05/03/2026
La misteriosa isla de España que quedó sumergida en Canarias y terminó por dar vida a dos tesoros del Atlántico
Una antigua isla de España en Canarias, hoy sumergida bajo el océano Atlántico, es la clave para entender el origen común de dos territorios separados por apenas 13 kilómetros de mar
Hubo un tiempo en el que el mapa de Canarias era muy distinto al actual. Mucho antes de que Fuerteventura y Lanzarote se consolidaran como destinos turísticos de referencia en España, existió una gran isla que dominaba el Atlántico oriental y que hoy permanece oculta bajo el mar.
Un pasado común bajo el Atlántico
Aquella isla recibía el nombre de Mahan. Según investigaciones respaldadas por el Gobierno de Canarias y estudios geológicos sobre el archipiélago, surgió hace aproximadamente 40 millones de años, durante el Mioceno, una etapa del Neógeno marcada por intensos procesos volcánicos. El nivel del mar era entonces considerablemente más bajo, lo que permitió que un enorme edificio volcánico submarino emergiera hasta formar una única y vasta superficie terrestre.
Durante millones de años, la actividad interna del planeta —erupciones, flujos de lava y movimientos tectónicos— fue modelando ese territorio primigenio. Sin embargo, al término de la última Edad de Hielo, hace unos 18.000 años, el deshielo elevó el nivel del mar y el agua comenzó a inundar las zonas más bajas.
La erosión y los cambios climáticos acabaron fragmentando Mahan y separando definitivamente las dos masas de tierra a través del actual estrecho de La Bocayna, de unos 13 kilómetros de anchura. El avance imparable del océano, unido a la erosión constante, fue abriendo una brecha irreversible en el antiguo territorio hasta transformarlo en dos islas distintas.
Dos islas con la misma raíz geológica
Aunque hoy aparecen como territorios independientes, Fuerteventura y Lanzarote conservan claras huellas de ese origen común. Ambas comparten una geografía árida y volcánica que contrasta con el paisaje más verde de otras islas occidentales como Tenerife o La Palma. Las plataformas marinas y la continuidad geológica entre ambas refuerzan la teoría de aquella antigua unión.
Esa herencia explica también parte de su identidad actual. Fuerteventura destaca por extensas playas como Cofete, con 12 kilómetros de arena casi intacta y vientos constantes que la han convertido en referente para surfistas. Lanzarote, por su parte, exhibe escenarios volcánicos como el Parque Nacional de Timanfaya, además de enclaves singulares como el Charco de los Clicos o las playas de Papagayo. Dos territorios distintos que, en realidad, comparten la memoria sumergida de una misma isla desaparecida bajo el océano.
