– XXXI –
Inspirados en torpe vanidad,
el campo habéis dejado,
y fuisteis a vivir a la ciudad;
¡vuestro sueño dorado!
Los nobles ciudadanos que advertían
vuestra torpe ilusión,
entre ellos con frecuencia se decían:
«¿Qué ostentan ésos que del campo son?».
Pasó el tiempo, y por falta de caudales,
dejasteis la ciudad.
Descendisteis de falsos pedestales
y habéis vuelto a la triste realidad…
Amigos, no volváis, por presumir,
vuestro campo a dejar.
Si hermoso en el mundo es el subir,
¡qué triste y doloroso es el bajar!
