[Mis canciones}> ‘Tiempos de ayer’

‘Tiempos de ayer’

Publicado el 06-08-2009

Actualizado el 17-03-2026

Carlos M. Padrón

Como ya dije en ‘Introducción’, primer artículo de esta sección, por muchos años fueron mis hobbies la fotografía, la cría de patos y la música.

Para esta última tuve un salón debidamente equipado en el que me encerraba a seleccionar, grabar, y escuchar luego lo grabado. Así armé una colección de varias decenas de casetes que tienen para mí la ventaja de que me gusta todo lo que contienen.

Después de escuchar una y otra vez algunos de los casetes de música instrumental así grabados, a veces comenzaba a destacar de entre todas alguna melodía evocadora de un sentimiento que con el tiempo iba tomando más y más cuerpo cada vez que —siempre encerrado en mi salón, solo o con alguna de mis hijas—, escuchaba yo de nuevo esa melodía.

Una en particular me hizo recordar a mi padre, otra a mi pueblo como lugar geográfico, otra a mi pueblo como conjunto de costumbres y nostalgias, etc., Y como esos instrumentales estaban ejecutados en un tono al que, jugando con las octavas, podía yo llegar cantando, un día decidí escribir letras alusivas a los sentimientos que esas melodías evocaban en mí y, poco a poco, fui grabando todas esas letras en forma de canción interpretada por mí, usando como fondo el instrumental con la correspondiente melodía evocadora, y lidiando, también yo solo en el salón de música, con los controles del tocadiscos, deck de casetes, ecualización, volumen, audífonos, letra, etc., mientras trataba de cantar lo mejor que podía para lograr algo más o menos aceptable dentro de mis posibilidades.

Al enésimo intento obtenía un resultado menos malo que los anteriores, y con ése me quedaba.

Ahora que vinculadas a artículos previos he publicado ya, además de la descripción que precede, algunas de estas canciones, he decidido agruparlas en esta sección, Mis (pocas) canciones, y otras, por, en lo posible, orden cronológico de grabación. Hoy le toca el turno a «Tiempos de ayer».

***oOo***

La lejanía de mi pueblo —por 60 años estuve fuera y perdí el contacto vecinal— exacerba la nostalgia que siento por aquella época de mi adolescencia cuando me abrí al romanticismo, y llevado por las ilusiones de juventud veía ante mí un sinfín de caminos de entre los que creía que podía tomar casi el que yo quisiera, y soñaba con una vida llena de promesas, amor y oportunidades.

Algunas ya pasaron, otras culminaron en fracaso, otras nunca se presentaron, y así el sinfín de caminos se redujo a muy pocos, y aumentó la nostalgia.

Las faenas de campo en un pueblo eminentemente agropecuario se aderezaban con la compañía de familiares, amigos y vecinos que se ayudaban mutuamente en esas tareas (acarreas, trillas, pisadas de uvas, matazones de cochino, recogidas y partida de almendras, etc.) y los caminos, entonces empedrados cuando no eran de sólo tierra, se llenaban con animales de carga, con ganado vacuno o cabrío, y con el rumor de las conversaciones entre quienes con ellos iban y venían a/de los campos en flor.

O las cosechas caseras, a veces tan frondosas que ameritaban una foto, como la de esta col, cultivada por mi padre, que alcanzó los 4,83 metros de altura.

De izq. a derecha: Yo, Carlos M. Padrón; mi hermana, María Celia Padrón; mi madre, Victoría Pérez Martín; mi padre, Tomás Padrón Sosa; mi tío-abuelo, Juan Sosa Sánchez.

Los muchachos anhelábamos que llegara el día domingo para ir temprano a la Plaza Nueva, y antes de la misa mayor caminar en grupos alrededor de la iglesia en sentido contrario al de las muchachas que nos gustaban, para así cruzarnos dos veces con ellas en cada vuelta, e intercambiar sonrisas y sugerentes miradas furtivas.

En uno de esos paseos, un domingo de 1953, fue tomada esta foto.

