[*MiIT}– Orden y prevención

Mayo 2007

Carlos M. Padrón

Lo más parecido a una PC es una oficina bien organizada, pues el orden es clave en computación, como también lo es, y cada vez más, la seguridad.

En una oficina bien organizada, hay un lugar para cada cosa, y casa cosa está en su lugar; las importantes mejor protegidas que las otras. Y el escritorio debería ser amplio y tener libre su superficie para poder manejar bien los papeles o documentos con los que se esté trabajando en un determinado momento.

En beneficio de la seguridad y también del orden y de la velocidad, es conveniente o “particionar” el disco (si sólo tiene uno) de la PC, o montarle uno o más discos duros y, dado el caso, “particionar” éstos también.

Ya sé que “particionar” no está en el DRAE, pero es palabra consagrada por el uso al menos en este lado hispanoamericano del charco, así que la usaré con el sentido de “dividir en partes lógicas un disco de PC”, que es como instalar un tabique en una habitación a fin de obtener dos habitaciones independientes usando el mismo espacio en que antes había sólo una.

En una oficina hay documentos clave, importantes e irrelevantes. Si los tenemos todos juntos y se desata un incendio, los perderemos todos, o algunos quedarán parcialmente inservibles. Pero si instalamos una caja fuerte y archivadores metálicos, y ponemos en la primera los documentos clave y en los otros los importantes, es poco probable que el fuego entre en la caja fuerte, y lo guardado en los archivadores estará mejor protegido. La idea es aislar de alguna forma lo importante, separándolo de lo demás o de lo más riesgoso.

Lo más importante en una PC es el sistema operativo (SO), pues si él la PC es sólo un trasto. El SO es a la PC lo que el cerebro es al hombre, ya que sin cerebro somos también un trasto. La gran importancia del SO es el motivo de que los virus hagan de él su objetivo, pues si logran alterar o hasta anular el SO, el usuario de la PC estará en problemas.

Cuando una PC tiene un solo disco duro, el SO lo identifica como ‘C’, y en ese único disco estarán alojados el SO, los documentos (Mis Documentos) o datos, los links de páginas Internet de uso frecuente (Favoritos) y, si se quiere ser previsivo, también los “Programas Semilla”, o sea, la versión original de un programa —que generalmente viene en un archivo con extensión .exe— que sirve para “sembrar” el programa dentro del SO y que ambos queden debidamente conectados, operación que llamamos “instalar el programa”.

El propósito de guardar los Programa Semilla es que, si por cualquier motivo tuviéramos que reinstalar uno de ellos, ya sabríamos dónde ir a buscarlo, y podríamos obtenerlo en forma más rápida que si lo hubiéramos grabado en un CD. Por esto es también buena práctica guardar, en Programas Semilla, los programas que se bajan de la Red, en vez de sólo instalarlos, pues algún día los necesitaremos y tendremos que comenzar a buscarlos de nuevo, y tal vez en ese momento ni siquiera tengamos línea, no recordamos dónde o cómo lo conseguimos, la versión que queremos ya no está disponible, etc.

Pero con sólo el disco ‘C’ estamos corriendo un riesgo, pues si un virus acertara a penetrar en el SO y lo afectara seriamente, la opción es formatear ese único disco ‘C’ —o sea, borrarlo, limpiarlo, y estructurarlo de nuevo—, con lo cual perderíamos todo lo que en él había: el SO, los documentos o datos, los Favoritos, los Programas Semilla, etc. Un verdadero desastre que sólo saben apreciar los que lo hemos sufrido alguna vez.

Sin embargo, si ese único disco físico que trajo nuestra PC —un disco de, digamos, 80GB— lo particionamos en cuatro y obtenemos de él cuatro discos lógicos, ‘C’ (20GB), ‘D’ ( 10GB), ‘E’ (20GB), y ’F’ (30GB) —podrían ser otras letras, aunque siempre existirá el ‘C’—, crearíamos ya un buen aislamiento, pues en el ‘C’ estaría solamente el SO, y a los otros les daríamos, por ejemplo, el siguiente uso; El ‘D’, solamente para los Programas Semilla; el ‘E’, solamente para documentos; y el ‘F’, solamente para backups y respaldos históricos.

Por default (defecto), tanto Mis Documentos como Favoritos se crean en ‘C’, así que en beneficio de la seguridad hay que moverlos al ‘E’. Mover Mis Documentos es una operación que puede hacerse fácilmente a través de las Propiedades de ese archivo; y mover otros, como Favoritos, puede hacerse con programas utility gratuitos como el TweakUI.

Sin embargo, particionar es más importante y complejo, así que los programas que lo hacen, como el PartitionMagic, no son gratuitos pero, créanme, realizan un trabajo valiosísimo.

Si teniendo en operación la distribución arriba detallada, un virus inutilizara total o parcialmente al SO y tuviéramos que formatear para reinstalarlo, eso afectaría sólo al ‘C’, pero el resto quedaría intacto.

Además, y por lo ya explicado en el símil de la sala de cine del artículo “Computación Personal, herramienta indispensable – 19: Uso del espacio“, cuando tengamos que defragmentar el disco ‘C’, que es el que más se fragmenta, la operación será mucho más rápida porque tendremos que trabajar sólo sobre un área de 20GB y no sobre una de 80GB que sería la que, de no haber particionado, tendríamos como ‘C’. Si queremos escanear con un antivirus, antiespía o anti-rootkit, la zona más expuesta de la PC, que es el SO, lo haremos en menor tiempo, por lo mismo: 20GB vs 80GB.

En el artículo, el “China es el principal productor mundial de malware“ el autor dijo algo muy importante: “La categoría más peligrosa de virus es aquélla que usa la encriptación avanzada para cifrar los datos del PC e impedir así a los usuarios el acceso a sus propios datos. Luego, el usuario es extorsionado por el ciberdelincuente, quien le ofrece dos alternativas: o pagas, o te olvidas de tus datos».

