[*Opino}– Lo que erróneamente se cree que es felicidad

20-01-2016

Carlos M. Padrón

La base del artículo que copio abajo, por fin me ha hecho entender también la base de algo que por años me causó muchos desacuerdos, pues, en contra de la opinión de otras personas, alguna muy cercana a mí, siempre sostuve que en ningún lugar está escrito que yo tenga que ser feliz.

Ahora sé que esas personas entendían por felicidad lo que es hedonismo, mientras que yo entendía, y entiendo, lo que llamans eudaimónica, algo que he sabido por medio de este artículo que, a partir de tal distinción, habla sólo de bienestar —emocional, no material— y de la transitoriedad que le es intrínseca, con lo cual he estado siempre de acuerdo. No así con el tal “estado de bienestar” que tanto se defiende últimamente.

Por cierto, la palabra eudaimónica no aparece en el DRAE, pero el artículo explica muy bien su significado.

~~~

19 ENE 2016

Facundo Manes

¿De qué hablamos cuando hablamos de felicidad?

¿De qué hablan esos finales de los cuentos infantiles cuando dicen que héroes y heroínas vivieron felices por siempre? ¿Cómo es que habrán vivido esos personajes? Y, sobre todo, ¿cómo lograron el bienestar en sus vidas de cuento?

Los seres humanos somos los únicos animales capaces de aumentar nuestro sufrimiento, por ejemplo, a través de los pensamientos distorsivos. Pero también tenemos la habilidad de poder potenciar nuestro bienestar. Sabemos que sentirse bien tiene un impacto positivo sobre las personas porque actúa como protector en el organismo. Que las personas, cuando se sienten bien, se enferman menos, viven más y tienen una mejor calidad de vida.

La Ciencia se encarga de estudiar los procesos que involucran la felicidad para así poder establecer definiciones justas y precisas. Hoy en día la investigación se enfoca en describir estados que se relacionan con ella, como el placer y también el llamado “bienestar”. Veamos de qué se trata.

Distintas corrientes filosóficas identificaron dos maneras de acceder al bienestar: una es la vía hedónica, que consiste en disfrutar de todo aquello que implica un placer inmediato (una comida, un paisaje, una reunión entre amigos, etc.); y la otra es la vía eudaimónica. Esta última reside en la satisfacción a largo plazo que se genera como consecuencia de los logros obtenidos, de conseguir los frutos que surgen del esfuerzo, el trabajo y la planificación. Ascender laboralmente, graduarse o superar un mal hábito son algunos ejemplos.

Actualmente, más allá de que la Ciencia mantiene esta división, la denominada psicología positiva la especifica a través de tres vías: la de la vida placentera; la de la vida con compromiso; y la de la vida con significado.

Para estudiar al ser humano en toda su complejidad se necesita una disciplina que no sólo resuelva sus problemas sino que también ayude a construir cualidades positivas que permitan potenciar las fortalezas de las personas.

Si nos proponemos mejorar nuestras vidas, es necesario rechazar algunas ideas falsas que resultan contraproducentes para alcanzar el bienestar. Una de ellas consiste en pensar que se lo encuentra un día de manera repentina. Por el contrario, éste se construye y, generalmente, esta construcción requiere de un gran esfuerzo.

Otra idea afianzada comúnmente es que el bienestar es algo que se tiene o no se tiene, sin medias tintas; mientras que, en realidad, podemos considerar que hay un continuum entre el malestar y el bienestar en el que nos hallamos a lo largo del día y, más aún, de la vida.

Por último, las personas erróneamente tratamos de modificar las circunstancias de la vida (dinero, pareja, etc.) creyendo que eso traerá consigo un definitivo bienestar. Debemos saber que, producto de la adaptación hedónica (nuestra capacidad para asimilar grandes transformaciones en la vida), esos cambios “externos” no producirán bienestar duradero.

Cómo aumentar el bienestar

Existen numerosas actividades que podemos realizar para aumentar el bienestar y la salud emocional. Esto significa que pueden ser entrenadas, es decir, pueden desarrollarse, y eso depende en gran medida de la voluntad. Gracias a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales, e incluso de generar nuevas neuronas ligadas a la experiencia, estas actividades también pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro.

El ejercicio físico es muy beneficioso para la salud, ya que reduce la ansiedad, el estrés y el riesgo de contraer enfermedades; también tiene un rol importante en las funciones cognitivas como la consolidación de recuerdos y la memoria de largo plazo. La ejercitación física, a su vez, mejora el flujo cerebral en estados de reposo, incluso a partir de períodos cortos de entrenamiento. Asimismo produce bienestar en el corto y mediano plazo, ya que el ejercicio genera endorfinas, las hormonas que generan sensación de placer y bienestar, además de tener un efecto analgésico en el organismo.

Numerosas investigaciones han comprobado que meditar de manera regular modifica positivamente la estructura y el funcionamiento cerebral. Estos resultados también sugerirían que la meditación cumple un rol en la plasticidad sináptica, es decir, en la capacidad de las neuronas de generar mayor número de “conversaciones” entre ellas. También la meditación se correlaciona con mayores niveles de bienestar y menor número de enfermedades.

Tener y potenciar las emociones positivas es un recurso que también favorece el bienestar. En los últimos años empezamos a conocer el rol fundamental de las emociones positivas en nuestra vida. Una teoría muy aceptada demostró que no sólo nos hacen sentir bien sino que buscan ampliar nuestro repertorio de recursos positivos y promueven la construcción de nuevas estrategias para mejorar la calidad de vida.

Es así que, cuando llevamos adelante un accionar que produce un resultado positivo, la emoción asociada nos impulsa a querer repetirla en el futuro. Podemos decir que la Ciencia está comprobando que la expresión “ver la vida color de rosa” no estaría tan apartada de la realidad. Un estudio probó que, cuando uno sonríe, el cerebro procesa la información proveniente de rostros con una expresión emocional neutra de la misma manera que cuando procesa rostros alegres.

Mantener relaciones sociales amistosas, afectivas y amorosas también son consideradas fundamentales por la Ciencia para conseguir el bienestar. Se sabe que la presencia de seres queridos altera positivamente la respuesta del cerebro a situaciones amenazantes. Se demostró que las personas que atravesaban una situación estresante y recibían apoyo verbal de sus afectos tenían menores cantidades de cortisol en el organismo, una hormona relacionada en el proceso que se activa ante el estrés, que aquéllas que atravesaban por la misma situación pero recibían apoyo verbal de un extraño o no recibían apoyo alguno.

Algunas de las claves para lograr construir una vida plena se vinculan con utilizar nuestras propias fortalezas para lograr estar satisfechos. Las fortalezas de carácter son rasgos positivos que todas las personas tenemos en mayor o menor medida. La bondad, la gratitud, el amor, la integridad, la curiosidad, la valentía y la generosidad son algunas de ellas.

Ser generoso, por ejemplo, produce una sensación de bienestar ya que activa un circuito neuronal asociado al placer y la recompensa, además de activar diferentes “químicos” asociados a la felicidad como la dopamina y la oxitocina. Las personas generosas reportan tener más amistades, dormir mejor y superar de mejor manera los obstáculos que las personas mezquinas.

Pero vale la pena decir que lo esencial de esto es que, más allá del favor particular, redundan en un bienestar general porque promueven beneficios para toda la sociedad. Así, maximizar nuestras potencialidades solidarias nos ayuda a todos estar bien.

Como un círculo virtuoso, podemos reiterar que sentirse bien contribuye a nuestro bienestar. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, más bien abunda en la idea de que la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Una posibilidad de escribir nuestro propio cuento con final feliz.