De izq. a derecha: Carlos M. Padrón, Fernando Pino, Florencio Martín, Tomás Simón (Masico), Manolo Pino, y Santiago Herrera. Hace años que el único sobreviviente soy yo.

El primero en dejarnos fue Santiago, que murió en El Paso, creo que de cáncer de pulmón, uno o dos años después de tomada esta foto. Luego fue Manolo, que murió en Santa Cruz de Tenerife (Canarias). Luego Masico, en 1996 en el hospital Los Magallanes (Catia, Caracas). Y, por último, Fernando que murió en Higuerote (Venezuela) en 1998. No tengo datos sobre Florencio.

Han pasado 73 años desde esta foto, pero los recuerdos a ella asociados permanecen vivos en mí.

***

La romería de la Fiesta del Pino era de casi obligada asistencia.

En la Fiesta del Pino, primer domingo de septiembre de 1952, con mis padres y hermanas.

Desde muy joven me gustó cantar y formé parte de la coral del pueblo, dirigida unas veces por doña Luisa Pozuelo y otras por don Pedro Lorenzo.

Foto tomada el 08/12/1954.- De Izq. a derecha: Juan Antonio Pino, Antonio Capote, ¿?, Miguel Díaz, Pedro Lorenzo (), Carlos M. Padrón, ¿?, ¿?, Javier Simón, y Teudis (), ¿?.

Misma fecha de la foto anterior y mismos varones excepto por don Salvador Miralles (†) , al fondo a la izq., párroco del pueblo. Las damas, de atrás hacia adelante y de izq. a derecha: Teresa Calero, Carmen María Capote, Marisol ¿?, Celina Martín, ¿?, ¿?, Gloria Isabel Rodríguez, Pepita Taño, Rosa Castro, y Teresa García (†) .

Fiesta del Pino, primer domingo de septiembre de 1955. Mi prima Celina Pérez Padrón (delante, a la izq.) y yo, Carlos M. Padrón (al fondo, izq.) acompañamos a los hermanos Silva Padrón, nuestros primos de San Pedro (Breña Alta), cuatro hermanas y un varón, Paco, que está a mi izquierda y que murió en Venezuela hace muchos años.

Las bodas eran también lugares de reunión a las que se asistí con traje formal y ánimo jovial. La foto que sigue fue tomada el 25/06/1956, durante una boda celebrada en la terraza de Monterrey.

De izq. a derecha: Juan Enrique Brito, Carlos M. Padrón, Javier Simón, Isnardo Molina (), Miguel Afonso, Florencio Martín (), y Gilberto Santana ().

Y en fechas señaladas eran frecuentes las representaciones teatrales en las que participábamos los más de los que estamos en esta foto tomada el 10/12/1956.

De atrás hacia adelante y de izq. a derecha. Fila trasera: Carlos M. Padrón, Fernando Pino (†). Fila central: María Hernández, Jesús Capote, Antonio Capote Pozuelo (†), Celina Martín. Fila delantera: Juana Brito (†), Imelda Martín

Foto tomada en la Fiesta del Pino del 01/09/1957, la última que gocé antes de dejar el nido, o sea, antes de irme de mi casa a vivir por mis propios medios. De izq. a derecha: Mario Rigoberto Rodríguez (), Carlos M. Padrón, Eleuterio Sicilia () y Antonio Capote Pozuelo(), . Desde el 10-07-2023, cuando nos dejó Mario Rigoberto, soy el único sobreviviente.

La que sigue fue tomada en la Cruz Grande (El Paso), frente a la entonces casa de Pepe “el Sirio”, en febrero de 1960.

Creo que, salvo Maximiliano y Antoñico —los dos caballeros sentados al fondo—, las demás personas que aparecemos en esta foto vivimos aún, aunque yo sólo conozca a dos o tres de los niños que en ella me acompañan.

