15-03-2024
Juan Antonio Pino Capote
Ida y Vuelta. Origen y Destino
Existía desde siempre, fuera de eso que llaman espacio y tiempo, en una envidiable situación de bienestar y confort insuperables, rodeado de incontables presencias como la mía, y que me hacían sentir bien al aproximarse. Eso en una circunstancia sin principio ni fin. Algo que se podría nombrar como eternidad. No tenía ningún tipo de limitación para desplazarme dentro de la inmensidad. También tenía acceso a un gran holograma en el que se registraban todas las variaciones de la energía y sus efectos con un control exhaustivo de los más mínimos detalles del acontecer universal, instante por instante.
De pronto, alguien o algo decidió enviarnos a no sé qué clase de aventura. El destino y todos los detalles del itinerario nos serían dados durante el mismo en cada momento. Estaban contenidos en una especie de espirales de diverso tamaño que contenían una multitud de mensajes y programas. Cuando ya había llegado a un destino inquietante, algo se anexionó a mí con otros tantos mensajes espirales intercambiables para elegir los mejores de ambos. Una vez hecho esto, todo lo demás despareció y se inició un desarrollo en torno a mí y que me fue encorsetando en una serie de superposiciones incomprensibles que iban a condicionar mi nuevo estado.
Poco a poco me fui olvidando de mi grandiosa situación anterior para irme adaptando a las nuevas circunstancias. Todo me siguió pareciendo algo confuso y fui percibiendo cómo me iban llegando algunas sensaciones que podía oír y a percibir fluctuaciones en la intensidad de la oscuridad que me rodeaba. También me di cuenta de que podía mover algunas partes de mi envoltura, que recibía energía para el crecimiento por unos tubos que procedían del exterior y que me hacían crecer más y más.
Según iba creciendo como un nuevo individuo autónomo, me iba olvidando de mi posición anterior, aunque nunca se separó completamente de mí, su recuerdo. Y esto fue bueno porque siempre me permitió interpretar mi nueva situación con una cierta perspectiva.
Después de un cierto tiempo, cómodamente instalado en una especie de limbo lleno de incertidumbre y de sensaciones inexplicables, sufrí un cambio algo brusco y me vi privado de mi confortable estado anterior. Salí a un espacio exterior con mucha luz y, de inmediato, se pusieron en marcha mecanismos que substituirían a todo lo que recibía por los tubos que se conectaban a mi abdomen, que se desprendieron inmediatamente. Me di cuenta de que podía emitir sonidos potentes y también respirar y mover con fuerza mis anteriores muñones, ahora más desarrollados. Me di cuenta de que era mucho más autónomo, pero con otra clase de dependencia importante. Gracias a los que me habían precedido en esta aventura, me fui desarrollando y cogiendo el gusto a esta nueva situación. Agradecí que a lo largo del desarrollo me fuera apareciendo una cierta capacidad de pensar y reflexionar para irme dando cuenta de todo lo que pasaba y, casi más aún, se me había presentado una cierta capacidad de recordar lo que vivía y lo que razonaba. También gracias a la memorización del lenguaje con el que se comunicaban entre sí todos los que me rodeaban y, gracias a ello puedo comunicar todos estos recuerdos en un modo de transmisión entendible para todos. Porque se habrán dado cuenta de que estoy escribiendo esto de forma retrospectiva, un poco antes de mi vuelta al estado anterior.
Antes de que yo llegara ya me había precedido una multitud de generaciones de humanos que con su inteligencia y creatividad habían logrado un entorno confortable para unos seres con capacidades escasas de autosubsistencia. Por ello había surgido un sentimiento de solidaridad y cooperación entre la multitud de presencias. Pero había dos presencias que me resultaban muy cercanas y gratificantes. Posiblemente las que habían aportado los programas completos para mi formación y crecimiento y que, gracias a ellas, seguía obteniendo lo necesario para satisfacer mis necesidades elementales, aquéllas que obtenía fácilmente a través de los tubos a los que estuve conectado en mi etapa anterior.
Ahora, lo hacía de forma más agradable a través de lo que llamarían boca, a la que acercaban una fuente tibia y suave. Antes ya percibía sonidos muy extraños y luminosidades variables que luego serían los colores. Cuando acercaban a ella la fuente del líquido espeso, emitían sonidos muy agradables. Pero el líquido espeso lo tenía que succionar yo. Ya empezaba a hacer algo por mí mismo. Pero tenía que descansar después de varias succiones. Los sonidos y los cambios de iluminación fueron muy interesantes para mí, aunque la boca era la que me daba otras satisfacciones, a parte de la succión. Con la boca podía emitir sonidos potentes que llamaban la atención de otras presencias que pronto acudían a mí para calmar la necesidad de succionar o de resolverme cualquier contratiempo que percibiera en mis rudimentarias sensaciones corporales.
