24-02-2026
Elon Musk
Durante siglos, la persona más inteligente de la sala era la que tenía más respuestas. La IA no ha igualado el terreno de juego. Lo ha quemado.
La superinteligencia que llevas en el bolsillo responde a cualquier pregunta. Al instante, a la perfección y gratis. Deja que eso cale.
La próxima generación de ganadores no se definirá por lo que saben. Se definirá por lo que piensan preguntar. La IA ha convertido la ejecución en un producto básico. Guion, plan, código, estrategia. Los modelos se encargan de todo.
El cuello de botella nunca fue la inteligencia. Nunca fue el trabajo. Es la curiosidad. Siempre ha sido la curiosidad. La educación tradicional ha dedicado décadas a entrenarte para memorizar respuestas. La IA lo ha dejado obsoleto de la noche a la mañana. El valor humano ya no está ligado al conocimiento. Está ligado al juicio de qué problemas merecen la pena resolver.
Ésa es la brecha que las máquinas no pueden cerrar. Porque hacer la pregunta correcta no es una habilidad, es una visión del mundo.
Requiere gusto, intuición. La capacidad de mirar un paisaje que todos los demás están contemplando y ver lo único que a nadie se le ocurrió cuestionar.
Domina el arte de hacer la pregunta exacta a una máquina que lo sabe todo y podrás construir cualquier cosa. La habilidad no es saber. Es saber qué preguntar. Ese juicio, ese gusto por lo que vale la pena perseguir, es la última ventaja verdaderamente humana. La única por la que los mercados seguirán pagando.
Las respuestas ahora son infinitas. Gratuitas, instantáneas y disponibles para todos los habitantes del planeta por igual. Lo único que te separa de la persona que creará la próxima gran empresa es la calidad de tus preguntas.
Las respuestas son gratuitas. Las preguntas lo son todo.