Uno de ellos —el que está con el balón, y de mayor doctor en Medicina— consiguió en este blog mi dirección, me contactó hace años por e-mail y me envió esta misma foto que, aunque tal vez él no lo recuerde, llegó a sus manos porque fue tomada con mi cámara y, de vuelta yo en Santa Cruz de Tenerife, hice varias copias que mandé a mis hermanas en El Paso para que las dieran a los muchachos que vivían más cerca de nosotros.

Llevado por todos estos recuerdos y los muchísimos más que no tienen fotos que los ilustren, hace ya un cuarto de siglo grabé “Tiempos de ayer”. El tiempo transcurrido desde entonces ha redoblado la intensidad de los sentimientos que en 1984 me inspiraron la letra de esta canción.

Ficha técnica,

  • Título de la melodía instrumental: “Vino griego”, en arreglo de Anthony Ventura.
  • Grabada en mi casa, en Caracas, entre el 23 y el 27/04/1984.

***

P.D.: El signo () indica que la persona ha fallecido. Los signos de interrogación los uso para significar que no recuerdo el nombre o apellido oficial de la persona a que corresponden.

 

[Mis canciones}> ‘Ella’

Ella

Publicado el 18-09-2007

Actualizado el 17-03-2026

Carlos M. Padrón

Desde comienzos de 1985 estaba yo totalmente dedicado en IBM al proyecto de interconexión de cajeros automáticos (ATMs) entre diferentes bancos de Venezuela. De ese proyecto —que considero la opera prima de mi vida profesional, que bauticé CTP (Computación por TeleProceso), y que llegó a feliz término gracias al apoyo incondicional de Alejandro Rivero, Presidente y Gerente General de IBM de Venezuela—, nació la Corporación SUICHE 7B, C.A., que el próximo agosto cumplirá 39 años de vida.

La búsqueda de los programas (software) necesarios para lograr la mencionada interconexión me llevó a visitar varios países y ciudades, una de ellas Nashville (Tennessee, USA) a la que llegué en la mañana del 22-08-1985, y luego de trabajar allí el resto de ese día y la mañana del siguiente, al mediodía del 23-08-1985 me fui al aeropuerto a tomar el vuelo que me llevaría a New York para continuar la búsqueda.

Sentado en la sala de espera del aeropuerto de Nashville me puse a trabajar en la letra de esta canción, algo que ya había iniciado días antes, y cuando creí haber culminado una parte, miré mi reloj y me extrañó que ya habían pasado unos 20 minutos de la hora pautada para abordar el vuelo, y que en la sala de espera estaba yo solo.

Me dirigí al mostrador de la línea aérea, y al preguntarle a la dama que allí estaba qué había pasado con mi vuelo, recibí por respuesta una gélida mirada acompañada de la pregunta “¿Es usted el Sr. Padrón?”. Al responderle que sí, la malencarada dama me hizo saber que se había cansado de llamarme por el sistema de sonido del aeropuerto, y, como no me presenté, el vuelo había partido sin mí hacía ya media hora. Hasta ese extremo estaba yo absorto en mi tarea.

Tuve que esperar dos horas más hasta el próximo vuelo a New York,… pero en esas dos horas terminé la letra de la canción. No es, por tanto, casualidad que la publicara cuando se estaba celebrando el 20 aniversario de SUICHE 7B.

Luego de grabada y distribuida la canción entre familiares y amigos, tuve problemas con dos de las mujeres que, con años de por medio, la escucharon. Con la una, porque se empecinó en creer que yo había hecho “ELLA” en honor a una novia secreta que tuve en El Paso; con la otra, porque quiso creer que ella era la ELLA de “ELLA”.

***

“ELLA”

Corrían los primeros años de la década de los ‘50. ELLA, aunque de 13 años, era aún una niña, pero poco antes de cumplir los 14 ocurrió el milagro y un día su cuerpo comenzó a desarrollar notables y crecientes cambios, y ELLA comenzó a experimentar extrañas y hasta entonces desconocidas sensaciones.

Poco antes del próximo mes de junio, su madre, queriendo halagar la ya manifiesta vanidad de su hija, le hizo un vestido nuevo —uno que, ¡por fin, ya no era de niña!— para que lo estrenara en la fiesta del Sagrado Corazón.