Si nuestros datos no están en ‘C’, disminuimos el riesgo de que esto ocurra. Pero mejor sería evitarlo, y para eso sugiero la opción del disco duro externo (en adelante, sólo Externo). Es un disco de, cuando menos, 80BG, que viene montado en su propia caja, separada de la PC, y que generalmente se conecta a ésta mediante un puerto USB.

Una vez conectado y puesto en marcha el Externo, la PC lo reconoce como si fuera un disco interno, y como tal podemos trabajar con él. Es en el Externo donde sugiero hacer, una vez cada semana —los sábados, por ejemplo—, los backups de seguridad de todos los discos internos, excepto el ‘C’, y los respaldos históricos antes mencionados. Y, hecho esto, desconectar el Externo y lo guardarlo en un armario,… hasta la próxima semana.

Si algún desastre mayor ocurriera, en el Externo estarán los Programas Semilla, Mis Documentos, mis Favoritos, etc. actualizados al sábado inmediato anterior.

Y en cuanto a mantener limpio y despejado el Desktop (Escritorio) —que sería la RAM de la PC— es buena práctica no tenerlo lleno de iconos que poco se usan, o de pesados screensavers (salvapantallas) que consumen recursos. Los iconos que deberían estar en el Desktop son sólo los de uso diario (Mi PC, accesos directos a los diferentes discos, Favoritos, Mis Documentos, Papelera,… y una carpeta que contenga todos los demás, los de uso poco frecuente, aunque correspondan a programas.

Los correspondientes a programas de uso diario o frecuente conviene ponerlos en él área de Quick Launch (Inicio rápido), junto al botón Start (Inicio), siempre que no estén ya en el Task Bar (Barra de Tareas), junto al reloj. Los que en ese lugar aparecen corresponden a programas que se activan —o sea, que quedan abiertos y listos para uso— cuando se inicia la operación de la PC, y deberían ser solamente los mínimos necesarios, con lo cual no sólo es más rápido ese inicio de operación sino más ligera la carga de trabajo para el procesador de la PC.

A tal efecto hay también herramientas, bajo el nombre genérico de Startup Manager (Manejador de Arranque), y gratis algunas, que permiten que el usuario decida qué programas deben activarse al inicio de operación y cuáles no. Conviene contar con alguna de estas herramientas ya que, aunque el usuario no lo vea, hay programas que se cuelan en el arranque sin que nadie los invite y que no justifican en nada su presencia en esa etapa. Con la herramienta de Startup Manager puede impedirse que eso ocurra.

[*MiIT}– Uso del espacio

Carlos M. Padrón

Hoy día, el espacio en disco es abundante y barato, pero también es abundante, y muchas veces importante, la información que nos llega a nuestra PC y la que nosotros generamos trabajando con ella.

Y, precisamente porque es importante, es frecuente la necesidad de reutilizarla y, por tanto, de guardarla en la propia PC, lo cual requiere de espacio en disco (digamos, como ejemplo, que en el disco “C”, el del sistema operativo, y el único que tienen muchas PCs).

Y así, entre la diversidad de programas y su creciente tamaño, y los datos que necesitamos mantener en la PC, cada vez es menor el espacio que queda libre en el disco. Además, para mayor rapidez en la entrega de resultados, la PC suele guardar información de proceso —o sea, producto de etapas intermedias en el desarrollo de la ejecución de una tarea— en el lugar “que le viene más a mano”, o sea, en aquél, de entre los disponibles y autorizados, que permita más rapidez aunque no necesariamente mejor aprovechamiento del espacio, y entonces puede ocurrir algo así como lo que a veces nos pasa en una sala de cine cuando vamos en grupo, digamos de a cuatro, y queremos sentarnos juntos: que la gente que llegó primero ocupó butacas no contiguas, y aunque en varias filas hay cuatro y hasta más butacas vacías, no están una pegada a la otra sino dos vacías, tres ocupadas, una vacía, dos ocupadas, y así.

Si consiguiéramos que los ocupantes nos hicieran el favor de agruparse todos en un extremo de la fila, tendríamos cuatro, y tal vez más, butacas vacías y contiguas; y si en toda la sala de cine se aplicara esta práctica, el resultado sería un mejor aprovechamiento del espacio. En el caso de la PC, el resultado sería también un mejor aprovechamiento del espacio para almacenamiento y proceso en el disco.

Supongamos ahora que los asistentes a la sala en cuestión son todos personal de una compañía que organizó en esa sala un acto para sus empleados y los familiares de éstos, y que, por la índole del acto, es de interés de la compañía que los miembros de una misma familia se sienten juntos. Sin embargo, ocurrió lo ya dicho: los primeros que llegaron ocuparon asientos según su gusto, y cuando más tarde llegaron otras familias no encontraron asientos contiguos para ellas. La sala está casi llena y se impone reorganizar.

Si fuera de la sala hay un espacio libre al que puedan salir todos los asistentes, y suficientemente amplio para que se agrupen por familias que luego, bajo la dirección de un organizador, vayan entrando en grupos familiares, según cantidad de miembros, y ocupando filas completas, comenzando por la primera y llenando hacia atrás —o al revés—, sin dejar butacas vacías, el problema tendrá una solución bastante rápida y eficiente. Pero si fuera de la sala no contamos con ese espacio libre y amplio, y por ello nos vemos obligados a, sin sacar a nadie de la sala, efectuar la misma operación de reorganización, ésta será engorrosa, difícil y tomará mucho más tiempo; es más, en algunos casos no podrá hacerse, y el acto no podrá efectuarse según lo previsto.

La operación de limpieza y reorganización del disco se rige por los mismos principios, y el espacio libre y amplio del ejemplo anterior es parte del mismo disco en el que también está lo que necesitamos reorganizar. La necesidad de reorganizar se impone por los huecos, las “butacas vacías” salteadas, que hay en el área de ocupación del disco, y porque, si permitimos que este mal uso del espacio continúe, llegará un momento en que el espacio libre —que para el Windows debe ser de entre 800MB a 1GB— no sirva ya para la operación de reorganización, y ésta o tome muchísimo tiempo o, simplemente, no pueda efectuarse.

