[*ElPaso}– La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (2/4): El lugar de los hechos

José Pérez Vidal

El lugar de los hechos

Tacande de Abajo y Tacande de Arriba son quizá los barrios más antiguos del término. En el segundo, sitúa la tradición unánimemente el desarrollo de los hechos relativos a la aparición del alma, que, por el lugar de su presentación, se ha venido conociendo con el nombre de Alma de Tacande.

Pero, si existe unanimidad respecto al barrio en que ocurrió el extraordinario caso, no se da la misma coincidencia sobre el sitio del barrio en que los hechos acaecieron. Según unos, tuvieron lugar en una de las fincas llamadas Hacienda de Tacande, y, según otros, los menos, en la propiedad conocida con el nombre de Los Cabezotes.

En este predio sólo se conservan, como vestigios de haber servido de morada, un trozo de pared, correspondiente a una casa antiquísima, y en sus alrededores algunos árboles frutales. Es una prueba más de la facilidad con que el pueblo localiza, en las ruinas y edificios abandonados, las más alucinantes historias. En una de las haciendas, la Hacienda de Arriba, existe, en cambio, una casa conservada en bastante buen estado, casa donde la mayor parte de los ancianos de hoy sitúan los hechos.

Casa en la que se presentó el Alma de Tacande. Parte del naciente donde aparecen los almendros junto al aljibe y el naranjo. (Foto Llamas)

Esta casa se encuentra cerca de la montaña de la Asperilla, por donde sube el camino que va a Enrique. Enfrente se eleva la montaña de Miguel Sosa. En la época en que los hechos ocurrieron, los bosques de El Paso llegaban hasta esa casa.

Tiene ésta unos veintidós metros de largo, en dirección Este-oeste, y unos seis metros de anchura, en sentido norte-sur. Es baja, de unos dos metros de altura hasta los tirantes, y está cubierta de madera de tea y de teja del país. Se halla un poco enterrada, por lo cual hay que bajar dos escalones para entrar por su puerta principal. No tiene hueco alguno por el naciente y el norte. Por el poniente tiene una puerta baja, y por el sur la puerta principal, y, a los lados de ésta, dos postigos pequeños. Está orientada de acuerdo con las normas que, en general, se han tenido presentes en la construcción de las casas rústicas de la isla.

En la pared del naciente puede verse grabada una pequeña cruz conmemorativa de los hechos.

Cruz conmemorativa en la fachada del naciente. (Foto Llamas)

Hasta hace poco existía también la huella de una mano en la cal de la pared. El origen de la cruz y de la mano es muy posterior a los sucesos.

Junto a la casa, por el lado del norte, se conserva un ruinoso aljibe.

Fachada norte y aljibe. (Foto Llamas)

de seis metros por ocho de boca y tres de profundidad. De su cubierta o soallado (1) de tea, sólo quedan las traves (2).

Junto al aljibe crecen cuatro frondosos almendros; y entre el aljibe y la casa, un viejo naranjo y retoños o “redrojos” de ciruelos y nogales.

Por más que se han buscado, no se han podido encontrar ya restos del olivo que hasta hace poco existía. Respecto a este punto, refiere la tradición que el Alma de Tacande, para demostrar su fuerza, arrojó una gran piedra entre la casa y el aljibe, y que en aquel lugar nació un olivo, árbol de la paz, hasta entonces desconocido en el término.

La casa no sirve ya de vivienda. Dividida interiormente en dos partes, en una pernocta alguna vez, en las noches crudas de invierno, algún pastor con su rebaño de cabras; la otra está destinada a establo y pajar.

Fachada sur de la casa. Con la mano apoyada en la puerta, Antonio Pino Pérez, y a su lado Sandalio Páez Perera, vecino del Camino Viejo. (Foto Llamas)

La misteriosa casa dista del camino principal, que sube al pinar y montaña de Enrique o Henríquez, unos doscientos o trescientos metros, distancia aproximada que era costumbre dejar entre las casas y los caminos para evitar que desde éstos fueran vigilados sus moradores.

Al otro lado del camino existe una casa en ruinas, y, junto a ella, otra más reciente, en la que no hace mucho ocurrieron aterradoras escenas de locura y brujería.

No es raro que toda esta parte se halle tan penetrada de recuerdos de maleficios y apariciones. Distantes de las demás casas de El Paso las que aquí se encuentran —adentradas ya en el monte, que en otro tiempo estaba densamente poblado— han ofrecido las condiciones más favorables para servir de escenario a los huéspedes de las tinieblas… y a las imaginaciones del pueblo.

El caso más extraordinario de cuantos en este lugar han sucedido es, como queda indicado, el de la aparición de un alma en pena a una sencilla familia cuyos miembros habían vivido, desde hace siglos, en la casa que se ha descrito.

***

(1) Del portugués ‘Soalhado’ (= tablado, entarimado).
(2) Del portugués ‘Trave’ (= viga).

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