El domingo de la fiesta, antes de la solemne función religiosa, grupos de muchachas paseaban cogidas del brazo, según la costumbre, dando vueltas en La Plaza Nueva, en torno a la iglesia, y grupos de jóvenes las daban en sentido contrario con el deliberado propósito de cruzarse con las muchachas dos veces durante cada vuelta.

Él, que ya tenía 18 años, paseaba con sus amigos —muchachos más o menos de su edad que, al igual que él, trabajaban en los campos de sus familias— cuando al acercarse al grupo en que venía ELLA no pudo evitar reparar en aquella atractiva muchacha y dedicarle una sugerente mirada de grata sorpresa, pues la última vez que, según él recordaba, la había visto, ELLA era una niña que en nada llamó su atención. Pero ahora no sólo la llamó sino que lo dejó prendado, por lo que las miradas que le dedicó fueron más largas, directas y sugerentes en cada cruce.

ELLA, que las había notado todas, se limitaba a sonrojarse, bajar la mirada, y a soportar las bromas que al respecto le gastaban sus amigas, hasta que, molesta por las burlas y llevada por el hecho cierto de que le había gustado ese muchacho desde que lo vio tiempo atrás pero, siendo todavía una niña, había ocultado por completo esa atracción, se dijo que ya no era niña y se preparó anímicamente para aceptar el desafío de sus amigas y, en el próximo cruce, devolver la mirada del muchacho.

Y así lo hizo: aunque sonrojándose, le sostuvo la mirada durante bastante tiempo antes del cruce, y hasta le regaló una tímida sonrisa que aumentó el rubor de ELLA pero que a él le supo a gloria.

Terminada la función religiosa, todos se fueron a Monterrey, y en la terraza continuaron los paseos y las vueltas,… y las bromas que le hacían sus amigas que, para ponerla nerviosa y exponerla a lo que, según ellas, no quería ELLA que ocurriera, la colocaron en el extremo interno de la fila que entre todas formaban al pasear en círculos cogidas del brazo.

Sabiendo ya que ELLA tenía valor para hacer frente a esas burlas y desafíos, él se armó también de valor y en uno de los cruces se separó de sus amigos, se puso al lado de ELLA, la saludó y siguió a su lado.

Las mal contenidas risitas de las amigas lograron que ELLA, sabiendo que las había hecho quedar mal, contestara, aunque tímidamente y mirando siempre al suelo, las preguntas que él le hacía, y así dio comienzo un romance muy esperado por ELLA pero inesperado para él.

Ambos, aunque de barrios diferentes y alejados del centro del pueblo, eran de la misma extracción social, se habían criado en las mismas costumbres y compartían educación y principios. Pero ambos sabían, como sabía todo el pueblo, que era sólo cuestión de tiempo el que él emigrara a Venezuela porque, al igual que todos los demás jóvenes que ya lo habían hecho y los muchos que lo harían después, en el pueblo no había futuro para ellos.

Sí, ELLA lo sabía, pero también sabía que muchas otras mujeres, unas solteras aunque no tan jóvenes como ELLA, y otras ya casadas y a veces con hijos, habían visto emigrar a sus novios o esposos, habían quedado esperándolos, y, en los más de los casos, ellos o habían regresado al pueblo o las habían llevado a Venezuela, a veces después de un matrimonio por poder.

En los bailes de Monterrey fue creciendo el romance, y buscando los pocos rincones alejados de la mirada de águila de las madres que apostadas en los palcos no perdían pie ni pisada de cuanto ocurría abajo, en la pista de baile, se hacían caricias furtivas que con el tiempo fueron cobrando pasión e intensidad.

Y al cabo de poco más de un año, él emigró a Venezuela no sin que antes se juraran amor eterno. Él le dijo que trabajaría muy duro hasta conseguir el dinero necesario para regresar, casarse con ELLA y mantener una familia; y ELLA le dijo que lo esperaría “guardándole la ausencia”, según era la costumbre de las mujeres, fueran novias o esposas, de los emigrantes.

