[LE}– El pasado sorprendente de ‘guiri’, ‘estraperlo’, ‘bigot’ o ‘boicot’

NotaCMP.- Según el DRAE, epónimo: que tiene un nombre con el que se pasa a denominar un pueblo, una ciudad, una enfermedad…

~~~

04/03/2016

Mónica Arrizabalaga

«¿Guiri? Se usa desde los años 60, ¿no? ¿o 70?».

El interlocutor duda sobre cuándo se empezó a llamar así a esos extranjeros, generalmente anglosajones o nórdicos, sonrojados por el sol de las playas españolas, pero se muestra seguro de que es una palabra relativamente reciente.

«Es sorprendente, porque así es como llamaban los carlistas a los partidarios de Isabel II durante la regencia de su madre, la reina María Cristina. Guiri viene del vascuence «guiristino», «cristino»», explica el filólogo Javier del Hoyo. El vocablo, que se convirtió en sinónimo de liberal, nació en el siglo XIX, aunque el sentido de extranjero lo haya incorporado recientemente.

Tampoco chotis es de origen castizo, sino que hunde sus raíces en un baile de Bohemia al que se quiso atribuir en Viena un origen escocés (shottisch). Según dice el profesor de Filología Latina de la Universidad Autónoma de Madrid, unos guiris bailando el chotis en la Plaza Mayor de Madrid «en su sentido etimológico sería algo así como un grupo de partidarios de la reina Cristina bailando un baile escocés. ¡Maravillas de la lengua!».

Javier del Hoyo ha recopilado en «Eponimón» (Ariel) hasta 1.875 palabras cuyo origen «sorprenderá» a muchos de los lectores con curiosidad por su lengua. Quizá los epónimos sólo son «un 2 ó 3% del diccionario, pero en el habla coloquial se emplean muchísimo más», afirma el filólogo.

Chavismo, tamayazo o hacer un neira (para referirse a quien intenta separar a una pareja en la que él maltrata a ella, y acaba siendo agredido) aún no están registradas en el diccionario y, sin embargo, son ya de uso corriente. Como cada vez es más frecuente oír cómo alguien «hace un Hannover», ausentándose de alguna ceremonia para acudir directamente a la comida o la copa. La expresión nació el 22 de mayo de 2004, el día de la espantada del príncipe Ernesto de Hannover de la boda de Don Felipe y Doña Letizia.

«Lo bonito de los epónimos frente a otras palabras es que tenemos constancia de cuándo nacen, en ocasiones en qué día, qué mes y qué año», a veces de una simple casualidad, explica el autor. Ése fue el caso del óscar de Hollywood. George Stanley realizó la estatuilla en 1928, pero fue la bibliotecaria de la Academia, y más tarde directora ejecutiva, Margaret Herrick, quien la bautizó al decir: «¡Cómo se parece a mi tío Óscar!».

Bikini (o «biquini») nació de forma semejante. El día en que su diseñador, Louis Réard, presentaba la prenda en la piscina Molitor se llevaban a cabo los primeros ensayos nucleares de Estados Unidos en Bikini, un atolón de las islas Marshall en el Pacífico. «Señor Réard, su bañador va a ser más explosivo que la bomba de Bikini», le dijo al diseñador la modelo que aceptó exhibirlo. «El traje de baño era de una sola pieza, pero por un mal corte de bi-kini (como bilingüe o bicolor) surgió después el trikini, o el burkini», dice De Hoyos.

Marujas con domingas y chonis tienen en «Eponimón» su lugar junto a condón ?del Dr. Condom, que preparó a Carlos II de Inglaterra (1630-1685) un rudimentario preservativo? o las mil y un sinfín de sinónimos de prostitutas que dan fe de la creatividad española para crear vocablos. «Todo ese mundo de palabras coloquiales creo que es el que más ha gustado. Alguno me ha dicho que todo ese lenguaje erótico y sexual le ha resultado muy divertido», comenta De Hoyos.