~~~

Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico (PhD in Sciences, Cambridge University). Es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas en la Universidad Favaloro (Argentina), University of California, San Francisco, University of South Carolina (USA), Macquarie University (Australia).

[*Opino}– Dinamarca atenta contra la creatividad y la excelencia

12-01-2016

Carlos M. Padrón

Lo que cuenta el artículo que copio abajo ha hecho que mi valoración de Dinamarca, país que he visitado varias veces, haya caído varios puntos, pues eso de que trabajar horas extras es señal de que se es incapaz de realizar el trabajo a tiempo es, no sólo un argumento burocrático y de corte sindicaloide, sino —y esto es grave— contrario a la creatividad y a la búsqueda de la excelencia.

Este argumento presupone que lo que un empleado deba hacer está perfecta y totalmente detallado en su lista de responsabilidades u objetivos, pero, ¿cuántas de tales listas son perfectas y no susceptibles de mejora?

Yo, que por muchos años fui gerente en dos corporaciones multinacionales que, sobre todo una (IBM), se jactaba de saber fijar a sus empleados no sólo lo que se llamaba “job description” (descripción de las responsabilidades del cargo), sino también objetivos claros —yo tuve que hacerlo con quienes estaban bajo mi dirección—, y jamás vi que esos objetivos estuvieran completos o no fuera posible mejorarlos.

Por ejemplo, aún recuerdo que una vez surgió en IBM la necesidad de instalar durante el año entonces en curso 70.000 puntos —medida usada en estos casos— representados por cientos de terminales bancarias 3600 que reposaban “canibalizadas” —o sea, que habían sufrido la sustracción de piezas— en el almacén de la compañía.

Esta tarea no estaba, no al menos como tal, incluida ni en mi job description ni en mis objetivos para ese año. Por tanto, para poder intentar cumplirla —lo cual conseguí— tuve que dedicarle horas extras, y muchas durante muchos meses.

Según el criterio danés, IBM debió haberme despedido por eso, pero no: me premió porque yo había excedido lo que de mí se esperaba.

~~~

11/01/2016

Un estudiante es expulsado de Dinamarca por trabajar 90 minutos de más

Dinamarca ha dado una muestra más de que, en muchos países del norte de Europa, trabajar horas de más no es percibido como algo positivo. Todo lo contrario. Realizar «horas extra» sin previo aviso es una señal de que el empleado es incapaz de realizar su trabajo a tiempo e, incluso, puede ser motivo de despido.

El caso de Marius Youbi, un estudiante de ingeniería camerunés de 30 años que ha perdido su puesto de trabajo y ha sido expulsado del país danés por trabajar noventa minutos de más, representa hasta qué límite puede llegar la rectitud escandinava.

Según publica «The Guardian», Youbi contaba con un empleo temporal de limpiador en el que invertía 15 horas semanales. Estudiaba en la Universidad de Aarhus, había abonado los 4.600 euros que costaba su matrícula y, según afirman en el centro de estudios al medio británico, «era de los mejores de su clase».

La estancia del estudiante africano en Dinamarca se ha interrumpido de forma brusca después de que Youbi fuera despedido y su permiso de residencia cancelado… por trabajar una hora y media más.

Marius Youbi fue despedido al conocerse el hecho. Dado que la política de inmigración danesa es una de las más estrictas de Europa y se ha intensificado desde la llegada de refugiados, el estudiante africano fue deportado la semana pasada. Antes de abandonar el país, Youbi se presentó a tres exámenes planteados por su universidad, los cuales aprobó con nota.

Es por ello que la universidad ha puesto en marcha un proceso para intentar que Youbi vuelva a Dinamarca, y demostrar así que el país danés «tiene un corazón». El centro ha mostrado en varias declaraciones su «rechazo» a la deportación, y se han recogido unas 18.000 firmas para que el estudiante regrese al país escandinavo.

Mientras tanto, según publica «The Guardian» el afectado se ha limitado a lamentar su expulsión: «Es difícil decir adiós a tanto, había construido algo en Dinamarca».

[*Opino}– Tal vez la impuntualidad crónica sea una enfermedad, pero…

12-01-2016

Carlos M. Padrón

Según el artículo que copio abajo, hay casos en que la impuntualidad se debe a una enfermedad a la que han llamado «llegatardismo», pero con la invasión de smartphones que hay en el mundo actual, ya las víctimas de esa enfermedad no tienen excusa: basta con que activen una alarma cuando hacen un compromiso que les obligue a cumplirlo a determinada hora.

Que por su impuntualidad crónica el señor Jim Dubar —a quien le han diagnosticado «llegatardismo»— haya cosechado todo lo que se cuenta en este artículo, no me extraña, pues así como no me gusta tener cerca a un leproso, aunque sé que no tiene culpa de serlo, no me gusta tampoco tener que lidiar con una persona impuntual.

~~~

12/01/2016

Un hombre consigue que le diagnostiquen «llegatardismo»: la enfermedad de la impuntualidad

Si siempre llegas tarde a los sitios cuando te citas con amigos, o el jefe te echa demasiadas broncas porque no estás a tu hora en la oficina, tal vez ahora tengas un motivo para justificar tu impuntualidad.

Al menos sí lo tiene el escocés Jim Dubar, que literalmente no es capaz de llegar a su hora en ninguna ocasión. Este hecho ha provocado que la vida de este hombre sea un auténtico caos, puesto que a causa de su impuntualidad ha sido despedido de muchos trabajos, ha estropeado posibles relaciones amorosas, y ha perdido alguna que otra amistad.

Casi todos conocemos a alguien que tiene este mismo defecto, pero nunca se nos habría ocurrido que podría tratarse de una patología crónica. Al parecer, a Jim Dubar le han diagnosticado un trastorno que le impide llegar puntual a sus citas. Según los resultados de las pruebas a las que fue sometido, el cerebro de este escocés no es capaz de estimar cuánto tiempo trascurre desde que empieza a realizar una actividad, por lo que no puede calcularlo de forma precisa y, por lo tanto, no puede llegar a la hora acordada, a no ser que se produzca una casualidad.

«Una vez acordé con un amigo en que lo recogería a medio día para irnos de viaje, y llegué cuatro horas tarde. Mi amigo estaba furioso porque perdimos el ferry que teníamos reservado», confiesa al diario Evening Telegraph. «En otra ocasión, otro amigo me invitó a comer y llegué más de tres horas tarde. Me he estado culpando toda mi vida por mi terrible impuntualidad ¿por qué no puedo llegar a tiempo a las citas? Ahora sé que es un trastorno, y esto me ha aliviado mucho», añade este impuntual crónico.

[*Opino}– Estupidez en inglés y en español

29-12-2015

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo, que seguramente fue traducido del inglés, se presentan como sinónimos los términos estúpido e idiota, pero, según el DRAE, una persona estúpida es la que destaca por su torpeza en comprender las cosas, mientras que una idiota es la engreída sin fundamento, la tonta o de corto entendimiento, o la que carece de instrucción.