De aquí la necesidad, que no sólo conveniencia, de limpiar y reorganizar periódicamente el disco. Por limpiar se entiende el borrar de él la información que ya no se necesita pero que está ocupando un espacio muy valioso y necesario. Y por reorganizar se entiende el “ocupar totalmente las filas, sin butacas vacías y desde adelante hacia atrás, o al revés” (en la jerga se usa el término “defragmentar”, del inglés “defragmenting”, con el significado opuesto a fragmentar, o sea, reunir los trozos de algo que estaba hecho fragmentos) con la información restante, la que, por ser valiosa y necesaria, sobrevivió a la limpieza. Por tanto, la secuencia correcta es primero limpiar y luego reorganizar o defragmentar.

El Windows ofrece mecanismos para efectuar la limpieza y la defragmentación, y para éste y otros fines coloca en el Escritorio (“Desktop”) un icono con el nombre de “My Computer” (Mi PC). Si sobre ese icono ponemos el cursor y clicamos con el botón izquierdo del ratón (“Mouse”) iniciaremos la secuencia de operaciones que espero explicar en otro capítulo.

[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 19: Uso del espacio

Carlos M. Padrón

Hoy día, el espacio en disco es abundante y barato, pero también es abundante, y muchas veces importante, la información que nos llega a nuestra PC y la que nosotros generamos trabajando con ella.

Y, precisamente porque es importante, es frecuente la necesidad de reutilizarla y, por tanto, de guardarla en la propia PC, lo cual requiere de espacio en disco (digamos, como ejemplo, que en el disco “C”, el del sistema operativo, y el único que tienen muchas PCs).

Y así, entre la diversidad de programas y su creciente tamaño, y los datos que necesitamos mantener en la PC, cada vez es menor el espacio que queda libre en el disco.

Además, para mayor rapidez en la entrega de resultados, la PC suele guardar información de proceso —o sea, producto de etapas intermedias en el desarrollo de la ejecución de una tarea— en el lugar “que le viene más a mano”, o sea, en aquél, de entre los disponibles y autorizados, que permita más rapidez, aunque no necesariamente mejor aprovechamiento del espacio, y entonces puede ocurrir algo así como lo que a veces nos pasa en una sala de cine cuando vamos en grupo, digamos de a cuatro, y queremos sentarnos juntos: que la gente que llegó primero ocupó butacas no contiguas, y, aunque en varias filas hay cuatro y hasta más butacas vacías, no están una pegada a la otra, sino dos vacías, tres ocupadas, una vacía, dos ocupadas, y así.

Si consiguiéramos que los ocupantes nos hicieran el favor de agruparse todos en un extremo de la fila, tendríamos cuatro, y tal vez más, butacas vacías y contiguas; y si en toda la sala de cine se aplicara esta práctica, el resultado sería un mejor aprovechamiento del espacio.

En el caso de la PC, el resultado sería también un mejor aprovechamiento del espacio para almacenamiento y proceso en el disco.

Supongamos ahora que los asistentes a la sala en cuestión son todos personal de una compañía que organizó en esa sala un acto para sus empleados y los familiares de éstos, y que, por la índole del acto, es de interés de la compañía que los miembros de una misma familia se sienten juntos.

Sin embargo, ocurrió lo ya dicho: los primeros que llegaron ocuparon asientos según su gusto, y cuando más tarde llegaron otras familias no encontraron asientos contiguos para ellas. La sala está casi llena y se impone reorganizar.

Si fuera de la sala hay un espacio libre al que puedan salir todos los asistentes, y suficientemente amplio para que se agrupen por familias que luego, bajo la dirección de un organizador, vayan entrando en grupos familiares, según cantidad de miembros, y ocupando filas completas, comenzando por la primera y llenando hacia atrás —o al revés—, sin dejar butacas vacías, el problema tendrá una solución bastante rápida y eficiente.

Pero si fuera de la sala no contamos con ese espacio libre y amplio, y por ello nos vemos obligados a, sin sacar a nadie de la sala, efectuar la misma operación de reorganización, ésta será engorrosa, difícil y tomará mucho más tiempo; es más, en algunos casos no podrá hacerse, y el acto no podrá efectuarse según lo previsto.

La operación de limpieza y reorganización del disco se rige por los mismos principios, y el espacio libre y amplio del ejemplo anterior es parte del mismo disco en el que también está lo que necesitamos reorganizar.

La necesidad de reorganizar se impone por los huecos, las “butacas vacías” salteadas, que hay en el área de ocupación del disco, y porque, si permitimos que este mal uso del espacio continúe, llegará un momento en que el espacio libre —que para el Windows debe ser de entre 800MB a 1GB— no sirva ya para la operación de reorganización, y ésta, o tome muchísimo tiempo o, simplemente, no pueda efectuarse.

De aquí la necesidad, que no sólo conveniencia, de limpiar y reorganizar periódicamente el disco.

Por limpiar se entiende el borrar de él la información que ya no se necesita, pero que está ocupando un espacio muy valioso y necesario. Y por reorganizar se entiende el “ocupar totalmente las filas, sin butacas vacías y desde adelante hacia atrás, o al revés” (en la jerga se usa el término “desfragmentar”, del inglés “defragmenting”, con el significado opuesto a fragmentar, o sea, reunir los trozos de algo que estaba hecho fragmentos) con la información restante, la que, por ser valiosa y necesaria, sobrevivió a la limpieza. Por tanto, la secuencia correcta es primero limpiar y luego reorganizar o defragmentar.

El Windows ofrece mecanismos para efectuar la limpieza y la desfragmentación, y para éste y otros fines coloca en el Escritorio (“Desktop”) un icono con el nombre de “My Computer” (Mi PC). Si sobre ese icono ponemos el cursor y clicamos con el botón izquierdo del ratón (“Mouse”) iniciaremos la secuencia de operaciones que espero explicar en otro capítulo.

