[El Paso}> Humor en casos verídicos. Sinceridad en su máxima expresión

18-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Evangelina, que era costurera, en su casa daba clases de costura a varias muchachas del pueblo, y su rasgo más destacado era decir lo que creía, fuera lo que fuese y ante quien fuese.

Nerea, una muchacha del pueblo que en cuanto a su físico nada tenía que agradecer a la Providencia, sorpresivamente se casó con un muchacho igualmente muy poco favorecido en su físico. Tuvieron una hija, y cuando Evangelina lo supo dijo a sus alumnas que ella tenía que ver a esa niña.

Un día, cuando una de las alumnas llegó a clase le dijo a Evangelina que había visto a Nerea que, con su niña en brazos y acompañada de su marido, bajaban a revisión médica de la niña. Una vez que Evangelina estimó el tiempo en que ese trío tardaría en pasar frente a su casa, ya de regreso del médico, pidió que cada alumna montara guardia por un rato, turnándose con otra, para que le avisaran apenas vieran que el trío se acercaba.

Cuando la vigía de turno los vio venir, avisó a Evangelina, que de inmediato se apostó en el muro de su casa y, llegado el momento, salió al camino, interceptó a Nerea y le pidió que le dejara ver a la niña. Con orgullo de madre, Nerea descubrió la cara de la criatura, que la traía cubierta por un pañal, y cuando Evangelina, asombrada, vio que la niña era muy linda le dijo a Nerea: “Pues, ¿sabes lo que te digo? Que para ser hija tuya no puedes pedir más”.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Nuevo nombre de lepidóptero

09-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Bruno asistía a la escuela de mi tío-abuelo Pedro Castillo, a quien ponía de mal humor la poca lucidez del muchacho.

En la educación de entonces era común enseñar deletreando por sílabas el nombre de un objeto conocido del alumno, y así para ‘faro’ se decía ‘efe a, FA; ere o, RO’: FARO’.

Un día, don Pedro mostró a Bruno la imagen de una mariposa y le dijo “Esto es una mariposa y el nombre se escribe así”. Y con mucha paciencia fue escribiendo ante Bruno las sílabas, mientras las pronunciaba en voz alta: ‘eme a, MA; ere i, RI; pe o, PO; ese a, SA’.

Al final del deletreo, y teniendo Bruno ante sí la imagen de la mariposa y la palabra MA-RI-PO-SA, don Pedro señaló la imagen y preguntó a Bruno:

—¿Cómo se llama?

Y Bruno contestó: “Barboleto”.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Sin cambio en sus dimensiones

02-10-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Nota previa. En España, en el habla popular se da al órgano sexual femenino un nombre masculino, y al masculino uno femenino.

Dolores y su marido disponían de recursos como para tener lo que entonces se llamaba una criada, o sea, una mujer que ayudaba en las tareas de la casa, una casa que, por cierto, era grande y céntrica, pero con una vecina fisgona que se pasaba el día vigilando, entre otras, la casa de Pepe y María, lo cual María sabía muy bien y poco le agradaba esa vecina.

Un día, la vecina, creyéndose en posesión de información muy importante, apenas vio salir a Pepe, fue a visitar a Dolores y le dijo:

—Ay, Dolores, siento decírtelo, pero Pepe se está acostando con tu criada

A lo cual Dolores, sin inmutarse, contestó: “Pues yo no se la he sentido ni menos larga ni menos gorda”.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. El silbido de María

25-09-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay y quiero ocultarlos, son ficticios.

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Las almendras eran —lamentablemente, ya no son— una de las riquezas de El Paso, y para pelarlas existía la costumbre de que muchos vecinos (mayormente mujeres) fueran invitados a la casa de otro para que le ayudaran a pelar las almendras que éste hubiera recogido de su cosecha.

A estas reuniones se les conocía como «Peladas de almendras», y se caracterizaban porque las mujeres asistentes, tal vez animadas por su abrumadora mayoría, se divertían armando posibles «mocedades» (parejas de enamorados) o hablando de las vicisitudes de las parejas ya oficialmente formadas.

En el pueblo se decía que cuando una mujer era virgen y orinaba en cuclillas, su vulva emitía un sonido, como un silbido, que era producido por la estrechez de la vagina y la presencia del himen, y en eso se creía en aquellos tiempos.

A una de estas peladas de almendras fue invitada María, una muchacha de quien José Luis estaba enamorado y cortejaba siempre que podía. Pero como José Luis no había sido invitado a la pelada en cuestión, decidió espiar la reunión desde fuera, por los resquicios de la puerta que daba a la calle, en la esperanza de enterarse de lo que la concurrencia femenina pudiera comentar acerca de sus más que conocidas pretensiones con María y, sobre todo, de lo que ésta pudiera decir sobre sus sentimientos hacia él, algo que, en aquellos tiempos, una mujer no debía confesar nunca a un hombre por más enamorada que estuviera de él.

Y a esa aventura de espía, José Luis se hizo acompañar de su primo Juanillo, tío-abuelo mío que me contó este incidente.