Y cuando él se hubo ido, ELLA se enclaustró en su casa sin hacer vida social alguna; como mucho, ir al correo los días en que se esperaba que llegara el de Venezuela, atender el velorio de algún familiar o conocido, e ir a misa y, terminada ésta, regresar a su casa. Nada de celebraciones, como bautizos o bodas, ni paseos alrededor de La Plaza Nueva ni en Monterrey. La suya era casi una vida monacal.

Al principio recibía cartas de él por lo menos una vez al mes, aunque ELLA religiosamente acudía cada semana a la ceremonia de reparto de la correspondencia. Para cuando llegaba la guagua que, a veces sí y a veces no, traía el saco de la correspondencia, ya ELLA estaba en la calle, frente a la oficina postal, formando parte de la pequeña multitud que cada semana se reunía allí en la esperanza de recibir una misiva de hijos, novio o marido.

Cuando le era entregado el saco con la correspondencia, el cartero se encerraba en su oficina. Después de unos 20 minutos, que a los reunidos afuera les parecían eternos, salía con un mazo de sobres en sus manos y, como era de baja estatura, para que todos pudieran verlo se subía en un pequeño banco y comenzaba a vocear el nombre de la persona destinataria de cada sobre. Si esa persona estaba entre la concurrencia, gritaba “¡Aquí!” y alzaba un brazo, y el cartero lanzaba el sobre en dirección a ella,… y continuaba leyendo y lanzando hasta terminar de leerlos todos.

Las que habían recibido carta se iban felices, pero no así las que no. Y ELLA pasó a engrosar este segundo grupo cuando había transcurrido poco más de un año de que él había emigrado. Y entonces comenzó lo que sería su eterno calvario.

Cuando llegaba al pueblo algún “indiano” —de los muchos que habían emigrado a Venezuela, y era de los que, según ELLA sabía o suponía, conocían algo de la vida de él en ese país—, se las ingeniaba para preguntarle al respecto, y así fue como supo que él mantenía una relación con una mujer venezolana. Sin embargo, alentada por la educación y costumbres que compartía con él, se decía que esa relación no era problema hasta que un cura no la bendijera, y que eso no ocurriría porque él le había prometido que se casaría con ELLA.

Pasaron los meses, pasaron los años, y él no regresó ni le escribió más, pero, a pesar del evidente abandono, el último pensamiento de ELLA antes de conciliar el sueño cada noche era para él, y lo acompañaba del renovado propósito de continuar esperándolo y soñando que un día él volvería.

Esta narración es ficción, hecha con el solo propósito de recrear el ambiente en que se inspira la letra de la canción, pero en su marco encajarían perfectamente varias historias reales vividas por personas de El Paso.

Aún puedo revivir el sentimiento que me embargaba cuando observaba a esa joven que en vano seguía como “reservándose” para el muchacho que o bien había sido su novio o bien —y ella creía saberlo a ciencia cierta— estaba prendado de ella pero nunca él le dijo nada porque se sabía sin recursos económicos para ofrecerle el futuro que ella merecía, y por eso emigró a Venezuela a conseguirlos.

Era dramático encontrarla esperanzada cada semana frente al Correo, para verla luego alejarse, muda, triste y cabizbaja, porque, al igual que la semana anterior, y la anterior y la anterior, no había recibido carta de él.

Cuando el tiempo hizo evidente que él no regresaría, esa joven, ya toda una mujer, se casó con otro y formó una familia, pero en su interior quedó viva aún, aunque debilitada, la llama de la nostalgia por el romance que la emigración truncó y que nunca pudo realizarse. Una llama cuyo calor he percibido en varios casos cuando he tenido oportunidad de hablar con estas mujeres y descubrir “entre líneas” las filtraciones de sus sentimientos.

