Un científico gallego (supuesto negado, claro) estaba haciendo experimentos con una pulga. Le dijo a la pulga:
—¡Salta pulga!—, y la pulga saltó un metro.
Le quitó una pata y le dijo lo mismo, y entonces la pulga saltó medio metro. Y así le fue quitando pata tras pata y anotando en su libreta.
Cuando ya la pulga no tenía patas, le dijo que saltara, y la pulga no saltó. Entonces él anotó
—Pulga sin patas, sorda.