[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 18: Respaldos

Carlos M. Padrón

En la PC guardamos generalmente información valiosa, y, porque es una máquina sujeta a fallas y porque cada día es mayor el riesgo de que se infecte con el “malware” que, cada vez con más frecuencia y potencia, llega a través de la Red, resulta imperioso que tomemos medidas para haber “backup” —o sea, copias de respaldo o copias de seguridad— de esa valiosa información.

Si hemos tomado ya la precaución de tener varios discos físicos o lógicos, donde el “C” contiene el sistema operativo y sus inseparables, conviene que destinemos uno de los discos, tal vez el más pequeño en capacidad —digamos que el disco “E”— para guardar en él copias de:

a) los documentos importantes que hayamos hecho o recibido (p.ej., documentos de Word, Excel, etc.):
b) todas o parte de las carpetas de nuestro correo electrónico; y,
c) la forma en que hayamos configurado nuestro “desktop” —o sea, el llamado Escritorio, o pantalla inicial en que la PC nos muestra los iconos

mediante los cuales podemos iniciar las actividades que con más frecuencia usamos, como entrar en Internet, abrir Word o Excel, hacer uso del Explorer, entrar al correo electrónico, ver la estructura de nuestra red de comunicaciones, ver los elementos que componen nuestro sistema de computación, etc.— y de las vías de acceso, o atajos (“shortcuts”) a los destinos que sean clave para nosotros, bien porque son importantes o bien porque los usamos con mucha frecuencia y nos interesa llegar a ellos en la forma más rápida y simple.

Pero, al fin y al cabo, el disco “E”, o el que usemos para backup, es también parte de la PC y podría quedar inutilizado si a ésta le ocurriera algo grave, de ahí la importancia de contar con dispositivos que nos permitan hacer copias de respaldo que podamos guardar fuera de la PC.

Al momento, el más usado de entre estos dispositivos es la “quemadora” de CD/DVD, que puede estar montada en la caja de la PC, o aparte, pero conectada a ésta por un cable.

La quemadora permite grabar en un CD o DVD y leer lo grabado. El CD o DVD que usa puede ser de sólo lectura —o sea, que sólo se puede grabar en él una vez, y leer lo grabado pero no borrarlo (“R”)— o “reescribible” —que se puede grabar y leer lo grabado, borrar y volver a grabar, como en un casete de audio o video, o en un disquete (“R/W”)—.

La capacidad de almacenamiento de los CDs, que arrancó con unos pocos MB, ya va por 650 ó 700MB, y la de los DVD es generalmente es de unos 4.7GB, o de 8.5GB si son de doble cubierta.

El dispositivo llamado CD-ROM (“CD Read Only Memory”, o memoria en CD de sólo lectura), que desde hace años viene con todas las PCs, puede reemplazarse por uno que no sólo lea el CD sino que también lo grabe (“queme”), o por uno que también lea y grabe CDs y DVDs. De hecho, muchas de las PCs de ahora ya traen esto en lugar del simple CD-ROM.

Si contamos con este dispositivo, o con los dos, no sólo podemos hacer backup en un disco interno destinado a eso, sino, además de o en vez de, en un CD o en un DVD. Es muy posible que en un CD de 650MB no nos quepan todas las carpetas personales de nuestro correo electrónico, pero sí algunas que son clave para nosotros.

En este caso, podemos hacer en disco el respaldo de todo el correo electrónico completo (operación bastante simple en programas de correo como Outlook), y hacer en CD el respaldo de las carpetas clave (operación no tan simple como la anterior, en especial a la hora de regresar a su lugar estas carpetas y dejarlas listas para que el sistema de correo pueda usarlas normalmente).

Y también en CD o DVD podemos hacer el respaldo de todos nuestros documentos importantes, y las copias que de éstos pueden ya guardarse fuera de la PC (almacenamiento histórico) porque están ocupando espacio y no van a necesitarse en el futuro inmediato.

Como ya dije, en algunos CDs o DVDs se puede grabar, leer, borrar y volver a grabar. Pero no todos funcionan así, pues algunos —los CD-R ó CD+R— permiten sólo grabar y leer lo grabado, pero no borrarlo ni volver a grabar, mientras que otros —los CD-R/W— permiten grabar, leer lo grabado, borrar y volver a grabar.

El precio de los segundos es mayor que el de los primeros. Sin embargo, salvo que se tenga información de almacenamiento histórico suficiente para colmar la capacidad de CDs no regrabables, prefiero usar los R/W (regrabables) porque, p.ej., para hacer respaldo semanal, puedo usar el mismo CD —o, como mucho, dos CDs— una y otra vez mediante el simple procedimiento de grabar el respaldo de esta semana y borrar luego el de la anterior.

Otra opción, en mi opinión mejor que las anteriores, es el disco duro externo, que se conecta a la torre mediante un puerto USB y, una vez en operación, funciona como un disco duro interno.

Con los precios de hoy, podemos tener un disco externo de 120 ó 200 GB en el que podemos respaldar prácticamente toda la información que haya en los discos internos, y desconectar luego el externo y guardarlo a buen recaudo,… hasta la semana próxima.

[*MiIT}– FortiClient recibe el premio 100% Award de Virus Bulletin (VB)

Definitivamente, hay que desconfiar de los informes de este corte. He revisado los resultados de Virus Bulletin, y el record de Fortinet es que de un total de 40 testeos, no se presentó en 28, y de los 12 a los que sí se presentó falló 6 y aprobó 6. ¡Pues vaya record “sensacional e incomparable”!. Nada que ver con los de Esst (NOD32), Sophos, y Kaspersky, por nombrar algunos.

Además, su producto FortiClient™ es —como Norton, McAfee y otros— del tipo “todo en uno” pues, según se deduce del artículo que sigue, incluye antivirus, firewall, limpieza y antispyware, o sea, que es de los que merecen la sentencia inglesa “Those who try to be a jack of all trades, end up being a master of none”, que traducido a lenguaje de mi pueblo sería “Quien mucho abarca poco abraca”.