La lengua española «tiene muchísimos epónimos», más de los contenidos en esta obra que por su carácter divulgativo ha dejado fuera capítulos enteros con términos de geología, Medicina, química o psicología. «En el lenguaje técnico es muy fácil que un nombre se convierta en epónimo. Decimos Alzheimer, Párkinson… Alguien descubre una enfermedad, o un nuevo metal, y se le pone su nombre», explica el autor.

«Mero» y Nerón

La antigua Grecia, y Roma y su mitología aportaron un gran número de los epónimos aún hoy en uso «porque hay personas que pasan a ser un prototipo», según relata el filólogo, que pone por ejemplo a Nerón, paradigma de hombre cruel y terrible. Hasta el «mero», sí, el pez de enorme boca y de gran voracidad viene del latín Nero (Nerón).

El capítulo bíblico incluye hasta 150 epónimos, algunos fácilmente identificables como adiós, ser un herodes o un judas, y otros sorprendentes como adefesio (que viene de las cartas de san Pablo a los efesios) o galimatías (con origen en la genealogía con la que comienza san Mateo su Evangelio).

«Hasta los más ateos utilizan constantemente palabras surgidas de la Biblia. Es algo que está tan incorporado a la lengua, que aunque seas un ateo total tienes que usarlas», afirma De Hoyos. Porque, ¿quién podría pensar que «bigote» tiene un origen religioso?

«Cuando en 1517 vinieron a la península los flamencos que acompañaban a Carlos I y no sabían nada de nuestra lengua, cuando se admiraban de algo (y debió ser mucho) se echaban la mano al mostacho diciendo «bei God», «por Dios». Los labriegos que lo vieron identificaron aquella moda extranjera (la castellana era de barba completa, y hasta 1530 no se empieza a introducir el bigote) con la expresión «bei God» y lo llamaron bigote», relata.

Al autor del Eponimón le pesa no haber desarrollado algo más las explicaciones referentes al mundo bíblico porque «hoy la gente lo ha perdido totalmente» al confundir en su opinión el tener fe con el conocimiento de la Biblia. «A mis alumnos les digo que no me importa que seáis ateos, lo que no podéis ser es ignorantes. Porque eso es ignorancia absoluta», subraya.

Hay epónimos que se asocian a la cultura useña, como jeans, denim o hamburguesa, cuando nacieron en Génova, Nîmes y Hamburgo. De colonia (agua de Colonia) o rímel (de la perfumería de Eugène Rimmel) se olvida su origen, algo más conocido en el caso de «lolita» (por la novela de Nabokov).

A Alfred Hitchcock y su filme «Rebecca», basada en la novela de Daphne du Maurier, debe la chaqueta su nombre de rebeca. «Es una historia muy curiosa porque sólo surgió en España, y además se asocia con un personaje que no sale en la película. Se ve que a las mujeres de la posguerra española les fascinó esa prenda», comenta De Hoyos.

El surtido de epónimos cuenta con gran variedad gastronómica. De hecho, en el germen del libro está una conferencia «De la sopa juliana a la ciruela claudia», en la que el autor recordaba que la reina Juliana I de Holanda (1909-2004) no admitía otra forma de cortar las verduras que no fuera longitudinal, o la predilección de la reina Claudia de Francia (1499-1524) por este tipo de ciruelas.

De las casi 2.000 palabras que recoge en «Eponimón», Del Hoyo siente predilección por «estraperlo», un término exclusivo del español que nació del «straperle», una especie de ruleta inventada por el suizo Daniel Strauss y su socio italiano Perlo. «Vinieron en plena República, en el año 1933, y montaron un casino en San Sebastián, tan fraudulento que se cerró a las tres horas. Supuso la caída del partido de Lerroux, que fue quien les apoyó, y la palabra se empezó a utilizar justo después de la Guerra Civil para referirse a algo fraudulento».

La historia de boicot no le va a la zaga. A Charles Cunningham Boycott le enviaron a Irlanda en 1845 a cobrar unos impuestos, en un momento de gran carestía tras una sequía. El Parlamento irlandés decidió hacerle el vacío, y cuando el agente inglés llegó nadie le dirigió la palabra, ni la atendió, ni le vendió nada… «Se tuvo que ir desesperado», relata De Hoyos.

