suele creer. Incluso, se produjeron una serie de rebeliones tras la captura de Tanausú en la Fuente del Pino (Barranco del Riachuelo. El Paso). Y esta gran rebelión se produjo entre la población benahoarita del cantón de Tagaragre:

Los palmeros, como vieron al capitán Alonso de Lugo fuera de la isla, levantáronse más de trescientos palmeros, los cuales hacían mucho daño. De esto fue avisado Alonso de Lugo, que estaba en Tenerife; y, por no dejar de proseguir la empresa comenzada, mandó por capitán de la isla de La Palma, para que la quietase, a Diego Rodríguez de Talavera, hombre plático y cursado en la guerra y conocido de los palmeros. El cual, venido que fue a La Palma con treinta soldados, recogió alguna gente y amigos que se juntaron, y con ellos, después de algunos reencuentros que tuvo, los desbarató, aunque le costó algunos soldados que le mataron, y muchos heridos. Pero al fin, con su industria, los tornó a quietar, y puso la isla en paz y sosiego, haciendo en los alzados castigo ejemplar, con el cual estuvieron siempre leales y obedientes.” (J. Abreu Galindo, 1977: 288-289).

De la cita textual del párrafo anterior podemos extraer una serie de conclusiones sumamente interesantes. El capitán Diego Rodríguez de Talavera desembarcó en el espigón rocoso que, a partir de ese momento, paso a llamarse Puerto o Porís de Talavera, topónimo que se ha mantenido hasta nuestros días.

Cabe suponer que este lugar fue el escogido para tomar tierra porque en esta zona, del primitivo cantón de Tagaragre, se encontraba el núcleo de la rebelión o, cuando menos, se habían concentrado en este punto de Benahoare, bastante alejado de los principales núcleos de población del este y oeste.

Este aislamiento y, seguramente, la quebrada orografía, así como los densos bosques de laurisilva que, prácticamente, llegaban hasta la orilla del mar, convencieron a los insurgentes de que se trataba del lugar ideal para enfrentarse al ejército invasor. Y, como señala la fuente bibliográfica, el sometimiento de los rebeldes no fue un paseo y tuvieron lugar una serie de enfrentamientos con numerosos muertos y heridos, por ambos bandos, aunque el resultado final ya se conocía de antemano ante la superioridad armamentística de las huestes castellanas.

Porís-Puerto de Talavera. (Foto: Jorge Pais Pais)

Las prospecciones superficiales realizadas durante la elaboración de la carta arqueológica de Tagaragre, actual Barlovento, nos indican que fue una demarcación territorial que soportó un denso poblamiento aborigen, desde las primeras oleadas, en torno al siglo II, hasta finales del siglo XV. Así lo indica la presencia de fragmentos de cerámicas de todas las fases, desde la I (más antigua) a la IVb, que se hacía cuando llegan los conquistadores castellanos.

La vida, en esta parte de Benahoare, no fue sencilla puesto que la mayor parte del territorio estaba cubierto por densos bosques de laurisilva y su relieve está surcado por enormes barrancos de laderas muy verticales y difícil tránsito. No obstante, contaban con uno de los recursos naturales más preciados, cual era la abundancia de agua en forma de fuentes, manantiales (Roque de Los Árboles. Gallegos) y, muy posiblemente, escorrentías casi permanentes.

Los asentamientos se concentraban en las numerosas cavidades naturales que se abren en las laderas de barrancos y barranqueras hasta una cota altitudinal que, raramente, superaba los 300-400 metros, puesto que la frondosidad del monte y la intensa humedad ambiental hacían muy complicada la vida cotidiana.

Desgraciadamente, tras la conquista de Benahoare en 1493, las zonas de costas y medianías en las que vivió la población aborigen acogieron los asentamientos históricos. Los lomos y llanadas fueron intensamente roturados, las laderas de los barrancos abancaladas y el monte “rosado”.

Esta gran modificación del territorio tuvo, evidentemente, grandes consecuencias en la integridad y conservación de su rico y variado patrimonio arqueológico. Así, por ejemplo, las cavidades naturales fueron intensamente reutilizadas hasta nuestros días como vivienda, “pajeros”, encerraderos de cabras, almacén, cuarto de aperos, etc.

Una costumbre muy habitual fue el uso del sedimento arqueológico como suelo agrícola en las vetas que se hicieron en las laderas de barrancos y barranqueras. Es habitual que muchas cuevas de habitación fuesen vaciadas, hasta llegar a la roca madre, de tal forma que los materiales prehispánicos (fragmentos de cerámica, piezas líticas, restos de fauna doméstica y malocológicos, etc.) “siembren” las vetas de cultivo. Así mismo, también se vaciaron los yacimientos funerarios conocidos como cuevas del polvo o del gofio.

Asentamiento en cuevas en el Topo del Hoyo (Montaña La Centinela. Oropesa) y laderas del barranco abancaladas. (Foto: Jorge Pais Pais)

Este tipo de transformación del territorio la encontramos en toda la orografía insular, aunque, bien es verdad, que en ningún lugar alcanzó la magnitud que en Barlovento. Esta modificación del relieve tan acentuada es una de las posibles causas, entre otras, de la escasez de estaciones de grabados rupestres que, en el estado actual de la investigación arqueológica, se conocen en el primitivo cantón de Tagaragre que, por otro lado, si son bastante abundantes en los pastizales de alta montaña en los bordes de la Caldera de Taburiente.

