09.11.2007
Víctor Garrido
Antonio José Ruiz de Padrón (1757-1823), el Cura gomero que acabó con la Inquisición, fue uno de los máximos exponentes del catolicismo liberal en España. Su imagen preside el salón de plenos del Cabildo.
El Tribunal de la Inquisición se erigió, durante tres siglos y medio, como el símbolo de la intolerancia y la represión que marcaron una de las páginas más negras de la Historia española que la alejaron de las corrientes culturales, científicas y filosóficas que transformaron Europa entre los siglos XV y XIX.
La imagen de Ruiz de Padrón preside el salón de plenos del Cabildo.
Pocos se atrevieron a cuestionar la omnipotencia del Santo Oficio, pero entre ellos destaca sobremanera Antonio José Ruiz de Padrón, un clérigo nacido en La Gomera, que pronunció un discurso brillante y demoledor en las Cortes de Cádiz para desmantelar los pilares fundamentales de la Inquisición. Finalmente, se aprobó la abolición del Tribunal en aquellas Cortes de 1812.
Hoy se conmemora el 250º aniversario del nacimiento de Ruiz de Padrón (San Sebastián de La Gomera, 1757-1823), máximo exponente del catolicismo liberal en España, interlocutor de Benjamin Franklin en las Tertulias de Filadelfia, diputado en las Cortes de Cádiz de 1812 y en la etapa del Trienio Liberal, impulsor de la Universidad de La Laguna y, sin duda, uno de los personajes más ilustres de la Historia de Canarias.
Estancia en EE.UU.
La historia de Ruiz de Padrón comienza en San Sebastián de La Gomera.
Hijo de una familia tradicionalmente vinculada a la Inquisición, estudió en el convento franciscano de la plaza de San Francisco, en Tenerife, y ejerció de comisario en La Gomera para el Tribunal de la Inquisición de Las Palmas de Gran Canaria, aunque ya desde sus primeros días como fraile comenzó a mostrar inquietudes e ideas ilustradas.
Fue en 1875 cuando ocurrió un acontecimiento que, a la postre, fue fundamental en su pensamiento acerca del papel de la Iglesia y la tolerancia con las demás confesiones religiosas. En un viaje hacia La Habana, una tormenta azotó su barco, lo que lo llevó hasta la costa de Pennsylvania (Estados Unidos). Durante su estancia en la recién creada república estadounidense, Ruiz de Padrón entabló amistad con Benjamin Franklin y se integró en el círculo de las Tertulias de Filadelfia, donde conoció a grandes políticos estadounidenses, como George Washington o John Adams.
Este nuevo universo intelectual configuró las bases fundamentales del discurso religioso y político de Ruiz de Padrón: la necesidad imperante de la tolerancia como el cauce por el cual debe fluir la convivencia nacional.
Dos años después, Ruiz de Padrón articuló en la iglesia católica de Filadelfia un sermón incendiario contra la Inquisición en el que solicitaba su abolición, un hecho insólito que cruzó rápidamente el Atlántico para llegar hasta oídos de los franciscanos, quienes le reprocharon sus ideas liberales. En Madrid lo acusaron de liberal, masón, jansenista y antiesclavista.
De vuelta a España, abandonó la orden franciscana y, en 1808, se instaló como párroco en Villamartín de Valdeorras, donde continuó con su actividad intelectual, y entre los feligreses promovió la rebelión contra los franceses, que en ese tiempo ocupaban el país.
Ideología liberal
El texto que hizo mundialmente famoso a Ruiz de Padrón fue su “Dictamen sobre la abolición del Santo Oficio”, pronunciado en las Cortes de Cádiz como diputado por Canarias. Este texto representa una clara síntesis de sus ideas políticas y religiosas: el catolicismo liberal. Su doctrina se basaba en una Iglesia nacional, al servicio del Estado, y sustentada en dos figuras, los Curas y los obispos, que debían luchar contra la ignorancia y corregir sólo las creencias de los miembros de la Iglesia.
Para Ruiz de Padrón, la Inquisición era un organismo desvirtuado que atentaba contra la Iglesia originaria de Jesucristo y los primeros apóstoles, que difundían su mensaje pero sin inmiscuirse en la libertad de conciencia de quienes profesaban otras religiones.
Aunque el Santo Tribunal regresó dos años más tarde, de la mano del rey Fernando VII, y se debió esperar hasta 1864 para su disolución definitiva, las tesis del clérigo canario —traducidas incluso al inglés y al portugués— se convirtieron en un instrumento fundamental que libró a España de siglos de oscurantismo para abrir una vía hacia el progreso.
Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia.