De la afición del autor por los perros nació todo un capítulo que, según él mismo confiesa, «quizá no es el más atractivo, pero es el que más he trabajado». Pasó horas hasta encontrar de qué raza es el perro que aparece en la película «Gladiator» y comprobar que apenas tiene 30 años, es de 1983. «Pensamos que todas las razas de perros que conocemos han existido a la vez y en todas las partes del mundo, pero en la antigua Roma había poquísimas razas, unas 15-20, y ahora hay 300 y pico». «Nos reímos cuando un romano sale con un reloj, pero esto es lo mismo. Es tan anacronismo un actor romano con un reloj que un perro del siglo XX en el siglo II», subraya.

Para el filólogo, «lo interesante para el lector es descubrir que hay un mundo en el que él está metido, pero no lo sabe. Como aquel pez joven que buscaba el océano y preguntó a uno mayor: “¿Dónde está el océano» y éste le contestó que estaba metido en él, pero el pez joven pensó que eran cosas de abuelos y siguió buscando. Estamos metidos en un mundo lleno de estas palabras, pero no lo conocemos».

«En España que se está dando mucha importancia a conocer otros idiomas, y está perfecto, sin embargo no conocemos bien el nuestro» cuando «en cada país, la asignatura más importante es la de su propia lengua», a juicio del profesor. Y no es que piense que los epónimos den para una asignatura. «Hay que enseñarlo al hilo de la vida, pero sí que habría que saber más del origen de las palabras».

Fuente

[Hum}– Oración de la mujer y del hombre

ORACIÓN DE LA MUJER

Ahora, Señor, que me dispongo a dormir, rezo con mucha fe para que me concedas un hombre que no sea feo, que sea inteligente, cariñoso, fuerte, comprometido y lindo. También compositor y poeta, y con mucho humor del que yo puedo entender.

Que le guste quedarse horas escuchándome, que piense antes de hablar y diga la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad.

Que le gusten mi familia y amigos, el fútbol no. Que no ronque y orine sentado.

Que cuando diga que va a llamar no me haga esperar… y llegue a la hora en punto a casa y sin olor a jabón chiquito. Que yo sepa siempre donde está, menos cuando me anda comprando flores y regalos o contratando serenatas.

Que cuando diga que vamos a salir ya me dé 3 horas para arreglarme, se desmaye de emoción cuando me vea, que baile mejor que Fred Astaire, y nunca me salga con que vamos a estar con sus amigos.

Rezo para que tenga un empleo muy bien remunerado, que sea bien detallista y generoso y que cuando yo me gaste su dinero no se moleste.

Que en la mesa me retire el asiento, que me abra la puerta del auto, que sepa hacerme masajes en la espalda y que siempre, siempre… me vea flaca.

Que entienda mis dolores de cabeza y me lleve el desayuno a la cama.

¡Ah! Y mándame un hombre fiel, cariñoso, que me ame con respeto y con pasión, que no tenga ojos para ninguna otra mujer, que siempre me diga lo bella que me veo y la suerte que tuvo de encontrarme.

¡Te rezo por el hombre que me va a amar hasta la muerte!

Amén.

ORACIÓN DEL HOMBRE

Señor, te pido me concedas una rubia sordomuda y ninfómana, con buena delantera, que sea millonaria, dueña de una distribuidora nacional de cerveza y tenga una casa en la playa.

Amén.

[LE}– ‘Malentendidos’, no ‘malos entendidos’ ni ‘malosentendidos’

04/03/2016

El plural de malentendido es malentendidos, no malos entendidos ni malosentendidos.

En los medios de comunicación es frecuente leer oraciones como

  • «La emisora se pondrá en contacto con la Junta de Extremadura para aclarar los malos entendidos provocados por la campaña de firmas»,
  • «Para evitar malos entendidos, Isco quiso aclarar en otro tuit el mensaje anterior» o
  • «Superados los malosentendidos entre Bolivia y México».

De acuerdo con el Diccionario Panshipánico de Dudas, malentendido significa ‘mala interpretación, o equivocación en el entendimiento de algo’, y su plural es malentendidos, según esta misma obra y la Gramática Académica.

