[*Opino}– Origen de las palabras: Madrid y madrileño

Carlos M. Padrón

Y dale con la dificultad de pronunciar palabras que nada tienen de enrevesadas!

¿Por qué ‘madrideño’ es de pronunciación imposible? ¿Qué tiene de arduo pronunciar ‘cafecito’?.

¿Por qué es difícil de pronunciar la terminación ‘id’ y no lo es la ‘ed’ (usted, merced, etc.), o la ‘ad’ (verdad, gustad, etc.)? ¿Por qué, entonces, no suprimen la desinencia de la terminación verbal asociada a la forma imperativa plural de segunda persona de TODOS los verbos (comed, partid, cantad, etc.)? ¿De dónde sale entonces que es atípica la terminación en ‘d’?

Como resultado del tiempo que viví en Madrid llegué a creer que los peninsulares españoles en general padecen de pereza fonética, y detalles como los de este artículo y otros del mismo corte me ratifican en esa creencia. O tal vez la explicación sea que en pronunciar esas ásperas ‘z’ (p.ej., corazón) y ‘c’ suave (p.ej., asociación) gastan tanta energía que no les queda para más.

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Amando de Miguel

Elena Alises me transmite su preocupación: «Llevo unos días dando vueltas al origen del nombre de ‘Madrid’, con la ‘d’ terminal atípica en español, y el adjetivo madrileño en vez de ‘madrideño’. ¡Si encontrara algún hueco para contárnoslo!».

¿Cómo no? Son muchos los que se han sentido intrigados con ese raro nombre de Madrid. Verdaderamente, hay pocas voces españolas terminadas en ‘id’. Algunas se relacionan con la guerra: adalid, ardid, Cid, lid.

Hay varias versiones sobre el origen de Madrid. Jaime Oliver Asín lo funda en la voz latinizada ‘matrice’ (= matriz, arroyo, fuente). De ahí pasó a ‘Matrit’, ‘Matriy’ o ‘Majerit’, pronunciado al modo arábigo.

Ramón Menéndez Pidal opina que el origen es céltico: ‘Magerito’, de ‘mago’ (= grande) y ‘ritu’ (= vado, puente).

Manuel Gómez Moreno sostiene que el nombre proviene de una mezcla de una voz púnica ‘magalia’ y del latino ‘maxeria’ (= choza). En casi todos los casos los nombres originales aluden a corrientes de agua, algo que se reproduce en otros muchos topónimos de ciudades. Sólo que las corrientes de agua que están en la base del nombre de Madrid no se refieren tanto a las del Manzanares como a las subálveas. En efecto, la ciudad de Madrid siempre tuvo muchos pozos y fuentes, circunstancia que, paradójicamente, retrasó mucho la traída de aguas desde la Sierra por medio de un canal. Es el famoso Canal de Isabel II, todavía en uso, sólo que muy ampliado. La abundancia de aguas subterráneas se explica por las abundantes lluvias de la zona serrana y el carácter poroso del terreno. Por eso el Manzanares es tan poco caudaloso. Respecto al gentilicio ‘madrileño’, es claro que se trata de facilitar la pronunciación del imposible ‘madrideño’. La derivación de madrileño’ me recuerda el diminutivo castizo de ‘cafelito’. Sería muy arduo decir ‘cafeíto’, ‘cafito’ o ‘cafecito’.

Si se me permite echar mi cuarto a espadas sobre el origen del nombre de ‘Madrid’, sospecho que proviene de la raíz ‘magh’, que en sánscrito y algunos idiomas europeos da poder. De ahí, por ejemplo, ‘madre’, ‘mago’ y ‘magia’, comunes a varias lenguas europeas. Es fácil ver en los símbolos madrileños elementos mágicos. «La villa de las siete estrellas» fue llamada Madrid, por las siete estrellas de la Osa Menor. La Osa y no el oso del madroño.

El madroño es un árbol mágico, puesto que sus extrañas bayas son alucinógenas. Podríamos imaginar que en la Silla de Felipe II, en la Almudena y en el Cerro de Los Ángeles se situaron sendos lugares de culto precristiano. Es fácil suponer que los druidas de esos primitivos templos utilizaban las bayas del madroño como estupefaciente ritual. Lo de la Osa Menor pudo venir de que en el Madrid musulmán funcionó una escuela de Astronomía. Con el tiempo, la metáfora de las «siete estrellas» adquirió otra significación: una estrella con siete puntas sobre el plano de las carreteras que confluyen en la puerta del Sol: las seis carreteras nacionales más la de Toledo.

También se pensó que las siete estrellas son las siete colinas sobre las que se asienta el plano del Madrid medieval. Se ha dicho lo mismo de Roma o de Lisboa. Lo más asombroso de Madrid es que no sea ciudad sino villa, y que hasta hace poco no haya tenido catedral. Es más, la mezquita se inauguró antes que la catedral. En fin, «Madrid, castillo famoso»; eso es lo que es.

LD.

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