Carlos M. Padrón

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24/03/2007

Fortinet ha anunciado que su software de seguridad FortiClient™ ha recibido por quinta vez consecutiva el galardón 100% Award de la revista Virus Bulletin (VB).

En este análisis relacionado con los productos de antivirus que trabajan en Microsoft Vista™, FortiClient obtuvo las mejores marcas en todos los premios de esa categoría.

Los premios 100% Awards de Virus Bulletin (VB), de gran prestigio en la industria, se conceden a los productos probados por expertos independientes que demuestran su capacidad para detectar con precisión el 100% de los virus conocidos como “in the wild» (lista oficial en la que se enumeran mensualmente los virus que más incidencias han ocasionado, los más extendidos), y que constituyen los virus reales en la actualidad.

El grupo de expertos de Virus Bulletin realizó pruebas a FortiClient 3.0 y otros 15 productos de antivirus para comprobar las tasas de detección, existencia de falsos positivos y velocidad de escaneo. El último premio VB 100% Award se suma al sensacional e incomparable portafolio de certificaciones y distinciones de Fortinet, entre las que se incluyen cinco VB 100% Award, dos certificaciones NSS (IPS, UTM) y ocho certificaciones ICSA (firewall, antivirus, IPSec, SSL, IDS, detección de antivirus en cliente, limpieza y antispyware).

“Es imprescindible que los proveedores de seguridad sean capaces de proteger a sus usuario contra los ataques que se aprovechan de los agujeros de seguridad de Microsoft Vista. El recibir este reconocimiento en el análisis para Windows Vista realizado por Virus Bulletin 100% enfatiza nuestra capacidad para anticipar las necesidades de nuestros clientes y proporciona la protección requerida contra el malware», afirmó Michael Xie, fundador, CTO y vicepresidente de ingeniería de Fortinet.

El software de seguridad integral FortiClient de Fortinet, que actualmente soporta tanto las versiones de 32 bit como las de 64 bit de Microsoft Vista, satisface la necesidad de acceso seguro y protección integral para teletrabajadores, personal móvil, sitios remotos y partners. FortiClient, la solución de software VPN IPSec de uso sencillo, presenta capacidades antivirus, anti-spyware, un cortafuegos personal y monitorización de registros. FortiClient funciona en los principales sistemas operativos de Microsoft Windows e incluye Traducción de Dirección de Red (NAT) trasversal, gestión centralizada de políticas, soporte de múltiples políticas de acceso a múltiples dispositivos, encriptación potente y una completa gama de herramientas para solucionar problemas.

La última versión de FortiClient también da soporte de 64 bit tanto a Microsoft Windows XP™ como a Windows 2003 Server. Diseñado para ampliar la protección en tiempo real a los usuarios de sobremesa y móviles, FortiClient elimina automáticamente virus, spyware, gusanos y otras amenazas de red al escanear y limpiar los mensajes entrantes y salientes.

Diario Ti:

[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 17: Discos duros

Carlos M. Padrón

Cualquier PC trae al menos un disco duro (“hard disk”) físico, o sea, una unidad individual que, como disco, está completa en sí misma. En particular las llamadas computadoras portátiles o “laptops” traen generalmente un solo disco duro. Lo de laptop —que textualmente significa “sobre el regazo”—, viene de que es posible trabajar con ellas colocándolas sobre el regazo, sobre las piernas, ya que estas máquinas operan, además de con corriente alterna, con baterías que son recargables.

Cuando la PC tiene sólo un disco duro, en ése tienen que alojarse tanto el sistema operativo (por ejemplo, Windows, ya sea 95, 98, 2000, NT, etc.) como los programas (Word, Excel, Power Point, Lotus Notes, Outlook, Eudora, antivirus, antiespías, firewall, etc.) y los archivos de datos (por ejemplo, los documentos que hayamos creado con Word y hayamos decidido guardar en el disco duro y no en otro medio, como podría ser disquete, CD, zip, DVD, etc.).

Si la PC tuviera más de un disco duro, esa carga de material a almacenar podría distribuirse entre ellos, lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas.

Estos discos deben estar formateados, o sea, con su espacio de almacenamiento debidamente estructurado. Imaginemos que tenemos un gran galpón que vamos a utilizar para almacenar productos de ferretería.

A fin de hacerlo funcional y sacarle provecho, lo prudente es que dividamos el galpón en secciones (una para herramientas, otra para clavos, otra para tornillos, etc.) y, estando aún vacío el galpón, pongamos en cada sección unos estantes debidamente identificados, lo cual permitirá que a un empleado nuevo podamos decirle que los alicates de presión están en la sección F, estante 14, entrepaño 4, gaveta 5.

Al formatear el disco hacemos con él —o, mejor dicho, el sistema operativo lo hace— algo similar: estructura, o “compartimentaliza”, el disco vacío para dejarlo en condiciones de guardar en él información que sea fácilmente ubicable y aprovechable por el propio sistema operativo cuando éste la necesite.

Entre las ventajas de contar con un solo disco está, tal vez, además del precio, una cierta y relativa ganancia en velocidad porque todo se encuentra en el mismo sitio físico, y no hay que ir a buscarlo en otro lado.

Pero entre las desventajas está, además del menor espacio de almacenamiento, el riesgo de que si la PC fuera infectada por un virus, que usualmente ataca al sistema operativo, para ponerla de nuevo en operación hay generalmente que formatear el disco donde esté ese sistema, y, como sólo hay un disco, pues hay que borrar todo lo que éste contenga: sistema operativo, programas y archivos da datos, lo cual implica, casi siempre, la pérdida de valiosa información, aparte del tiempo y el trabajo que lleva efectuar la operación de formateo y recarga.

