[*Opino}– Acerca de “Repartir canarios”

Carlos M. Padrón

En el artículo “Al maestro, con cariño” que publiqué el día 01 del pasado julio, y que enriqueceré con datos que acerca de Don Santiago García Castro recogí ahora en Canarias, hablé de los godos. Algunos parientes me comentaron que al leer ese artículo sus hijos les preguntaron qué eran godos, lo cual me alegró porque deduje que si esos muchachos no sabían qué eran godos, era porque esa odiosa especie se había extinguido.

Pero no, tonto de mí. Según este escrito, “Repartir Canarios”, que firma un tal Javier Calvo, todavía existen godos.

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Repartir canarios

Mi mujer y yo estamos cada vez mas preocupados con los miles de africanos que llegan cada día a las Canarias. Al ver cómo la vicepresidenta del Gobierno le pedía ayuda desesperada a la presidencia de turno de la Unión Europea, sentimos una extraña disociación mental en forma de comprensión total por ambas partes. Por un lado, si yo viviera en Helsinki, me la sudaría lo que pasa en las Canarias. Por otro lado, lo de los cayucos es lo más parecido al Apocalipsis que he visto fuera de un cine. ¿A quién apoyar? Al final, usando un mapa y una regla, vimos que estamos más cerca de Tenerife que de Finlandia. Así que nos hemos concienciado y ahora también buscamos soluciones.

Al principio pensamos en poblar las costas Canarias de tiburones. Eso funcionaría como factor disuasorio, pero es cuestión de tiempo que los tiburones se comieran a algún niño canario. Construir una verja en el mar que rodeara las islas también parece buena idea, pero enseguida tuve una visión de los africanos trepando por la verja y tirando el cayuco por encima. Al final, como siempre, la solución es tan fácil que nadie la ve: hay que renunciar a la soberanía de las Canarias. Que se las queden. Problema solucionado.

Así, en vez de repartirnos inmigrantes por la península, nos repartimos a los canarios. Que vean que los godos somos buena gente. Yo mismo me ofrezco para alojar a un canario en casa. A condición de que planche y sepa cocinar.

jcalvo@diarioadn.com
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no sólo existen todavía los godos sino que se autodenominan así, o al menos lo hace el tal Javier Calvo quien, por la forma en que se expresa, es de verdad uno de esos especímenes de godo que describí en “Al maestro, con cariño”: un despectivo, arrogante y, por supuesto, ignorante que, encima, se cree gracioso.

La fuerza de su ignorancia le lleva a jugar con fuego y a no reparar en que, antes que la invasión de africanos, tuvimos en Canarias la invasión de godos. La diferencia es que los africanos de ahora llegan en pateras, y los godos llegaban en alpargatas y “adornados” de unos atributos y conductas que el poeta palmero (natural de Santa Cruz de La Palma, Canarias) Domingo Acosta inmortalizó en este poema, escrito en la época de la invasión goda a Canarias, titulado NO-DO (creo que acrónimo de Noticieros y Documentales) ya que ése era el nombre del corto cinematográfic que, hecho en Madrid y enviado desde allá en la época de Franco, era obligatorio proyectar en los cines antes de la película de turno.

Lean el poema con detenimiento; no tiene desperdicio. Domingo Acosta, con su característico lenguaje procaz, se lo dedicó a los godos de la invasión de los años 40 y 50, y yo se lo dedico al tal Javier Calvo ya que describe a cabalidad a tipos “buena gente” como él.

           N O-D O

Llega un godo y otro godo
a esta tierra hospitalaria
vociferando de todo.
Hallan plácido acomodo
y arrojan la solitaria(*).

Empiezan a codearse,
a echar andorga y tupé,
a ver al sastre, a bañarse,
a fumar puros y a hartarse
de sentarse en el café.

Quien que de estirpe preclara
pregona por las esquinas,
de venir de los Mañana.
de Ladrones de Guevara…
o ladrones de gallinas.

Cual que tiene por divisa
presentar el nalgatorio
por donde le da la brisa,
y tal que es para tenorio
más feo que un pedo en misa,
persigue de un nuevo rico
algún guayabo en sazón
y el país le sale chico
para ser cabrón y pico
que es pasarse de cabrón.

Cual otro que de saber
no duerme en adquirir fama
sin llegar a conocer
que no ha pasado de ser
distinguido coño-mama.

De godos y sarracenos
nos llega cada ejemplar
que el que más como el que menos
tenemos los huevos llenos
sin poderlo remediar.

Esto lo dijo un palmero
que está bien harto de godos.
Después, volviendo el trasero,
rubricó, con gran salero,
cuatro pedos para todos.

(*): Debilidad congénita producida por la eterna mantenencia de roscas y sardinas, si las hubiere.

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