Luego todo fue un desarrollo progresivo con muchos logros e innovaciones, hasta que, pasado un cierto tiempo, cuando ya había aprendido a emitir sonidos articulados en palabras que iba oyendo y repitiendo, y pudiendo interpretar las emociones que se emitían con cierto tipo de palabras y las menos agradables de reproches que sonaban con más potencia y que en mi indefensión me producían llanto. Y así fui descubriendo el rico mundo de las emociones, ésas que te hacen sentir mejor o peor después del encuentro o desencuentro.
Pronto aprendí que estas sensaciones se compensaban unas con otras, aunque creaban una vaga sensación de perplejidad. Dentro de un ambiente acogedor, en el que otros resolvían mis incomodidades cuando lloraba o emitía sonidos que algo después se convertían en algunas palabras de las que iba oyendo, hasta que empecé a comunicarme y a pensar. Me sorprendía que se entendieran mis palabras, no sé si bien o mal pronunciadas. Y así fui progresando, hasta que un día me di cuenta de mi persona cuando alguien me preguntó cuántos años tenía y respondí que cinco, y me di cuenta de que el tiempo se medía por años y que yo pronto sería como ellos, personas importantes y seguras, o eso me parecía a mí.
Y sí, descubrí que muchas personas eran importantes y seguras en cuanto que con su esfuerzo proporcionaban logros más o menos útiles para los demás en los ámbitos de trabajo y en los campos del arte y la ciencia y en la capacidad organizativa de los esfuerzos y logros comunes y en las estructuras organizativas de todos y para todos. Pero sí, existía en todos en una inseguridad, más o menos confesada, que algunos parecían ignorar. Yo también empecé a tener mis dudas respecto a la duración de la vida y la llegada de la consabida muerte. Cosa que recordaba cada vez que veía un entierro.
Aun conservando el recuerdo de mi origen, dudaba si podría volver a él. Prefería pensar que sí, pero estaba algo dudoso de que así fuera. Y cada vez entendía menos el por qué y para qué de esta aventura. Pude observar que esta incertidumbre era común a todas las personas. Y esta incertidumbre ha acompañado a la Humanidad desde su aparición sobre la Tierra. A pesar de los enormes logros del conocimiento sobre todo lo existente, lo material o físico, en tres dimensiones, y lo inmaterial en forma de pensamientos y emociones, los humanos siguen con la gran incertidumbre de su origen y destino. Y aquí empieza el estudio de las religiones y creencias.
Desde muy pronto, los humanos empiezan a buscar… en lo físico, lo filosófico y lo religioso.
Todos conocemos la historia de los descubrimientos físicos, después de lo que los humanos han ido progresando en la adquisición de conocimientos y artilugios que los han traído al estado de bienestar del que los hombres disfrutan y se sienten orgullosos. Pero este autodenominado “Homo Sapiens” no logra dar respuesta a la gran incógnita de su existencia y destino después de la muerte. Las respuestas más aproximadas vienen del campo de las religiones y de la filosofía. También la Ciencia aporta bases para una respuesta coherente, aunque no concluyente.
Historias de la búsqueda existen tantas como seres humanos han existido. De la mano de las religiones y sus profetas se crea la idea común de Dios. Un ser definido como el causante de toda la creación que se ha querido comunicar con los humanos a través de los profetas que reciben unas normas de vida concretas y que siempre han superado el conocimiento y culturas de los que las han transmitido. Por lo que parece asumible que han sido realmente inspiradas desde una inteligencia superior, máxime cuando las palabras se acompañan de hechos extraordinarios como curaciones, resurrecciones etc., llamados milagros.
Pero, especialmente sus doctrinas eran muy buenas y han marcado la vida y comportamiento de todas las sociedades. Aunque la inmensa mayoría de los humanos creen por el testimonio histórico de otros, y a esto se le llama fe. Ni el gran avance de la Ciencia puede demostrar la existencia de Dios, de un cielo y un infierno, y del alma. Y la fe es muy útil para disipar la angustia ante la inevitable muerte.
La búsqueda filosófica se evidencia en el mito de La Caverna Platón, 400 años a.C. Pensaban que la verdad estaba fuera.