De aquí la conveniencia de tener más de un disco duro físico. El primero, identificado como “C” (las identificaciones “A” y “B” se reservan para unidades de disquetes), conviene dedicarlo sólo al sistema operativo y a aquellos programas ya ejecutados que, por su índole, tienen que alojarse junto a éste.

Y en un segundo disco, que sería el “D”, podríamos guardar programas en su forma original, o ejecutables, (por si ocurre algo con alguno de ellos y debemos reinstalarlo) y archivos de datos.

Si aún podemos contar con un tercero, que sería el “E”, guardaríamos los programas en el “D” y los archivos de datos en el “E”, o viceversa.

Si con esta distribución llegara a infectarse la PC, el virus afectaría sólo al disco “C”, donde reside el sistema operativo, y la operación de formateo de ese disco no tocaría ni los programas ni los archivos de datos. Menos riesgo, menos trabajo, menor pérdida de información.

Hasta aquí he usado el calificativo de “físico” en relación con el disco duro. ¿Por qué? Porque también existe el disco “lógico”. Por ejemplo, puedo tener en la PC dos discos duros físicos, pero el segundo lo divido —lo “particiono”— en dos partes; a una la denomino disco “D” y a la otra disco “E”, y estos dos discos no son físicos: existen en un mismo disco físico pero, como lo comparten entre ellos, no se les llama físicos, sino lógicos.

Si, como mencioné en el ejemplo anterior, decido guardar en “D” los programas, y en “E” los archivo de datos, y sé que los programas ocupan más espacio que los archivos a guardar, puedo asignarle al disco lógico “D” más espacio que al disco lógico “E”, y así, si la capacidad total del disco físico que voy a dividir en dos lógicos es de 40GB, puedo asignarle 10GB al “D” y 30GB al “E”, ó 20 y 20, etc..

Mi recomendación, después de haber sufrido varias veces el embate de un virus porque estaba yo usando un antivirus —uno diferente cada vez— de ésos que se promocionan mucho pero no cumplen bien su cometido, es que, además de instalar y mantener siempre actualizado y en operación un buen antivirus, se tenga más de un disco duro y se los distribuya o particione en la forma ya indicada.

Así contaremos con espacio de sobra; tendremos el sistema operativo aislado en un mismo disco, y el resto del material a almacenar (programas y archivos de datos) en discos lógicos que podemos definir dentro de los otros discos duros físicos.

[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 16: Tipos de Inteligencia

Carlos M. Padrón

Con su gran capacidad de memoria, la computadora puede llegar a hacernos creer que es inteligente, pues la memoria juega un gran papel en el ejercicio y expresión de la inteligencia.

Por ejemplo, es sabido que las personas que tienen buena ortografía tienen también una buena memoria gráfica, o sea, recuerdan bien la forma y los detalles de la palabra bien escrita, y cuando la ven sin acento, o con ‘b’ en lugar de ‘v’, enseguida la visualizan bien escrita y, por contraste, se dan cuenta de que algo anda mal y de qué es lo le falta o le sobra a esa palabra para que esté correctamente escrita.

Por otra parte, no creo que se hayan registrado muchos casos de personas amnésicas que hayan creado o producido algo para lo que el ejercicio de la inteligencia era realmente necesario, y es que, repito, para crear hace falta información, y ésta reside en la memoria.

Para construir un edificio hacen falta materiales de construcción que están en uno o diferentes galpones (memoria), pero en esos mismos galpones no están las ideas que usará el arquitecto para que con esos materiales se haga realidad el edificio.

Al igual que la información, la creación de ideas reside también en el cerebro, órgano que para cuando alcanzamos los cinco a?os de edad culmina su crecimiento y llega a tener un trillón de células, la misma cantidad de células que tenía el cerebro de Einstein,… pero no todos somos Einstein. ¿Por qué?

Que se sepa hasta ahora, porque tanto o más que la cantidad de células cuenta la conexión entre ellas, y la conexión se amplía con el estímulo, pero mientras la ciencia no tenga la respuesta correcta a este «¿por qué?», difícilmente el hombre podrá construir una máquina, robot, o lo que sea, que tenga realmente inteligencia… como la de Einstein.

Y digo «como la de Einstein» porque el concepto de inteligencia, que por siglos se atuvo a la escueta definición de «la capacidad de entender o comprender», se volvió muy complejo y esquivo cuando las investigaciones al respecto llegaron a la conclusión de que existen varios tipos de inteligencia, y no sólo, como por tiempo se creyó, ésa del tipo que tan brillantemente demostró tener Einstein.

Howard Gardner, un profesor de Harvard, fue quien en 1983 lanzó la teoría de que la inteligencia está formada por al menos siete ─a lo mejor ocho, posiblemente nueve, o tal vez más─  distintas habilidades o tipos que pueden trabajar solos o en equipo. Según Gardner, los siete tipos básicos de inteligencia son:

▬ Inteligencia lingüística, o sea, habilidad verbal, creación con la palabra. Es, por ejemplo, la inteligencia que permite hacer poesía.

▬ Inteligencia lógico-matemática, la más comúnmente reconocida: la que exhibió Einstein.

▬ Inteligencia musical. No hay mucho que explicar al respecto, pues basta con mencionar nombres como Mozart y Beethoven, por citar sólo dos.

▬Inteligencia espacial: la que tienen los buenos arquitectos.

▬ Inteligencia «quinestética» (perdonen el barbarismo, pero no encuentro término mejor), que se demuestra en la perfecta coordinación de los movimientos del cuerpo. También como ejemplo les daré dos nombres: Michael Jordan e Isadora Duncan.

▬ Inteligencia interpersonal: la que demuestran los muy buenos vendedores.

▬ Inteligencia intrapersonal, que tiene que ver con lo que ahora conocemos como «inteligencia emocional» : la que nos permite el conocimiento de nosotros mismos.

