El Paso, 26 de agosto de 1982
Miguel Ángel Pérez Taño
(Abogado y amigo del autor. Actor en la representación de una obra suya).
Yo no soy la persona idónea para tomar parte en este acto, pues la gran categoría humanística de Pino requiere un mayor conocimiento de su vida y de su obra que el que tengo yo y, por supuesto, mayores dotes de exposición.
Sin embargo, hay una circunstancia que hace que yo esté aquí en este momento, y ella es que hace treinta y pico años recité una poesía en aquella representación alegórica que en este pueblo se conoce en el nombre de “El Carro”. Es decir, que a los organizadores de este acto les ha valido esta circunstancia como para que yo venga aquí nuevamente a recitar esa misma poesía. Pero esta vez, además de leer la poesía, voy a hacer un simple análisis de ella; es tan simple que podría decirse en poco, pero comencemos por leer la poesía:
Soy un pobre campesino;
no tengo palabras bellas
para contar mis querellas
a tu corazón divino.Pero hacia Ti me encamino
con una oración ferviente,
cual un viejo penitente
que, aunque de torpes maneras,
sabe bien que tú lo esperas;
esperanza del creyente.Tú me diste paz, consuelo,
un hogar sin inquietudes
y perfumadas virtudes
que embalsamaron mi anhelo.Cuando contemplé ese cielo
siempre admiré tu grandeza
y bendije mi pobreza
obedeciendo tus leyes.
Fui más grande que los reyes
sintiendo Tu RealezaLuchando con alegría
tuve fe, Señor clemente,
cuando arrojé la simiente
que por tu amor brotaría.Y en un milagro nacía,
y en otro en frutos cuajaba,
y agradecido rezaba
a tu bondad infinita
por la cosecha bendita
que mis esfuerzos premiaba.Cuando herido de traiciones
sentí sangrar mis heridas,
cuando en las horas temidas
me acosaron las pasiones,
recordé las oraciones
que mi madre me inculcóy de nuevo a Ti volvió
mi espiritual sencillez
con esa grave honradez
que esta tierra me enseñó.Sobre la tierra curvado
—profunda interrogación—
yo escribí tu religión
con los surcos de mi arado.Y sepulté mi pecado,
mal cizaña en mí nacida
junto a simiente escogida
que con mi sudor regaba,
y con dolor enterraba
porque eran mi propia vida.Señor, yo quisiera darte,
—ya que a mi pueblo le das
tu nombre que vale más
que cuanto pueda ofrendarte—
algo que pueda agradarte,
como una inmensa oracióndonde te implore perdón
fundido en eterno abrazo
todo este pueblo de El Paso
del Sagrado Corazón.Mas, soy tan pobre, Señor,
que de nada al fin soy dueño
porque hasta tuyo es el sueño
que mitiga mi dolor.Tuyo el prodigio de amor
que en mis noches amanece,
y el milagro que florece
luz de tus ojos abiertos
en los almendros despiertos
donde tu luz esclarece.Nada tengo que ofrecerte
como no sea obediencia
ante el temor de ofenderte,
servirte y obedecerte
para tu gracia esperar
y, mientras viva, rezar,
pedirte a voces perdón
y entregarte el corazón;
lo más que te puedo dar.
Ésta es la poesía escrita en el año 1949, y que para mí es el diálogo del campesino con Dios. Es el único diálogo que el campesino podía hacer en 1949. Y, por Dios, quiero decir que esto no es un juicio valorativo. No, no me estoy metiendo en eso; pero en 1949 el campesino o dialogaba con Dios o no dialogaba. Es un diálogo, y aunque el parlamento del campesino tiene mucho de confesión y de plegaria, cuando se presenta y dice que es un pobre campesino, que no tiene palabras bellas, que tiene torpes maneras, en definitiva, que no sabe expresarse, dice más adelante que su fe es inmensa cuando se desprende de la simiente y esa simiente brota y germina y le produce una gran cosecha.
También aparece la palabra de Dios en la poesía ésta, que me limito solamente a comentar, porque en esta poesía hay pobreza, hay honradez, hay sencillez, hay humildad. Y, a pesar de todo, hay optimismo, hay fe, hay esperanza; ésta también es la palabra de Dios. Cuando un hombre es pobre, es sencillo, cuando está curvado sobre la tierra por los esfuerzos del trabajo, y, encima, ese hombre tiene fe y tiene esperanza… para mí ahí también está la palabra de Dios.
Dentro de este dialogo posible —vuelvo a repetir que no es un juicio valorativo— que el poeta hizo para poner al campesino a hablar con Dios, y siendo esta poesía una inmensa declaración de fe religiosa, a pesar de eso, en la poesía se encuentran las características típicas que han acompañado al campesino durante toda su vida, que son la honradez, la pobreza, la sencillez y el trabajo.
Esto no son palabras que yo estoy inventando; son palabras que están aquí en la poesía, y que ustedes habrán oído; por ejemplo, hay una figura que es magistral, sobre todo cuando dice: “Sobre la tierra curvado / yo escribí tu religión / con los surcos de mi arado”. Esta frase es toda una imagen de un campesino. Pero dentro de esta poesía de total contexto religioso, aparece una frase, dos frases: “Cuando herido de traiciones / sentí sangrar mis heridas…” y a continuación dice: “Cuando en las horas temidas /…”. Es decir, que dentro de todo este contexto religioso de la poesía aparecen dos frases que no son religiosas: “Cuando herido de traiciones…”.
Yo he leído esto veinte veces y he llegado a la conclusión de que se trata de un alarido oficial. Se trata de que el campesino de aquella época puso en boca del poeta un alarido posible.
Hemos hablado del diálogo posible, y ahora podríamos añadir el ALARIDO POSIBLE dentro del DIALOGO POSIBLE. El poeta —y yo no soy la persona más idónea, como dije antes, para hablar de poesía y de este tema—, el poeta es el hombre que con su poesía nos habla de todo lo que tiene a su alrededor, incluido lo bueno y lo malo que le pasa al hombre; pero incluido lo bueno que le debería pasar al hombre. Es decir, que el poeta es algo así como un profeta, pero es mucho más. El poeta es más que el escultor, pues el escultor moldea el barro pero el poeta moldea al hombre, moldea las decisiones del hombre, presentes y futuras. Es el oficio más maravilloso del hombre.
Puede ser que esta poesía, “Plegaria del Campesino”, en cierta forma haya sido una prenda que al trascurso de los tiempos haya producido, o esté produciendo, sus efectos. En mi caso concreto, y por haber sido yo la primera persona que en público recitó esta poesía —y recuerdo bien que fue en una noche calurosa de junio, cuando el volcán de San Juan estaba desatado—, podría ser que entre poeta y actor se hubiese producido una simbiosis que al cabo del tiempo germinara en mi ese anhelo por la defensa de los derechos del campesino. Yo no sé si esto habrá sido así, pero yo desearía que así fuera.
Buenas noches.
