[El Paso}> Humor en casos verídicos. Lo que enloquece a los hombres

20-11-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrió tal y como lo cuento. El nombre es ficticio.

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María Rosa vivía cerca de una de las C3 (de ésas que describí en Casas de Corte y Costura) que había en El Paso, y una tarde decidió ir de visita por saber de qué hablaban las muchachas allí reunidas, y le sorprendio que el tema del día era lo que, según todas ellas, enloquecía a los hombres: el sexo femenino (vulva).

Aunque con cierto pudor, varias de las muchachas describieron en detalle los “atributos” de la suya: cantidad y forma del vello, dimensiones de la abertura, grosor de los labios, etc. … y luego todas reían entre sonrojos.

Al notar la expresión de extrañeza que María Rosa puso y que nada había dicho al respecto, le preguntaron si ella tenía algo que contar acerca de la suya, y las muchachas rieron de nuevo ante el tímido ‘No’ que recibieron por respuesta, lo que motivó que María Rosa se retirara visiblemente avergonzada.

Pero al día siguiente fue de nuevo a la C3 y, con un cierto aire de satisfacción, dijo a las muchachas:

—Cuando ayer me fui de aquí me metí en mi cuarto, me eché en la cama, abrí las piernas y, usando un espejo, pude ver “eso” feo de lo que ustedes hablaban ayer, y estoy espantada: ¡¿Por eso se vuelven locos los hombres?!

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Clase de astronomía: el Sol y la Luna

13-11-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrió tal y como lo cuento. El nombre es ficticio.

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Terminada la Guerra Civil, ante la falta de maestros de Primaria, el Gobierno de turno destinó, por lo menos para La Palma, a varios de dudosa vocación y peor preparación.

A uno de éstos preguntó un día un alumno:

—Don Orlando, ¿qué es más grande, el Sol o la Luna?

Después de pensar por unos segundos, don Orlando respondió:

Si grande es uno, grande es la otra

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Gertrudis y la vitamina B12

07-11-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrió tal y como lo cuento. Sólo uno de los nombres es ficticio.

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Hasta que dejé El Paso, en los años 50, en la venta de don Vicente Pino, en la Cruz Grande, había un teléfono que los parroquianos, no recuerdo si pagando o no, usaban con frecuencia.

Un día, estando la venta llena de clientes, la mayoríae féminas, entró Gertrudis, vecina del barrio y, diciendo que necesitaba hablar con don Norberto, el entonces médico del pueblo, consiguió de don Vicente la debida autorización, se dirigió al aparato, marcó, y esto fue lo que dijo cuando contestaron del otro lado de la línea:

Don Norberto, soy Brígida. Es que quiero decirle que esas pollas que usted me mandó me dejan el culo ardiendo.

La estruendosa caracajada fue larga y general.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Emprestigios y excomunión

24-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Lolita, una solterona de edad ya avanzada, era muy religiosa: asistía a misa todos los domingos y la gozaba desde su reclinatorio y con misal en mano.

En la misa de un cierto domingo, la vecina de Lolita se dio cuenta de que ésta estaba “leyendo” el misal… pero lo tenía al revés, así que sin más le dijo:

—Lolita, tienes el misal al revés

A lo cual Lolita, enderezando el misal, contestó:

—Eso dan los emprestigios

Un buen día, la autoridad eclesiástica competente —no sé si el cura o el obispo— decidió eliminar de la iglesia de El Paso todos los reclinatorios y reemplazarlos por bancos. Poco a poco, los feligreses dueños de reclinatorios fueron llevándoselos a casa, pero Lolita se negó de plano a retirar el suyo. Cansado de su tozudez, Roberto, el sacristán, que cada domingo le pedía a Lolita que se llevara el reclinatorio, pero sin éxito, optó por decirle:

—Lolita, si el próximo domingo está tu reclinatorio todavía aquí, ¡te excomulgo!

Y por fin Lolita se llevó su reclinatorio.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Sinceridad en su máxima expresión

18-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Evangelina, que era costurera, en su casa daba clases de costura a varias muchachas del pueblo, y su rasgo más destacado era decir lo que creía, fuera lo que fuese y ante quien fuese.

Nerea, una muchacha del pueblo que en cuanto a su físico nada tenía que agradecer a la Providencia, sorpresivamente se casó con un muchacho igualmente muy poco favorecido en su físico. Tuvieron una hija, y cuando Evangelina lo supo dijo a sus alumnas que ella tenía que ver a esa niña.

Un día, cuando una de las alumnas llegó a clase le dijo a Evangelina que había visto a Nerea que, con su niña en brazos y acompañada de su marido, bajaban a revisión médica de la niña. Una vez que Evangelina estimó el tiempo en que ese trío tardaría en pasar frente a su casa, ya de regreso del médico, pidió que cada alumna montara guardia por un rato, turnándose con otra, para que le avisaran apenas vieran que el trío se acercaba.