A esas adolescentes o jóvenes de entonces que, con noviazgo o sin él, quedaron esperando al hombre de sus sueños, dediqué esta canción a la que puse por título “ELLA”, y que, en consideración a ellas, canto como si yo fuera ese hombre de sus sueños que siendo muchacho se vio obligado a dejar su pueblo, su gente y sus costumbres, para enfrentar en América una realidad que por clara y desconocida le parecía a veces brutal, y que en poco tiempo le cambió sueños y prioridades enrumbándolo por derroteros que no esperó nunca transitar.

Años después, ese muchacho, ya un hombre experimentado, recuerda nostálgico la relación que con ELLA tuvo antes de emigrar a Venezuela, y no sin tristeza y pesadumbre muestra su empatía para con la muchacha que quedó esperándolo.

Ficha técnica

  • Título de la melodía instrumental: “Mama Leone”, en interpretación de Anthony Ventura.
  • Grabada en mi casa (o sea, grabación casera), en Caracas, el 07-09-1985.

 

[Mis canciones}> ‘A El Paso, mi pueblo’

A El Paso, mi pueblo’

Publicado el 25-01-2007

Actualizado el 16-03-2026

Carlos M. Padrón

Como ya dije en ‘Introducción’, primer artículo de esta sección, por muchos años fueron mis hobbies la fotografía, la cría de patos y la música.

Para esta última tuve un salón debidamente equipado en el que me encerraba a seleccionar, grabar, y escuchar luego lo grabado.

Así armé una colección de varias decenas de casetes que tienen para mí la ventaja de que me gusta todo lo que contienen. Después de escuchar una y otra vez algunos de los casetes de música instrumental así grabados, a veces comenzaba yo a destacar de entre todas alguna melodía evocadora de un sentimiento que con el tiempo iba tomando más y más cuerpo cada vez que —siempre encerrado en mi salón, solo o con alguna de mis hijas—, escuchaba yo de nuevo esa melodía.

Una en particular me hizo recordar a mi padre (ya la publiqué aquí), otra a mi pueblo como lugar geográfico, otra a mi pueblo como conjunto de costumbres y nostalgias, etc.

Y como esos instrumentales estaban ejecutados en un tono al que, jugando con las octavas, podía yo llegar cantando, un día decidí escribir letras alusivas a los sentimientos que esas melodías evocaban en mí y, poco a poco, fui grabando todas esas letras en forma de canción interpretada por mí, usando como fondo el instrumental con la correspondiente melodía evocadora, y lidiando, también yo, solo en el salón de música, con los controles del tocadiscos, deck de casetes, ecualización, volumen, audífonos, letra, etc., mientras trataba de cantar lo mejor que podía para lograr algo más o menos aceptable dentro de mis posibilidades.

Al enésimo intento obtenía un resultado menos malo que los anteriores, y con ése me quedaba. Ahora que vinculadas a artículos previos he publicado ya, además de la descripción que precede, algunas de estas canciones, he decidido agruparlas en la sección Mis (pocas) canciones, y otras, por, en lo posible, orden cronológico de grabación. Hoy le toca el turno a «A El Paso, mi pueblo”.

***oOo***

Hay rincones de El Paso, mi pueblo, que me son muy queridos. A través del tiempo he tomado fotografías de muchos de ellos pero, para mí, el epicentro de El Paso es mi casa, y con “mi casa” quiero decir la casa donde nací, en la que crecí y viví con mis padres y hermanos(as) hasta los 18 años.

Todas las fotos que siguen fueron tomadas por mí, en distintas fechas. Bajo cada una va, en letra cursiva, la explicación correspondiente.

Éstas las tomé desde mi casa o desde algún altozano cercano y perteneciente a la misma propiedad.

Desde el jardín de mi casa. El llamado “El callejón”, la entrada a mi casa desde el Camino Real.

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Mi casa natal.

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El peral en flor, el mismo que se ve a la derecha, detrás de otro árbol, en la foto anterior. Lamentablemente, ya no está.

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Vista hacia el Este.