Ello no quiere decir, ni muchísimo menos, que no existan yacimientos arqueológicos sumamente interesantes en cuevas de habitación, enterramientos, petroglifos, conjuntos de canalillos y cazoletas, almogarenes, piletas marinas, amontonamientos de piedras, conjuntos pastoriles, abrigos y cabañas, etc. (F. J. Pais Pais, 2007).

Uno de los yacimientos arqueológicos funerarios más interesantes de La Palma fue localizado en Los Pedregales, caserío de La Cuesta, en un paraje conocido por La Mondina. El hallazgo se produjo el 30 de abril de 1894 y se descubrieron “…los huesos de tres seres humanos con sus sombreros de palma, al parecer encajados en cada calavera, con sus bastones de diferentes clases de madera junto á cada esqueleto y una bolsa de cuero y un pedazo de lienzo. Todo tendido horizontalmente debajo de un empedrado y sobre hojas de pino y otros árboles de nuestros montes perfectamente secas.” (F. J. Pais Pais, 2007: 323).

Finalmente, los denominados sombreros de palma que, en realidad, parecen tres cestos “…elaborados con haces de juncos dispuestos en espiral y unidos entre sí por la trama que se trabaja envolviendo el haz y al mismo tiempo parte del siguiente…” (E. Martín Rodríguez, 1992: 80). Del ajuar funerario y los restos humanos descritos anteriormente, sólo los cestos fueron entregados a la Sociedad La Cosmológica y, actualmente, forman parte de la exposición permanente del Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos).

Cesto de juncos trenzados descubierto en la necrópolis de La Mondia (la Cuesta. Barlovento). (Foto: Pedro Riverol-MAB)

También en el barrio de La Cuesta (Barlovento) se conoce otro yacimiento, conocido como Cueva de La Higuera, sumamente interesante para la arqueología de La Palma. Este yacimiento, a diferencia de la necrópolis de La Mondina, fue excavado, en diciembre de 1979, por Ernesto Martín Rodríguez (1979: 253-262).

Desgraciadamente, los materiales más llamativos e importantes fueron recogidos por particulares en el momento del hallazgo, de tal forma que estos objetos malacológicos, hoy depositados en el Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos de Aridane), fueron estudiados cuando ya habían sido descontextualizados, por lo que desconocemos datos tan interesantes como su posición, relación con los otros materiales, etc.

Entre las piezas más llamativas, sobre todo por su gran cantidad, destacan 63 colgantes, con un agujero de suspensión, realizados sobre conchas marinas, especialmente ostrones (Spondylus gaederopus), que recuerdan poderosamente al reciente al reciente hallazgo de una ofrenda ritual en el interior de un tubo volcánico en el Salto de Tigalate (Villa de Mazo).

Colgantes sobre conchas de ostrones descubiertos en la Cueva de La Higuera (Barlovento). (Foto: Saúl Santos-MAB)

En la Cueva de La Higuera también aparecieron otras piezas que, hoy en día, siguen siendo únicas para la arqueología palmera. Nos referimos a tres colgantes, de gran tamaño, realizados sobre marfil, lo cual plantea un dilema sobre el que sólo es posible plantear distintas hipótesis.

La presencia de estos objetos de adorno personal, aunque también podrían tener una funcionalidad mágico-religiosa (amuletos protectores) o suntuaria (símbolos de prestigio o poder), sólo puede explicarse por su traída desde su lugar de procedencia en el continente africano, donde si existe esta materia prima en animales salvajes, o, más probablemente, se recogieran en las playas de Benahoare tras el varamiento de algún tipo de cetáceo cuyas piezas dentarias son de este material.

Colgantes de marfil (Cueva de La Higuera. Barlovento). (Foto: Saúl Santos-MAB)

Los colgantes de conchas marinas, así como los de marfil, fueron recogidos en 1979 por los autores del hallazgo. Los resultados de la excavación arqueológica en la Cueva de La Higuera nunca han sido publicados. También sabemos que apareció una vasija entera de la fase IVb que, desde esa fecha, permaneció custodiada por José Luis Pérez Martín, quien decidió donarla al Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos de Aridane) a principios de 2017.

Es interesante destacar que, junto a esta vasija de barro, también se entregó una mandíbula y otros huesos humanos lo que otorga a este yacimiento mayor importancia, si cabe, puesto que desconocíamos su uso como depósito funerario.

Vasija de la Fase IVb descubierta en la Cueva de La Higuera. (Foto: Jorge Pais Pais)

Los límites territoriales del cantón de Tagaragre serían, prácticamente, los mismos que los del actual municipio de Barlovento. Así, la frontera con Adeyahamen (San Andrés y Sauces) estaría en el Barranco de La Herradura, mientras que con el bando de Tagalguen (Garafía) se encontraría en el gigantesco Barranco de Franceses, cuyo recorrido va desde la costa hasta su enorme cabecera en los bordes de la Caldera de Taburiente.

Bibliografía general

-ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.

-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).

-MARTÍN RODRÍGUEZ, E.: La Cueva de La Higuera. Nueva aportación a la prehistoria de la Isla de La Palma, Revista de Historia Canaria, XXXVII, (Santa Cruz de Tenerife), 1979, Págs. 253-262.

-MARTÍN RODRÍGUEZ, E.: La Palma y los auaritas, (Santa Cruz de Tenerife), 1992.

-PAIS PAIS, F. J.: El bando prehispánico de Tagaragre, (Madrid), 2007.

-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

Fuente