A la casa donde esa noche se llevaba a cabo la pelada de almendras se la conocía entonces como ‘de Sandalio’, estaba un tanto aislada y aún en construcción sobre una plataforma para salvar lo inclinado del terreno. A mitad de esta jornada nocturna, a María le dieron ganas de orinar, se levantó y se dirigió a la puerta de salida. Al verla venir, tanto José Luis como Juanillo, que estaban justo tras esa puerta, bajaron corriendo y se acurrucaron en la base del muro que servía de soporte a la plataforma de entrada.

María salió fuera, cerró la puerta tras ella y, como estaba oscuro y no había nadie a la vista, no bajó a satisfacer su necesidad entre los matorrales del terreno circundante, como habría sido lo normal, sino que se acercó al borde de la plataforma, se puso en cuclillas, remangó su falda, bajó sus bragas, abrió las piernas y, sin más, disparó su chorro……. que fue a caer directamente sobre la cabeza del pobre José Luis, mientras Juanillo, que se separó a tiempo, se tapaba la boca para contener la risa.

Y al dejarse oír en el silencio de la noche el sonido sibilante, alto y firme, que producía el flujo de orina de María, ésta, en voz alta y convencida de que nadie la escuchaba, exclamó: «¡Silba tú que José Luis te va a sacar el silbido!».

Y así, de esta forma tan húmeda e inesperada, pero muy bienvenida, supo José Luis cuáles eran los planes que hacia él tenía María.

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Cura olvidadizo

18-09-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Despúes de más de 20 años de noviazgo, Federico decidió casarse. Cuando sus sorprendidos amigos le preguntaron el por qué de esa decisión después de tanto tiempo, Federico dijo que no quería verse inútil y en cama y no contar con alguien que le llevara un agua de pasote.

La noticia de la boda causó tal revuelo en el pueblo, que Federico, Rosa (su novia) y el cura decidieron celebrarla en otro pueblo, pero sin decir nada al respecto. Y así fue; en la ceremonia sólo estuvieron los novios, el cura y los padrinos.

Siguiendo el protocolo, cuando el cura preguntó a Federico si aceptaba a Rosa por esposa, Federico respondió: «¿Y a qué coño cree usted que vine yo aquí?»

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Amor paternal

04-09-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y como los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Ovidio, vecino del Paso de Arriba, tenía dos hijas que, en cuanto a atractivo físico, poco tenían que agradecer a la Providencia. Ambas trabajaban en el turno de noche de la Fábrica Capote, y Ovidio bajaba cada noche con su coche a recogerlas cuando terminaba ese turno.

Un día, cuando Ernesto, otro padre, bajaba también, y más tarde que de costumbre, a recoger a su hija, vio que las dos hermanas subían caminando. Preocupado, les preguntó si es que su padre no había venido a recogerlas. A la respuesta de que no, el buen hombre las subió a su coche junto con su hija y, después de dejar a ésta en su casa, llevó a las dos hermanas a la suya.

Cuando Ovidio recibió a los tres. Ernesto lo llevó aparte y, un tanto alterado, le dijo a Ovidio que cómo se le ocurría dejar que sus hijas anduvieran solas tan tarde en la noche, a lo cual Ovidio contestó «Quien las haya visto de día, no creo que les haga nada de noche»

[El Paso}> La danza con arcos, ofrenda a la Virgen del Pino

28-08-2024

María Victoria Hernández*

La danza con arcos, ofrenda a la Virgen del Pino

La Palma atesora un amplio repertorio de ejemplo de las conocidas “danzas coreadas con arcos de flores”. Desde el siglo XIX se van repitiendo en el calendario festivo insular

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La isla canaria de La Palma atesora un amplio repertorio de ejemplo de las conocidas “danzas coreadas con arcos de flores”. Desde el siglo XIX se van repitiendo en el calendario festivo insular. Las fuentes de información las encontramos en la prensa, programas de fiestas, partituras musicales y el rico legado fotográfico.

El viernes 30 de agosto, a las 19.00 h, entre las múltiples ofrendas que la ciudad de El Paso ofrece y rinde a la Virgen del Pino, se encuentra la interesante y peculiar Danza, con arcos y cintas, ofrenda del profundo devoto de la advocación mariana el pacense Manuel González Díaz (1885-1958).

Llega el momento íntimo de la despedida de la venerada imagen en su Bajada Trienal hasta el casco urbano de la ciudad y el retorno, el domingo 1 de septiembre, por el barrio de Tenerra hasta su santuario a los pies del longevo pino canario del cual “María madre” tomó el nombre y advocación.

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Danza de Manuel Gozález, El Paso. Foto: Archivo Municipal.

En el programa de los festejos trienales de la Virgen del Pino del año 1997 el erudito investigador Carlos Valentín Lorenzo Hernández pone de manifiesto y por primera vez por escrito lo que la memoria del pueblo con cariño atesoraba: La danza de don Manuel González Díaz (1885-1958).