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Vista hacia el norte. En primer plano “La palma de Arturo”, una especie de icono, visible desde casi cualquier lado, que sirve de referencia para llegar a mi casa. Si esta palma no es centenaria está muy cerca de serlo, pues desde que tengo uso de razón la recuerdo así, del mismo tamaño. Su tronco se incendió varias veces, mil vientos huracanados la vapulearon e hicieron doblar hasta casi partirse, pero hasta ahora ha salido airosa y sigue orgullosamente erguida y frondosa.

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Vista panorámica hacia el noroeste.

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Vista hacia el oeste.

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Lado sur, pero tomada desde la casa de un vecino. El camino por el que avanza el rebaño de cabras está ahora, como todos los demás, asfaltado, pero en mis tiempos era empedrado, y de forma bastante irregular.

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Estas otras fotos son de rincones para mí emblemáticos.

El “Chorro de Don Diego”, un abrevadero en el que siempre bebían, de ida y de vuelta, la vaca y el caballo, «Mi caballo blanco«, cuando en las tardes los llevaba, y en las mañanas los traía, a/de la relva. También servía de fuente de agua potable para los vecinos que aún para entonces no la tenían corriente en sus casas.

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La Iglesia Nueva. Entrada principal.

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El “Llano de Las Cuevas”, flanqueado por la Cumbre Nueva, al Este, y los montes del Sur. Ahí estaba la relva antes mencionada.

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Los montes del sur, bañados por La Brisa. Delante, la Montaña de Enrique; en segundo plano, el Virigoyo, el pico puntiagudo (1.811m) que despunta al fondo. Detrás de él surgió la columna de humo del Volcán Cumbre Vieja, de San Juan o Nambroque.

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«La punta de Los Roques» entre nubes. Está en el extremo norte de la Cumbre Nueva, la sierra que da marco a El Paso por su lado este, y justo sobre La Caldera.

Son esos rincones y paisajes —que han cambiado a través del tiempo— y las gentes que en ellos habitaban —muchas ya desaparecidas— lo que conforma el recuerdo más íntimo, querido y perdurable que conservo de mi pueblo, y lo que me inspiró esta canción que, por supuesto, está dedicada a El Paso, a un El Paso que, casi en su totalidad, sólo existe hoy en mis recuerdos, pues salí de él —“dejé el nido” y el contacto vecinal— a finales de 1957 y lo retomé 60 años después, en 2017, aunque como turista volví una o dos veces cada año entre 1957 y 1960.

Luego, a partir de 1961, cuando emigré a Venezuela, pasé por El Paso cada vez que tuve oportunidad de hacerlo, y no sin tristeza veía cómo lo más característico de los pasenses, las costumbres de mis tiempos y todo lo demás que moldeó mi sentir y me dio guías de vida, que alimentó mis recuerdos y mis nostalgias, iba desapareciendo, aunque eso no ha hecho mella en el amor que siento por mi pueblo.

Ficha técnica de esta canción:

  • Título de la melodía instrumental: “Adiós, Acrópolis”. Arreglo de Paul Mauriat.
  • Grabada en mi casa, en Caracas, el 17-04-1982.

[Mis canciones}> ‘Padre’

‘Padre´

Publicado el 15-01-2007

Actualizado el 12-03-2026

Carlos M. Padrón

Como ya dije, los medios de escapismo en que por años me refugié para mitigar los efectos de tiempos de crisis fueron el trabajo, la fotografía, la cría de patos y la música.

Para esta última tuve un salón debidamente equipado en el que me encerraba a seleccionar, grabar, y escuchar luego lo grabado. Así armé una colección de varias decenas de casetes que tienen para mí la ventaja de que me gusta todo lo que contienen.

Después de escuchar una y otra vez algunos de los casetes de música instrumental así grabados, a veces comenzaba a destacar de entre todas alguna melodía evocadora de un sentimiento que con el tiempo iba tomando más y más cuerpo cada vez que —siempre encerrado en mi salón, solo o con alguna de mis hijas—, escuchaba yo de nuevo esa melodía.