Se trata de una palabra compuesta cuyo primer elemento es el adverbio mal; por tanto, como los adverbios permanecen en singular, el plural adecuado de malentendido es malentendidos, no malos entendidos ni malosentendidos (tampoco el plural de malhablado es malos hablados o maloshablados, sino malhablados, ni el de malhechor es malos hechores o maloshechores, sino malhechores).

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «La emisora se pondrá en contacto con la Junta de Extremadura para aclarar los malentendidos provocados por la campaña de firmas»,
  • «Para evitar malentendidos, Isco quiso aclarar en otro tuit el mensaje anterior» y
  • «Superados los malentendidos entre Bolivia y México».

Todo ello no quita para que la secuencia mal entendido sea válida en frases como

  • «Hay dos tipos de ego: el bien entendido y el mal entendido», 

donde mal no se integra con entendido para formar el compuesto malentendido, sino que permanece separado con valor adverbial, igual que bien (entendido).

Fuente

[Hum}– Del ‘amor’ entre argentinos y gallegos: Viaje en tren

Dos amigos gallegos, Paco y Manolo, que habían vivido varios años en Buenos Aires, decidieron imitar a la mayoría de porteños, tomar un curso de inglés e irse a USA a ver cómo era eso.

Estando en la estación de AmTrak esperando un tren hacia Miami les surgió la duda sobre la hora de salida del tren, así que Paco el mayor de los dos, le dijo a Manolo:

—Oye, Manolo, anda y pregúntale a ese señor que lleva la gorra a qué hora sale el tren.

Manolo fue y, mostrando los billetes, le preguntó al señor de la gorra, que resultó ser un encargado de la estación.

—Disculpe, señor, ¿a qué hora sale este tren?

Nine ten—, respondió el encargado.

Manolo volvió junto a Paco y le dijo:

—Oye, Paco, el señor dice que no hay tren.

—¡Cómo que no hay tren, hostias! ¡Si tenemos ya los billetes! Anda, anda y pregúntale otra vez al tío ése.

Y allá volvió Manolo que, esforzándose por pronunciar un poco mejor, volvió a preguntar:

—Disculpe, señor, pero, ¿a qué hora sale este tren?

Nine ten—, fue la tajante respuesta del encargado.

Volvió Manolo junto a Paco y le dijo:

—Lo dicho, Paco, y esta vez oí muy bien: ¡no hay tren!

—Hostias, Manolo, ¡que eso no puede ser! ¡Ya ese tío me está poniendo nervioso! Tiene que estar equivocado. Anda, hombre, anda y pregúntale una vez más, que tú eres el que mejor se lía con el inglés.

Sintiéndose obligado por lo de su inglés, Manolo vuelve y pregunta:

—Usted perdone, señor, pero, ¡por favor!, ¿a qué hora sale este tren?

—¡¡ NINE TEEEEEEEN !!»—, gritó iracundo el encargado.

Compungido, Manolo volvió junto al Paco y le contó lo ocurrido. Paco, que había oído el grito del encargado, exclamó:

—Manolo, ¡eres un burro! Mi inglés no será tan bueno como el tuyo, coño, pero yo voy a averiguar esto de una puta vez.

Y, muy decidido, billetes en mano se acercó al encargado y le dijo:

—Usted perdone, señor, pero podría decirme, y ya en serio, a qué hora sale este tren»

Histérico, el encargado gritó a pleno pulmón:

—¡¡NINE TEN, SON OF A BITCH!!

Muy tranquilo, Paco volvió donde Manolo y le dijo:

—Hostias, Manolo, que es cierto. El tío dice que no hay tren porque se jodió un switch.

[LE}– ‘Comidista’, alternativa a ‘foodie’

02/03/2016

El término comidista es una posible alternativa en español a foodie (o foody), anglicismo informal con el que se alude a los aficionados a la comida, la cocina y todo lo que se mueve en torno a ese mundo.

En las informaciones sobre el mundo de la gastronomía es frecuente leer frases como

  • «Coliflor para “foodies”» o
  • «Ahora está muy de moda ser “foody”».

