FRANCISCO DÁVILA OREJÓN Y GASTÓN
Este distinguido hijo de San Sebastián de La Gomera, después de haber sido gobernador de Gibraltar, en 1615, fue nombrado gobernador y capitán general de la isla de Cuba, distinguiéndose notablemente por sus grandes dotes administrativas y bondadoso carácter.
Pero no somos nosotros los que debemos juzgarle, dejemos su apología a un ilustrado cronista, quien, refiriéndose a este hijo de las Canarias, se expresa en los siguientes términos:
«Por los años 1615 nació en la isla de La Gomera un joven llamado don Francisco Dávila Orejón, que debía alcanzar en la carrera de las armas honor y gloria, y subir hasta los más altos empleos.
Este hijo de las Canarias pasó de edad de 14 años a la Península Ibérica, entrando desde luego de portaestandarte en uno de los célebres tercios, que eran entonces la primera infantería de Europa.
Lleno de valor y ardimiento, no tardó en distinguirse en las memorables campañas de Flandes, en las que obtuvo muy rápidos ascensos.
Siendo ya maestre de campo, durante los ocios de la guarnición escribió la célebre obra titulada “Política y mecánica militar”, que fue impresa en Europa (1669-1684). Esta obra llena de excelentes indicaciones para la tropa, fue mandada observar por el marqués de Gatana, generalísimo del ejército de Flandes, y repartida con profusión entre todos los cuerpos.
En 1658 fue elegido pare el empleo de gobernador de Gibraltar, en el que permaneció cuatro anos, y en cuyo gobierno manifestó sus excelentes dotes como administrador; del mismo modo que las había manifestado como militar en las muchas campañas a las que asistió. Su gran capacidad hizo que el monarca pusiera en él sus ojos pare confiarle la Capitanía v Gobierno General de la Isla de Cuba (1650).
Partió, pies, para su destino en la nave de guerra San Leandro, durante cuyo viaje, y a la altura de Las Antillas, encontró dos buques de guerra holandeses a los que mandó atacar y dar caza, sin cuidarse de lo que podía acontecer, llevado sólo de su ardimiento y valor nunca desmentido ni puesto en duda.
A! fin, las naves enemigas pudieron escapar, merced a la densa oscuridad de la noche; y, viendo nuestro valiente general que toda persecución era inútil, mandó enderezar rumbo hacia La Habana, donde era ya esperado.
Su conducta en este espinoso cargo fue prueba inequívoca de su talento y buenas dotes administrativas.
El fue quien creó los cuerpos de milicias, dio protección aJ comercio, y favoreció extensamente la agricultura como una de las principales fuentes de riqueza del país, introduciendo otras mejoras materiales, entre las cuales sobresale el Hospital de Paula para mujeres pobres.
En 1666 expidió licencia para un trapiche de miel en el corral La Cidra, haciendo por último que la antigua ciudad de Puerto Príncipe, de la que era regente, evacuara una multitud de asuntos que tendían a eternizarse.
Falleció este ilustre Canario en La Habana, estando en el desempeño de sus destino».