Una en particular me hizo recordar a mi padre, otra a mi pueblo como lugar geográfico, otra a mi pueblo como conjunto de costumbres y nostalgias, etc., Y como esos instrumentales estaban ejecutados en un tono al que, jugando con las octavas, podía yo llegar cantando, un día decidí escribir letras alusivas a los sentimientos que esas melodías evocaban en mí y, poco a poco, fui grabando todas esas letras en forma de canción interpretada por mí, usando como fondo el instrumental con la correspondiente melodía evocadora, y lidiando, también yo solo en el salón de música, con los controles del tocadiscos, deck de casetes, ecualización, volumen, audífonos, letra, etc., mientras trataba de cantar lo mejor que podía para lograr algo más o menos aceptable dentro de mis posibilidades.

Al enésimo intento obtenía un resultado menos malo que los anteriores, y con ése me quedaba.

Ahora que vinculadas a artículos previos he publicado ya, además de la descripción que precede, algunas de estas canciones, he decidido agruparlas en esta sección, Mis (pocas) canciones, y otras, por, en lo posible, orden cronológico de grabación.

Hoy le toca el turno a ‘Padre’.

***oOo***

La versión de Paul Mauriat de la melodía que lleva por título “La Aventura” evocaba siempre en mí fuertes y vívidos recuerdos de mi padre. La usé como fondo musical, y así nació, dedicada a la memoria de mi padre, esta canciónque ya publiqué el pasado junio, en el artículo «A la memoria de mi padre, en el 37 aniversario de su muerte«,

Mi padre, en diciembre/1968. Su última foto.

la incluyo hoy, como apertura de esta nueva sección, a la memoria de mi hermano, quien a la muerte de mi padre quedó como tal dada su condición de primogénito.

Raúl, el 25/12/2006. Su última foto.

Ficha técnica de la canción

[Mis canciones}> Introdución

INTRODUCCIÓN

Publicado el 14-04-2007

Actualizado el 12-03-2026

Carlos M. Padrón

Los medios de escapismo en que por años me refugié para mitigar los efectos de tiempos de crisis fueron el trabajo, la fotografía, la cría de patos y la música.

Para esta última tuve un salón debidamente equipado en el que me encerraba a seleccionar, grabar, y escuchar luego lo grabado. Así armé una colección de varias decenas de casetes que tienen para mí la ventaja de que me gusta todo lo que contienen.

Después de escuchar una y otra vez algunos de los casetes de música instrumental así grabados, a veces comenzaba a destacar de entre todas alguna melodía evocadora de un sentimiento que con el tiempo iba tomando más y más cuerpo cada vez que —siempre encerrado en mi salón, solo o con alguna de mis hijas—, escuchaba yo de nuevo esa melodía.

Una en particular me hizo recordar a mi padre, otra a mi pueblo como lugar geográfico, otra a mi pueblo como conjunto de costumbres y nostalgias, etc., Y como esos instrumentales estaban ejecutados en un tono al que, jugando con las octavas, podía yo llegar cantando, un día decidí escribir letras alusivas a los sentimientos que esas melodías evocaban en mí, y, poco a poco, fui grabando todas esas letras en forma de canción interpretada por mí , usando como fondo el instrumental con la correspondiente melodía evocadora, y lidiando, también yo solo en el salón de música, con los controles del tocadiscos, deck de casetes, ecualización, volumen, audífonos, letra, etc., mientras trataba de cantar lo mejor que podía para lograr algo más o menos aceptable dentro de mis posibilidades.

Al enésimo intento obtenía un resultado menos malo que los anteriores, y con ése me quedaba.

Ahora que vinculadas a artículos previos he publicado ya, además de la descripción que precede, algunas de estas canciones, he decidido agruparlas en esta sección, ‘Mis (pocas) canciones, y otras’, siguiendo, en lo posible, el orden cronológico de grabación.

Aunque los artículos de esta sección fueron publicados a comienzos de este siglo, por un error borré la sección completa y ahora al reconstruirla he actualizado todo a 2026.