Aunque en ocasiones se traduce este anglicismo por términos como gurmé (o gourmet), gastrónomo o cocinillas, éstos no tienen exactamente el mismo significado: gurmé se refiere a una ‘persona de gustos exquisitos en lo relativo a la comida y a la bebida’, un gastrónomo es un ‘entendido o experto en gastronomía’ o ‘aficionado al buen comer’ y, por último, la voz coloquial cocinillas alude más bien a la persona ‘aficionada a cocinar’.

A diferencia de estos tres términos, el sustantivo inglés foodie se emplea con un sentido más amplio, pues designa a las personas a las que les gusta no sólo comer fuera, sino también cocinar, probar nuevas recetas y sabores, o estar al tanto de las novedades a través de programas, revistas y webs.

Una alternativa adecuada en español para reflejar este concepto es la voz comidista, también informal, que tiene su origen en un popular blog de gastronomía español creado en el 2010 por Mikel López Iturriaga para tratar sobre la comida y todos los aspectos que la rodean.

Aunque el sufijo -ista suele generar sustantivos equivalentes a ‘persona especializada en’ (electricista, columnista o publicista), ese matiz profesional no siempre se halla presente en estos derivados, que en ocasiones se cargan con el matiz de ‘aficionado a’, tal como ocurre en el sustantivo juerguista, definido por el Diccionario Académico como ‘aficionado a la juerga’.

Por lo tanto, para hablar en general de los aficionados a la comida, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito 

  • «Coliflor para comidistas» y
  • «Ahora está muy de moda ser comidista (amante de la gastronomía)».

En caso de emplear el anglicismo, lo adecuado es escribirlo en cursiva o entre comillas si no se dispone de este tipo de letra.

Fuente

[Hum}– Only in USA

ONLY IN USA,

1. Can a pizza get to your house faster than an ambulance.

2. Are there handicap parking places in front of a skating rink.

3. Do drugstores make the sick walk all the way to the back of the store to get their prescriptions while healthy people can buy cigarettes at the front.

4. Do people order double cheese burgers, large fries, and a diet coke.

5. Do banks leave both doors open and then chain the pens to the counters.

6. Do we leave cars worth thousands of dollars in the driveway and put our useless junk in the garage.

7. Do we use answering machines to screen calls and then have call waiting so we won’t miss a call from someone we didn’t want to talk to in the first place.

8. Do we buy hot dogs in packages of ten and buns in packages of eight.

9. Do we use the word ‘politics’ to describe the process so well: “Poli’ in Latin meaning ‘many’ and ‘tics’ meaning ‘bloodsucking creatures’.

10. Do they have drive-up ATM machines with Braille lettering.

[LE}– ‘Asistenta’, femenino válido de ‘asistente’

01/03/2016

Asistenta es una forma válida, junto con asistente, para aludir a la mujer que realiza labores de asistencia.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como las siguientes: 

  • «La pieza central de esta ayuda es la asistente personal de la cantante»,
  • «La osa Paula es alimentada por la asistente científica» o
  • «Trabajaba como asistente financiera en una concesionaria de autos».

Según la vigesimotercera edición del Diccionario Académico, cuando se habla de una ‘persona que, en cualquier oficio o función, realiza labores de asistencia’ se puede decir tanto la asistenta como la asistente, aunque señala que es más habitual esta última.

El femenino asistenta está registrado en el Diccionario Académico desde su primera edición con diversos significados, y en el español general actual significa, además del sentido dado, ‘mujer que sirve como criada en una casa sin residir en ella y que cobra generalmente por horas’.

En consecuencia, en los ejemplos anteriores también se podría haber escrito, aunque no responda al uso mayoritario, 

  • «La pieza central de esta ayuda es la asistenta personal de la cantante»,
  • «La osa Paula es alimentada por la asistenta científica» y
  • «Trabajaba como asistenta financiera en una concesionaria de autos».

Sí permanece invariable para indicar las personas que asisten a un lugar (las asistentes a la reunión) o cuando se emplea como adjetivo (la directora asistente). En el caso particular de asistente social, el Diccionario solo registra esa forma y no asistenta social.

Fuente