Gardner continuó ahondando en el tema, y años después anunció un octavo tipo de inteligencia cuya aceptación no fue precisamente unánime en la comunidad científica (lo cual es normal porque los expertos pocas veces están de acuerdo en algo): la inteligencia naturalista, que, según Gardner, se caracteriza por la habilidad para reconocer, clasificar y encontrar patrones comunes en plantas, animales, nubes, rocas, etc., o sea, la que demostró tener Darwin.

¿Que qué tiene que ver todo esto con la computadora? Al momento, mucho, pues si bien podemos poner en la memoria de la computadora las mil mejores poesías de la lengua española, las reglas de la métrica y la rima, de los cuartetos, sonetos, etc., la computadora no sería capaz de crear un poema que nos transmitiera la emoción de un grafismo épico como, por ejemplo, el de El Capitán Pirata:

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar sino vuela,
un velero bergantín

…../….

Podemos poner en su memoria toda la música navideña hasta ahora escrita, y no sería capaz de crear algo que nos llegue tan hondo como las sencillas notas de «Silent Night» (Noche de Paz). Para eso hace falta sentimiento y sensibilidad, cualidades humanas que las computadoras de hoy no tienen porque no ha sido posible reducir a lenguaje de máquina la esencia, origen y alcance de los sentimientos y otros elementos de que se alimenta la inteligencia humana.

[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 15: Inteligencia real y aparente

Carlos M. Padrón

Todos hemos sabido de personas que exhiben habilidades muy destacadas y, sin embargo, se las tiene por tontas, bobas, taradas o idiotas, pues la sociedad en que viven opina que les falta chispa, son quedadas, o carecen de viveza o de agilidad mental, carencias éstas que, para esa sociedad, significan que tales personas no son inteligentes, aunque ello no impide que al menos gran parte de esa misma sociedad considere que una computadora sí lo es.

Una prueba más de la confusión o vaguedad que existe en torno al concepto de inteligencia, al que a veces se lo confunde con buena memoria, con “discreción” (lo que hoy llamamos “pilas”), y con un sinnúmero de otras manifestaciones. Para ilustrar esto, permítanme que cuente una anécdota que, cuando yo era adolescente, cambió mi concepto hacia los llamados bobos.

Tuve la suerte —o al menos eso creo— de nacer y crecer en un pueblo, un pueblo agropecuario enclavado en la parte más alta y montañosa de un valle en el cual, a unos 5 kilómetros de distancia, había otro pueblo mayor y más cosmopolita.

En mi pueblo, como ocurre en casi todos, había personas que eran tildadas de bobas porque exhibían, corregidas y aumentadas, las carencias que mencioné al comienzo. Algunas de estas personas no articulaban una sola palabra inteligible; otras se subían sobre una pared, apenas veían un grupo de potenciales escuchas, y se disparaban un discurso interminable y repetitivo que carecía de significado y coherencia, para malsana diversión de los tales escuchas que a veces incitaban al bobo o boba a que llevara a cabo esa faena; otras se limitaban a mendigar comida o vino; otras repetían ad infinitum un mismo estribillo o canción de su invención; etc.

Y había un tal Carlos, al que le dieron el fonéticamente desagradable apodo de “Cugucho”, que, aparte de ninguna manifestación intelectual, de un escaso vocabulario siempre pobremente usado, y de no poder hacer, a decir de la gente del pueblo, razonamiento alguno, tenía dos características destacadas: 1) Su gran capacidad para el trabajo agrícola, que ofrecía sin limitaciones a cambio de que le dejaran comer todo lo que él quisiera, que no era poco; y, 2) Su pasión por viajar en un vehículo automotor, de los cuales había en todo el pueblo unos cinco carros particulares y unos tres camiones de carga, además del par de autobuses de servicio público.

Por tanto, dadas las características que adornaban a Carlos Cugucho, para todos en el pueblo él era bobo, sin atenuantes ni posible apelación, y como tal lo trataban.

En la misma época vivía también en mi pueblo un tal Don Julio, un señor que había montado una gestoría en el pueblo vecino y que, en su carro de dos plazas —que manejaba con poca soltura, aferrado con las dos manos al volante y en total tensión, pues había aprendido a conducir siendo ya mayor—, bajaba todas las mañanas a trabajar en su gestoría, regresaba al mediodía para almorzar en su casa y dormir la siesta, y bajaba de nuevo en la tarde.

Carlos Cugucho conocía esta rutina, y si no había sido contratado para alguna tarea como peón, montaba guardia después de mediodía frente a la casa de Don Julio en la esperanza de que éste le regalara el paseo hasta el otro pueblo, aunque eso implicara que luego Carlos tendría que subir a pie los casi cuatro kilómetros de mal empedrados caminos que con una pendiente promedio de 40° lo traerían de regreso a su casa.

Pero él —como bobo al fin, decía la gente— aceptaba con gusto el sacrificio de tal subida a cambio del enorme placer de viajar en carro. Don Julio sabía esto, y muchas veces, por compasión, por tener compañía o por lo que fuere, le hacía el gusto a Carlos, y le daba el paseo llevándolo sentado a su lado, donde a Carlos le gustaba viajar.

Una de las tardes en que Don Julio llevó en su carro a Carlos Cugucho y a otro vecino, cuando bajaban por la estrecha y tortuosa carretera —con Don Julio aferrado al volante, circulando a baja velocidad por su canal, como siempre, y presintiendo un accidente en cualquier momento a pesar de que apenas había tráfico—, al doblar una cerrada curva les pasó al lado, pero circulando correctamente por el canal de subida, un autobús de servicio público que, en opinión del asustadizo Don Julio, iba a velocidad supersónica. Sin poder contener el susto, Don Julio frenó en seco, y saltando en su asiento exclamó:

—¡Qué barbaridad! ¿Ves, Carlos?: si hubiéramos venido corriendo, habríamos chocamos y nos hubiéramos matado.

Sin inmutarse en lo más mínimo, Carlos Cugucho, el mismo al que todos consideraban bobo sin remedio, respondió:

—No, si hubiéramos venido corriendo no lo habríamos encontrado aquí.

