En un restaurante, un cliente espera que quede libre alguna mesa. Ve una en la que un hombre cabecea dormitando, así que llama al camarero y le dice:
—Disculpe, camarero, ¿por qué no despierta a ese hombre y le dice que hay gente esperando por una mesa para comer?
—Ya se lo he dicho tres veces y vuelve a quedarse dormido.
—¿Y por qué no lo manda a sacar?
—¿¡Quéeee!? ¡No, qué va! Cada vez que lo despierto, pide la cuenta y la paga.