Tal vez esta aparente contradicción venga de la traducción del inglés, pues en ese idioma estupidez es el comportamiento que denota falta de juicio, de sentido común o de inteligencia.  Mientras que idiota es una persona estúpida o con incapacidad mental.

~~~

29/12/2015

Éstos son los tres tipos de estupidez humana

Decía Albert Einstein que sólo existen dos cosas infinitas, el universo y la estupidez… y que no estaba seguro de que la primera lo fuera en su totalidad.

Sin embargo, la «torpeza notable» (como define la Real Academia esta característica del ser humano) no ha sido nunca fácil de clasificar. ¿Es posible ser poco o muy estúpido? ¿Qué actos se consideran estúpidos? A todas estas preguntas, precisamente, ha tratado de encontrar respuesta un curioso estudio cuyos autores sostienen que es posible clasificar a las personas atendiendo a su grado de idiotez.

La investigación, concretamente, ha sido realizada por la Universidad Eötvös Lornand (en Hungría) y la Universidad de Baylor (en Texas). Titulado «What is stupid?: People’s conception of unintelligent behavior» y dirigido por el psicólogo Balázs Aczél, el estudio fue publicado hace menos de un mes por la revista especializada «Intelligence».

En palabras del experto, se aventuraron a llevar a cabo el análisis tras observar la escasa cantidad de ellos que se han hecho por parte de la comunidad científica en relación a este tema.

Así pues, determinaron que era necesario establecer, en primer lugar, qué actos son considerados estúpidos por la sociedad y, a continuación, los grados de los mismos.

«Teniendo en cuenta la frecuencia con la que nos encontramos con situaciones de la vida cotidiana en las que llamamos a alguien estúpido o cometemos actos estúpidos, cabría pensar que deberíamos entender cuándo y por qué la gente experimenta este sentimiento», explica Aczél en declaraciones al «Medical Daily». Con todo, lo cierto es que a su equipo le costó más de lo razonable desvelar todas las incógnitas e hipótesis planteadas.

«La gente suele pensar que la estupidez está ligada o asociada con un bajo coeficiente intelectual, pero nuestros hallazgos muestran que las personas califican como “estúpidas” tres situaciones independientes. Los resultados nos acercan a la comprensión de la concepción de la gente de la conducta inteligente haciendo hincapié en las perspectivas psicológicas más amplias de estudiar el atributo de la estupidez en la vida cotidiana», añade el experto.

Los tres tipos de estupidez

Atendiendo a los resultados obtenidos, el equipo de Aczél ha clasificado la estupidez (los comportamientos cotidianos considerados torpes o poco prácticos) en tres grados:

1. Ignorancia – confianza

Este grado es el más alto de estupidez y aparece en aquellas personas que asumen situaciones de riesgo (de cualquier tipo) a pesar de que carecen de las habilidades o conocimientos necesarios para resolverlas. Curiosamente, son conscientes de las consecuencias que se pueden suceder.

2. La falta de control

Es el grado medio de estupidez. Se corresponde con aquellos sujetos que tienen un comportamiento obsesivo compulsivo y carecen de autocontrol.

3. Distracción

El grado más leve de estupidez. Aparece en aquellas personas que no solventan una tarea práctica debido a una distracción o porque carecen de las destrezas necesarias para llevarla a cabo.

El método de estudio

Para llegar a esta conclusión, el equipo de Aczél contó con la colaboración de un centenar de estudiantes universitarios húngaros. A éstos les entregaron varias noticias de medios de comunicación, como TMZ, BBC o New York Times, en las que sus protagonistas se veían sometidos a situaciones absurdas. Éstas estaban alteradas para exacerbar todavía más el grado de torpeza de los sujetos.

Finalmente, se les pidió que clasificasen las informaciones atendiendo al grado de idiotez de sus participantes (o la «intensidad de la estupidez que mostraba», según el experto).

[*Opino}– De la Luna y el origen de la vida en la Tierra

22-12-2015

Carlos M. Padrón

Al leer el artículo que copio abajo ha llegado al máximo —al menos hasta ahora— mi asombro sobre la existencia de la vida en la Tierra.

Ya no se trata sólo de que, como dicen algunos, se dio una específica y rarísima coincidencia biológica a partir de organismos que llegaron del espacio traídos, tal vez, por cometas o meteoritos; no, ahora resulta que, de no haberse formado la Luna, no estaríamos aquí.

Por tanto, que exista nuestro satélite, que orbite cómo lo hace y que mantenga con la Tierra la distancia que mantiene, parece ser otra específica y rarísima “coincidencia”.

Olvidando por un momento la Teoría de la Evolución, o sea, cuál fue el llamado eslabón perdido, ése que dio lugar a que nuestros antepasados simios decidieran dar el paso —¿motu proprio?— que luego, tras muchos cambios, llevó a la aparición del Homo sapiens, lo que primero se impone es dar explicación al menos a las dos “coincidencias” anteriores.

Sigo creyendo que la teoría que parece más lógica es la de la panspermia, pues, en su búsqueda de lugares adecuados para la vida, los encargados de diseminarla encontraron que la Tierra, una vez estabilizada la Luna, tenía las condiciones requeridas.

~~~

22 DIC 2015

Pablo Santos Sanz

¿Qué pasaría si no hubiera Luna?

“Divide y vencerás”, decía Julio César, así que, antes de analizar qué pasaría en el caso de que no hubiera Luna (una de las búsquedas más recurrentes de Google en 2015), vamos a dividir la pregunta en dos: ¿qué pasaría si, en el momento actual, desapareciera de pronto y súbitamente la Luna? y ¿qué habría pasado si la Tierra nunca hubiera tenido Luna?

1.- ¿QUÉ SUCEDERÍA SI DESAPARECIERA DE PRONTO LA LUNA?

Imaginemos la Tierra en la actualidad: ¿qué sucedería si hiciéramos desaparecer repentinamente la Luna? ¿Cómo se vería afectada la vida en la Tierra?

El efecto más inmediato del que nos percataríamos es que las noches serían totalmente oscuras, habrían desaparecido las fases lunares, y todas las noches serían noches de “luna nueva”, noches sin luna. Sería el sueño de todo astrónomo, ya que podríamos disfrutar, sin ser deslumbrados por la luz lunar, de las estrellas, la Vía Láctea y de otras maravillas del cosmos.

Dejarían también de producirse los eclipses solares y los lunares. Además, desaparecería todo el romanticismo y misterio asociado a nuestro satélite y que ha inspirado tantas canciones, poemas, cuentos, novelas, y a tantos artistas, pero… ¿sólo sucedería eso si nuestro satélite desapareciera de pronto? ¡Por supuesto que no!

1- Adiós a las mareas tal y como las conocemos

Un efecto que apreciaríamos a corto plazo sería la desaparición de las mareas debidas a la gravedad de la Luna. Nuestro planeta tiene un 70% de su superficie cubierta de agua líquida en forma de mares y océanos. La Luna ejerce una fuerza de atracción gravitatoria sobre dicha corteza líquida deformándola y produciendo oscilaciones cíclicas ligadas a la rotación de la Tierra con una frecuencia aproximada de medio día.

Es cierto que el tirón gravitatorio del Sol produce también una deformación de los océanos terrestres, pero su efecto es aproximadamente la mitad de fuerte que el lunar, así que, sin la presencia de la Luna, seguirían produciéndose mareas en la Tierra, pero mucho más débiles, básicamente serían como un oleaje suave.

Como consecuencia de la desaparición de las mareas lunares, las corrientes oceánicas se debilitarían y las aguas tenderían a estancarse, perdiendo las orillas de los mares su sistema de drenaje y limpieza natural debida al avance y retroceso de las aguas. El agua oceánica tendería a redistribuirse tomando dirección hacia los polos y también aumentaría el nivel del mar en las costas. La consecuencia de todo esto sería un cambio drástico del clima de la Tierra.

2- Adiós a un eje de rotación estable

El movimiento de la Luna alrededor de la Tierra está sincronizado, es decir, ésta tarda el mismo tiempo en rotar alrededor de sí misma que en girar alrededor de la Tierra, es por eso que siempre vemos la misma cara de la Luna, y la otra permanece oculta desde nuestro planeta.

El movimiento orbital de la Luna alrededor de la Tierra estabiliza el eje de rotación de la misma manteniendo su inclinación fija en unos 23 grados respecto al plano de su órbita, Esta inclinación, es la responsable de que existan las estaciones tal y como las conocemos.