Durante mucho tiempo se ha buscado una explicación para que la creencia en estas creaciones religiosas sea posible desde la perspectiva de nuestra razón. Se ha buscado en la filosofía con variados argumentos, se ha buscado en la física y la química, en los átomos y electrones y en todos los elementos de la física clásica, con escasos resultados. Se ha buscado alguna base real para que las propuestas religiosas sean posibles y comprensibles para la razón humana. Los humanos han invocado multitud de teorías para demostrar la existencia de un ser o inteligencia superior que lo ha organizado todo. Esta creencia ha existido desde siempre y se ofrecían sacrificios y rogativas a éste o estos seres superiores. También servían para explicar lo inexplicable. Se han invocado multitud de teorías. Cuando hay muchas teorías para intentar explicar algo, es porque ninguna es satisfactoria. Por ello hay que fiarse de la fe, creer en lo que no vemos y fiarse del testimonio de los profetas y en la historicidad de acontecimientos extraordinarios.
Desde Aristóteles (460 a.C) se viene invocando el principio de causalidad, pasando por otros filósofos, como Descartes (meditación nº 3), Santo Tomás y otros muchos, se viene invocando este principio. Pero deducir o inducir la existencia de Dios, no es lo mismo que demostrarla.
Hace algún tiempo que se alumbró para los humanos una opción para creer en lo que no se ve: la radio. La radio de galena, la radio de lámparas y la radio de semiconductores, los llamados transistores. Con una velocidad de transmisión similar a la de la luz, de 300.000 km/seg. Nuestro lenguaje se podía transmitir a largas distancias por unas ondas que no se ven ni se oyen hasta que llegan a su receptor. A esto se llegó gracias a los conocimientos de la física clásica.
A principios del siglo pasado hizo su aparición la física cuántica. Hoy nos encontramos con una física cuántica, no al alcance de una mayoría de humanos, pero sí de los filósofos cuánticos que permiten vislumbrar una nueva dimensión como hábitat inicial y destino definitivo para la raza humana. Así que nos vamos a referir a las propuestas de algunos de los muchos filósofos que han especulado y hecho suposiciones con esta nueva herramienta en sus múltiples facetas. Para esto no hace falta tener ningún conocimiento de la física cuántica.
Una de las aportaciones más sugerente es la concepción de un universo holográfico, que sería como una especie de conciencia cósmica, además de “registro” del acontecer de la materia y de la vida en el Universo. Se puede invocar aquello que dicen los creyentes de “mira que te mira Dios, mira que te está mirando”. Y así puede quedar grabado todo el acontecer de nuestras vidas, incluyendo circunstancias, pensamientos que se van produciendo.
Si con instrumentos basados en la velocidad de la luz y la electricidad, con la información binaria y transformación de imágenes, lenguajes y demás, en dígitos trasportables y utilizables en ordenadores, y de una energía cuántica, en la que sus vórtices viajan a una velocidad de mil millones de veces la velocidad de la luz, podemos esperar las mejores cosas de y en este universo cuántico, aunque yo no he perdido el recuerdo, ahora algo vago de mi origen y destino seguro.
Otro aspecto importante es que se ha demostrado que las emociones y sentimientos viajan a gran velocidad en una longitud de onda especial, entre los humanos entre sí y con el holograma cuántico donde reciben un tratamiento preferente y distinguido. Son lo más importante en el mundo no visible, casi como un mundo paralelo: el mundo de las emociones.
Durante de mi existencia como humano también llegué a tener mis dudas y llegué a pensar que los humanos podrían descubrir el infinito que llevan dentro, en algo más profundo que el subconsciente, y pensé que allí podrían encontrar la visión holística de su existencia. Y consideré que podría intentarlo.
Lo intenté relajándome cerca del sueño y me encontré avanzando por espacios oscuros hasta que al final tuve la percepción de un espacio, donde estaban todas las respuestas que ya conocía, inmenso, lleno de luz y color, que me recordaba a mi vida anterior, pero ese instinto básico de los humanos, que llaman miedo, me recordó que no debía seguir adelante porque esto podía resultar en mi pérdida de corporeidad y punto final de mi aventura. Me vino a la mente la frase de un poeta afirmando que la verdad no cabe en la existencia” y pensé que los humanos no conocerán esta dimensión hasta que mueran y se vean en ella disfrutando de su magnífico bienestar, y reviviendo con otros las aventuras y avatares de sus vidas y el devenir de todo el Universo
Y retrocedí, más que por miedo, porque no quería salir de la Tierra sin dejar testimonio de esta interesante aventura y contarla como una novela. Cuando la termine estaré satisfecho de haber venido y dispuesto a la vuelta, y no por progresar en mis profundidades mentales, sino porque mi ciclo vital y biológico haya llegado a su fin natural.
