‘A El Paso, mi pueblo’
Publicado el25-01-2007
Actualizado el 14-03-2026
Carlos M. Padrón
Como ya dije en ‘Introducción’, primer artículo de esta sección, por muchos años fueron mis hobbies la fotografía, la cría de patos y la música.
Para esta última tuve un salón debidamente equipado en el que me encerraba a seleccionar, grabar, y escuchar luego lo grabado.
Así armé una colección de varias decenas de casetes que tienen para mí la ventaja de que me gusta todo lo que contienen. Después de escuchar una y otra vez algunos de los casetes de música instrumental así grabados, a veces comenzaba yo a destacar de entre todas alguna melodía evocadora de un sentimiento que con el tiempo iba tomando más y más cuerpo cada vez que —siempre encerrado en mi salón, solo o con alguna de mis hijas—, escuchaba yo de nuevo esa melodía.
Una en particular me hizo recordar a mi padre (ya la publiqué aquí), otra a mi pueblo como lugar geográfico, otra a mi pueblo como conjunto de costumbres y nostalgias, etc.
Y como esos instrumentales estaban ejecutados en un tono al que, jugando con las octavas, podía yo llegar cantando, un día decidí escribir letras alusivas a los sentimientos que esas melodías evocaban en mí y, poco a poco, fui grabando todas esas letras en forma de canción interpretada por mí, usando como fondo el instrumental con la correspondiente melodía evocadora, y lidiando, también yo, solo en el salón de música, con los controles del tocadiscos, deck de casetes, ecualización, volumen, audífonos, letra, etc., mientras trataba de cantar lo mejor que podía para lograr algo más o menos aceptable dentro de mis posibilidades.
Al enésimo intento obtenía un resultado menos malo que los anteriores, y con ése me quedaba. Ahora que vinculadas a artículos previos he publicado ya, además de la descripción que precede, algunas de estas canciones, he decidido agruparlas en la sección Mis (pocas) canciones, y otras, por, en lo posible, orden cronológico de grabación. Hoy le toca el turno a «A El Paso, mi pueblo”.
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Hay rincones de El Paso, mi pueblo, que me son muy queridos. A través del tiempo he tomado fotografías de muchos de ellos pero, para mí, el epicentro de El Paso es mi casa, y con “mi casa” quiero decir la casa donde nací, en la que crecí y viví con mis padres y hermanos(as) hasta los 18 años.
Todas las fotos que siguen fueron tomadas por mí, en distintas fechas. Bajo cada una va, en letra cursiva, la explicación correspondiente.
Éstas las tomé desde mi casa o desde algún altozano cercano y perteneciente a la misma propiedad.
Desde el jardín de mi casa. Lo llamábamos “El callejón”, la entrada a mi casa desde el Camino Real.
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Mi casa natal.
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El peral en flor, el mismo que se ve a la derecha, detrás de otro árbol, en la foto anterior. Lamentablemente, ya no está.
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Casas de los vecinos más cercanos, lado noroeste.
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Vista hacia el norte. En primer plano “La palma de Arturo”, una especie de icono, visible desde casi cualquier lado, que sirve de referencia para llegar a mi casa. Si esta palma no es centenaria está muy cerca de serlo, pues desde que tengo uso de razón la recuerdo así, del mismo tamaño. Su tronco se incendió varias veces, mil vientos huracanados la vapulearon e hicieron doblar hasta casi partirse, pero hasta ahora ha salido airosa y sigue orgullosamente erguida y frondosa.
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Vista panorámica hacia el noroeste.
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Vista hacia el oeste.
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Vista hacia el norte. En primer plano “La palma de Arturo”, una especie de icono, visible desde casi cualquier lado, que sirve de referencia para llegar a mi casa. Si esta palma no es centenaria está muy cerca de serlo, pues desde que tengo uso de razón la recuerdo así, del mismo tamaño. Su tronco se incendió varias veces, mil vientos huracanados la vapulearon e hicieron doblar hasta casi partirse, pero hasta ahora ha salido airosa y sigue orgullosamente erguida y frondosa.
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Lado sur, pero tomada desde la casa de un vecino. El camino por el que avanza el rebaño de cabras está ahora, como todos los demás, asfaltado, pero en mis tiempos era empedrado, y de forma bastante irregular.
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Estas otras fotos son de rincones para mí emblemáticos.
El “Chorro de Don Diego”, un abrevadero en el que siempre bebían, de ida y de vuelta, la vaca y el caballo, «Mi caballo blanco«, cuando en las tardes los llevaba, y en las mañanas los traía, a/de la relva. También servía de fuente de agua potable para los vecinos que aún para entonces no la tenían corriente en sus casas.
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La Iglesia Nueva. Entrada principal.
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El “Llano de Las Cuevas”, flanqueado por la Cumbre Nueva, al Este, y los montes del Sur. Ahí estaba la relva antes mencionada.
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Los montes del sur, bañados por La Brisa. Delante, la Montaña de Enrique; en segundo plano, el Virigoyo, el pico puntiagudo (1.811m) que despunta al fondo. Detrás de él surgió la columna de humo del Volcán Cumbre Vieja, de San Juan o Nambroque.
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«La punta de Los Roques» entre nubes. Está en el extremo norte de la Cumbre Nueva, la sierra que da marco a El Paso por su lado este, y justo sobre La Caldera.
Son esos rincones y paisajes —que han cambiado a través del tiempo— y las gentes que en ellos habitaban —muchas ya desaparecidas— lo que conforma el recuerdo más íntimo, querido y perdurable que conservo de mi pueblo, y lo que me inspiró esta canción que, por supuesto, está dedicada a El Paso, a un El Paso que, casi en su totalidad, sólo existe hoy en mis recuerdos, pues salí de él —“dejé el nido” y el contacto vecinal— a finales de 1957 y lo retomé 60 años después, en 2017, aunque como turista volví una o dos veces cada año entre 1957 y 1960.
Luego, a partir de 1961, cuando emigré a Venezuela, pasé por El Paso cada vez que tuve oportunidad de hacerlo, y no sin tristeza veía cómo lo más característico de los pasenses, las costumbres de mis tiempos y todo lo demás que moldeó mi sentir y me dio guías de vida, que alimentó mis recuerdos y mis nostalgias, iba desapareciendo, aunque eso no ha hecho mella en el amor que siento por mi pueblo.
Ficha técnica de esta canción:
- Título de la melodía instrumental: “Adiós, Acrópolis”. Arreglo de Paul Mauriat.
- Grabada en mi casa, en Caracas, el 17-04-1982.