El eje de rotación de la Tierra realiza un movimiento circular estable llamado “precesión” que es el que mantiene dicha inclinación fija. El eje terrestre tarda unos 26.000 años en completar este movimiento circular. Sin la Luna, la precesión terrestre se ralentizaría, con lo que el eje de rotación terrestre perdería su estabilidad, como cuando una peonza comienza a bambolearse a punto de caer, pudiendo variar su eje de forma caótica entre los 0 y los 90 grados.

Esto produciría de nuevo un cambio climático a escala global, que podría producir veranos con temperaturas que superarían los 100 grados, e inviernos con temperaturas por debajo de los -80 grados. En el caso más extremo, el eje de rotación terrestre podría alinearse directamente hacia el Sol, lo que haría que unas zonas del planeta estuvieran bajo una permanente insolación, y otras en permanente oscuridad. Las gigantescas diferencias térmicas entre una mitad y la otra de la Tierra producirían vientos extremos con velocidades de más de 300 kilómetros por hora y otros fenómenos meteorológicos dramáticos.

3- Adiós a muchas de las especies y plantas terrestres

La desaparición de la Luna afectaría también a la vida en la Tierra. El efecto más inmediato sería de nuevo la desaparición de la propia luz solar reflejada por la Luna, que alteraría los ritmos biológicos de muchas especies animales y vegetales que se han adaptado y evolucionado bajo la presencia cíclica de la luz lunar. Muchas especies deberían adaptarse de forma súbita a la oscuridad total de las noches sin luna.

La desaparición de las mareas lunares afectaría sobre todo a las especies adaptadas a los flujos y corrientes marinas, como las que viven en las costas a las que el flujo de las mareas provee de nutrientes, o las que habitan mares y océanos, habituadas a las actuales pautas de las corrientes marinas.

Los drásticos y globales cambios climáticos, debidos a la desaparición de las mareas y a la desestabilización del eje de rotación de la Tierra, serían los que producirían las consecuencias más terribles sobre la vida terrestre. Los ritmos vitales de todas las especies animales y vegetales se verían alterados por estos cambios climáticos: las migraciones, la época del celo, la hibernación, etc.

El crecimiento de las plantas se vería también afectado por las variaciones térmicas extremas. Muchas especies serían incapaces de adaptarse, produciéndose extinciones masivas de plantas y animales. En el caso muy extremo, visto antes, de que el eje de rotación terrestre acabara apuntando hacia el Sol, la vida en la Tierra tal y como la conocemos sería imposible en cualquiera de los dos hemisferios, y sólo sería quizá viable en el ecuador, entre los hemisferios ardiente y helado del planeta.

2.- ¿QUÉ HABRÍA PASADO SI LA TIERRA NUNCA HUBIERA TENIDO LUNA?

Para poder analizar bien este supuesto veamos primero cómo creemos que se formó la Luna alrededor de la Tierra primitiva.

1- La formación de la Luna

La Tierra se formó hace unos 4.600 millones de años a partir del disco de gas y polvo que dio lugar al Sol y al resto de cuerpos del Sistema Solar. Creemos que la Luna se formó unos 100 millones de años después tras un violento impacto contra la Tierra de un cuerpo, del tamaño de Marte, conocido como Theia. El enorme impacto arrancó parte de la Tierra primigenia, que por entonces era una esfera de magma, y lo colocó en órbita terrestre.

El recién creado sistema Tierra-Luna comenzó a ejercer una atracción gravitatoria mutua. Dicha atracción produjo (y sigue produciendo) la disipación de una enorme cantidad de energía debida a la fricción de los océanos con los fondos marinos durante las idas y venidas de las mareas.

Como consecuencia de dicha disipación la velocidad de rotación de la Tierra se ha frenado desde unas 6 horas que duraba el primitivo día terrestre sin Luna, hasta las 24 horas actuales; en la actualidad la Luna sigue frenando la rotación de la Tierra a una tasa de unas 1.5 milésimas de segundo cada siglo.

Para compensar esta disminución en la velocidad de rotación de la Tierra, la energía de rotación lunar debe aumentar, lo que produce un paulatino alejamiento de la misma de la Tierra a una velocidad de unos 3,82 centímetros cada año.

No sabemos la distancia exacta a la que estaba la Luna de la Tierra cuando se formó, pero sabemos que estaba a una distancia mucho menor que la actual (384.400 kilómetros) con lo que podría verse en el cielo con un tamaño unas 10 o 20 veces mayor que la Luna actual. Esta cercanía produciría unas mareas mucho más intensas que las actuales, que podrían incluso afectar al magma terrestre y proporcionar una energía extra para calentar los elementos radiactivos presentes en la primitiva Tierra.

Estas intensas mareas fueron posiblemente muy importantes para mezclar y remover las aguas de mares y océanos, lo que habría acelerado y posibilitado el origen y evolución de la vida hace unos 3.800 millones de años.

2- Una Tierra sin Luna

Ahora que ya sabemos cómo se formó la Luna y qué efectos tuvo sobre la primitiva Tierra podemos preguntarnos qué habría pasado si el cuerpo conocido como Theia nunca hubiera chocado contra la Tierra en formación desgajando un trozo de la misma. ¿Qué sería entonces de una Tierra sin Luna?

Ya hemos visto que los efectos de la marea gravitatoria entre la Luna y la Tierra han frenado la velocidad de rotación terrestre desde las 6 horas originales hasta las 24 horas actuales. Si la Luna nunca se hubiera formado, los únicos efectos de marea existentes habrían sido los debidos al Sol, mucho más débiles que los lunares, por lo que la rotación terrestre sería de 8 horas actualmente.

Cuanto mayor es la velocidad de rotación de un planeta mayores son los vientos que se producen en él. Así, si el día terrestre durara sólo 8 horas, los vientos típicos en la Tierra alcanzarían los 160-200 kilómetros por hora. Las mareas, además, al ser sólo debidas al Sol serían mucho más suaves, por lo que las condiciones de flujos y corrientes necesarias para que se desarrollara la vida en los océanos primitivos seguramente no se habrían dado, o se habrían dado unos cientos de millones de años más tarde, retrasando el origen y posterior evolución de la vida terrestre.

Sabemos ya que, sin la Luna, la inclinación del eje de rotación terrestre no sería estable, lo que produciría variaciones extremas de temperatura y cambios climáticos. Por todo ello, en una Tierra sin Luna seguramente no existirían formas de vida compleja en la actualidad y, cuando finalmente surgieran, tendrían con toda probabilidad una biología muy diferente a la que conocemos.

Si, a pesar de todo, se llegara a desarrollar vida compleja e inteligente en una hipotética Tierra sin Luna, todo sería muy diferente. No existirían, por ejemplo, los calendarios basados en las fases lunares, que ayudaron a nuestra especie a entender y dominar la agricultura, la caza, y los ciclos biológicos y a construir, en suma, nuestra civilización.

La tecnología y la ciencia en esta Tierra sin satélite serían también muy distintas. Mediante el estudio de las fases lunares se logró determinar la distancia Tierra-Luna, sus tamaños, la distancia de la Tierra al Sol, los tamaños y distancias de otros cuerpos del Sistema Solar, y otras distancias del universo que nos han colocado en nuestro verdadero lugar en el cosmos: una mota de polvo alrededor de una estrella del montón en los suburbios de una de las miles de millones de galaxias del universo. Este conocimiento no habría sido posible en una Tierra sin Luna.

Afortunadamente para nosotros Theia sí chocó contra la Tierra y formó nuestro satélite y, es muy poco probable que éste desaparezca de repente. Sabemos, sin embargo, que, girando alrededor de otras estrella, existen muchos planetas desprovistos de luna, con condiciones, y quizá vida, que nos parecerán extrañas y exóticas.

