[Canarias}> La increíble ‘rebelión’ del municipio de Canarias que se declaró país independiente de España

23-01-2026

La increíble ‘rebelión’ del municipio de Canarias que se declaró país independiente de España

Sólo duró tres días

La Villa y Puerto de Tazacorte, situada en la costa oeste de la isla de La Palma, es uno de los enclaves con mayor carga histórica del Archipiélago. Su origen está ligado a uno de los episodios clave de la historia de Canarias: la conquista de la Isla.

Fue en la desembocadura del barranco de Las Angustias, donde hoy se levanta el puerto, donde Alonso Fernández de Lugo desembarcó el 29 de septiembre de 1492 sin encontrar resistencia, iniciando así el asentamiento castellano en la Isla, según explica el Ayuntamiento en su página web.

Aquel desembarco permitió un establecimiento pacífico en el llano de Tazacorte, donde se levantó el primer campamento y se erigió la Ermita de San Miguel, templo que convirtió al arcángel en patrón de Tazacorte y de toda La Palma. Desde entonces, el municipio quedó marcado por su vínculo con la historia fundacional de la Isla.

En 1513, tras varias ventas, la fértil Hacienda de Tazacorte fue adquirida por el flamenco Jácome Monteverde, quien impulsó el cultivo de la caña de azúcar bajo un sistema de explotación semifeudal.

Durante los siglos XVI y XVII, el fondeadero del Puerto de Tazacorte se consolidó como el segundo más importante de La Palma, solo por detrás del capitalino, con embarcaciones que exportaban azúcar, vino y otros productos hacia mercados europeos.

Sin embargo, la prosperidad no alcanzó a toda la población. A finales del siglo XVIII, los campesinos vivían en condiciones de extrema pobreza, mal alimentados y mal vestidos, sobreviviendo en muchos casos con raíces de helecho como alimento básico.

La historia administrativa del municipio da un giro en 1812, cuando Tazacorte pasa a formar parte del recién creado municipio de Los Llanos, junto a El Paso y Argual. Poco después, la decadencia del azúcar se hizo irreversible: en 1830 cerró el último ingenio azucarero, dando paso a cultivos de subsistencia. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando la economía local encontró nuevos motores en la pesca y el cultivo de cochinilla, actividades que devolvieron cierta estabilidad a la población.

Desde 1890, el tomate y, sobre todo, el plátano transformaron de nuevo el paisaje económico. Tras la Primera Guerra Mundial, la apertura de los mercados europeos impulsó la exportación y, a partir de 1919, la empresa británica Fyffes Limited arrendó las principales fincas del municipio. A mediados de los años veinte, el 70 % de la población de Tazacorte trabajaba directa o indirectamente en torno al plátano, convirtiendo al núcleo en el más poblado y próspero del Valle de Aridane.

En 1925, Tazacorte protagonizó uno de los episodios más singulares de la historia canaria: durante tres días se declaró país independiente de España, una proclamación simbólica que terminó tras la llegada de un buque de guerra. Aquel mismo año, el 16 de septiembre, el municipio logró oficialmente su independencia de Los Llanos de Aridane por decreto del Gobierno de Primo de Rivera. Su primer alcalde fue Miguel Medina Quesada.

El siglo XX estuvo marcado también por la adversidad y la lucha social. En 1926 se declaró una epidemia de peste que afectó a buena parte de la población. Con la llegada de la Segunda República en 1931, Tazacorte vivió una intensa politización, con un fuerte movimiento sindical y un notable auge del comunismo. El Sindicato Oficios Varios llegó a agrupar a 800 trabajadores, y en las elecciones de 1936 el Frente Popular obtuvo más del 72 % de los votos.

El golpe militar de julio de 1936 paralizó el municipio, que respondió con una huelga general y el control local por parte de una comisión obrera, manteniendo únicamente el riego de los cultivos para evitar su pérdida. Décadas más tarde, en 1979, Tazacorte volvió a hacer historia al elegir una corporación municipal encabezada por el Partido Comunista en las primeras elecciones democráticas.

Hoy, Tazacorte conserva en sus calles, su puerto y su memoria colectiva el legado de un municipio que fue puerta de la conquista, motor agrícola, foco de lucha social y símbolo de identidad propia dentro de La Palma.

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