Esta publicación removió la conciencia de algunos entusiastas pacenses y de lo que en 1997 era una caja de cartón llena de fotografías de la “danza de don Manuel” y los recuerdos vagos de los intérpretes de canto y danza cabe la satisfacción de se ha recuperado, no sin esfuerzo y trabajo, para gloria del patrimonio etnográfico de La Palma y testimonio único y peculiar para nuevas generaciones.

Relata Carlos Valentín Lorenzo que la danza se debe a la ofrenda-promesa que el emigrante pacense en Cuba, Manuel González Díaz, le profesaba a la Virgen del Pino de El Paso, su municipio natal.

Lorenzo sitúa en 1945 como la primera representación conocida, aunque pudiera existir con anterioridad. Durante los años 50 y 60, del pasado siglo, se representó hasta que se fue perdiendo del repertorio de actos de los festejos trienales.

Esta manifestación festiva debió ser conocida y valorada y es llevada a otros lugares como es el caso de Tazacorte, lo testimonia una fotografía en las escaleras de la plaza de esta localidad. Al parecer también estuvo en San Andrés y Sauces.

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Danza con arcos, Bajada de la Virgen, 1961. Foto: Archivo Grupo Etnográfico Baile Bueno

La danza desarrolla una coreografía en parejas ataviadas de color blanco y verde, colores de la Virgen del Pino, configurando diferentes momentos con los arcos florales danzando y cantando, apoyados de un coro y música externo.

En un momento determinado surge en el centro de la rueda de danzantes un gran palo con cintas de color verde y blanco sujeto por una persona y rematado por una cruz. Cada uno de los miembros de la danza van entrecruzando las cintas de seda, mientras siguen portando los arcos y un pequeño banderín.

La música, y posiblemente los versos de la letra del canto, se debe el maestro de primeras letras, músico y poeta pacense el erudito, y no suficientemente estudiando y reconocido como se merece, Pedro Martín Hernández y Castillo (1885-1963), quien fuera de director de Bandas de Música en El Paso y posiblemente en 1920 de la de Los Llanos de Aridane. Su amplia obra se encuentra dispersa y aún hoy se recuerda en la Isla las Loas a la Santa Cruz, con libretos teatrales de las “aparecidas” del santo madero.

Parte de la letra, recopilada por Lorenzo Hernández dice:

El Paso de arriba
henchido de amor
ofrece a la Virgen
su fiesta mayor.

Al son de la Danza
queremos bailar.
La Virgen del Pino
La estrella del mar.

Hoy el pueblo pregona por doquier
la grandeza y el célico valor
que atesora la Rosa Inmaculada
la que es Madre de nuestro Redentor.

El recordado artista pacense Rodrigo González de Paez, fallecido en 2018, comentando una foto de Manuel González en redes sociales diciendo: “Mi querido abuelo Manuel González Díaz, autor del único número que posee la Bajada de nuestra señora del Pino, la danza que lleva su nombre”.

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Danza de Manuel González, El Paso, Bajada de 1961. Foto: archivo Grupo Etnográfico Baile Bueno

Los antecedentes de danzas con arcos la ciudad de El Paso es importante y a destacar. A finales del siglo XIX El Paso participa con una danza de niños con arcos en la Bajada de la Virgen en Santa Cruz de La Palma, siendo aplaudida en la prensa de esos años. En la localidad de El Paso, en fotografías anteriores a la danza de Manuel González, se conservan varias muestras de danzas con arcos y niños vestidos de marineros. Otros municipios, como son Santa Cruz de La Palma, Los Llanos de Aridane, Tazacorte y Puntallana, que sepamos, también las tuvieron.

Esta manifestación festiva fue un número recurrente y generalizado en la isla de La Palma. Lo cierto es que entró en desuso y, que sepamos, se conserva sólo dos muestras de ellas. En Puntallana, danza con arcos de marinos de la festividad de Santa Lucia, y en El Paso, danza de don Manuel González Díaz en honor a la Virgen del Pino.

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Manuel González Diaz. Foto: Archivo familiar

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Pedro Martín Hernandez y Castillo, y familia. Foto: Archivo familiar.

(*) María Victoria Hernández, cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

Fuente

[El Paso}> Humor en casos verídicos. Amante frustrado

28-08-2024

Carlos M. Padrón

Ocurrieron tal y cómo los cuento. Los nombres, cuando los hay, son ficticios.

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Además de bajo de estatura, Genaro tenía un hablar defectuoso que le llevaba a alterar o suprimir la primera letra de las más de las palabras. Gustaba mucho del sexo, pero Benita, su mujer, no compartía tanto ese gusto.

Vivían en una cuasi chabola que compartían, tabique de cartón por medio, con otra familia, uno de cuyos hijos cuenta que cuando Genaro llegaba tarde en la noche y Benita estaba ya acostada, él trataba de hacerle el amor, pero ella, por toda respuesta, le daba la espalda y se encogía como un ovillo, ante lo cual Genaro, suplicante, le decía “Enerésate, Enita, e areces el arco e la ira”.