Los terrestres podemos respirar tranquilos, tenemos Luna para mucho tiempo, pues no conseguirá escapar jamás a la atracción gravitatoria terrestre, a pesar de estar alejándose poco a poco de nosotros. Es más, creemos que dentro de unos 5.000 millones de años, cuando el Sol esté en su fase final de vida y se convierta en una estrella gigante roja, la Luna se frenará y volverá a acercarse a la Tierra.

Será la fricción de nuestro satélite con la atmósfera más externa del gigantesco Sol rojo, dentro de la que se encontrara inmersa la Luna, la que la frene. El tamaño de la Luna crecerá de nuevo en los cielos de la Tierra hasta que la fuerza gravitatoria terrestre la fragmente en un último y mortal abrazo.

Dejaremos entonces de disfrutar de las hermosas fases lunares para siempre, pero un anillo compuesto por millones de fragmentos de lo que fue nuestro satélite brillará en las noches y días terrestres…si para entonces queda algún ser vivo para contemplarlo.

[*Opino}– Del acceso a internet usando smartphone

18-12-2015

Carlos M. Padrón

Pues me temo que en esa tercera parte no estaré yo, ya que, si bien podría usar el celular para consultar algo en la Red, mientras pueda evitarlo no lo usaré para entrar en una cuenta bancaria ni para hacer una compra con tarjeta de crédito.

El motivo —además de que, como ya he dicho varias veces, detesto las miniaturas— es seguridad. Son ya varios los artículos que aquí he publicado que advierten sobre cómo las apps para móviles instalan troyanos y otro malware en celulares y tabletas, y lo peor es que lo hacen con el consentimiento del usuario porque éste, al instalar esas apps, acepta las condiciones que ellas traen.

Algo así no he visto en las PCs, ni de escritorio ni laptops; y si alguna gratuita solicita permiso para instalar algo, como el buscador Ask —que es una plaga— u otros peores, basta con destildar la opción correspondiente. Además, en las PCs tengo sistemas de seguridad muy superiores a los que hasta ahora he visto que haya disponibles para smartphones.

Si una buena suite, como lo es ESET Smart Security 9, tiene módulos especiales para mayor protección cuando el usuario se conecta a una red que le es extraña, como una red pública, o para añadir una capa extra de seguridad cuando el usuario entra a un Banco, por algo será. Hasta ahora no he visto que haya algo similar para usar en dispositivos móviles.

~~~

18/12/2015

J. M. S.

El planeta, en 2016: una tercera parte accede a internet móvil

Internet es cada vez más móvil. El acceso al conocimiento es también móvil. Teniendo en cuenta que el teléfono celular inteligente, o smartphone, es uno de los productos electrónicos más importantes de la Historia, no sorprende que el próximo año unas 3.200 millones de personas tendrán acceso a internet, de los cuales más de 2.000 millones lo harán desde dispositivos móviles (celulares o tablets).

Estos datos representan al 44% de la población mundial, según se desprende del último informe de la firma de análisis de mercado International Data Corporation (IDC), que vaticina que el número de usuario de internet móvil aumentará a un ritmo del 2% cada año en cuatro años.

Los expertos consideran que el acceso a internet está creciendo en todas las regiones, aunque destacan que en determinados países, como China, India o Indonesia, lo hacen de una forma más rápida que en el resto; así, entre estos tres países acumularán casi la mitad de los accesos en los próximos cinco años. «La combinación de dispositivos y redes inalámbricas de bajo costo está haciendo más fácil el acceso en países con poblaciones que antes no podían pagarlos», destaca en un comunicado Scott Strawn, Director del Servicio de Asesoramiento Estratégico.

En el caso de los que acceden exclusivamente a través del celular, se espera un crecimiento anual del 25% durante los próximos cinco años. «Este cambio en la forma en la que accedemos a internet está alimentando un explosivo crecimiento en lo relativo al comercio electrónico y a la publicidad móvil», subraya.

Firmas globales, como Google, SpaceX y Facebook, entre otras, han puesto en marcha diferentes iniciativas en los últimos años para llevar internet al resto de 4.000 millones de personas que, por diversas circunstancias socioeconómicas, no se benefician actualmente.

Lo han hecho a través de proyectos como flotas de drones a gran altura, globos aerostáticos o satélites. Sin embargo, «aún no está claro lo exitosos que serán estos esfuerzos», agrega este experto.

Otro aspecto a tener en cuenta es el incipiente hábito, cada vez mayor, de realizar pagos móviles y a través de plataformas de internet. Actualmente, se calcula que más de mil millones de personas realizan operaciones bancarias de manera «online», mientras que más de dos mil millones consultan sus buzones de correo electrónico o consultan medios digitales.

Pero el comercio electrónico se asienta, según destacan los expertos, quienes aseguran que este año los internautas se han gastado más de 100.000 millones de dólares en la compra de billetes de avión, libros, música o descarga de aplicaciones.

[*Opino}– Hay ERE y hay ERRE

11-12-2015

Carlos M. Padrón

Del artículo que copio abajo destaco dos puntos: el de los acentos y el del nombre de R o RR.

L de los acentos no me sorprende, pues ya me acostumbré a que en la presna digital españols —supongo que también en la escrita—aparezca todo tipo de barrabasadas que hacen pensan que quies las escriben no tienen ni idea acerca del idioma que usan para hacerlo.

Y en cuanto a eso de que la palabra farmacorresistente se escribe sin tilde y con erre doble, discrepo, pues si acerca de ERE dice esto el DRAE:

  • ere Nombre de la letra r en su sonido suave; p. ej., en ara, arena.

es porque la letra R se llama ERE, y la doble R se llama ERRE, y, por tanto, lo de doble erre es incorrecto. Y creo que así lo comnfirma el DRAE:

  • erre. Nombre de la letra r, especialmente en la modalidad múltiple del fonema vibrante al que corresponde.

~~~

10/12/2015

Acentuación de palabras compuestas

Las palabras compuestas se someten a las reglas habituales de acentuación ortográfica, con independencia de cómo se acentúen por separado las voces simples que constituyen el compuesto: tío + vivo > tiovivo, veinte + y + dos > veintidós…

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases en las que el primer componente de la palabra compuesta se tilda:

  • «El físicoculturista Matt Kroc decide mostrar su verdadera personalidad» o
  • «La epilepsia fármacorresistente afectaría a unas 100 000 personas en España».

Tal como indica la Ortografía de la Lengua Española, las palabras compuestas pierden el acento de todos los elementos tónicos menos el último: así, el sustantivo tío lleva tilde de forma aislada, pero tiovivo no la lleva por ser palabra llana terminada en vocal; por otra parte, el monosílabo dos no lleva tilde, mientras que veintidós sí necesita acento ortográfico al convertirse en una palabra aguda terminada en s.

Teniendo en cuenta esta norma, en los ejemplos iniciales, en vez de físicoculturista y fármacorresistente, lo apropiado habría sido escribir fisicoculturista y farmacorresistente, sin tilde (y, en el último caso, con erre doble).

Se recuerda que este mismo criterio se aplica a las voces con prefijos o elementos compositivos, de modo que, en vez de

  • «Un eclipse de súperluna tendrá lugar en la próxima madrugada»,

lo adecuado habría sido superluna, pues se trata de una palabra llana acabada en vocal.

[*Opino}– Acerca de ‘test’: equivalentes, verbos y plural

10-12-20156

Carlos M. Padrón

Abajo copio dos artículos que tratan de lo que he puesto en el asunto de este post.