Tal respuesta implica que, en fracciones de segundo, Carlos Cugucho había analizado fríamente la situación, sus elementos y condiciones (dirección y velocidad de los vehículos, curvas en la carretera, etc.) y, con una lógica impecable —de la que no daban muestras muchos de los que en el pueblo eran considerados inteligentes— había concluido que si el carro de Don Juan hubiera ido a mayor velocidad, el cruce con el autobús habría ocurrido mucho más cerca del pueblo de destino, donde la carretera tenía menos curvas y la inclinación no era tan pronunciada.

Preguntas: ¿era bobo Carlos Cugucho? Usted decida. ¿Podría una computadora hacer el análisis y la deducción que él hizo? Sí, si se le dan los datos necesarios y correctos, y se la programa debidamente.

[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 14: ‘Inteligencia’ de la computadora

Carlos M. Padrón

Creo que está claro que la computadora no es más que una máquina, pero ¿es inteligente? No falta quien afirme que sí, que algunas computadoras de hoy son inteligentes, como las que han sido concebidas y preparadas para jugar ajedrez, pues, se dice, el juego ciencia requiere de mucho cacumen.

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), inteligencia es “la capacidad de entender o comprender”, una definición mayormente etimológica. La enciclopedia Durvan, en su carácter de tal, profundiza más en el concepto y define inteligencia como “la capacidad general que posee el individuo de ajustar conscientemente su pensamiento a nuevas exigencias”, definición en la que destacan dos conceptos clave que debemos recordar: consciencia y pensamiento.

Acerca de algunos concursantes de cierto programa de TV, muy popular en estos días, que contestaron correctamente muchas de las preguntas que en tal programa les hicieron, he oído decir que son muy inteligentes. ¿Por qué, si más que muestras de inteligencia han dado muestras de una gran memoria? Salvo excepciones, ellos buscaron y encontraron en su muy buena memoria la respuesta correcta.

Esto pone de manifiesto la tenue línea divisoria entre memoria e inteligencia, conceptos que, como en el caso de estos concursantes, mucha gente confunde. Veamos un ejemplo.

El reconocido y archifamoso campeón mundial de ajedrez, el ruso Kasparov, aceptó jugar contra una computadora cuyos “padres”, los científicos que la diseñaron y prepararon, le dieron el nombre de Deep Blue. No creo que nadie dude de que Kasparov es un hombre muy inteligente, pero Deep Blue le ganó la partida. Podríamos entonces deducir que Deep Blue, una computadora, no sólo es inteligente sino que lo es más que Kasparov.

Pero analicemos. Los “padres” de Deep Blue fueron básicamente de tres tipos, a saber:
1) Ingenieros especialistas en diseño de computadoras
2) Maestros ajedrecistas conocedores de ese juego y de su evolución histórica
3) Ingenieros especialistas en bases de datos y programación de computadoras

Los primeros dotaron a Deep Blue de una enorme capacidad de memoria y fantástica velocidad de procesamiento; los segundos seleccionaron decenas de miles de jugadas —acompañadas del estilo de quienes las ejecutaron, de los movimientos precedentes y posteriores, y del resultado obtenido— que en su momento fueron hechas, con excelentes resultados, por reputados maestros del ajedrez; y los terceros cargaron estas jugadas en la memoria de la computadora y, con las indicaciones del grupo 2, la programaron para que pudiera hacer el mejor uso de ellas.

Durante la famosa partida, cuando Kasparov hacía un movimiento, la computadora buscaba en su memoria qué jugada de respuesta habían hecho en su momento a un movimiento igual diferentes maestros, y cuál había sido el resultado de cada una dentro del estilo de juego que Kasparov había escogido.

Analizaba el resultado de cada una de esas jugadas y ejecutaba la que, según ese análisis, podría resultar más exitosa. Kasparov movía de nuevo, y Deep Blue repetía el procedimiento. Y así, para asombro de muchos, la computadora ganó la partida.

¿Ganó porque era inteligente, o hasta más inteligente que Kasparov? No. Ganó porque disponía de una enorme cantidad de información (el hombre se la dio), de un rápido acceso a ella (el hombre se lo dio), y de unos programas (el hombre se los dio) que le permitieron hacer millones de comparaciones en el marco de un proceso de lógica comparativa que fríamente le indicaba, de entre miles y miles de posibles jugadas, la que debía efectuar.

En cambio, Kasparov se puso nervioso, lo cual lo perjudicó, pero de seguro la computadora no se alteró en lo más mínimo, pues ni supo que estaba jugando una histórica partida de ajedrez, ni supo que competía contra un humano. No es consciente, no piensa ni tiene emociones.

Al final de la partida, Kasparov —quien, además de inteligente, es famoso por arrogante y por no saber perder, pues pocas veces ha probado el sabor de la derrota— se levantó muy molesto y puso una queja arguyendo que Deep Blue había sido ayudada por un maestro ajedrecista humano, lo cual negaron de plano los “padres” de Deep Blue y los promotores de la famosa partida de ajedrez.

Pero tal vez Kasparov tenía razón, porque, siendo como es un maestro genial del ajedrez y suponiendo cómo había sido programada Deep Blue, él había jugado usando el cambio sorpresivo de estilo (o sea, haciendo movimientos que pertenecían todos a un estilo conocido —digamos que el estilo A— y cambiando sorpresivamente a movimientos del estilo C que, supuso él, la computadora no podía tener asociados al estilo A.

Y, sin embargo, la computadora reaccionó como si supiera que la nueva jugada era del estilo C y no del A, y la analizó dentro del marco del C. Esto, según Kasparov, sólo podía hacerlo un humano.

Pero con o sin ayudante oculto, el trabajo de Deep Blue se basó en recursos que el hombre le dio: velocidad, análisis comparativo, y, sobre todo, memoria. ¿Podría decirse que por esto es inteligente? Personalmente creo que no.

No es consciente ni piensa; es una máquina que sólo sigue instrucciones.