Cuando la vigía de turno los vio venir, avisó a Evangelina, que de inmediato se apostó en el muro de su casa y, llegado el momento, salió al camino, interceptó a Nerea y le pidió que le dejara ver a la niña. Con orgullo de madre, Nerea descubrió la cara de la criatura, que la traía cubierta por un pañal, y cuando Evangelina, asombrada, vio que la niña era muy linda le dijo a Nerea: “Pues, ¿sabes lo que te digo? Que para ser hija tuya no puedes pedir más”.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Nuevo nombre de lepidóptero

09-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Bruno asistía a la escuela de mi tío-abuelo Pedro Castillo, a quien ponía de mal humor la poca lucidez del muchacho.

En la educación de entonces era común enseñar deletreando por sílabas el nombre de un objeto conocido del alumno, y así para ‘faro’ se decía ‘efe a, FA; ere o, RO’: FARO’.

Un día, don Pedro mostró a Bruno la imagen de una mariposa y le dijo “Esto es una mariposa y el nombre se escribe así”. Y con mucha paciencia fue escribiendo ante Bruno las sílabas, mientras las pronunciaba en voz alta: ‘eme a, MA; ere i, RI; pe o, PO; ese a, SA’.

Al final del deletreo, y teniendo Bruno ante sí la imagen de la mariposa y la palabra MA-RI-PO-SA, don Pedro señaló la imagen y preguntó a Bruno:

—¿Cómo se llama?

Y Bruno contestó: “Barboleto”.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Sin cambio en sus dimensiones

02-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Nota previa. En España, en el habla popular se da al órgano sexual femenino un nombre masculino, y al masculino uno femenino.

Dolores y su marido disponían de recursos como para tener lo que entonces se llamaba una criada, o sea, una mujer que ayudaba en las tareas de la casa, una casa que, por cierto, era grande y céntrica, pero con una vecina fisgona que se pasaba el día vigilando, entre otras, la casa de Pepe y María, lo cual María sabía muy bien y poco le agradaba esa vecina.

Un día, la vecina, creyéndose en posesión de información muy importante, apenas vio salir a Pepe, fue a visitar a Dolores y le dijo:

—Ay, Dolores, siento decírtelo, pero Pepe se está acostando con tu criada

A lo cual Dolores, sin inmutarse, contestó: “Pues yo no se la he sentido ni menos larga ni menos gorda”.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. El silbido de María

25-09-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay y quiero ocultarlos, son ficticios.

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Las almendras eran —lamentablemente, ya no son— una de las riquezas de El Paso, y para pelarlas existía la costumbre de que muchos vecinos (mayormente mujeres) fueran invitados a la casa de otro para que le ayudaran a pelar las almendras que éste hubiera recogido de su cosecha.

A estas reuniones se les conocía como «Peladas de almendras», y se caracterizaban porque las mujeres asistentes, tal vez animadas por su abrumadora mayoría, se divertían armando posibles «mocedades» (parejas de enamorados) o hablando de las vicisitudes de las parejas ya oficialmente formadas.

En el pueblo se decía que cuando una mujer era virgen y orinaba en cuclillas, su vulva emitía un sonido, como un silbido, que era producido por la estrechez de la vagina y la presencia del himen, y en eso se creía en aquellos tiempos.

A una de estas peladas de almendras fue invitada María, una muchacha de quien José Luis estaba enamorado y cortejaba siempre que podía. Pero como José Luis no había sido invitado a la pelada en cuestión, decidió espiar la reunión desde fuera, por los resquicios de la puerta que daba a la calle, en la esperanza de enterarse de lo que la concurrencia femenina pudiera comentar acerca de sus más que conocidas pretensiones con María y, sobre todo, de lo que ésta pudiera decir sobre sus sentimientos hacia él, algo que, en aquellos tiempos, una mujer no debía confesar nunca a un hombre por más enamorada que estuviera de él.

Y a esa aventura de espía, José Luis se hizo acompañar de su primo Juanillo, tío-abuelo mío que me contó este incidente.

A la casa donde esa noche se llevaba a cabo la pelada de almendras se la conocía entonces como ‘de Sandalio’, estaba un tanto aislada y aún en construcción sobre una plataforma para salvar lo inclinado del terreno. A mitad de esta jornada nocturna, a María le dieron ganas de orinar, se levantó y se dirigió a la puerta de salida. Al verla venir, tanto José Luis como Juanillo, que estaban justo tras esa puerta, bajaron corriendo y se acurrucaron en la base del muro que servía de soporte a la plataforma de entrada.

María salió fuera, cerró la puerta tras ella y, como estaba oscuro y no había nadie a la vista, no bajó a satisfacer su necesidad entre los matorrales del terreno circundante, como habría sido lo normal, sino que se acercó al borde de la plataforma, se puso en cuclillas, remangó su falda, bajó sus bragas, abrió las piernas y, sin más, disparó su chorro……. que fue a caer directamente sobre la cabeza del pobre José Luis, mientras Juanillo, que se separó a tiempo, se tapaba la boca para contener la risa.

Y al dejarse oír en el silencio de la noche el sonido sibilante, alto y firme, que producía el flujo de orina de María, ésta, en voz alta y convencida de que nadie la escuchaba, exclamó: «¡Silba tú que José Luis te va a sacar el silbido!».

Y así, de esta forma tan húmeda e inesperada, pero muy bienvenida, supo José Luis cuáles eran los planes que hacia él tenía María.