Por el primero debo felicitar a quienquiera que haya tenido el valor de reconocer públicamente que en España el plural de test es también test, y no tests por la dificultad que para los hispanohablantes —entiéndase que son los de España, pues del otro lado del charco hay también muchos hispanohablantes, pero pocos que tengan este problema— representa el pronunciar las tres últimas consonantes que, por lógica, lleva el plural de test, o sea, tests. ¡Felicidades! (por acá decimos felicitaciones)

Eso también ocurre con muchas otras palabras —como Mapfre, donde la pobre P es olvidada; o Internet, donde la olvidado es la T; o WhatsApp, que no sólo pronuncian wasa o guasa, sino que, por supuesto, olvidan la P final— y no he visto que acerca de ellas hayan reconocido lo mismo

Por otra parte, si testar tiene varias acepciones, y testear tiene sólo un (según el DRAE, testear es someter algo a un control o prueba), ¿por qué no aceptar sólo testear y poner fin a las dudas? ¿No será porque testear lo usan sudacas?

~~~

28/10/2015

El test, plural los test

La voz de origen inglés test permanece invariable al formar el plural: los test.

Las normas generales indican que las palabras terminadas en más de una consonante —procedentes todas ellas de otros idiomas— forman su plural añadiendo una ese. Conforme a este criterio, el plural regular de test sería, al igual que en inglés, tests.

Sin embargo, la dificultad que supone para el hablante hispano articular esas tres consonantes finales hace preferible, según explica la Nueva Gramática, mantener invariable el plural en español: los test.

Así, en frases como

  • «El caso Volkswagen abre la veda contra el trucaje de los tests de las emisiones»,
  • «Coe anuncia tests antidopaje ‘más rápidos’ para proteger a los atletas» o
  • «Empezarán a usarse tests de sangre para mejorar los tratamientos»,

habría sido preferible emplear la forma invariable test.

Cabe recordar que el Diccionario Académico define test únicamente como ‘prueba destinada a evaluar conocimientos o aptitudes, en la cual hay que elegir la respuesta correcta entre varias opciones previamente fijadas’ o, en el ámbito de la psicología, ‘prueba psicológica para estudiar alguna función’.

No obstante, de acuerdo con lo recogido por diccionarios como el Clave, el Diccionario del Español Actual o el Diccionario del Estudiante, test ha dejado de designar únicamente una evaluación psicológica para pasar a referirse a cualquier tipo de prueba, como demuestran los famosos test de embarazo o test de alcoholemia.

Por último, aunque la palabra test aparece recogida en los principales diccionarios del español, conviene recordar que existen otras alternativas de sentido similar, como prueba, cuestionario, examen, análisis (en el ámbito médico) o control.

~~~

10/12/2015

Testar y testear es ‘someter (algo) a una prueba’

Los verbos testar y testear son adecuados para la acción de ‘someter algo a una prueba o control’.

El Diccionario de la Lengua Española recoge esa acepción del verbo testar junto a las de ‘hacer testamento’, ‘tachar, borrar’, ‘atestar’ (‘dar con la cabeza’) y la desusada ‘declarar o afirmar algo como testigo’.

Además, incluye con ese mismo significado de ‘someter a prueba o control’ la variante testear, que se usa sobre todo en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

Si se prefiere evitar ese verbo, que en esta acepción viene del inglés to test, se recuerda que hay otros que pueden expresar la misma idea en distintos contextos: examinar, controlar, analizar, probar, comprobar, experimentar, ensayar…, así como construcciones como someter a control, someter a prueba, hacer un ensayo…

En todo caso, frases como

  • «Los ingenieros han testado estructuras similares a las usadas en los edificios californianos» o
  • «Los medicamentos se testean durante años antes de salir al mercado»

pueden considerarse correctas.

[*Opino}– Acerca de lo que los ‘expertos’ dicen que debe hacerse con el vino

02-12-2015

Carlos M. Padrón

Del artículo que copio abajo, y que se titula “23 errores garrafales que se cometen con el vino”, voy a señalar algunas afirmaciones que, en mi opinión muy personal, son pendejadas.

Lo de expertos lo puse entre comillas porque considero que lo contado abajo es una realidad, y he de añadir que nací y viví en Canarias, tierra de buenos vinos, hasta los casi 22 años

Y sí, sobre las opiniones que expongo a continuación aceptaré las críticas de muchos porque no soy para nada hedonista y por eso creo que todo ese ritual en torno al vino es parte de una ostentación social que las más de las veces cae en lo ridículo, igual que cae ahí la norma de tener para la carne cubiertos distintos a los usados para el pescado, o el orden en que deben colocarse los cubiertos con respecto al plato, o lo de que la cuchara normal no debe usarse para el postre, etc. Allá voy.

— “Combinar el vino con comidas con las que no cuadra”, o “Combinar una comida con el vino idóneo, lo que se conoce como maridaje”. Para mí —y lo he dicho aquí varias veces— el vino ha de ser, por definición, antonomasia y hasta tradición bíblica, TINTO. Los de otros colores y sus derivados son simples adulteraciones, siendo la peor la champaña. Por tanto, no importa lo que yo como, si he de tomar vino será tinto.

— “Mover la copa para sacar más expresión al vino”. ¿Qué carajo es la expresión del vino?

— “Hay un vino que te tomas mientras estás haciendo la comida, y otro que puedes beber cuando llegas a casa después del trabajo, cansado, malhumorado”. No veo tal diferencia. Si el vino me gusta, me gusta en todo momento, con o sin comida. Por tal motivo, eso de que “El vino es una bebida de momentos” me parece otra ridiculez.

— “El color de un plato nos puede inducir a qué tipo de vino enfocarlo”. ¡Ésta sí que es una real pendejada!

— “Guardar el vino que me sobró hace una semana. Aunque lo haya guardado en la nevera, mejor destínelo a aderezar una salsa”. No, lo tomaré y es casi seguro que lo disfrutaré tanto como hace una semana.

Para varias, una buena:

— “En Francia, los vinos en garrafas de cinco litros son muy, muy habituales para el vino cotidiano”. Como excepción y rareza, en este caso estoy de acuerdo con los franceses.

~~~

30 NOV 2015

Miguel Ángel Bargueño

23 errores garrafales con el vino

Beber vino es un placer; y con moderación, incluso saludable. Pero a veces también puede ser un poco complicado, sobre todo para aquéllos que se inician en su consumo o aficionados esporádicos.

Servirlo a una temperatura inadecuada, emplear copas no reglamentarias o combinarlo con comidas con las que no cuadra son errores que se cometen con frecuencia.

Tres reconocidos expertos nacionales nos dicen qué no debemos hacer (y cómo obrar correctamente) para disfrutar plenamente de la experiencia vinícola. Los presentamos:

· Guillermo Cruz, sumiller de Mugaritz, en Rentería, Guipúzcoa (dos estrellas Michelin y sexto mejor restaurante del mundo en 2015) y Mejor Sumiller de España 2014

· Iván Martínez, sumiller y Nariz de Oro 2014; y

· Alicia Estrada, autora del libro “Los 100 mejores vinos por menos de 10 €” (Ed. GeoPlaneta, 2015).

Error nº 1: Un vino más caro siempre es mejor

Lo desmiente Alicia Estrada: “Hay vinos caros excepcionales y vinos por debajo de 10 euros también excepcionales. Mucha gente me dice que ha probado uno de los caros y le ha decepcionado, y era excepcional. Creo que tenemos que comprar los vinos que podemos y sabemos disfrutar. Los caros a veces son difíciles, son cerrados, necesitan una cierta preparación sensorial, un cierto conocimiento, una experiencia…”.

La especialista, además, subraya que el concepto de “mejor” es relativo: “El vino es una bebida de momentos. No es lo mismo uno de domingo, de paella que te tomas con tu familia, que uno de una noche romántica, que uno que te tomas con unos clientes en una cena de trabajo”.

Error nº 2: Siempre abro la botella media hora antes

No le estarás haciendo ningún mal a su contenido, pero tampoco le aportará beneficios. Si sospechas que el vino necesita abrirse, descórchalo con varias horas de antelación o somételo a un decantado o un jarreo (un decantado vigoroso). “El porcentaje de oxígeno que influye en la capacidad de esa botella de 75 cl es muy reducido”, explica el sumiller Iván Martínez.

“Si queremos oxigenar el vino porque está cerrado, por ser uno viejo que necesita respirar, o de ciertas variedades de uva que necesitan más oxígeno, tiene más sentido hacer un jarreado o decantarlo. Simplemente con eso vamos a evitar tener que abrirlo una hora antes o dos. Eso le hará algo, pero muy poco; le hará más, si realmente lo necesita, jarrearlo o decantarlo”, señala Martínez.

Error nº 3: Si mi vino está caliente, ¡le echo un cubito!

Lo hemos visto, sobre todo en blancos y rosados; sacrilegio sólo comparable a la atrocidad de mezclar un reserva con refresco de cola. “Es una pena, porque al echar el hielo estamos mezclando vino con agua”, se lamenta Guillermo Cruz, Mejor Sumiller de España 2014.

“Hay que pensar que detrás de cada botella hay un trabajo maravilloso, una filosofía, alguien que está todo el año esperando a hacer esa vendimia para que al final su emoción se convierta en una botella. Casi es preferible aguantar cinco minutos más el vino en la nevera que echarle un cubito de hielo. Pierdes el equilibrio del vino”.

Error nº 4: Lleno la copa hasta arriba

¡Somos espléndidos! Que no les falte de nada a nuestros invitados: igual que atiborramos sus platos, llenamos sus copas a rebosar… Y, aunque con buena intención, estamos quedando fatal.

El sumiller Iván Martínez, Nariz de Oro 2014, recomienda llenarlas “siempre menos de la mitad. Por muchos motivos: porque el vino se calienta en exceso; porque si la llenas hasta arriba no puedes mover la copa para sacar más expresión al vino… Nos va a restar al vino. Además, a la hora de ingerirlo se dosifica mejor y no te llena tanto la boca. A mí me parece un poco ofensivo cuando te echan tanta cantidad”.

Error nº 5: Lo sirvo en vaso

Puede que beber agua en una copa bordelesa resulte muy chic; hacerlo al revés —ingerir vino en un vaso de agua— denota bisoñez. Utilices un vaso normal o uno de los achatados tipo zurito, te estarás perdiendo grandes cosas. “Una copa de vino con cierta altura y que el balón tenga un diámetro es vital para que el vino al moverlo se oxigene y volatilicen todos sus aromas”, aconseja Iván Martínez.

El tallo de la copa permite cogerla sin tener que poner los dedos a la altura del vino, calentándolo. Guillermo Cruz, de Mugaritz, coincide: “En una copa, el vino siempre se crece. Pero en el fondo lo importante es consumirlo, que sea algo de todos los días, porque es parte de nuestra cultura; el resto es secundario”.

Error nº 6: Un reserva siempre es mejor que un vino joven

“Dependerá”, puntualiza Alicia Estrada. “Un reserva lo único que te dice es que ha pasado bastantes meses de barrica, y por tanto va a tener unas condiciones de durabilidad mayores. Lo puedes guardar más tiempo. No es un aval de calidad”. La barrica aporta sabores y aromas, de los que los vinos jóvenes carecen, pero muchos de estos ofrecen, a cambio, frutosidad, frescura y un toque más moderno. Si se les aplica el proceso de maceración carbónica, pueden ganar en intensidad de sabor y color.

Error nº 7: Sólo compro vinos de Rioja o Ribera; son mejores

Pues no sabes lo que te pierdes. “En España tenemos unas zonas que en los últimos años están demostrando todo su potencial, como El Bierzo o Ribeira Sacra, que es la Borgoña española, o los de la comunidad valenciana, o los de Aragón…”, describe Guillermo Cruz, de Mugaritz. “A día de hoy el consumidor tiene un abanico de opciones impresionante que ya no se limita a Rioja o Ribera, sino que hay muchísimo más y su calidad es por supuesto equiparable a la de estas zonas más conocidas”.

Ya sabe: arriesgue y vencerá. El pasado junio, por ejemplo, un vino de la D. O. Calatayud (Señorío de Ayud) obtuvo la máxima puntuación histórica en el certamen Bioweinpreis (Alemania).

Error nº 8: Sólo bebo vino en las comidas

Llegas a casa del trabajo, exhausto, y te abres una cerveza fresquita…¿Puede haber algo mejor? Mejor no, pero el vino puede cumplir la misma misión sanadora con idéntica solvencia. “Yo lo llamo los momentos del vino”, dice Alicia Estrada. “Hay un vino que te tomas mientras estás haciendo la comida, y otro que puedes beber cuando llegas a casa después del trabajo, cansado, malhumorado… Los franceses lo llaman ‘vinos desalterantes’: te hacen pasar de un estado anímico a otro. Te llevan a un estado de relax y te preparan para disfrutar del final del día con tu pareja o tu familia”.

Error nº 9: Decanto todos los vinos: para eso está el decantador, ¿no?

Esa especie de jarra grande de curvas voluptuosas queda divina en tu vitrina, pero úsala con precaución. “Sólo cuando sea estrictamente necesario”, previene Guillermo Cruz. “El vino es algo natural, y tiene sus procesos. Y el momento desde que sale de la botella hasta que cae en la copa, percibiendo esos aromas de reducción, cuando está un poquito cerrado, hasta que poco a poco empieza a exhibirse y mostrarnos todo lo que tiene, es precioso y no hay que perderlo. Si tenemos tiempo hay que disfrutar de ese momento tan bonito”.

Error nº 10: ¡Tengo todos los accesorios que existen!

Bravo. Esas cajas que parecen llenas de instrumental quirúrgico son muy bonitas, y el típico regalo que uno recibe por Navidad en cuanto en su círculo detectan su creciente afición por el vino. Pero no todo su contenido es estrictamente necesario. “Esto es como empezar un deporte: no sé si lo importante es hacer bicicleta o comprarse toda la equipación”, compara Alicia Estrada. “Personalmente hay dos cosas básicas: un buen sacacorchos y un decantador, para los vinos viejos. A partir de ahí… ¿un termómetro? Puede formar parte de la magia del vino, pero no es imprescindible”.

Error nº 11: Los climatizadores de vino son una pijada y no sirven para nada

Bueno, si realmente quiere convertirse en un aficionado serio y empezar a comprar botellas de cierta calidad, estos acondicionadores de temperatura, también llamados vinotecas —con capacidad a partir de seis botellas— pueden ser un estupendo regalo para ponerlo en la carta a los Reyes.

“Están bien porque son cámaras que te mantienen una temperatura y una humedad constantes, y las botellas están muy bien conservadas”, dice Guillermo Cruz. “Por ejemplo, en mi casa tengo un par de ellas grandes, de 140 botellas, y es como guardo el vino. Pero un climatizador de seis botellas también está bien: si el consumo no es muy grande, ahí tienes tus seis botellitas que sabes que están bien guardadas y bien custodiadas”.

Error nº 12: Si se rompe el corcho, lo empujo hacia dentro

Además de antiestético, un corcho desmenuzado nadando en el vino condena a éste a un sinfín de incómodas partículas. “Hay que intentar sacarlo como sea”, advierte Alicia Estrada. “En vinos muy viejos, el corcho se ha podido degradar por el paso del tiempo. También puede indicar que el vino está también degradado. Si cae en la botella corremos el riesgo de que se desmenuce dentro… Y luego habría que servirlo con un colador para que no pasaran esas partículas. Si no queremos llevar el colador a la mesa, que queda un poco feo, habría que decantarlo con él previamente”.

Error nº 13: Sólo bebo vino tinto (o blanco), independientemente de lo que coma

Hay devotos del tinto que desprecian la ligereza del blanco; también quienes no se salen de un blanco fresquito (muy apreciado por el público femenino). Combinar una comida con el vino idóneo (lo que se conoce como maridaje) no sólo es algo que agradecen nuestras papilas gustativas, sino que mejora la comida y el vino.

“Básicamente, los blancos siempre cuadran mejor con los pescados, mariscos y entrantes más ligeros porque no tienen taninos, son más acidez, más frescos, más fáciles de beber…; y los tintos se adaptan muy bien a las carnes porque un maridaje que siempre funciona es el de taninos y proteína. Aquí nunca fallamos. Es una norma quizá demasiado general pero siempre funciona”, dice Guillermo Cruz.

Error nº 14: Me pierdo con eso del maridaje

Vaaale, he aquí unas pistas: “Los vinos de una zona suelen maridar muy bien con las comidas tradicionales de esa región”, argumenta el sumiller Iván Martínez. Por ejemplo, un albariño funcionará siempre bien con un plato de marisco gallego. “Otra pista son los colores. El color de un plato nos puede inducir a qué tipo de vino enfocarlo: los blancos suelen armonizar bien con platos de tonos claros: pescados blancos, carnes blancas…; los tintos, con carnes rojas, salsas oscuras… Aunque siempre hay matices”.

Error nº 15: El tinto, siempre del tiempo

Es un mandamiento que conviene matizar: no es lo mismo el tiempo en agosto que en enero. Guillermo Cruz, el premiado sumiller de Mugaritz, opina que “para disfrutar más del vino, una temperatura perfecta son 15 grados. Tapa esa puntita de más de alcohol que tienen algunos vinos, se enmascara un poco sobre todo en la primera copa, y ya se pondrá a 18 grados en copa. Pero si lo servimos a 18 grados o del tiempo, que son 20, pues imagínate cómo acaba esa copa”.

Error nº 16: Sirvo el vino en una copa húmeda

Los maestros cerveceros recomiendan una jarra húmeda para que el líquido se deslice mejor; no así los expertos en vino. Para ellos, una copa limpia y seca, basta. “Si son copas que se utilizan una vez al mes conviene pasarles un paño para quitarles el polvo, que a veces distorsiona los matices del vino. Lo mejor es secarlas, si se puede, con un trapo que sólo sea de copas”, dice Guillermo Cruz.

Como indica Iván Martínez, “del agua siempre van a quedar gotas que, aunque en un tanto por ciento mínimo, van a diluirse y van a restar al vino”.

Error nº 17: Cambio de un vino a otro en la misma copa

Genial, pero antes de verter el nuevo no olvides efectuar lo que se conoce como envinado: enjuagar la copa con unas gotas del vino que nos vamos a servir. “Si se va a utilizar la misma copa para tomar varios vinos hay que envinar: quita los restos del vino anterior y permite continuar con el siguiente”, explica Guillermo Cruz. Obviamente no te bebas esa pequeña cantidad: descártala y estarás listo para disfrutar del siguiente caldo.

Error nº 18: El vino en garrafa es un asco

No siempre. “En Francia esos contenedores de cinco litros son muy, muy habituales para el vino cotidiano. Y están bien vistos. Es simplemente una forma de tener mejor conservado el vino que te vas a tomar en quince días”, nos ilustra Alicia Estrada. “En España no están nada bien vistos. La razón, creo, es que tendemos a consumir cada vez menos pero de mayor calidad. Ese tipo de envases se asocian a un perfil de consumo más básico y cotidiano, y eso precisamente es lo que estamos perdiendo en este país: el vino de todos los días en la mesa. Su calidad puede ser la misma que la de uno joven, por ejemplo”.

Error nº 19: Opino que un vino con más grados es mejor

Los vinos considerados “modernos” tienen una graduación alcohólica mayor, llegando a los 14,5 grados (la graduación estándar es de 12º o 13º en el tinto, y algo menos en el blanco, unos 11º). Pero eso no tiene relación alguna con la calidad.

“En los últimos años se buscan vinos con más concentración, más taninos, más madera… y para lograrlo necesitas en el momento de la madurez ir un poco más al límite, y eso incrementa el grado alcohólico”, explica Guillermo Cruz. “A día de hoy, hay como dos estilos: los más clásicos, con menor grado alcohólico, más elegantes, con un poquito más de acidez; y los más modernos, con más concentración, más estructura, mayor grado alcohólico… Lo bueno de este mundo es que hay vinos para satisfacer a todo tipo de personas”, añade Cruz.

Error nº 20: Me voy a tomar el vino que me sobró hace una semana

No se moleste: aunque lo haya guardado en el frigorífico, mejor destínelo a aderezar una salsa. “Aquí hay un principio básico y esencial: cuando una botella se descorcha entra oxígeno y empieza un proceso de oxidación”, alerta Iván Martínez. “En perfectas condiciones, y si lo guardamos con el mismo corcho, aguanta un par de días”, dice Guillermo Cruz. Hay algo mejor aún que su propio corcho, que son los tapones de extracción de aire, que pueden mantener en condiciones la botella unos cuatro o cinco días. “Eso es fantástico porque cada vez que bebes bombeas el aire de dentro, y otra vez en perfectas condiciones”, añade Cruz.

Error nº 21: Guardo desde hace 20 años una botella en un armario

Pregúntese: ¿es un vino preparado para perdurar? Y, sobre todo, ¿lo conserva en las condiciones óptimas? Una despensa afectada por cambios de temperatura o cercana a un radiador hará que se lleve un chasco cuando descorche esa botella.

Guillermo Cruz pone un ejemplo: “El domingo por la noche abrimos un gran reserva Rioja del 64 y estaba impresionante. Era pletórico. Y tenía cincuenta y tantos años. Pero había estado bien conservado, a una temperatura constante, en un calado [cueva subterránea]…

El problema de la caducidad de los vinos es la conservación. Si una botella está constantemente con oscilaciones de temperatura, en verano a 40 grados, en invierno a -5, al final el vino se destroza, porque es un ser vivo. Así como lo trates mientras duerma, así despertará después”.

Error nº 22: Lo que me sobra, lo conservo a temperatura ambiente

A veces sucede que abrimos una botella y no nos la bebemos entera; en serio: a veces sucede. Si tenemos pensado consumirla en uno o dos días, mejor guardemos la botella en el frigorífico. “Desde luego va a estar mejor conservada”, afirma Guillermo Cruz, “Eso sí, acordémonos de sacarla con tiempo para que no esté fría cuando la vayamos a servir. De todos modos, aunque las temperaturas son importantes, mejor pecar de fresco que de caliente. Una vez en copa se irá calentando, pero si el vino se sirve demasiado caliente las percepciones del alcohol siempre son mucho más altas y es un poco más desagradable”.

Error nº 23: Siempre mancho el mantel

“Las manchas en el mantel son un sufrimiento”, dice Alicia Estrada. “Para evitarlas, está el truco de girar ligeramente la botella cuando está cayendo la última gota, mientras la devolvemos a su posición vertical. Muchas veces ayuda tener una servilleta en la otra mano.

Cuando vas a un restaurante está bien observar cómo el sumiller te sirve el vino, pues es bonito también aprender a servirlo”. Y si la gota finalmente aterriza en el mantel, la leyenda dice que un puñado de sal gorda, o un remojo posterior en leche, evitarán que la mancha pase a la posteridad.